EL ARTE DE RENEGAR

EL ARTE DE RENEGAR

1)

LOS «NEGACIONISTAS» SON LAS BRUJAS DEL FASCISMO DEMOCRÁTICO
(La Inquisición Médico-Estatal se desata conta la crítica y contra la disensión)

Una nueva etiqueta descalificadora cunde por las redes, por las radios, por las televisiones: «negacionista». Y se encienden hogueras… Que el Pensamiento Único es una Inquisición que no cesa, siendo diverso en sí mismo, pues alberga tanto opciones liberales como socialistas. Si brota una discrepancia, una objeción, una resistencia, esta modalidad tan «democrática» inventa una etiqueta, encierra ahí a un montón de gentes y pone en marcha la máquina de los suplicios.

No estoy a favor de la mascarilla, para nada. No soy partidario de los confinamientos, en absoluto. Detesto las vacunas. No creo en este despotismo médico-estatal que recorta sin cesar nuestras libertades bajo la excusa de una crisis sanitaria. Y saco cuenta de lo que todos estos batallones de fusilamiento del libre pensamiento y de la posiblidad de decidir sobre la propia vida nos quieren hacer olvidar…

Que nos olvidemos de toda esa crítica de las disciplinas científicas, entre ellas la medicina profesional, que cundió desde los años sesenta y que se nutría tanto de la opinión de no pocos filósofos como de las denuncias de un sinnúmero de especialistas: cientos de obras contra la pretensión de verdad de las ciencias académicas, la mayor parte de ellas concebidas por científicos académicos «negacionistas». Se denunciaba su inconsistencia epistemológica, su reclutamiento ideológico, su servilismo político, su contribución a la reproducción de la Opresión. Son tantos los nombres… Rememoro solo a unos pocos: Braunstein para la Psicología, Basaglia para la Psiquiatría, Heller para la Antropología, Castell para la Sociología, Di Siena para la Biología y la Etología, Lévy-Leblond para la Física, Viñas para la Matemática, etcétera, etcétera, etcétera…

Que se borre de nuestra consciencia todas aquellas obras que nos alertaban sobre las calamidades inducidas por la llamada «cultura de los expertos», por la «ideología del especialista», por el ascenso de la «tecnocracia», por el crédito tan insensato que las poblaciones tendían a otorgar a unas camarillas de gentes ambiciosas prestigiadas por títulos universitarios y por otras «medallas» culturales meretricias. Un sinfín de estudios, enmarcados en las tradiciones marxistas, libertarias y nihilistas…

Sobre todo, que nos pongamos de rodillas ante los «decretos» de los médicos y ante las leyes de esos políticos armados hasta los dientes de informaciones procedentes de la «ciencia de los venenos». Como si no hubiese existido Iván Illich y no se hubiera publicado «Némesis médica»; como si nuestro «sentido común sanitario» no hubiera sido desacreditado, desde hace décadas, si no siglos, por las culturas que se procuraban la salud de otra forma, bebiendo de saberes comunitarios, de las propiedades curativas de las plantas, de la auto-gestión colectiva del bienestar físico y psíquico.

El Despotismo Médico-Estatal ha conseguido anular el anhelo de libertad de las ciudadanías; las ha doblegado y violado de una manera perfectamente «patriarcal»; ha suscitado una suerte de «Síndrome de Estocolmo», por el cual los damnificados y humillados le dan las gracias por las torturas y tormentos que padecen cada día… Así son los Fundamentalismos; y vivimos bajo esta forma de Religión intransigente, por este Credo homicida del Pensamiento Único Occidental, ora vestido de Neoliberalismo, ora ataviado de Estado Social Bienestarista.

Así que me declaro «negacionista». Y hasta algo peor: «re-negacionista». Renegado, siempre renegado. Que no cuenten conmigo para esta reproducción morbosa, necrófila, del Capitalismo. Asistimos a unas auto-devastaciones controladas del Sistema, que se sirven hoy de un virus como antaño se servían de las denominadas «guerras mundiales».

