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ASUNTOS DE «EL ESPÍRITU DE LA FUGA», NOVELA EVADIDA DE SÍ MISMA

Posted in Activismo desesperado, antipedagogía, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Desistematización, Proyectos y últimos trabajos, Sala virtual de lecturas incomodantes. Biblioteca digital with tags , , , , , , , , , , , , , , on abril 22, 2022 by Pedro García Olivo

EL ESPÍRITU DE LA FUGA

Una Sensualidad Poética, ajena a todas las normas, a todas las teorías y a todos los modelos. Afectividad «creativa» por insubordinada y no-racional.

Una constante voluntad de Huida, de Escapada, de Evasión. Para evitar las consagradas posiciones de complicidad manifiesta con el Opresor -en el puesto de trabajo, ante el mostrador de la tienda o a la puerta de la escuela.

Concepción de la vida como «ocasión para un experimento», que decía Jaspers y sugería Wilde, motivo para una Obra existencial, que cabe diseñar desde un punto de vista artístico, inventando el futuro y enfrentándonos a nuestros días como el escultor a la roca, el pintor al lienzo o el escritor a la página en blanco.

Comprensión del Suicido Antiguo, despedida dichosa de la vida, desde la cumbre y no desde la decadencia, con alegría, como un acontecimiento ansiado, en una apoteosis de la libertad personal.

Denegación absoluta e incondicionada del empleo, del salario, de la servidumbre laboral. En una rehabilitación intempestiva del talante de Diógenes el Perro.

Suscripción de la locura, pero no de la «locura ordinaria», que caracteriza a los ciudadanos declarados «sanos» por la estulticia médica, como denunció Bukowski y llevó al cine Ferreri. Aprobación de la «locura excepcional», incomprendida por la Ciencia, forma de subjetividad atentatoria e irreductible, como la que asistió a Van Gogh y Artaud.

Postulación insostenible de la escritura como «motor de la existencia», si bien siempre al margen del Mercado y del Estado.

Comprensión de la «soledad secreta», que se da en medio de la gente y al rebuzo de la sociabilidad estipulada.

Revuelta contra las escuelas y, sobre todo, contra los profesores, esas «sanguijuelas mercenarias» (en esta expresión se dan la mano el Conde de Lautrémont y George Steiner).

Interrogación sobre el vínculo acaso inapresable entre tres ideas hermanadas y probablemente fratricidas: «Desesperación», «Lucha» y «Libertad».

Sobre estos y otros asuntos se derrama «El Espíritu de la Fuga», obra liberada en mi blog, para descarga instantánea y gratuita, y disponible también en las principales plataformas de distribución física.

No obstante, es una novela; una composición narrativa.

Para lectura o descarga:

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana

ESCUELA Y «HOMO DIGITALIS»

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De la alfabetización de la mentalidad a la psique cibernética

La Escuela ha tenido que ver con tres espacios mentales y vitales: el de la oralidad, el de la escritura y el cibernético. La oralidad fue su presa y su víctima, y procuró acabar con ella en todos los lugares. Ahí se evidenció su dimensión “mortífera”, que se encarnizaba con los hombres orales, a los que denigró como “analfabetos”, “ágrafos”, “ignorantes”, etcétera. Soldada a la escritura y a la lectura, la Escuela se erigió en el mayor poder altericida y etnocida que hemos conocido. Hacia el interior, se reveló asimismo como la más eficaz instancia de domesticación social e individual.

Enemiga de la oralidad, cónyuge de la escritura, la Escuela afronta ahora un cambio de episteme, de espacio mental: la metáfora dominante ya no es la Voz y tampoco el Libro, el concepto regulador de nuestras psicologías y de nuestras vidas es ahora la Computadora…

Ya somos “homo digitalis”, seres telemáticos, mentes cibernéticas. ¿En qué lugar queda entonces la Escuela, ya libre de la oralidad? Esta es la pregunta que suscitaré con mi charla.

Sabemos que se está dejando inundar por las nuevas tecnologías, que las incorpora al arsenal del Reformismo Pedagógico, que se entrega progresivamente a lo digital; y así, ciertamente, conecta mejor con los estudiantes, personas ya definitivamente cibernéticas.

Pero se observa también que, desde lo telemático, desde lo virtual, se están dando modalidades de resistencia a la Escuela, a veces vinculadas a la Educación en Casa, a la Desescolarización, a las instancias comunitarias de aprendizaje, a la informalidad cultural… Fuera del ámbito educativo, las nuevas tecnologías están siendo utilizadas intensamente por movimientos sociales contestatarios, indígenas, rurales, suburbiales, etcétera.

¿Cabe, entonces, en torno a la Educación, pero también por fuera de la misma, una “ciber-resistencia”?

Analizaré, a propósito, tres posturas, con predicamento en nuestros días: la perspectiva “nostálgica” de I. Illich, quien, reconociendo los crímenes de la Escuela y el modo en que aplastó las culturas orales, sigue apostando de alguna manera por el mundo de la escritura y de la lectura; la demonización del “homo digitalis” en Byung-Chul Han, para quien la hegemonía de la cibernética supone prácticamente “el fin de todo” (del secreto, del misterio, del pensamiento, de la política, de lo cualitativo, de la teoría, del eros, del amor, de la narración, de la persona, del libre albedrío, de la comunicación, del tiemplo pleno, de la resistencia…), posicionamiento “teológico” que rinde enormemente a nivel comercial; y el análisis de la revolución electrónico-computacional ofrecido por McLuhan, que sugiere ambivalencias y reversibilidades y, en efecto, no descarta la posibilidad de la “ciber-resistencia”.

Procuraré esbozar mi percepción de esta cuestión, llevándola a los terrenos que me son propios: la antipedagogía, la desistematización y la teoría de los márgenes.

[Camping y Granja Escuela “La Loma”, en Alicante, el día 16 de este mes, a las 16 horas, en el encuentro de la Asociación para la Libre Educación]

Pedro García Olivo

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Vídeos relacionados:

Alto Juliana, 11 de abril de 2022

EL ESPÍRITU DE LA FUGA

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PRESENTACIÓN DE EL ESPÍRITU DE LA FUGA

Presentamos una obra múltiple y multiplicadora. Escrita “a dos manos”, acaso con tres voces, El espíritu… danza entre la narrativa, la filosofía, la crítica sociopolítica y la poesía. Desata una desaprobación radical de los mundos que vivimos, de las sociedades que componemos, de las formas de subjetividad apoderadas de nuestros corazones y de nuestros cerebros.

Del brazo de dos personajes centrales, uno que ha “desaparecido” y otro que recibe el encargo de publicar el texto de su amigo ausente, pero astillándolo con todo tipo de críticas -literarias, teoréticas y existenciales-, las páginas de este ensayo novelado se ven asaltadas por temas que abarcan casi todos los aspectos del devenir humano coetáneo: la Vida como Obra, la Sensualidad Poética, la Fuga como arma, la Escritura como motor de la Existencia, la Locura Excepcional, el Suicidio Antiguo… Siguiendo una línea quebrada, con evasiones y regresos, pérdidas e insistencias, al estilo de las llamadas “escrituras discontinuas”, los fragmentos de El espíritu… van dejando un poso acumulativo de desafección hacia la Modernidad mercantil y administrativa.

He aquí la mimbre del relato:

Víctor Araya, alter ego de Pedro García Olivo, un ser errático y anárquico, en las vísperas de su “desaparición” envía la obra a Ernesto Figueroa, su mejor amigo, comunista chileno exiliado en Budapest, ciudad en la que ambos residieron por los años del socialismo real. Le remite el manuscrito porque sabe que a Ernesto El Espíritu de la Fuga no le gusta en absoluto y le ruega que inserte en el texto definitivo todas sus objeciones, a modo de “notas” e “incisos”.

Tenemos, pues, una novela que incluye su propia crítica, rigurosa y sustancial, que habla constantemente mal de sí; y dos caracteres, enfrentados en su concepción del mundo y en su manera de transitar los días, que explicitan paso a paso sus divergencias -dos personajes indisolublemente unidos por la amistad, una amistad profunda hecha de discrepancia y de respetuosa incomprensión. Probablemente, Ernesto Figueroa aparezca asimismo como “otro” alter ego de Pedro García Olivo, quien, abordando todos los asuntos llameantes de la existencia en los tiempos sombríos de una Contemporaneidad naufragada, manifiesta su escisión fundamental, el alma dividida con la que construye, demuele y retoma su personal universo mítico.

Víctor Araya narra acontecimientos que se desencadenaron en la Budapest tardo-comunista de fines de los 80, trenzando una historia singular de amores, enemistades, violencias, sensualismos, locuras, voluntades de morir e infamias de que fue a ratos protagonista y en todo momento testigo. Y Ernesto Figueroa, aparte de atender la demanda de su compañero, cuestionando el texto desde su primera línea, buceará por las creaciones anteriores de Araya, por sus libros y por sus cartas -y aquí aparece la “tercera voz” a que nos referimos-, para argumentar una tesis grávida de esperanza: que Víctor Araya no se ha suicidado, que sigue vivo, que desapareció para volver a nacer, para reinventar su vida en otra parte y con otra gente, permitiéndose, a tal objeto, y fiel a ese “espíritu de la fuga” que lo constituye, una horrible crueldad para con sus allegados. 

Para leer o descargar la obra:

[Para quienes deseen ejemplares físicos, podrán obtenerlos mediante las librerías y los canales habituales de adquisición telemática. Ya está disponible en www.libros.cc ]

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana

REINVENCIONES PERVERSAS DE LA ESCUELA

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Reformismo Pedagógico progresista y robotización gradual de la sociedad

Bajo el capitalismo necrófilo contemporáneo (vírico, guerrero), basado en autodevastaciones controladas y en eugenesias económico-sociales, la figura del Policía de Sí Mismo queda “superada” (absorbida y rectificada, sin anularse) en la del Ciudadano-Robot. Estos son sus rasgos particulares:

. – La “instantaneidad” de su obediencia:

El Policía de Sí se caracterizaba por su docilidad de fondo, permanente, sustancial, psíquica; por organizar su existencia a partir del “modo de empleo de la vida” (G. Perec), de esas “instrucciones de uso” de sus días que le fueron suministrando desde el nacimiento y que eran “fijas”, constantes, invariables (“sé un buen hijo o una buena hija, una buena o un buen estudiante, un buen trabajador o una buena trabajadora, un buen esposo o una buena esposa, un buen padre o una buena madre, un buen propietario o una buena propietaria, un buen o una buena turista si puedes, una buena o un buen jubilado y un buen cadáver en tu segundo sepulcro -que tuviste en vida tu primer enterramiento-).

Sobre esa base, el Ciudadano-Robot añade una aquiescencia del momento, un asentimiento mecánico a directrices cambiantes, oscilatorias, a veces pendulares: ahora mascarilla sí y ahora no, ahora aquí sí y allá no; ahora quedas suelto hasta las diez, ahora hasta las doce, ahora hasta las dos de la madrugada, ahora todo el tiempo, ahora ya no quedas suelto; ahora puedes reunirte con tus “convivientes”, ahora con un número determinado y modificable de conocidos, ahora con quien quieras, ahora de nuevo con casi nadie… Esta “obediencia instantánea” es el rasgo más llamativo del Ciudadano-Robot, superación del Auto-Policía.

. – En la índole del Ciudadano-Robot se “recuperan” formas arcaicas de dominación, cuyo peso era subsidiario, decreciente, en el Policía de Sí:

En primer lugar, el “despotismo directo”, la sujeción “negra”, antigua, ejercida por el Gobierno, por el Poder Ejecutivo-Judicial -nuevas normas, reglas, leyes, imperativos que serán satisfechos-.

En segundo, la “coacción comunitaria”, “gris”, moderna, ejercida por el grupo, por conjuntos sociales, por la ciudadanía misma (“policía de los balcones”, p. ej.) y expresada en denuncias, acosos públicos, insultos, presiones para no disentir, no diferir, no negar.

Por último, un “auto-control”, una “auto-vigilancia” y una “auto-represión” con variable “mala consciencia”, con cierto “complejo de culpa”, con percepción íntima de la claudicación, de la bajeza, de la cobardía, como si estuviéramos dando una serie de pasos en la “dirección obligatoria” con un pañuelo en la nariz y ante el mal olor de nosotros mismos…

—   —   —

En mayo del año pasado, en el seno del Festival de las Artes Comunitarias de Cataluña, organizado por las gentes de Basket Beat, di una charla, titulada “Reinvenciones perversas de la Escuela. Reformismo pedagógico progresista y robotización gradual de la sociedad”. El texto que comparto hacía parte del guion de esa conferencia.

El conversatorio íntegro puede verse aquí:

Pedro García Olivo

Alto Juliana

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

LA HERRAMIENTA O EL MAPA

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La herramienta o el mapa

NÚCLEOS Y ADYACENCIAS DE LA ANTIPEDAGOGÍA Y DE LA DESISTEMATIZACIÓN

(Sugerencias, documentos y propuestas para ahondar en la crítica radical)

Presento una “caja de herramientas” para la deconstrucción o, cambiando de metáfora, una cartografía de territorios acaso inhóspitos, aunque también saludables, con localización de fuentes y de refugios. Facilito el acceso libre a las obras, de diversos géneros, sobre las que descansa la crítica de la pedagogía y, en general, de las sociedades capitalistas occidentales.

