Archivos para abril, 2016

CRIMEN Y POESÍA EN “EL IRRESPONSABLE”

Posted in Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , on abril 18, 2016 by pedrogarciaolivo

“La linterna sorda” ha culminado su proyecto de reedición de El irresponsable. El resultado ha sido un libro muy cuidado, particularmente bello. Recogemos aquí el texto que, a modo de prólogo, inicia la obra, una composición que no aparecía en las anteriores ediciones.

CRIMEN Y POESÍA CONTRA LA ESCUELA
EN “EL IRRESPONSABLE”

No es fácil hablar de El irresponsable. Estamos acostumbrados a comentar obras que se asemejan las unas a las otras, que aceptan las reglas del juego tácitas de la escritura, que parecen haber sido compuestas pensando en el lector y en el modo de agradarle. Y ahora hemos tropezado con un texto atrozmente singular, tanto en la forma como en el contenido; una obra que debió escribirse de espaldas al mundo, solo pendiente de sí misma, replegada sobre sí misma, constituyendo un universo propio, con extraños moradores (el Esquizo, el Comediante, el Apátrida, el Libertino, el Desertor, el Criminal, figuras desplazadas, todas, de ese Irresponsable que se nos presenta como un anti-profesor “magistral”, un pedagogo de la deseducación, un educador en la anti-pedagogía), con sucesos inauditos (la conquista de la Expulsión, el arraigo en la esquizofrenia, la perseverancia en el crimen,…), con inquietantes consignas (“negar la Ley desde fuera de la Moral”; “recuperar el Cuerpo”; “aceptar el huir antes que vivir quieta e hipócritamente en falsos refugios”; “darse muerte como la rosa que, sin porqué, florece porque florece”).
El irresponsable trata de la educación, de nuestras escuelas, del profesorado; pero lo que dice es distinto, y lo dice de otro modo. Con una desesperanzada energía, con una pasión casi consuntiva, Pedro García Olivo se subleva contra la forma “moderna” de enseñanza, contra los educadores “progresistas”, contra los inconfesables propósitos políticos de todo Reformismo Pedagógico. Puebla su libro de imágenes, de metáforas, de alegorías; lo tiñe de poesía y de tragedia; se rodea del discurso de los demás, se deja acompañar por las voces de sus queridos inspiradores, poetas románticos y escritores malditos en primera línea (Rimbaud, Baudelaire, Blake, De Quincey, Wilde, Artaud, Genet, los presos de Fontevrault, etc.; aunque también Nietzsche, Van Gogh, Kropotkin, Bakunin, Bataille, Brecht, Lawrence, Godard y tantos otros); convierte cada capítulo en un viaje por tierras desconocidas, pero un viaje realizado por el placer del trayecto, del recorrido, y no bajo la exigencia de llegar con prontitud a un punto determinado; y propone, al fin, casi lo inadmisible, lo intolerable, lo monstruoso, algo que tiene que ver con la locura, con el terror, con el arte: una práctica rigurosamente criminal de la docencia, encaminada a la consecución de la Expulsión. “La policía de la Enseñanza -nos dice- no ha sido diseñada para manejar el hacha, sino para administrar los sobornos. No tiene por objeto aniquilar la sedición tanto como someterla a reglas segundas y convertir la desobediencia interna en factor de reproducción del Orden de la Escuela. Quisiera tener siempre las manos limpias, evitar los delitos de sangre, que el recuerdo de la tortura y de los descuartizamientos no perturbara más la gestión de los ilegalismos útiles. Y eso es lo que el Irresponsable impide. Por ello, la policía “derrota” al Reformista, al Ingeniero, al Infiltrado, y “fracasa” ante el escándalo del Suicida que le reclama en público la más atroz de las muertes, o ante la astucia del Guerrero que se derrumba sonriente bajo sus puñaladas”.
¿Qué es El irresponsable? ¿Un ensayo? ¿Una obra de narrativa? ¿Un tratado de filosofía? ¿Una propuesta poética? No sabríamos decirlo, aunque tiene mucho de todo eso. ¿Qué pretende García Olivo con este libro? Probablemente lo mismo que con Un trozo de hueco, la novela publicada en 1999 por Iralka, en cuya contraportada se puede leer lo siguiente: “Allí donde, en el cerebro del lector, todo se pacifica y sosiega como ante un inmenso mar calmo, el autor de este libro quisiera poner un pequeño infatigable erizo. Y que ahí se remueva, y que clave sus púas en la consciencia. Presentamos una obra inquietante, digna de amar y digna de odiar”. ¿Desde dónde está escrito El irresponsable? ¿Desde la cordura o desde el desafuero? Quizás el mismo autor nos haya dado la respuesta en “La carta extraviada”, pequeña composición publicada en la revista Al Margen: “Entre la razón y la locura hay un tabique muy fino. Nunca me importó estar de un lado o de otro. A menudo, me he sentido exiliado de ambos mundos. Pertenezco al reino de los que, sin estar locos, no pudieron ser cuerdos”.
Leer El irresponsable es una aventura desconcertante. Sus tesis, irremediablemente polémicas, pueden abrir heridas a un flanco y a otro de la Opresión, entre los adoradores del Sistema, pero también entre sus críticos. La linterna sorda devuelve las alas de la imprenta a un bonito libro diabólico; un trabajo inclemente, con cuyo contenido muchos lectores se declararán en franco desacuerdo; un texto inquisitivo, hostigante, se diría que escrito entre las zarpas del dolor. No, no ha sido fácil hablar de El irresponsable… Nos vamos a despedir con los versos que dan término asimismo a la obra:
La noche empuja al día hacia otra parte.
Es la hora del suicidio antiguo,
sin rastro de náusea en los labios,
sin rastro de ira en el fondo de los ojos.

Víctor Araya, Valencia, 2016

Maquetación 1