Señores de los poderes y de los comercios, inquisidores optimizados, soy una bruja por cazar, «negacionista» hasta la médula…

[Para una fundamentación de esta nota, reenvío al borrador de mi último ensayo, «La forja del ciudadano-robot»: https://pedrogarciaolivo.wordpress.com/…/es-la-hora-del-ap…/%5D

2)

«AFIRMACIONISTAS» GENOCIDAS
(Es la hora de un NO! mayúsculo)

Nada más conocido y homicida que el “afirmacionismo”.

“Afirmacionistas” fueron los alemanes que sostuvieron el nazismo. Los españoles que consintieron a Franco, los rusos que siguieron a Stalin…

“Afirmacionistas” son hoy las poblaciones que dan crédito a sus Gobiernos y “cumplen órdenes” en su vida cotidiana, bajo la excusa de una enfermedad.

Es la hora de un NO! gigantesco. Por amor a la vida, por respeto a la gente, por sensibilidad ante el dolor ajeno, ha llegado el tiempo de una Divergencia Infinita.

Porque decir que “sí”, acatar normas, aceptar y obedecer, replegarse ante los dictámenes gubernamentales, creer de forma religiosa en la medicina y la investigación políticas, nos convierte en algo peor que los fascistas antiguos: nos erige en “afirmacionistas” demofascistas.

El “Sí” mata, como siempre mató.

3)

EL ARTE DE RENEGAR

Cuando Philipp Mainländer consigue su objetivo, por el que tanto se había esforzado, y ve publicada por fin su obra, «Filosofía de la Redención», apila los ejemplares que le hicieron llegar como derechos de autor y, encaramándose a ese pódium, tras echarse al cuello una soga basta y vieja, se ahorca. Renegó de la vida.

Friedrich Nietzsche, que tanto plagió a Mainländer, y esta es una de las cosas más feas que se pueden decir de ese escritor genial, abandonó su plaza de profesor en Basilea y se lanzó a una vida sin reglas. Renegó de su posición privilegiada, de su rango universitario, de la docencia y de la investigación académica.

Harold Pinter, en el discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, lanzó una intempestiva denuncia del imperialismo occidental y de la Guerra de Irak, pidiendo que se encausara a los presidentes de EEUU, de Reino Unido y de España por «crímenes contra la Humanidad». En cierto sentido, renegó de la distinción.

Lévy-Leblond, físico ultra-galardonado, «Caballero de las Artes y de las Ciencias» por su contribución al progreso del conocimiento, publicó no obstante «Auto-crítica de las Ciencias», verdadero hito en la revuelta de los especialistas contra sus propias disciplinas. Renegó, con todo fundamento, de la Física.

Pierre Clastres, tan vinculado a la suerte de los guaraníes amazónicos, cuando regresa a la zona, tras unos años de estadía en Europa, y observa lo que ha cambiado en ellos, bajo la presión del Capitalismo occidental, se desmoraliza y, de nuevo en Francia, acaso por su depresión, se suicida. Podemos leer su muerte voluntaria como un renegar de la antropología y de la cultura altericida europea.

Masanobu Fukuoka remueve todos los cimientos de la agricultura convencional, renegando del interés comercial que la había degradado.

Aquel campesino beocio del mundo antiguo que, dando un paseo por el bosque, se encuentra un tesoro y resuelve cagar sobre él y salir corriendo, renegó de todo cuanto podía suponer un peligro para la tradicional e igualitaria vida de su comunidad.

Cuando ve cernirse sobre la Universidad el monstruo del nazismo, Karl Jaspers la abandona, dejando como despedida unas palabras terribles: «Es cierto que Hitler quiere acabar con la Universidad, pero también es verdad que esta Institución está podrida desde hace mucho tiempo». Renegó de la «Universitas», no como Martin Heidegger, que permaneció en su puesto y llegó a alcanzar el rango de Rector nazi.