Esta recopilación de creaciones y de referencias ha sido motivada por el conjunto de charlas-coloquio que desarrollaré desde fines de marzo en el contexto del proyecto “Educación para la vida”. Serán ocho sesiones de dos horas, virtuales, centradas en los siguientes asuntos:

1) La Industria de la Educación Alternativa. Reformismo pedagógico, cosméticas de lo alternativo e intertexto antipedagógico

2) La educación demofascista. Sobre la alterno-represión institucional

3) La Escuela y su Otro. Modalidades educativas refractarias al dispositivo socializador occidental

4) Los límites de la innovación pedagógica. Retrato-robot de las Escuelas Alternativas

5) Iván Illich: tránsitos y paradojas de un desescolarizador intempestivo

6) Legitimaciones ideológicas de las tecnologías educativas “alternativas”: interculturalismo cínico, integracionismo alterófobo y ciudadanismo universalista etnocida

7) De la alfabetización de la mentalidad a la psique cibernética. Escuela y “homo digitalis”

8) Hacia un nuevo Orden Educativo Mundial (Conclusión)

A disposición de las personas inclinadas a participar en estos encuentros telemáticos, o simplemente interesadas por los asuntos que involucran, queda, a modo de mesa servida con manjares y con venenos, o de repertorio de mapas para no perderse o extraviarse sin remedio, la presente colección de ensayos, narrativas y producciones cinematográficas. Fiel a mi estilo, preparo la página y su contenido para descarga abierta, libre y gratuita.

Todas las obras pueden descargarse también desde esta página, que habilité en mi blog:

Adorno, Th. W., (2007) Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Akal

Agamben, G., (2000) Lo que queda de Auschwitz, Valencia, Pretextos

Agamben, G., (1996) Política del exilio, Barcelona, Revista Archipiélago, núm. 26-27

Alain-Fournier, (1913) novela El gran Meulnes

Angelopoulos, N., (1995) filme La mirada de Ulises

Arendt, H., (2012) Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, Barcelona, Lumen

Arguedas, J. M., (2006) novela Los escoleros

Artaud, A., (1978) El teatro y su doble, Barcelona, Edhasa

Artaud, A., (2007) Heliogábalo o el anarquista coronado, Buenos Aires, Argonauta

Bakunin, M., (2008) Dios y el Estado, La Plata (Argentina), Utopía Libertaria, Terramar

Bakunin, M., (2010) Federalismo, Socialismo y Antiteologismo, en SOV Madrid, CNT Textos

Bataille, G., (1987) “La noción de gasto”, en La parte maldita, Barcelona, Icaria

Baudrillard, J., (1978) Cultura y simulacro, Barcelona, Kairós

Bauman, Z., (2012) «Entrevista de Glenda Vieites a Zygmunt Bauman», en http://www.slideshare.net

Bauman, Z., (2008) “Los extranjeros”, en Pensando sociológicamente, Buenos Aires, Nueva Visión

Bauman, Z (2003) “Prólogo” de La Modernidad Líquida, Madrid, F.C.E.

Benedek Fliegauf, (2012) filme Solo el viento

Benjamin, W., (1975) “Tesis de Filosofía de la Historia”, en Discursos Interrumpidos I, Madrid, Taurus

Bernhard, Th., (2008) novela Maestros antiguos

Bourdieu, P., (2002) Espíritus de Estado, Lima (Perú), Instituto de Estudios Peruanos

Brontë, A., (1847) novela Agnes Grey

Buñuel, L., (1961) filme Viridiana

Buñuel, L., (1933) filme Tierra sin pan

Camus, A., (2012) El mito de Sísifo, Madrid, Alianza

Canguilhem, G., (1998) “¿Qué es la Psicología?”, Bogotá, Revista Colombiana de Psicología, núm. 7

Cantet, L., (2008) filme La clase

Carrión Castro, J. C., (2005) Pedagogía y regulación social. Vigencia de Auschwitz, Ibagué (Colombia), El Poira Editores

Caviglia, S. E., (2011) La educación en el Chubut 1810-1916, Chubut (Argentina), Ministerio de Educación de la Provincia de Chubut

Chaplin, Ch., (1916) filme El vagabundo

Cingolani, P., (2012) Nación Culebra. Una mística de la Amazonía, La Paz (Bolivia), FOBOMADE

Cioran, E. M., (1986) “Retrato del hombre civilizado”, en La caída en el tiempo, Barcelona, Planeta-De Agostini

Cioran, E. M., (1986) “Los peligros de la sensatez”, en La caída en el tiempo, Barcelona, Planeta-De Agostini

http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.com/2010/11/emil-m-cioran-los-peligros-de-la.html

Clastres, P., (1978) La sociedad contra el Estado, Caracas, Monte Ávila Editores

Clavell, J., (1967) filme Rebelión en las aulas

Clébert, J. P., (1965) Los gitanos, Barcelona, Aymá

Cordero, C., (2001) El derecho consuetudinario indígena en Oaxaca, Oaxaca, Instituto Electoral Estatal

Cuerda, J. M., (1999) filme La lengua de las mariposas

Derrida, J., (1997) «Una filosofía deconstructiva», en Zona Erógena, Buenos Aires, núm. 35

Doin, G., (2012) filme La educación prohibida

Dussel, E., (1992) 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Madrid, Nueva Utopía

Elias, N., (1987) El proceso de civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas, Fondo de Cultura Económica, México

Ellul, J., (2003) La Edad de la Técnica, Barcelona, Editorial Octaedro

Ende, M., (1973) novela Momo

Esteva, G., (2009) “Más allá del desarrollo: la buena vida”, México, Revista “América Latina en Movimiento”, núm. 445

Ferrer Guardia, F., (1976) La Escuela Moderna, Barcelona, Tusquets Editor

Ferrière, A., (1998) “Adolfo Ferrière y la Escuela activa”, artículo de Carmen Labrador, Bogotá, Revista “PyM”, núm. 242

Freinet, C., (2005) Técnicas Freinet de la Escuela Moderna, México, F.C.E.

Freire, P., (1975) Pedagogía del oprimido, Madrid, S. XXI

Foucault, M., (1992) El orden del discurso, Buenos Aires, Tusquets Editores

Foucault, M., (1979) «Los intelectuales y el poder. Entrevista de Gilles Deleuze a Michel Foucault», en Microfísica del Poder, Madrid, La Piqueta

Foucault, M., (1980) «Nietzsche, la genealogía, la historia», en Microfísica del Poder, Madrid, La Piqueta

Foucault, M., (2013) «Nacimiento de la biopolítica», Traducción del francés de Fernando Álvarez-Uría, París, Anuario del Colegio de Francia

Foucault, M., (1980) «Por qué hay que estudiar el poder», en Materiales de Sociología Crítica, Madrid, La Piqueta.

Foucault, M., (1976) Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano… Un caso de parricidio del siglo XIX presentado por Michel Foucault, Barcelona, Tusquets

García Olivo, P., (2013) Cadáver a la intemperie. Para una crítica radical de las sociedades democráticas occidentales, Girona, Logofobia.

García Olivo, P., (2003) Desesperar, San Sebastián, Iralka Editorial

García Olivo, P., (2005) El enigma de la docilidad. Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia, Barcelona, Virus Editorial

García Olivo, P., (2009) La bala y la escuela. Holocausto indígena, Barcelona, Virus Editorial

García Olivo, P., (2000) El Irresponsable, Sevilla, Las Siete Entidades

García Olivo, P., (2007) filme Cuaderno chiapaneco 1. Solidaridad de crepúsculo, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial [Disponible en YouTube, en siete capítulos]

García Olivo, P., (2009) El educador mercenario, Madrid, Brulot

García Olivo, P., (2014) Dulce Leviatán. Críticos, víctimas y antagonistas del Estado del Bienestar, Barcelona, Bardo Ediciones

García Olivo, P., (2019) La Peste Pedagógica. Escuela, Protesta, Estado y Razón lúdica, Antofagasta (Chile), Mar y Tierra Ediciones

García Olivo, P., (2018) Me enseñó a ser árbol. Composiciones intempestivas desde la antipedagogía y la desistematización,Antofagasta (Chile), Mar y Tierra Ediciones

García Olivo, P., (2018) Mundo rural-marginal. Diferencia amenazada que nos cuestiona, Valencia, Ediciones Marginales

García Olivo, P., (2016) La gitaneidad borrada. Si alguien te pregunta por nuestra ausencia, Valencia, Ediciones Marginales

Gide, A., (1962) El regreso del hijo pródigo, Buenos Aires – París, Tirso S.R.L.

Gimbutas, M., (2014) Diosas y dioses de la Vieja Europa (7000-3500 a. C.), Madrid, Siruela

Gary, R., (1975) novela La vida ante sí

Gatlif, T., (1989) filme El extranjero loco

Gatlif, T., (2010) filme Liberté

Godard, J. L., (1967) filme La Chinoise

Golding, W., (1954) novela El señor de las moscas

Grande, F., (2005) “El flamenco y los gitanos españoles”, en Memoria de Papel 1, Valencia, Asociación de Enseñantes con Gitanos

Grosfoguel, R., (2007) “Descolonizando los universalismos occidentales: el pluri-versalismo transmoderno decolonial desde Aimé Césaire hasta los zapatistas”, en Castro-Gómez, S. y Grosfoguel, R. [ed.], El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Bogotá, Siglo del Hombre Editores

Hayek, F. A., (2011) Camino de servidumbre (The Road to Serfdom, Universidad de Chicago, Rouledge Press, 1944), traducción al castellano digitalizada por Biblioteca de la Libertad

Heidegger, M., (2000) Carta sobre el Humanismo, Madrid, Alianza

Heidegger, M., (2016) “Construir, habitar, pensar”, Buenos Aires, Artnovela

Heraud, J., (2015) No tengo miedo de morir entre pájaros y árboles. Selección de poemas de Javier Heraud, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Illich, I., (2012) La sociedad desescolarizada, Madrid, Brulot

Illich, I., (2012) La convivencialidad, Barcelona, Virus Editorial

Illich, I., (2016) Energía y equidad, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Illich, I, (2017) Al diablo con las buenas intenciones (¡No nos vengan a ayudar!), Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Illich, I., (2016) Desempleo creador. La decadencia de la sociedad profesional, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Jaspers, K., (1963) Nietzsche, Buenos Aires, Editorial Sudamericana

Jaulin, R., (1970) La paz blanca [fragmento], Paris, Editions du Seuil

Kafka, F., (2000) Carta a su padre, elaleph.com

Kipling, R., (2022) Capitanes intrépidos, Valencia, LDPE a partir de Librodot.com

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2022/02/capitanes_intrepidos.doc

Kleist, H. V., (2010) El terremoto en Chile, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Kropotkin, P. (2001) El Estado, Biblioteca digital «Difunde la idea» (CGT)

Kusturica, E., (1989) filme El tiempo de los gitanos

Kusturica, E., (1998) filme Gato negro, gato blanco

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La Boétie, E., (2022) “Sobre la servidumbre voluntaria (1548)”, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Larcio, D., (2022) Vida de los filósofos más ilustres (los cínicos y Crates), Valencia, LDPE

Lazzarato, M., (2000) «Del Biopoder a la Biopolítica», París, Revista “Multitudes”, núm. 1

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Liégeois, J. P., (2004), “La escolarización de los niños gitanos”, París, Revista “Educatio”, núm. 22

London, J., (1906) novela Colmillo blanco

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Marker, Ch., (1992) filme El último bolchevique

Martí, J., (1977) Nuestra América, Caracas (Venezuela), Fundación Biblioteca Ayacucho

McLuhan, M. y Carpenter, E., (1974) El aula sin muros, Barcelona, Laia

Medvedkin, A. I., (1935) filme La felicidad

Miller, A., (1998) Por tu propio bien, Barcelona, Tusquets

Mishima, J., (2022) Cuentos, Valencia, LDPE

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Moore, M., (2002) filme Bowling for Columbine

Morín, E., (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, París, UNESCO

Mumford, L., (1971) Técnica y Civilización, Madrid, Alianza

Naes, A., (2022) Metafísica del límite arbóreo, Valencia, LDPE

Negri, A., (2006) La nueva fase del Imperio, Barcelona, Paidós

Nietzsche, F., (2000) Sobre el porvenir de nuestras escuelas, Barcelona, Tusquets

Onfray, M., (2002) Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros, Buenos Aires, Paidós

Parker, A., (1982) filme El muro

Pérez Galdós, B., (1895) novela Nazarín

Pestalozzi, J. H., (2022) Cartas sobre educación infantil, Valencia, LDPE

Philibert, N., (2002) filme Ser y Tener

Pie Balaguer, A., (2014) Por una corporeidad postmoderna. Nuevos tránsitos sociales y educativos para la interdependencia, Barcelona, Editorial UOC

Pinter, H., (2022) Discurso de agradecimiento en la recepción del Premio Nobel de literatura, Valencia, LDPE

Platón (1872) Diálogos (El Político, Timeo y Critias), Madrid, Medina y Navarro Editores

Polanyi, K., (1989) La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, Madrid, La Piqueta

Rilke, R. M., (1986) Canción de amor y muerte del corneta Cristóbal Rilke. Madrid, F.C.E.

Rousseau, J. J., (2022) Emilio o la educación, Valencia, LDPE a partir de la digitalización de librodot-com

Rovira Beleta, F., (1963) filme Los tarantos

San Román, T., (2005) “La necesidad y la agonía de seguir siendo gitanos”, en Memoria de Papel 1, Valencia, Asociación de Enseñantes con Gitanos

Salinger, J. D., (1951) novela El guardián entre el centeno

Sitios web:

– “Asociación por la Libre Educación” (http://aleenred.blogspot.com.es/)

– “Baval”, de Francia (http://balval.pagesperso-orange.fr/)

– “Bizitoki. Espacio para vivir” (http://www.bizitoki.org/)

– “Casa Taller Los Moya” (https://www.facebook.com/casatallerlasmoya/)

– “Caso Omiso” (http://caso.omiso.org/)

– “Collage. Espacio Social y Cultural” (https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Collage-455144097993552/)

– “Crecer en Libertad” (http://www.crecerenlibertad.org/)

– “En la Fila de Atrás” (http://enlafiladeatras.wordpress.com/)

– “Fundación Secretariado Gitano” (http://www.gitanos.org/)

– “Loco Matrifoco” (https://locomatrifoco.blogspot.com/)

– “Olea” (https://asociacionolea.blogspot.com/)

– “O Vurdón”, de Italia (http://www.provincia.torino.gov.it/xatlante/mediaecomunita/rom_sinti.htm)

– “Patrin”, en inglés (http://www.reocities.com/~patrin/), — “Unión Romaní” (http://www.unionromani.org/)

– “Red colombiana de Educación en Familia” (https://www.enfamilia.co/)

Sloterdijk, P., (2014) Reglas para el Parque Humano. Una respuesta a la “Carta sobre el Humanismo”, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Sloterdijk, P., (2000) “La utopía ha perdido su inocencia. Entrevista con Fabrice Zimmer” (traducción de Ramón Alcoberro), París, Magazine Littéraire

http://www.alcoberro.info/V1/sloterdijk.htm#slo1

Smith, J. N., (1995) filme Mentes peligrosas

Steinbeck, J., (1947) novela La perla

Steiner, G., (2011) Lecciones de los maestros, Madrid, Siruela

Sternberg, J. V., (1930) filme El Ángel azul

Stirner, M., (2003) El Único y su propiedad, edición cibernética a cargo de Chantal López y Omar Cortés

Stirner, M., (2022) “El falso principio de nuestra educación” (Prólogo de Christian Ferrer), Valencia, LDPE

Tavernier, B., (1999) filme Hoy empieza todo

Truffaut, F., (1959) filme Los cuatrocientos golpes

Valle-Inclán, R., (1924) obra de teatro Luces de Bohemia

Varda, A., (1985) filme Sin techo ni ley

Varda, A., (2000) filme Los espigadores y la espigadora

Vigo, J., (1933) filme Cero en conducta. Pequeños diablos en la escuela

Wajda, A., (1983) filme Danton

Weber, M., (2000) ¿Qué es la burocracia?, elaleph.com

Wilde, O., (2022) El crítico artista, Valencia, LDPE a partir de Librodot.com

Williams, J., (1965) novela Stoner

Zweig, S., (2022) La lucha contra el demonio. Hölderlin, Kleist y Nietzsche, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Pedro García Olivo

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 22 de febrero de 2022

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

NI SIQUIERA LOS MUERTOS…

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“Solo hay resurrecciones donde hay tumbas”, anotó Nietzsche. Entiendo el sentido de la metáfora, pero me parece que, a día de hoy, la imagen ha quedado descabalgada… En torno a los sepulcros, abundan sobre todo los gusanos necrófagos.

“Ni siquiera los muertos estarán seguros cuando el enemigo venza, y ese enemigo no ha cesado de vencer”, escribió Benjamin, desde un realismo atroz.

A veces, también en los cementerios brotan plantas y se dan las flores. Mi ilusión, ya sé que arrogante, soberbia, narcisista, es poder presentarme algún día como una flor endeble, casi inapreciable de tan pequeña y tan poco hermosa, entre las tumbas.

Asistí al entierro de revoluciones, experimentos socialistas, indigenismos antiliberales, nomadismos idiosincrásicos, ruralidades marginales resistentes, luchas suburbiales y periurbanas… Una buena parte de mi vida ha consistido en asistir a sepelios de todas aquellas bellezas históricas y sociales que yo necesitaba para subsistir.

A modo de ventana, por la que se divisan otros rostros y se escuchan otras voces, difundo aquí algunos de mis precarios “reportajes”, en modo todavía de “borradores”, “escorzos”, “apuntes”, que tienen que ver con el “viviendismo latinoamericano”. Dos de ellos se ubican en el contexto de la ciudad (Guatemala) y el tercero en un ámbito rural, con población indígena, de la etnia man. Por persecución o asimilación, estas valerosas experiencias comunitarias tienden a enterrar asimismo su encanto original…

Sigo pensando, no obstante, en la conveniencia de mirar más allá del ombligo europeo y de esa mugrecilla que se cría en su interior.

En torno al “viviendismo” guatemalteco:

Audio a propósito de este asunto:

https://anchor.fm/pedro-garcia-olivo/episodes/Enterrados–Destino-de-la-belleza-histrico-social-e1e85v6

Los Discursos Peligrosos Editorial. Factoría no-económica de herramientas críticas

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

«LOS ESCOLEROS». JOSÉ MARÍA ARGUEDAS: CUATRO MIRADAS Y UN SUICIDIO

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Demasiado sensible como para cerrar los ojos y como para no matarse

Presento una novela y un autor que me ganaron el corazón hace años. En Los Escoleros se concitan cuatro miradas: la de un literato que construye un relato fustigante y desgarrador; la de un antropólogo que recoge cosmovisiones, hábitos sociales, costumbres, creencias, juegos infantiles y canciones tradicionales, en el contexto de una presentación casi “naturalista” del mundo indígena andino; la de un crítico socio-político que denigra la invasión “mestiza” de los entornos comunitarios indios, levantada sobre los cimientos de la colonización hispánica; y la de un suicida peculiar, tranquilo, reflexivo, nada patético, que va comunicando a sus lectores y sus allegados las circunstancias y el tiempo calculado de su muerte voluntaria -cumplió con su palabra y se pegó un tiro en la cabeza, el día más apropiado para no importunar demasiado a sus alumnos y colegas.

Me fascinó la personalidad de Arguedas, un hombre “absolutamente incapaz de la agresividad”, como comentó Sybila Arredondo, su segunda esposa, que lo acompañó en sus últimos y depresivos años. Un escritor que sí era capaz de afilar sus palabras para denunciar el lento etnocidio de los pueblos indios, impotentes ante la apisonadora del Capitalismo occidental, expresado también en los propios Estados de Latinoamérica; para discrepar de las líneas de pensamiento y de escritura de muchos de sus contemporáneos, Cortázar, Onetti, Carpentier, Fuentes y Vargas Llosa entre ellos. Una persona que se crio entre los indios, que hablaba quechua con naturalidad, que no pudo dejar de simpatizar con la figura y el gesto del Che, que en ocasiones casi compartía el pathos de las guerrillas regionales, que padeció en todo su ser la escisión del alma latinoamericana, indígena y europea al mismo tiempo, en una síntesis imposible, en una simbiosis solo soñada.

Creo que, con el suicidio de José María, muchas cosas perecieron, algunas de ellas incluso antes de nacer: la inmensa mentira del “interculturalismo” europeo; las cosméticas “integracionistas”, con las que se pretendía disimular el altericidio alentado por los mercados y las administraciones; los discursos del “desarrollismo”, encubridores de la aniquilación capitalista de las etnias originarias y de sus culturas; la burda legitimación de los Estados-Nación del hemisferio sur; el caramelo envenenado de “Nuestra América” …

Me emociona esta novela corta de Arguedas. Su título ya me sedujo: “Los escoleros”. Y el modo en que presenta el mundo opuesto, la sociedad de las gentes que no fueron a la escuela, la realidad de los “comuneros” (que tuve la dicha inmensa de haber conocido en Nicaragua, en Chiapas, en Oaxaca, en Guatemala, en Venezuela, en Colombia, en rincones olvidados de Europa, etcétera), señala a un hombre bueno, extremadamente sensible, no capacitado -por el exceso de su humanidad y de su inteligencia- para sobrevivir mucho tiempo bajo la sombría organización de nuestro mundo.

Para acceder al texto, liberado:

Pedro García Olivo

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 6 de febrero de 2022

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Fotografía de José Enrique Lingán Paredes, creador peruano

DONDE LOS ÁRBOLES PARECEN MÁS OSCUROS

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Destinos de la Creatividad

1.

Ella era lo más importante de su vida. Con ella descubrió a la mujer, exploró el amor y se enfrentó a la belleza. Comprobó que su mente podía nublarse al verla, que su cuerpo se estremecía si ella estaba cerca y hasta las manos le temblaban entonces como gatos mojados. Hasta que la conoció, solo creía en los libros. Los libros lo habían sido todo para él. Todo, menos un refugio: para refugiarse es preciso haber estado fuera alguna vez, y él jamás salió de las páginas de miles de libros. Solo ante un libro se sentía seguro. Eran enigmas que se rendían a sus ojos como las flores al primer desperezarse del verano. Por eso los entendía tan bien. Constituían el objeto único, excluyente, de su comprensión. A excepción de los libros, todo se le antojaba feo y extraño. Al menos, tan extraño como él -pensaba- debía ser considerado por los demás.

Pero desde hacía unas semanas huía de los libros. Había abjurado de ellos para creer en ella. Le bastaba con verla para saber que pertenecía a una realidad aún más real que la de las páginas. Su existencia vagueante había encontrado un sentido más allá del fuego interior y de la escritura de los otros.

***

2.

Nunca había hablado con ella. Temía hacerlo porque la voz le parecía demasiado vulgar como para sorprenderla en aquel hermoso cuerpo. Solo del silencio se nutre la gracia, tocada de misterio, de un árbol, de una rosa o de una piedra. La belleza reside en cosas sin pensamiento como el pensamiento habita en cosas sin belleza. Por eso la quería silenciosa. Si por desventura, en la más triste mala hora, ella le dirigiera algunas palabras, él se vería obligado a abandonarla. Ya no podría perseguirla. Tampoco le cabría regresar a los libros: la letra empieza a morir cuando la verdad se deja entrever desde otra rendija que la de las palabras -eso creía.

Llevaba varias noches soñándola, varios días siguiéndole los pasos. Nunca pensaba en ella. Tenía suficiente con contemplarla. No quería pensar en ella, ni interpretar lo que hacía, para poder estar así seguro de que jamás acabaría conociéndola. Él siempre había dicho que conocer a una persona era otra forma de pegarle un tiro. De ahí que no aspirase más que a observarla. La miraba como quien ve un fantasma, como quien nada entiende y por todo se emociona. Si la veía besarse con un chico, desistía de buscar las razones en el amor o en el deseo, en la amistad o en el hastío. Simplemente, se emocionaba porque era hermoso percibir cómo un rostro entre sombras se acercaba a la sombra de otro rostro y terminaba recortando una palpitante silueta en la malicia sin profundidad de la noche. Era hermoso advertir el movimiento incierto de dos labios que se rozaban, oprimían y separaban turbiamente, siguiendo ritmos imprevisibles.

***

3.

La crueldad de aquel cuerpo de mujer radicaba en su terrible belleza, en su espantosa belleza. Contemplarlo sumía en la angustia… En más de una ocasión alcanzó a ver cómo la chica empezaba a desnudarse. En esos momentos se agitaba y retorcía tal un endemoniado; casi siempre tenía que cerrar los ojos para no gritar o llorar. Sospechábase indigno de aquello, puesto que no podía soportarlo. Si alguna vez acopiara el valor de mantener abiertos los ojos, si alguna vez fuera capaz de resistir la visión de aquel increíble cuerpo desnudo, entonces se sentiría, en secreto, como un dios o un poeta -como mucho más que un dios y poco menos que un poeta. Habría conquistado por fin, con toda seguridad, lo que dios solo consiguió dominar a medias y lo que -para apoderarse de sí mismos- todos los poetas buscan y no encuentran. Pero no podía sostener la mirada. Sus ojos se cerraban como cielos de tormenta, y no volvían a abrirse hasta que el tiempo le confesaba que ya era tarde -que ella ya no estaba allí. Dejaba entonces de temblar y respiraba aliviado, aunque por dentro se le amotinaban los esbirros de la decepción y del descontento.

**

4.

Solo una vez estuvo a punto de intervenir. Solo una noche quiso salir del escondrijo y correr hasta ella. Si no lo hizo fue porque cada uno de sus quejidos se le clavaba en el pecho como puñalada de madre, y no tuvo fuerzas para incorporarse. Aquella jornada empezó bella y acabó monstruosa. Sintió como si la noche se interrumpiera súbitamente para dar paso al mediodía excesivo. En esa velada, entre la oscuridad de los árboles y bajo la paz de la luna, ella empezó a desnudarse como otras veces, pero con movimientos peligrosamente sensuales. Por un segundo, creyó que ella lo había descubierto y se desvestía para él. Las prendas clarísimas se deslizaban por su piel como a empentones del viento y saltaban al vacío para caer suavemente sobre las hierbas del suelo. Su cuerpo, tan blanco como el sueño de un niño, parecía irradiar luz hasta oscurecer a la luna. Ese instante lo transportó a la cima de su vida. Sorprendentemente, estaba consiguiendo mantener abiertos los ojos.