Marcel Proust desconcertó a medio mundo con aquel texto que se tituló «Sobre la lectura» y que hubiera podido nombrarse mejor «Contra la lectura», en la que renegaba, en cierto modo, de su condición de lector y de escritor.

George Steiner, ese liberal, ese conservador, cuando se jubila como docente, arroja al mundo, en «Lecciones de los maestros», un interrogante ingrato, con el que, en mi opinión, reniega de la Pedagogía: «¿Qué faculta a una persona para pretender educar a las demás?».

En un texto bellísimo, que hace parte de «Cartas a Theo», Vicent Van Gogh reniega de la pintura, si no de la creación en su conjunto: «A veces tengo la sensación de no hallarme en la verdadera vida; y el pensar que más valdría trabajar en la carne misma y no en el yeso o en el lienzo».

Renegando de su actividad compositora, Franz Kafka se propuso quemar toda su producción escrita.

Paul Gauguin abandonó a su familia, dejó su negocio como agente de bolsa y renunció a sus propiedades, cancelando su existencia cómoda y perfectamente aburguesada en París, para renegar de la vida «civilizada» y buscar quién sabe qué en lejanos mundos indígenas.

Etcétera, etcétera, etcétera…

Partiendo de los «gestos» de estas y otras personas, en «El Arte de Renegar» iré abordando, desde una perspectiva crítica, tentativamente disidente, diversos aspectos de la cultura y de la organización de la vida en las sociedades democráticas occidentales. Vindico así lo que se ha denominado «pensamiento negativo» y su legitimidad en tiempos de crisis y de estancamiento socio-político.

Bajo este Capitalismo consolidado que padecemos queda descartada la posibilidad de un Pensamiento Nuevo, inédito, original, reluctante, que exigiría, para poder brotar, un suelo histórico también diferente. No cabe soñar con un Nuevo Paradigma si el mundo sigue siendo el de siempre en lo sustancial, igual a sí mismo en lo determinante: el Viejo Mundo de la sociedad mercantil, el Reino del Capital y del Estado.

Pero esto no implica renunciar a la reflexión, solo que esta habrá de refugiarse, si no quiere ser reclutada por el Pensamiento Único, en el espacio de la negatividad. Negar, Denegar y Renegar… Así se contribuye a agrandar fisuras, a profundizar grietas, en la pared del Relato Hegemónico; así se deshilvana el tejido de la verdad oficial, del «sentido común» administrado, del «verosímil crítico» de nuestras sociedades, en expresión de Roland Barthes.

Es como un trabajo de la erosión que exige «ira y estudio», como decía Francis Bacon. Vicent Van Gogh, el «suicidado de la sociedad», acertó a expresar, con toda la sencillez y toda la elocuencia del mundo, la naturaleza de esta práctica contestataria, enfrentada al Muro de lo real: «No sirve para nada golpearlo con fuerza; debemos minar ese muro y atravesarlo con la lima, lentamente y con paciencia, a mi entender».

«El Arte de Renegar» va a motivar un doble ejercicio creativo: textos cortos sobre la índole de los personajes que me sirven de inspiración, casi constituyentes de una insólita «galería de renegados», composiciones que iré publicando en «Entre los invitados, profesores todos, tomó asiento un asesino»; y audios concebidos para Radio Alegría Libertaria y que se albergarán asimismo en «Discursos Peligrosos», mi podcast de antipedagogía y desistematización.

Negar y Denegar no se antoja difícil, pues son procesos que tienden a resolverse como actos de palabra, de mera teoría. Renegar, tal y como lo entiendo, supone dar un paso más: llevar el pensamiento a la vida, convertir la teoría en acción, «encarnar» dramáticamente la disidencia… Renegar coincide objetivamente con el «pathos» de la desistematización.

Remito desde aquí al primer audio de la serie, una suerte de «presentación»:
https://anchor.fm/pedro-garcia-…/…/El-Arte-de-Renegar-eidc7n

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

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