Pero, de repente, toda la belleza de la escena se corrompió como el cadáver de una gaviota en un charco de agua negra. Otro cuerpo desnudo, maldito y grotesco, se acercó a ella y la abrazó como no se merecía. Era un cuerpo de hombre -un cuerpo de hambre. Ella reía como si no fuera ella, toda estrujada, con la seda de sus senos casi adherida a un pecho abisal de lija y mugre. Se lanzaron al suelo con la rabia de los torturados…, y comenzaron entonces los gemidos y los suspiros y las palabras salvajes. Y él se vio tentado de salir para golpear al perro que devoraba su sustento. Pero cada gemido era una puñalada de madre para su cuerpo, y no pudo incorporarse. Lo único que hizo fue cerrar los ojos. No los cerró como de costumbre (inquieto pero resignado), sino con la desesperación de quien contempla un crimen y no puede ni gritar para no ser sorprendido.

Faltó poco para que pensara esa noche. Casi pensó. El hombre que esa noche poseyó la luz de su vida era otro. No era el joven frágil y dulce que por las mañanas la besaba delicadamente. El hombre que esa noche poseyó la luz de su vida era más parecido a una bestia o a un perro. Pronto abandonó sus pensamientos, porque de continuarlos podía acabar mal. “Acabar mal”: he aquí un presentimiento muy fuerte. Tan fuerte como el perro que esa noche salió de las tinieblas para devorar su sustento.

A partir de entonces tuvo que aprender a abandonar periódicamente su persecución. Como el enfermo que se priva de lo que le daña, se habituó a arrancar de vez en cuando sus ojos de ella para llevárselos a otra parte y dejarla sola. En realidad, no la dejaba sola… La dejaba con otros perros malditos, siempre cambiantes, nunca los mismos, que la arrastraban por los suelos y de nuevo la hacían gemir. Por eso, en tal que ella se acercaba al bosquecillo donde, bajo la paz de la luna, los árboles parecen más oscuros, él daba la vuelta y abandonaba por unas horas el norte de sus pasos. Al dejarla, apenas no le cabía duda de que se dirigía hacia aquel lugar, y lo hacía frecuentemente, sentíase como cuando, de niño, se sumergía bajo las aguas del mar y contenía dolorosamente la respiración hasta casi desfallecer. Nada más emerger de las aguas, irguiéndose con una brusquedad teñida de urgencia absoluta, respiraba profundamente, ansioso y destemplado, como si acabara de sortear un peligro inconcebible. Lo mismo sentía al verla regresar, despacio y con andares de fatiga, quizás menos hermosa que otras veces, ya vestida y casi siempre despeinada.

***

5.

Por las mañanas, ella volvía a encontrarse con el muchacho atenazado por la ternura que la besaba casi con miedo. Y entonces la imaginaba mucho más bella, más bella que la belleza misma. Cuando se sentaba sobre las rodillas de aquel muchacho y le mecía los cabellos desplegando todos los gestos del cariño, nada en ella le recordaba ya el bosquecillo de las bestias hambrientas. Se elevaba por encima de lo simplemente hermoso, y ni siquiera la imagen de su rodar por los suelos más oscuros lograba atenuar la magia de aquel cuerpo fascinador.

Cada vez que dejaba al muchacho, y se despedía con un beso casi tan largo como el atardecer, él la notaba pensativa. La seguía de nuevo, como siempre, un poco más tranquilo, un poco más contento. Muy a menudo llegaba tras ella hasta unas empinadas rocas, escarpadas como gritos de alienados, donde el silencio era más frío y la soledad devenía tragedia. Cuando ella trepaba hasta allí, él tenía que esconderse bastante lejos para no ser descubierto. Entonces ya casi no la veía, y empezaba a imaginar. Imaginaba que la mujer de sus sueños levantaba la vista al cielo y se llevaba las manos a la cara, atormentada. No le interesaba preguntarse por qué hacía aquello: se deleitaba recreando lo que medio entreveía y medio imaginaba, porque era hermoso. Era hermoso que aquel cuerpo de mujer se dibujara impreciso sobre el azul del cielo, aliviando con sus lágrimas la sequedad del aire estanco hasta que despertaba la furia de sus brazos y, como queriendo agredir al universo entero, amenazaba con rasgar el espacio o reinventar el viento.

Cuando la dejaba en el bosquecillo, bajo la paz de la luna y entre la oscuridad de los árboles, él se dirigía hacia aquel desfiladero y gastaba las horas corriendo desde su escondite hasta el borde de la tierra y desde el borde de la tierra hasta su escondite. Quería estar preparado para cuando llegase el día de su felicidad completa.

***

6.

…   …   …

Transcurría enigmática, la noche. Ella no había pasado por donde los árboles parecen más oscuros. Llevaba ya varias semanas sin perderse bajo sus frondas. Por eso, él ya no la abandonaba intermitentemente. Acudía a su cita con el muchacho de los besos largos y tiernos. Desde hacía varias semanas, se encontraba con ese muchacho todas las noches. Hacía también varias semanas que ella no lloraba sobre las rocas del precipicio. Ya iba muy poco por allí. Estaba más hermosa que nunca.

Abrazó al muchacho y lo besó con una pasión desconocida. El chico se dejó querer. Aquellas escenas se le revelaron, a él que todavía miraba, ambiguas como lluvias de primavera. Entrelazados los cuerpos, cayeron sin violencia sobre la tierra cómplice. Quedaron poco a poco desnudos. Milagrosamente, él no había cerrado aún los ojos. Enseguida llegaron los gemidos. Pudo soportarlos porque no se oían como bajo los negros árboles del bosque. Aquellos gemidos no se abalanzaban sobre su pecho con el puñal de una madre en la mano. Cuando por fin cesaron los suspiros, los espasmos, las convulsiones…, y pese al extraño escalofrío que había recorrido su cuerpo hasta ese instante, él pudo enorgullecerse como nunca de no haber bajado la vista en ningún momento. Aunque normalmente le molestaba escuchar las palabras de los demás, sobre todo si reclamaban la participación de ella, esta vez pudo sobreponerse a su limitación porque era también muy delicado el objeto de la charla. Hablaban de cosas azules y amarillas. Y reaparecían los besos al menor encogimiento de la conversación… Sin embargo, él se extraviaba en una selva de amargura.

Prefería verla sola, completamente sola. Quizás fuera demasiado egoísta, y le doliera compartirla con otro. Reconocía que aquel muchacho la había alcanzado como nadie. Pensaba que aquel chico debía sentirse en secreto como un dios o un poeta -como mucho más que un dios y poco menos que un poeta. En cambio, los hombres de los árboles oscuros sólo se sentirían como bestias o alimañas: era absurdo esperar de ellos el más insignificante gesto creativo. De ahí que ella le hubiera sido infiel con el muchacho de la timidez sin motivo, y no con los brutos hambrientos de los árboles.

Se habían sentado sobre las piedras de costumbre. El chico recostaba su cabeza sobre los pechos desnudos de la mujer imposible. Y ella, un poco más seria, empezaba a hablar de cosas no tan azules y menos amarillas. El muchacho se incorporó con alarma y entornó los ojos. La escuchaba aterrado, como si despertara de su único sueño. Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de la mujer mientras señalaba con el brazo el lugar donde los árboles parecen más oscuros. El joven miró hacia el bosquecillo y ocultó su cara tras las manos del desasosiego. Giró el cuerpo y volcó su rostro sobre las hierbas de la tierra enemiga, para llorar en soledad y despedirse abatido de su última esperanza.

Y él, harto de presagiar el fin, abandonó a la pareja. Volvió a caminar por senderos que ya le resultaban trágicamente familiares. Pero lo hacía con un propósito nuevo, bajo una determinación diferente. Reflexionaba sobre lo que había sido su vida. Buscaba por alguna parte, en el rellano de sus recuerdos, un gran error, una equivocación trascendental, que pudiera explicar el encierro de sus últimos años. Desde muy joven había querido forjarse el alma de un poeta. Pensaba ahora que en último término jamás había dejado de ser ese deseo y nada más que ese deseo. Para forjarse el alma de un creador no le bastaba con frecuentarquizás no le era posibleel bosquecillo lóbrego de los escritores del mercado, concertar más de una cita con la belleza fácil bajo la oscuridad de sus árboles, y actuar como un perro hambriento de éxito o una bestia en celo de prestigio. Por otro lado, reconocía dolorosamente que no tenía nada de tentador impremeditado, casi involuntario, de lo Sublimeconquistador ingenuo y fatal de la Belleza Intempestiva.

Por eso, nada más llegar al precipicio se permitió por una vez pensar en la mujer que lo había emancipado de la servidumbre de la lectura. También por una vez, se imaginó capaz de adivinar su futuro, prever sus intenciones. Y la esperó, convencido de que acudiría a las escarpadas rocas del límite de la tierra.

Así fue. Desde el borde del acantilado, la mujer de su tortura se encaró al cielo como a su destino, desgarrada tal vez, desolada por el curso de las cosas, pero asistida en profundidad por una serenidad más honda que la raíz de todo dolor. Y él, persuadido de que por fin sentiría el calor de aquel cuerpo inverosímil, salió de su escondrijo y corrió hacia ella para arrojarla al vacío y dar término a sus tormentos de mujer incomprendida.

Le sonrió al verlo acercarse, tan impaciente y desencajado, la mujer de todos y de nadie. Pero no se dejó ayudar en su suicidio. Se precipitó al abismo por sí misma, sosteniéndole la mirada y agradeciéndole hasta el final el sacrificio que, sin embargo, no le permitió ofrendar. Y él, devorado hasta el subsuelo por un dolor más hondo que la raíz de toda calma, de todo temple, regresó a lo que había sido su prisión para recuperar el consuelo inútil de los libros -esos libros que nunca podría escribir pero que tan meridianamente comprendía.

Su alma no será nunca la del poeta: el gesto de la creación absoluta se ha hecho impracticable en nuestros días, y con ello ha sucumbido también la posibilidad misma de una Belleza Desconocida. Su espíritu será siempre el de la rata que halla sustento entre los desperdicios de los demás. Por ello, retornará cabizbajo a la lectura, para no desaprovechar el absurdo privilegio que lo constituye: el raro privilegio de disfrutar de la belleza antigua, ajena y extemporánea, como un observador perpetuo de lo innecesario -un observador ignorado e impotente, como el más oscuro de los árboles.

***

Así piensa hoy, sentado ante docenas de viejos libros y montañas de folios en blanco. Eso cree ahora, agobiado por una mesa de trabajo que es también la mesa del silencio íntimo y del vacío inexplicable. El amante no correspondido de una belleza tan muerta como su esperanza: así se ve, así se teme. Bajo la paz de la luna, un observador ignorado e impotente como el más oscuro de los árboles.

***

[Composición incluida en “La queja azur”, proyecto narrativo en elaboración]

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana, Aldea Sesga

Fotografía de Roy Lingán Parede, querido amigo

EL ETERNO RETORNO DEL ANHELO LIBERTARIO 1

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COMUNEROS. Primer capítulo

Película documental en torno a las experiencias históricas «comuneras» que conocí y registré (Nicaragua sandinista, Chiapas zapatista, Oaxaca magonista) desde 1985.

Indoblegable anhelo libertario expresado en la ausencia de propiedad privada de la tierra, en la ayuda mutua, en el derecho oral consuetudinario, en la voluntad de alejamiento del Estado y en la democracia directa.

Primer capítulo de un trabajo videográfico en curso, concebido como homenaje a esas «gentes que no se nos parecen» -personas y comunidades a punto de ser aniquiladas por la apisonadora del Capitalismo demofascista.

Agradezco la colaboración de tantas organizaciones indígenas y campesinas y la disposición del Subcomandante Marcos, quien me permitió grabar sus mítines en Oaxaca cuando la Otra Campaña.

Fiel a mi línea de creación y de difusión, y a los compromisos adquiridos con las organizaciones y personas implicadas en el proyecto, este reportaje carece por completo de finalidades económicas. Absolutamente liberado, se ofrece sin cortapisas a todos los interesados.

https://youtu.be/mKgocAzONoY

[Por fin dejé el documental donde quería y como quería. Disculpad la reiteración]

Pedro García Olivo

Alto Juliana

Elogio a la Diferencia. «Comuneros 1»

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Los Otros y el Espejo

Siempre me interesó el modo de vivir y de morir de las personas.
José María Arguedas, uno de los mejores conocedores del universo indígena, que se suicidó de un modo programado, acordado con sus alumnos.
García Lorca, que fue asesinado, y se sirvió del hecho gitano lo mismo que se hubiera aprovechado «de una aguja de coser o una presa hidráulica», como cuenta en sus cartas a los amigos.
Buñuel, responsable de la mayor impostura sobre el mundo rural-marginal que he llegado a conocer, esa mentira inmensa titulada «Tierra sin pan». Creo que murió de mayor.
Presento aquí el primer capitulo de «Comuneros», que muestra a los otros y señala un espejo íntimo.

Para los próximos capítulos, Eduard Pardo Martí , Ana Martí, Carla Canto , Friedrich y Daniela Ojo En Blanco me han regalado músicas, que formarán parte de esta película documental, realizada asimismo para regalar.

https://m.youtube.com/watch?v=mKgocAzONoY&feature=youtu.be

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

https://anchor.fm/pedro-garcia-olivo/episodes/Los-Otros-y-el-Espejo-e1d2hk8

LAS CARTAS VIVIDAS DE FLAUBERT

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PDF de «Las cartas vividas. Tocando a la puerta trasera del refugio Flaubert: https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2022/01/flaubert-cartas.pdf

GUSTAVE FLAUBERT Y EL ARTE DE LA EPÍSTOLA

Por razones muy diversas, es profundo el sentimiento de hermandad que me une a Gustave Flaubert.

Madame Bovary no me interesó; y eso también me acerca al autor, que sentía repugnancia por todos los personajes de su novela y la tenía en muy baja estima: en las cartas a sus amistades se refiere a ella como un “ejercicio de paciencia”, de mero oficio, una obra “chata”, compuesta más para el mundo que para él mismo, alejada de su ser, de su verdadera pasión creativa, de todo lo que amaba.

Pero he disfrutado su correspondencia, esas misivas para los amigos y familiares que componía con tanta concentración y voluntad de estilo, en las antípodas de las cartas vulgares y laceriosas, desgarbadas y sin aliño, de Fiódor Dostoievski, valga el ejemplo.

Comparto aquí una selección de las epístolas de Flaubert, una suerte de mirillas para sorprender el alma del escritor, sus anhelos, sus tormentos, sus felicidades y sus angustias, su concepción del arte, su odio inmenso a la sociedad burguesa y a buena parte de la cultura oficial de su tiempo, sus principales vicisitudes existenciales, los lazos de amistad y de amor que forjó y cuidó incluso en medio de una duradera y aplastante depresión.

No todas las personas son capaces de sobrellevar sin rotura la vida que corresponde a su época y a su país. Para soportar un mundo que detestaba, Flaubert, tal y como refirió en una de sus cartas, se aferró a la tinta lo mismo que otros a la botella de aguardiente. Ello le llevó a una estética particular, orientada al “arte puro”, a la búsqueda incansable de la expresión óptima, de la palabra justa, de la frase armoniosa, de una perfección formal laboriosísima y acaso insensata, motivadora de que, pese a su inusitada capacidad de trabajo, a su “encierro” diario en la escritura (tal un monje de la creación literaria o un monomaniático de las palabras), nos legara muy pocas obras. En una de sus epístolas llegó a declararse partidario de una literatura “sin tema”, sin asunto, sin intención, que se mantuviera solo por la fuerza interna del estilo, por la belleza de las frases, por el encanto compositivo. Me recuerda, por ello, a Van Gogh, obsesionado por su arte, por sus colores y por cada una de sus pinceladas, incluso cuando se proponía pintar unos simples girasoles…

Demasiado inteligente para mentirse, Flaubert habla de sí mismo con una sinceridad anonadadora, señalando sin pudor lo que considera sus miserias, sus deméritos, sus fracasos, su ineptitud para la vida corriente y la felicidad común. Lo mismo que el pobre alienado de Saint-Rémy, es consciente de los “alimentos imprescindibles” de que privó a su cuerpo y a su corazón para consagrarse, de un modo que cabe estimar “religioso”, a la escritura. Relata de qué modo su persecución del “arte puro” lo alejó de la plena vida humana y lo abocó a la desdicha, la soledad, el sentimiento de definitivo naufragio existencial.

Ya mayor, cercana la muerte, le escribe a su sobrina Carolina una carta muy tierna, que contiene a su vez unas líneas durísimas, definitorias de su carácter esquivo y de las certezas íntimas a las que sujetó la mayor parte de su vida:

Los honores deshonran,

Los títulos degradan,

La función embrutece.

Comentario: el orgullo no puede llevarse más adelante.

Os dejo con estas “Cartas escogidas de Gustave Flaubert” y me despido de él con un abrazo fraternal.

PDF de «Las cartas vividas. Tocando a la puerta trasera del refugio Flaubert

Pequeño viaje de dolor que nuestra hipocresía denomina «viaje de placer’

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(Gusanera motorizada)

Se llenaron las carreteras de «gusanos motorizados». La expresión es de E. M. Ciorán.

Se emprenden viajes de placer que ocultan un pequeño viaje de dolor.

Porque hay que estar herido, de aburrimiento o de esclavitud, para viajar de esa forma.

¿VIAJE DE PLACER?
(Palabras que nos ahogan)

“Más que en busca del placer,‭ ‬viajaba para huir del dolor”

Basilio, como el resto de los pequeños pastores tradicionales de Arroyo Cerezo, apenas ha salido del territorio de la aldea y sus pastos.‭ “‬Viajar debe ser muy aburrido.‭ ‬Estar siempre viendo cosas diferentes,‭ ‬y ya está‭”: e‬sa era la opinión de mi padre,‭ ‬que este hombre hace suya con matices.‭ “‬Yo no entiendo eso de ir a un sitio y luego volver.‭ ‬Las tierras son para vivirlas‭”‬.‭ ‬

Nosotros,‭ ‬los hombres civilizados,‭ ‬para conjurar el tedio,‭ ‬inventamos ese pequeño viaje de dolor que nuestra hipocresía denomina‭ “‬viaje de placer‭” ‬y que se resume muy exactamente en la sentencia de mi padre:‭ “‬Estar siempre viendo cosas diferentes,‭ ‬y ya está‭”‬.‭ ‬Mi viejo,‭ ‬emigrante,‭ ‬vivió en lugares distintos,‭ ‬habitándolos profundamente:‭ ‬disfrutó y padeció las costumbres de sus gentes,‭ ‬luchó por la existencia,‭ ‬se afincó y echó raíces,‭ ‬hizo amigos y enemigos,‭ ‬amó tanto como odió,‭ ‬tuvo miedo e infundió temor,‭ ‬admiró,‭ ‬detestó,‭ ‬procuró comprender y olvidó a su pesar…‭ ‬

El verdadero nomadismo se sitúa también en la antípoda de los risibles viajes pequeñoburgueses de placer:‭ ‬más que‭ “‬resbalar‭” ‬por las tierras,‭ ‬el nómada arraiga en el camino.‭ ‬No regresa,‭ ‬no visita.‭ ‬Se incrusta.

La ignorancia del viajero común,‭ ‬hoy llamado‭ “‬turista‭”‬,‭ ‬no escapa a la severidad de una mirada sedentaria:‭ ‬habiendo estado en todas partes,‭ ‬se comporta como si no hubiera aprendido nada en ningún lugar.‭ ‬Atestó de fotos sus álbumes narcisistas,‭ ‬alivió un poco de peso su cartera de privilegiado,‭ ‬aburrió después a sus amigos con el relato jactancioso de peripecias sin gracia ni trascendencia,‭ ‬frivolizó sobre otros hombres y disertó superficial sobre curiosidades y rarezas de otros países…‭ ‬

Finalmente,‭ ‬retornó cabizbajo a su posición de tornillo,‭ ‬momento indistinguible de la máquina social que lo humilla y adocena‭; ‬regresó a la servidumbre del trabajo,‭ ‬al hastío indecible del hogar,‭ ‬a su insignificante,‭ ‬descolorida y amarga existencia de esclavo en el mejor de los casos‭ ‬bien pagado…‭ ‬Más que en busca del placer,‭ ‬viajaba para huir del dolor.

Basilio no se sintió nunca impelido a escapar de su páramo,‭ ‬nada en la sucesión sin pena de sus días le incitó jamás a partir:‭ ‬extranjero,‭ ‬el dolor no se instaló en esa,‭ ‬su casa.‭ “‬Por la sierra,‭ ‬la amargura anduvo siempre solo de paso‭”‬.‭ ‬Los pastores se ahorraron por eso el efímero consuelo de los viajes de idea y vuelta‭; ‬y continuaron,‭ ‬como la mayor parte de los turistas,‭ ‬sin saber mucho de las otras tierras y de los otros hombres.

Es preciso sentirse devorado por un sufrimiento insaciable,‭ ‬presa de una aflicción atenazadora,‭ ‬para considerar los avatares de un viaje de vacaciones como formas del disfrute.‭ ‬Hay que saberse reo perpetuo,‭ ‬en una celda muy estrecha,‭ ‬para transfigurar la marcha veraniega,‭ ‬pequeña y periódica,‭ ‬contados los días,‭ ‬en una suerte de liberación.‭ ‬Apunta Basilio:‭ ‬“No por darle más cuerda al perro,‭ ‬deja de ser perro‭; ‬no porque llegue más lejos,‭ ‬está suelto‭”‬.‭ ‬Mi amigo,‭ ‬que desconoce la angustia y acaso debería reconocerse libre,‭ ‬no viaja de ese modo.‭ “‬Si algún día me fuera de aquí,‭ ‬sería para‭ ‬pelear en otra parte‭”‬.‭ “‬Pelear‭” ‬quiere decir procurarse un medio de vida en el que uno sea su propio amo,‭ ‬subsistir sin obedecer,‭ ‬comer sin cebar a otro.‭ ‬

Cuando le explico a Basilio las miserias y torturas que inducen a viajar a los funcionarios,‭ ‬los maestros,‭ ‬los oficinistas,‭ ‬la élite de los trabajadores,‭ ‬etc.,‭ ‬noto que casi se consterna:‭ “¡‬Ah‭! ‬Entonces sí…‭ ¡‬Que viajen‭! ¡‬Que viajen‭! ‬Si‭ ‬hay‭ ‬cuerda,‭ ‬que‭ ‬sea‭ ‬larga.‭ ‬El‭ ‬perro‭ ‬quiere‭ ‬más‭ ‬era…‭”‬.‭

El viaje cicatero,‭ ‬con retorno inevitable,‭ ‬del turista por unos días se funda en un sucedáneo de la esperanza:‭ ‬creer que,‭ ‬en otro lugar,‭ ‬por fin se le podrá hincar de verdad el diente a la existencia,‭ ‬disfrutar como no es pensable en el territorio del que se huye.‭ ‬Esta esperanza de un placer inmenso se ve luego traicionada por la realidad de un montoncillo de pequeños disfrutes laceriosos:‭ ‬comer hasta hartarse,‭ ‬hasta la indigestión,‭ ‬hasta el absurdo,‭ ‬como se podría haber hecho en el domicilio particular por menos dinero‭; ‬acreditar,‭ ‬si hay suerte,‭ ‬algún contubernio sexual ligeramente exótico,‭ ‬como los que tan fácil se tendrían en el barrio de al lado‭; ‬fotografiar manifestaciones artísticas que no se entienden y que a fin de cuentas interesan poco…

La esperanza del placer,‭ ‬mil veces corrompida,‭ ‬renace sin embargo de sus cenizas cada verano,‭ ‬cada Navidad,‭ ‬por el horror inconmensurable del malvivir cotidiano en el propio penal de residencia.‭ ‬Por ello hablamos de‭ “‬viaje de dolor‭”‬.‭ ‬Se‭ ‬requiere‭ ‬estar‭ ‬herido‭ ‬para‭ ‬viajar‭ ‬de‭ ‬esa‭ ‬forma…‭ ‬Y Basilio rebosa salud,‭ ‬a pesar de esa hernia que soporta y admite como su “gallina muerta”‭; ‬se enorgullece de su autonomía,‭ ‬aunque le tachone de callos las manos y le estríe de sudor la frente.‭ ‬No suspira por el tristísimo gorgotear de la esperanza en que se cifra el viajecillo de placer filisteo.‭ ‬Desesperó.

Yo,‭ ‬que he sido pequeñoburgués,‭ ‬y casi prototípico,‭ ‬prodigué hasta la necedad ese lastimero turismo:‭ ‬recorrí Nicaragua,‭ ‬Turquía,‭ ‬los países del Este,‭ ‬Escandinavia,‭ ‬el Magreb,‭ ‬etc.‭ ‬Y no me enteré de nada.‭ ‬Tampoco disfruté demasiado.‭ ‬Aparte de enriquecer un poco más a la bien montada industria del turismo,‭ ‬no sé en verdad lo que hice.‭ ‬Por supuesto,‭ ‬hice el autómata.‭ ‬Pero‭ ¿‬qué más‭?

Viaje auténtico,‭ ‬no de placer,‭ ‬sino de experiencia,‭ ‬fue mi estadía por tres años en la Budapest tardocomunista.‭ ‬Viaje de experiencia acabó siendo mi afincamiento en las aldeas de Ademuz, dilatado por décadas.‭ ‬En los dos casos,‭ ‬me transformé,‭ ‬me hice otro,‭ ‬encaré adversidades e incertidumbres,‭ ‬y luché por subsistir…‭ ‬Viajes,‭ ‬los dos,‭ ‬desesperados,‭ ‬nada buscaba en ellos,‭ ‬nada anhelaba encontrar.‭ ‬Todo cuanto hallé, a orillas del Danubio lo mismo que en las estribaciones de la Ibérica,‭ ‬fue por accidente.‭ ‬Ridículo sería celebrar la dudosa riqueza de los hallazgos,‭ ‬fruto de la impremeditación y del no-deseo‭; ‬patético,‭ ‬arrepentirse de haber volado.

Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

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«La última ilusión»

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LA ÚLTIMA ILUSIÓN

Jürgen Dahl

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/11/wp-1637909786107.pdf


Presentamos un texto ingrato, que aborda la crisis ecológica sin ajustarse a las reglas de reflexión y de composición que configuran el “verosímil crítico” (R. Barthes) de las sociedades democráticas occidentales. Su tesis, en cierto sentido “elemental”, no puede ser admitida por los tópicos que dominan la producción mediática del Ecologismo de Estado (o Ecologismo Científico): nos encaminamos hacia una catástrofe planetaria determinada por el productivismo-consumismo capitalista, y para ella no hay solución dentro de los marcos de la sociedad mercantil bajo la que vivimos.

A partir de esa premisa, J. Dahl denuncia tres cinismos muy extendidos, tres falsificaciones galopantes: el primer cinismo sugiere que la salvación del planeta empieza en casa, en el ámbito doméstico, desde el compromiso cotidiano individual; el segundo procede de lo que denomina “tecnología medioambiental”, vinculada a la Ciencia, que “inventa” dispositivos reparadores utilizando los mismos recursos que degradan el entorno; el tercero tiene que ver con la Administración y la esfera política, más pendiente de su propia reproducción a corto y medio plazo que de las necesidades clamorosas de la humanidad contemporánea.

Con un estilo muy peculiar, que recuerda los modos expositivos de las culturas orales (más yuxtaposición que subordinación en la gramática; argumentación “en espiral”, retornando una y otra vez al punto de partida y a la idea central; aversión a lo teorético y a lo conceptual; deslizamiento incesante desde lo “racional” a lo “emotivo”, etcétera), J. Dahl, excelente jardinero y gran amante de las plantas, renunciando a las abstracciones y a la inflación teorética, regresando al mundo de la empiria, de los datos incontestables, de las metáforas afortunadas y con una expresividad irritada y humorística al mismo tiempo, casi al modo de los quínicos antiguos, demuele “la última ilusión” (que la crisis ecológica puede resolverse sin afectar dramáticamente a nuestro bienestar, a nuestra opulencia, y en el respeto del orden liberal capitalista). Ante su tenaz esfuerzo desmitificador, caen muchas de nuestras más estimadas máscaras: la del “crecimiento sostenible”, la del “decrecimiento”, la de la “economía verde y circular”, la de todo reformismo político-medioambiental… El apartado final me conmueve en su desesperación “activa”, pues sigue apelando a la rebeldía, a la resistencia, a las luchas “desilusionadas” que se despliegan por dignidad…

Para acceder al ensayo:

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/11/wp-1637909786107.pdf



El eterno retorno del anhelo libertario

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EL ETERNO RETORNO DEL ANHELO LIBERTARIO
(Comuneros)

Afronto la creación de esta película documental. Desde 1985 he ido acumulando miles de horas de grabación en torno a los pueblos «comuneros», donde no se daba la propiedad privada y apenas se sentía el Estado. Documentos que proceden de Nicaragua, de Guatemala, de México, de Venezuela, de Colombia,…

Haré la película, que se difundirá por completo al margen del mercado, ofrecida como don a quien le pueda interesar. La regalaré a asociaciones y colectivos antagonistas.

Como me agrada andar espiritualmente desnudo por la sociedad, os cuento que los medios para sufragar este proyecto derivan de los 14 meses en que me vendí dando clases para ayudar a la que era mi familia y que luego se extinguió.

Para la banda sonora, aceptaré los audios que me enviéis, amigos músicos, si os apetece participar en este viaje a ninguna parte. Quedará constancia de vuestras autorías, por supuesto, en los rótulos y títulos.

Me costará cinco años culminar esta obra.
Es un homenaje a las gentes que no se nos parecen, a la auto-organización comunitaria y a la ausencia de Estado.

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana

Video de la charla «Escuela Mortífera»

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ESCUELA MORTÍFERA
(Participación en el Encuentro Mundial «Educación para la vida»)

No me salió muy bien, desde el punto de vista técnico y expositivo, pues estaba nervioso ante la pequeña pantalla de este móvil anticuado, casi a oscuras (la placa solar no me da luz suficiente en la noche) y aterido de frío. Y me quedé a la mitad de los contenidos que quería compartir…
Pero esto fue lo que alcancé a expresar.

https://fb.watch/93gDZ9YMPP/

SABIDURÍA ANÁRQUICA ORIENTAL

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Para descargar «Un sabio chino», de Óscar Wilde: https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/10/wp-1633775360642.pdf

SABIDURÍA ANÁRQUICA ORIENTAL
En torno a Chuang Tzu y de la mano de Oscar Wilde

A Chuang Tzu, también nombrado Thuangzi, lo conocemos como uno de los mayores filósofos taoístas. Ha merecido infinidad de estudios en los últimos tiempos; en algunos de estos se muestran sus coincidencias con la disposición crítica del quinismo antiguo, Diógenes al frente, y también se le relaciona con el anarquismo clásico.

La vida de este pensador se dio muy lejos de la nuestra, con una separación de más de dos mil años; pero las ideas que esgrimió hubieran podido muy bien ser defendidas esta mañana:

“No hay nada peor que gobernar a la Humanidad. Todas las formas de gobierno son erróneas, son destructoras”.

“La acumulación de riquezas es el origen de todos los males. Hace al fuerte violento y deshonesto al débil. Crea ladronzuelos que instala en jaulas de bambú. Engendra grandes ladrones que sienta en tronos de jade blanco. Es el padre de la competencia, y esta significa desgaste y destrucción de energías. El malestar y la guerra son los resultados de una sociedad artificial basada en el capital”.

“La verdadera sabiduría ni se enseña ni se aprende. Es un estado espiritual que solo consigue el que vive en completa armonía con la Naturaleza. Tratar de hacer buenos a los demás es una ocupación tan ridícula como la de golpear un tambor en un bosque para encontrar a un fugitivo. Es malgastar energías. Eso es todo. ¿Qué importancia filosófica puede tener la educación cuando se preocupa simplemente de colocar a cada persona en un puesto diferente al de su semejante? Al final nos encontramos en un caos de opiniones, dudando de todo y cayendo en la vulgar costumbre de razonar. Solo razona quien se halla intelectualmente perdido”.

“La gente se desquiciaba cuando empezaba a moralizar, dejaba enseguida de ser espontánea y de actuar por intuición. Se volvía presumida y artificiosa, y tan ciega como para tener un propósito definido en la vida. Y entonces aparecían los gobernantes y los filántropos, las dos pestes de todas las épocas”.

“Cuando todo estaba sumido en un perfecto desorden, los reformadores sociales subieron a las tribunas y predicaron desde allí el remedio de los males que ellos y sus sistemas habían causado. ¡Los pobres reformadores sociales! No conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse”.

Ocar Wilde, adscrito a menudo al ámbito del anarquismo filosófico, se destacó muy pronto como un divulgador del pensamiento de Chuang Tzu. Adjunto, al final de esta nota, un enlace para descargar el artículo que le dedicó en febrero de 1890, aparecido en el períódico Speaker.

Desde que caló en mí una interrogación malévola de Sade (“¿Cómo puede ser la relación de la excepción con la excepción?”), he dedicado mucho tiempo a estudiar las obras en que un autor hablaba de otro, en que un creador se enfrentaba a la realización de otro y componía un texto por ella motivado. Eran siempre autores que estimaba y que se ocupaban de artistas que también me agradaban. Leí la correspondencia de F. Dostoievski, recogida y comentada por A. Gide; la composición de Charles Baudelaire sobre la vida y la obra de Edgard Allan Poe; el texto monumental que dedicó A. Artaud a Van Gogh, su “suicidado por la sociedad”; el emocionante artículo de Albert Camus sobre, precisamente, Oscar Wilde, titulado “El artista preso”; etcétera. Por estas fechas, he regresado al artículo en el que el escritor dublinés, antes de los días de su desgracia, manifestaba su admiración (y casi devoción) por Thuangzi, el sabio chino. En todos los casos la excepción parecía enamorada de la excepción…

Oscar Wilde reaccionó enseguida a la primera aparición de la obra de Chuang Tzu en Inglaterra. Con el tiempo, como decía, se fueron sucediendo los estudios sobre el sabio anárquico oriental. Completo esta nota con unas páginas, a propósito, de Emmánuel Lizcano, incluidas en su ensayo “El Caos en el Pensamiento Mítico”:

“Para Zhuangzi, distinguir, analizar, dividir, es empantanar el flujo caótico y vital, cercenar en las cosas su virtud, su virtualidad, “su natural poder ser”, y condenarlas -condenarnos- a ser lo que son, mera im-potencia, identidad, orden, muerte. Las cosas no son lo que son, sino su potencia: “No hay cosa sin su poder ser”.

“No seas un instrumento poseído por tu nombre,
No te conviertas en un archivo de proyectos,
No te pre-ocupes de negocios,
No te en-cargues de sabiduría”.

La figura que aquí se propone es la antítesis del héroe occidental por excelencia: Prometeo. Más bien parece que está hablando de su denostado hermano, Epimeteo, el des-preocupado, el que actuaba sin la menor premeditación, el que con sus comportamiento caótico es fuente de todas las desgracias (para la mitología griega y su heredera, la mitología científico-técnica).

A diferencia de los confucianos, el sabio taoísta no pretende ilustrar a nadie. Y, de la clase dirigente, solo le interesan sus hijos díscolos o descarriados. Lo mejor que puede hacer el poderoso con el pueblo es dejarlo a su suerte, pues en el pueblo, como en el caos, está su propia energía autoconstituyente. “Cuando el gobierno es inactivo, el pueblo es diligente; cuando el gobierno es activo, el pueblo se hace indolente”. Por eso tampoco el pueblo tiene la menor necesidad de ser iluminado, ni de directrices ni dirigentes: “Eliminad los sabios, desterrad los ingenios y aprovechará cien veces más el pueblo”. Cuanto le venga de fuera, y altere así su virtud autoorganizativa, no puede sino corromperle. Son las leyes las que crean al delincuente. “Cuantas más prohibiciones, más pobre será el pueblo; cuantas más armas, más desorden habrá; cuantos más ingenios y artilugios, más monstruosidades surgen; cuantos más decretos y leyes se promulgan, más bandidos aparecen”. El desorden no es consecuencia de la anarquía sino, por el contrario, del afán de gobierno, del empeño por ordenar el tumultuoso y complejo discurrir de la naturaleza, de la vida y de las gentes (…).

El caos que así se elogia resulta ser sorpendentemente afín, en lo político, a ciertas tesis del anarquismo clásico y, en lo físico, a las de la recientemente llamada “caología”, que las ciencias de estos últimos años saludan como un “nuevo paradigma” del conocimiento (…). El caos del taoísmo es autoconstitución, autopoiesis. Es en el propio interior de su bullicioso acontecer donde se encierran todos los órdenes posibles. Cualquier intento ingenioso/ingenieril por ordenarlo desde fuera es letal. Imponer el orden es destrozarlo; la acción premeditada, planificada, aunque se anime de la mejor voluntad, condena a muerte toda potencia auto-organizativa (E. Lizcano, “El caos…”, recogido en Urdimbre, Suport Mutu, Castellón, 2003, pp. 11-13).

Cierro este escrito rememorando el final de una escena compuesta por Chuang Tzu y que fascinó tanto a Oscar Wilde como, un siglo después, a Emmánuel Lizcano. Confucio se enfrenta discursivamente con Chieh Yü, el loco, el ladrón, el bandido de Ch’u; y recibe, como despedida del intercambio, estos gritos sublimes:

¡Basta! ¡Basta! ¡Ya está bien de usar el Poder
para someter a los hombre!
¡Cuídate mucho de ir trazando a los demás
el camino que deben seguir!
¡Apaga esas claridades!
¡No estorbes mis paso!
Mi andar es errático y tortuoso.
¡No me entorpezcas! (…).
Todos saben de la utilidad de lo útil,
pero nadie conoce la utilidad de no ser útil para nada.
(E. Lizcano, op. cit., p. 16)

Para descargar el artículo de Óscar Wilde, titulado «Un sabio chino»:

Haz clic para acceder a wp-1633775360642.pdf

Pedro García Olivo

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CONTRA LOS INVENTORES DE LA FELICIDAD

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¿MUDAR EL ALMA?

En medio de la noche (yo siempre pienso, escribo y soy en la madrugada), me pregunté si mi empeño era absurdo, inútil, destartalado: “Pedro, ya sé que, en tu opinión, estás avanzando hacia una deserción completa y que te quieres borrar del mundo en tanto funcionario y profesor, pero ¿estás seguro de que se puede mudar tan fácilmente el alma?”.


“Mudar la piel es sencillo: lo hacen todas las serpientes y todas las personas que tienen alma de serpiente. Pero, ¿tú te crees de verdad que cabe “cambiar de alma”, dejar de ser lo que se fue siempre y se es todavía; te parece, a día de hoy, que está en tus manos “hacerte otro”, reinventar en lo profundo tu vida?


Estas preguntas me las está haciendo mi “demonio de la medianoche”, que me altera el sueño y, a veces, me destroza toda la jornada. Aún así lo escucho y hasta lo estimo…


No tengo respuestas aún. Dejo aquí un escrito en el que se explicita todo lo que detesto del funcionariado y, por tanto, también de mí mismo. Y un audio en el que me abro a la posibilidad de que la deserción sea un ensueño.


Pero no sé… No sé, que ya es mucho.



CONTRA LOS INVENTORES DE LA FELICIDAD
El Funcionario ha sido inventado para extraviar aún más el sentido de la tierra,
para evitar que el Libertino consiga por fin “hacerse un cuerpo” –
nada menos que un cuerpo: ajusticiamiento del Más Allá,
descodificación de los flujos del deseo



“¡No vuestro pecado –vuestra moderación es lo que clama al cielo,
vuestra mezquindad hasta en vuestro pecado es lo que clama al cielo!
¿Dónde está el rayo que os despierte con su furia?
¿Dónde la demencia que habría que inocularos?”.
F. Nietzsche



“Me han enseñado a odiar al Gran Burgués y, sin embargo, no le temo –apenas me preocupa. No veo en él más que a un esclavo: explotar al obrero, Esa es su forma de servir a la maquinaria capitalista, esa su manera de perseguir el bienestar y no encontrar más que la desdicha. Como también me educaron en el amor al Proletario, dediqué cierto tiempo a describir su dolor, relatar sus luchas, celebrar sus triunfos y lamentar sus derrotas; intuía que de aquella escritura, supuestamente explosiva, dependía incluso el Valor de mi vida. Pese a ello, nada que tenga que ver con sus miserias, con su opresión evidente, ha logrado hasta el momento desencadenar toda la irritación de que me creo capaz. Odio, temo, al Funcionario”. He aquí la confesión del Libertino, el secreto de su extraña disidencia.
Para el Libertino, el Funcionario no es tanto el sujeto de una profesión, de una actividad laboral concreta, como la encarnación de cierto perfil psicológico moderno –síntesis burguesa de la moralidad cristiana. Define al Funcionario por su percepción de la tierra, por su relación con el propio cuerpo. Sorprende en él una forma peculiar de codificar los flujos del deseo y apaciguarlos sobre imágenes siempre fijas, idénticas e inmutables: imágenes de la seguridad, de la obligación incondicional y, por tanto, tecnologías del sojuzgamiento del cuerpo, de su mutilación por una figura de la policía social anónima que se hace cargo de las riendas de la subjetividad y organiza los ámbitos complementarios de lo permitido y lo prohibido.
Y, en este sentido, como estructura psicológica y determinación moral, el Funcionario tiende a neutralizar tanto la voluntad de resistencia de los colectivos oprimidos como la capacidad de placer de las fracciones de clase hegemónicas. Perpetuará así la desigualdad social al homogeneizar la circulación del deseo (moralización despótica de las costumbres); y, con el objeto de convertir no menos a los dominantes que a los dominados en siervos profundos de la axiomática capitalista, procurará siempre -y en todos los casos- un mismo olvido de la tierra.
“¡Permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores y calumniadores de la vida, lo sepan o no. Son moribundos y están ellos también envenenados. La tierra se halla harta de ellos”: esta es la recomendación nietzscheana violada en toda regla por el Funcionario. A nadie escapa ya la iniquidad de sus fines: desplazar la Moral –preservar la Moral mediante su simple desplazamiento. Con esta movilización de la moral, y como el último hombre de Zaratustra, el Funcionario ha abandonado las comarcas donde era duro vivir, ha cultivado la discusión superficial como premisa de la reconciliación de fondo y ha organizado su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche. En pocas palabras: ha inventado la felicidad. Sí, el Funcionario ha inventado la felicidad y, con ello, ha prestado al Orden del Capital el mayor de los servicios –por fin reparada la atadura interior, de nuevo codificado el deseo, una vez más la mutilación del cuerpo.
De espaldas a la Virtud, con la Razón en la cuneta, los defensores de la tierra vienen denunciando ásperamente la felicidad del Funcionario como lamentable bienestar, sucio disfrute, atrincheramiento en posiciones políticas de complicidad. Vienen preparando, casi desde la emergencia antitética del Libertino, la hora del gran desprecio: “La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea, y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud”. Mientras el Funcionario anhela un poco de veneno de vez en cuando -eso produce sueños reconfortantes- y mucho veneno al final, asegurando un morir agradable, el Libertino arriesga la salud y prescinde del narcótico para entregarse, como un niño, al peligro de la existencia sin ídolos. Vivir sin ídolos: “Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso correr, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse.” Vivir sin ídolos: simplemente, atreverse a Vivir, recuperar el Cuerpo.
Aquí Artaud: “Para VIVIR hay que tener un cuerpo”. Y ya lo hemos perdido por dos veces. Lo sacrificamos ante el Alma cuando aún vivía Dios; y lo sustituimos por un Organismo, un Código, un Engranaje…, tras su muerte, cuando la Razón y la Virtud modernas volvieron a enturbiar la percepción de la tierra. El Funcionario nos hurtó el cuerpo antes de que aprendiésemos a usarlo (“el hombre común ignora hasta qué punto puede llegar el vicio de tener un cuerpo y servirse de ese cuerpo”), y demostró a la maquinaria capitalista que todavía era preferible una moralidad sin Dios –una moralidad atea, la más funesta de las moralidades, el último escondrijo de la Metafísica y la mejor garantía de la dominación burguesa.
Al enterrar el Cuerpo Sacrificado (cuerpo de la moral antigua: “En aquel tiempo, el alma miraba al cuerpo con desprecio; y ese desprecio era entonces lo más alto –el alma quería un cuerpo flaco, feo, famélico”), el Funcionario suspendía la exigencia, inaceptable para la sensibilidad ilustrada, de un Dios cruel, punitivo, torturante, y desplegaba en su lugar el nuevo Orden del Simulacro. Como impostura del cuerpo, el Organismo liberará así los flujos del deseo y los protegerá de la vigilancia residual del alma –impotente. Pero solo para someterlos a la tiranía de la nueva axiomática capitalista (“jamás el cuerpo es un organismo, los organismos son los enemigos del cuerpo”). Sancionaba con ello la transición del deseo detenido al deseo dirigido: “Al cuerpo humano se le ha obligado a comer, se le ha obligado a beber, para evitar que baile; se le ha obligado a fornicar con lo oculto, para dispensarle de exprimir y ajusticiar la vida oculta”. Contra la reconducción del deseo surgió entonces la rebeldía de los inmoralistas, la búsqueda difícil de la auténtica vida sensual –D. H. Lawrence: “Existe una enorme diferencia entre el ser sensual, auténtico, y la desvergüenza escandalosa de la mente liberada que tanto nos seduce”.
En el tiempo del Cuerpo Sustituido, apenas puede vislumbrarse el destino político del deseo descodificado. Pero hemos aprendido ya a intuir su peligrosidad inherente:

“¿Quién soy?
¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud y si lo digo
como sé decirlo
inmediatamente veréis mi cuerpo actual
saltar en pedazos
y constituirse bajo diez mil aspectos
un cuerpo nuevo
por el que no podréis
olvidarme jamás”.

No imaginemos la liberación del deseo como instalación en la Era de la Fidelidad a la Tierra. Que nada en nuestro discurso recuerde el teleologismo del Gran Desenlace. Pensemos más bien la recuperación del cuerpo como proceso interminable de descodificación política del deseo, negación indefinida de los modelos coactivos de la moral burguesa y articulación fragmentaria de un nuevo tipo de subjetividad histórica. Valoremos asimismo la trasgresión de la Moral por el Libertino, su desaprobación radical de la felicidad del Funcionario, como declaración de guerra al pensamiento de la Repetición y a la sicología de la Repetición. Para los Defensores de la Tierra, “hacerse un cuerpo” (“el cuerpo se lo hace cada uno, o de lo contrario ni sirve ni se aguanta”) significará, pues, ensayar la diferencia existencial, anticipar la novedad subjetiva, promover la transformación social.
Ensayar la Diferencia, anticipar la Novedad, promover la Transformación… Quizás por eso, el Libertino busca la compañía de aquellos que, desde la periferia de la Razón y en medio de la noche de la Virtud, abandonan los caminos de los demás para enfrentarse a lo imposible de la Creación –un tránsito y un ocaso. De alguna forma, el Libertino contiene al Creador, encierra la condición de la Obra –la voluntad de hacerse un cuerpo. Nadie como Nietzsche ha sabido precisar la naturaleza de su “práctica social”, evitando cualquier confusión con las desahuciadas figuras del Predicador, el Profeta, el Caudillo o el Dirigente:

“¡Ved los buenos y los justos!
¿A quién es al que más odian?
Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador,
al infractor –pero ése es el creador.
¡Ved los creyentes de todas las creencias!
¿A quién es al que más odian?
Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador,
al infractor –pero ése es el creador.
Compañeros para su camino busca el creador,
y no cadáveres, ni tampoco rebaños de creyentes.
Compañeros en la creación busca el creador,
que escriban nuevos valores en tablas nuevas.
Compañeros busca el creador, que sepan afilar sus hoces.
Aniquiladores se les llamará,
y despreciadores del bien y del mal.
Pero son los cosechadores y los que celebran fiestas.
Compañeros en la creación busca Zaratustra,
compañeros en la recolección y en las fiestas busca Zaratustra:
¡qué tiene él que ver con rebaños y pastores y cadáveres!”.

El Funcionario se reproduce a lo largo de toda la cadena de Instituciones Sociales configuradas por el Capitalismo. Encuentra, sin embargo, en la Escuela un lugar privilegiado de emergencia y consolidación. La Escuela: producción del Funcionario a cargo del Funcionario por excelencia. O también: constitución del Funcionario por medio del funcionario mejor centrado sobre la impostura del Organismo.
“Una sola boca que habla y muchísimos oídos, con un número menor de manos que escriben: tal es el aparato académico exterior, tal es la máquina cultural puesta en funcionamiento. Por lo demás, aquel a quien pertenece esa boca está separado y es independiente de aquellos a quienes pertenecen los numerosos oídos; y esa doble autonomía se elogia entusiásticamente como libertad académica. Por otro lado, el profesor -para aumentar todavía más esa libertad- puede decir prácticamente lo que quiera, y el estudiante puede escuchar prácticamente lo que quiera: solo que, a respetuosa distancia, y con cierta actitud avisada de espectador, está el Estado, para recordar de vez en cuando que él es el objetivo, el fin y la suma de ese extraño procedimiento consistente en hablar y en escuchar”. El Estado como objetivo: la aceptación generalizada de la coacción estatal como propósito y la interiorización progresiva del principio de autoridad en que se funda como premisa… He aquí la finalidad más notoria del aparato educativo.
Y, al otro lado, el Estudiante, “un bárbaro que se cree libre”, algo menos que una víctima: “de hecho, tal como es, es inocente, tal como lo conocemos es una acusación callada pero terrible contra los culpables. Deberíamos entender el lenguaje secreto con que ese inocente vuelto culpable habla a sí mismo. Ninguno de los jóvenes mejor dotados de nuestro tiempo ha permanecido ajeno a esa necesidad incesante, debilitante, turbadora y enervante, de cultura. En la época en que es aparentemente la única persona libre en un mundo de empleados y servidores, paga esa grandiosa ilusión de la libertad con tormentos y dudas que se renuevan continuamente. Siente que no puede guiarse a sí mismo, que no puede ayudarse a sí mismo: se asoma entonces sin esperanzas al mundo cotidiano y al trabajo cotidiano. Lo rodea el ajetreo más trivial, y sus miembros se aflojan desmayadamente”. El Estudiante, una acusación callada pero terrible contra los culpables, atravesado por el deseo de saber, por la enervante necesidad de cultura, y arrojado por la máquina escolar -finalmente- al ajetreo más trivial, al mundo cotidiano (la familia) y al trabajo cotidiano (la producción)… Así resumía Nietzsche, en 1872, la operación policial sobre el deseo desplegada por la Escuela con el objeto de “formar lo antes posible empleados útiles y asegurarse de su docilidad incondicional.” Operación que cabría definir también en estos términos: transformar el deseo de saber, de aprender, en necesidad de trabajar, en necesidad de desear trabajar; convertir el deseo de huir de la familia en necesidad de fundar una familia, y el deseo de independencia, de autonomía, de libertad, en necesidad de aceptar una autoridad, una regla, una disciplina.
Autoridad, Familia, Trabajo…: una vez más, la felicidad del Funcionario, el lamentable bienestar del autómata al que se garantiza un empleo bien retribuido para que perpetúe el infierno del hogar y reproduzca, de la mejor manera, el principio de obediencia y auto-constricción. Todo ello, por supuesto, en nombre de la Razón…
Y no pensemos que la influencia de la Escuela se agota en esa codificación extrema del deseo del estudiante. Al contrario, arranca de ahí para alcanzar, por la mediación de los saberes disciplinarios, el dominio de la familia, modelándolo según las expectativas de la nueva moralidad.

“Ustedes vienen para saber si los mediocres resultados de su hijo
son debidos a una tara hereditaria o si lo hace a propósito.
Pues bien, no es ni lo uno ni lo otro;
y si se confirma que los tests muestran un desnivel
entre sus capacidades y su rendimiento escolar,
precisamente por eso será necesario que me cuenten
cómo se comporta en la escuela y en casa,
cómo se lleva con sus hermanos y hermanas, con ustedes,
si tienen problemas familiares, cuáles son sus actitudes educativas…
Háblenme de su matrimonio, de sus discusiones, de sus infancias,
de sus relaciones con sus padres…
Díganme si les satisface su empleo, si saben qué hacer con su tiempo libre,
si disfrutan de una equilibrada vida social,
si son capaces de mantener la armonía en la familia…”.

De igual modo que el joven se ve dirigido hacia la figura represiva del Buen Estudiante, la familia padecerá la intromisión de los nuevos especialistas (pedagogos, sicólogos,…) en demanda de un clima ideal de convivencia: a saber, unos padres trabajadores, la proscripción de todos los vicios (“vicios son, nadie lo ignora, lo que se quiere”), una cotidianidad amable en la que la norma social apenas se discuta, la remisión permanente a la sexualidad domada y a la virtud laica del “hombre maduro”…
Para contrarrestar la efectividad coercitiva de esa reconducción del deseo (formación de la libido del buen alumno, formación de la libido trabajadora y familiarista), el Libertino huye de todos los púlpitos y evita la claudicación estúpida de todos los discípulos. Busca compañeros de viaje y emprende la Fuga –desguace de la Máquina. Para ello, persevera en el inmoralismo y cultiva la irresponsabilidad beligerante del saboteador sin escrúpulos. Desmontar la Máquina -familiar, escolar, laboral…- para descodificar el deseo y restablecer el sentido de la tierra; paralizar el Engranaje para que, de la ruina del Organismo, surja la posibilidad de una oscura recuperación del cuerpo: ese es el viaje al que nos invitan los Inmoralistas de nuestro tiempo, ese es el viaje que más teme el Funcionario –porque adivina en él la demencia que habría que inocularle. “Inocencia y olvido, un nuevo comienzo, una rueda que se mueve por sí misma, un primer paso, un inquietante decir Sí”.

[Texto extraído, con pequeños retoques, de “El irresponsable”, La linterna sorda, Madrid, 2016]

El audio mencionado, en torno al ensueño de la deserción:
https://anchor.fm/pedro-garcia-olivo/episodes/El-ensueo-de-la-Desercin–Necesidad-de-la-palabra-para-poder-callar-e17ni8u

Pedro García Olivo
Alto Juliana, Aldea Sesga, Ademuz, Valencia, 22 de setiembre de 2021

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

MALDITISMOS

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UN LIBRO EN EL BOLSILLO DEL HOMBRE QUE MATÓ A J. LENNON

Llevaba «El guardián entre el centeno», de J. D. Salinger.

Dijo que las razones por las que cometió el magnicidio estaban contenidas ahí.

Es una novela prodigiosa, redactada en la voz de un adolescente, rebelde, antisocial, sincero en lo profundo, confundido aun así a pesar de tener claras muchas cosas, espantado por el mundo que los adultos han diseñado para la infancia.

Quisiera ser el guardián que, en medio de un campo de centeno donde juegan los niños, evita que algunos de ellos caigan por el precipicio que circunda los cultivos.

El asesino de Lennon llevaba dos cosas en los bolsillos: un revólver y un hermoso libro. Cuando asesinó a Lennon quizá estaba pensando en los niños, en los campos de centeno en que jugaban; y, en su locura, para salvarlos, quiso acabar de una vez con el precipicio-Lennon.

Lennon no me interesa. Holden, el adolescente enfrentado al mundo por amor a la infancia, sí.

Siempre llevo un libro en el bolsillo; y, en mis «horas malas», como diría García Márquez, llevo también un puñal. Para defenderme del mundo adulto y de su pretensión de erradicar, mediante precipicios, la belleza de la infancia y de la primera juventud.

TE IMAGINAS, HERMANA?

Te imaginas, hermana,
que nos hayan reducido
a la última soledad,
la soledad extrema,
en la que ya ni te conozco
ni me conoces?

Te imaginas, mi hermana,
que hayan hecho del futuro
un desierto?

Te imaginas, mi vida,
que donde antes había corazón
ahora haya electrodos?

Te imaginas, cielo, un mundo y unas gentes
enmascaradas,
para que cueste un poco más
advertir su podredumbre?

Te imaginas, estrella, esta realidad
de noche sin luna
y puede que, por fin y por primera vez,
sin amanecer?

Te imaginas, amor,
que ya es tarde para todo,
salvo para darte un abrazo?

Sé que ya te lo imaginabas todo.
Sé que sabes que no existes.

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Alto Juliana

ALGO PARECIDO A LA LIBERTAD

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La cuestión del sujeto en Huxley

Para Aldous Huxley, la democracia es una prisión sin muros, de la cual los reclusos en absoluto desean ya escapar. Desplaza, con ello, el interés de la crítica desde el ámbito institucional, “exterior”, objetivo (controles, dispositivos, reglamentaciones y policías,…), hasta la esfera del sujeto mismo, de lo que acontece en su corazón y en su cerebro: por ejemplo que, al fin, dejó de desear la libertad…

Varios ensayos y artículos de su libro «Al margen» alumbran ese asunto, mediante una técnica impresionista de acumulación de pinceladas sueltas, acentuando drásticamente los efectos de perspectiva y cambiando sin cesar el ángulo de visión. En el escrito sobre «Cándido o el optimismo», constata, atormentado, cómo el horizonte histórico-social descrito por Voltaire, aquel cuadro de catástrofes y de desastres, puede reconocerse, punto por punto, en el convulso panorama del primer cuarto del siglo XX, del que se presenta como cronista, con una guerra mal enterrada y otra naciente, con los fascismos en desperezo, el imperialismo adiestrándose en la masacre y en el etnocidio, la industria avasallando a los hombres y destruyendo el ambiente, etcétera.

Vivimos, desde entonces, en “el corazón de las tinieblas” (J. Conrad), en “las entrañas del horror”; pero, para Huxley, los cataclismos, las nocividades, los sucesos infaustos, ya no se “vivencian” del mismo modo: ha cambiado el sujeto, somos ya “otros”; y hemos dejado peligrosamente atrás el “asombro” de Cándido ante la infamia, ese “asombro” sublevado que, en su opinión, aún recorría toda la obra de Zola…

El sujeto se ha habituado a la vileza, se ha acostumbrado a lo monstruoso, se ha instalado, sonriente, en la catástasis de la tragedia. El mal dejó de asombrarnos; y, por ello, Aldous Huxley ya no puede simpatizar con la recomendación cantarina que cabe extraer del Cándido: “Cultivar, con amor, esmerados, pacientemente, nuestro propio jardín”. “¿Qué ocurre —nos pregunta— si ese jardín es lastimoso, deplorable y no vale la pena cultivarlo? En sus palabras:

“La mayor dificultad es que algunos de nuestros jardines no merecen la pena de ser cultivados. El jardín de un escribiente de banco, de un obrero fabril, de una dependienta de comercio, de un empleado del Estado, de un político, ¿es posible cultivarlos con verdadero entusiasmo? E igual ocurre con mi jardín: el jardín del periodista literario (…). ¿Para qué cultivarlos? ¿En beneficio de quién? (…).
«Il faut cultiver notre jardin». Sí, sí; pero supongamos que alguien empieza a preguntar por qué”.

¿Qué cabe esperar del jardín íntimo del sujeto real, del sujeto empírico, de carne y hueso, que no aspira ya a la libertad, orgulloso de malbaratar sus días en esta cárcel al aire libre (Horkheimer) de las sociedades democráticas occidentales? ¿Qué celebrar en el cultivo de nuestros lamentosos jardines interiores, tan sucios como los de nuestros vecinos y que solo dan frutos aborrecibles? Así como el subconsciente accesible del individuo actual es patético —lo comprueban a cada rato los psicoanalistas, como recordaba Sloterdijk— y no contiene nada en sí mismo emancipador, saludable, bonanzoso, así también, nuestros jardines nos castigan con cosechas deprimentes.

En «Acidia», Huxley ilustra cómo el muy legítimo “desencanto” de los románticos, aquella tristeza ante lo real-social, aquella desesperación incluso, aquella desilusión “negativa” —que se transfunde a lo mejor de la literatura y de la filosofía posteriores, y que tiene que ver con el esplín, con la melancolía, con la constricción ante lo insufrible-histórico—, el llamado «mal du siècle», alberga todavía un nódulo de dignidad y casi de esperanza: deviene como la respuesta de la consciencia humana a un horizonte histórico-social estrictamente abominable, con la caída de todos los ídolos y la suma de todas las decepciones (la libertad por la que suspiraba la Revolución Francesa y el sufragio universal en el que se cifró su garantía habían engendrado el más temible sistema de opresión; el progreso prometido por el industrialismo solo había generado miseria para la mayoría y “riquezas obtenidas torcidamente” para unos pocos, devastando de paso la Naturaleza; la expansión del asociacionismo y el fortalecimiento del común que tantos idealistas vinculaban a la urbanización y a la racionalización de la existencia en las ciudades devenían broma cruel ante la vida abúlica y el individualismo empequeñecedor de los residentes en las nuevas atestadas localidades; etcétera). La acidia de principios del siglo XX estaba, pues, más que justificada históricamente y casi honraba a cuantos la padecían.

Lo que primeramente, en la Edad Media, se vio como un pecado, una asechanza del “demonio del mediodía” (demon meridianus), que afligía y paralizaba a los hombres, llevándolos a la condenación eterna; y que, más tarde, desde mediados del siglo XVIII, se atendió como un proceso morboso (una enfermedad, un trastorno de la psique); acabó convirtiéndose, andando el tiempo, en un “necesario”, “motivadísimo”, estado de ánimo colectivo, en la disposición prevalente de la emotividad social, en el espíritu de la época. No obstante —y nos acercamos a lo más acerado del análisis de Huxley, que nunca fue, por cierto, un afable estrechamanos—, ya se registraban, por aquí y por allá, las primeras, si bien todavía esporádicas, manifestaciones de la “decadencia del asombro”. Ya se estaban reuniendo los mimbres para el trenzado de una nueva forma de subjetividad, ganada cada vez más para la aquiescencia. Se había empezado a modelar, con cautela, sin prisas, un nuevo tipo de hombre, en el que hoy nos reconocemos plenamente, y que acabaría a la postre con la acidia…

***
El sujeto del siglo XXI es otro, sin asombro y sin acidia. No ha cambiado, en lo sustantivo, el mundo; pero sí los hombres. Emerge el cinismo, esa “mala consciencia ilustrada” que desemboca en la resignación y en la aceptación terapéutica de la mancha en lo real (García Gual). Conscientes de todo, sabedores de todo, sin sorpresa y casi sin dolor, admitimos lo dado y seguimos adelante… Ante los cataclismos, las conflagraciones, los infortunios, las iniquidades sucesivas…, que ya conocemos, que hemos documentado e inmortalizado en miles de novelas, películas, obras de teatro, ensayos de filosofía, tratados de historia o de sociología, etc., optamos con premeditación por “mirar a otra parte” (“desatención selectiva”, decían los psicólogos de la guerra), por auto-anestesiarnos metódicamente. Hacemos entonces del horror nuestro hogar; y vivimos en el seno de la atrocidad sin el menor espanto, sin melancolía, sin desesperación… Puesto que el cínico es inteligente, y presume de su capacidad para la autocrítica y para el realismo descarnado, ni siquiera intenta engañarse: sabe que se le escapó para siempre el afecto profundo, la alegría verdadera y la soberanía sobre sí mismo; y se contenta entonces, de nuevo medicinalmente, con “algo parecido a…”, como lamentaba Gertrud, en el film homónimo de Th. Dreyer: “algo parecido al amor”, “algo parecido a la dicha”, “algo parecido a la libertad”.

“Algo parecido a la libertad”: consumir sin descanso, compulsivamente, como si vivir fuera comprar, y conformarnos con el aliviador margen de elección que se nos otorga en tanto “hombres económicos” (Ellul lo desgranaba en adquirir, vender, intercambiar, poner precio a las mercancías,…), mientras nos dejamos emponzoñar —anota implacable Huxley, en «Placeres»— por la “industria de la diversión”, con sus miseriosas y vacías holganzas administradas. Un ocio alienado, mecánico, pasivo, que a su modo exige obediencia, se añade a un trabajo alienante, no menos maquínico, basado en la servidumbre, y se obtiene así el día perfecto, donde aún cabe degustar “algo parecido a la libertad”.

El pesimismo del primer Huxley es diáfano: nuestra civilización moderna no está en peligro por imaginarios (o fabricados) “enemigos externos”, sino por “los diversos venenos que, mediante un proceso de autointoxicación, destila dentro de sus propias entrañas”. “Los peligros más alarmantes son aquellos que amenazan nuestra civilización desde dentro y que acechan a la mente más que al cuerpo: el estado del hombre contemporáneo”. Las sociedades democráticas occidentales están condenadas: en esto Aldous Huxley daría la razón a Anselm Jappe, para quien el sistema capitalista será devorado a medio plazo por sus propias contradicciones internas. Pero, como sugieren ambos, la sociedad del futuro, pos-democrática y pos-capitalista, la nueva formación sustitutoria, no tiene por qué revelarse necesariamente mejor que la actual. Nada habrá que celebrar en ella si el sujeto no se ha modificado entretanto.

No hay, pues, motivo para la esperanza mientras seamos como somos; se evapora todo optimismo ante la mera contemplación de los ejemplares humanos que continuamos criando en nuestras casas y en nuestras escuelas, mediante nuestras instituciones y bajo el poder de nuestros medios. Como, desde hace décadas, ni siquiera sufrimos ya la prisión; como no padecemos en esta penitenciaría sin rejas y sin vigilantes, y el deseo de escapar apenas alcanza a ser la más anacrónica rareza de los pocos raros contemporáneos; como nada nos asombra y muy poco nos aflige, moriremos nuestras vidas entre sucedáneos, entre esas cosas “parecidas a…” que tanto nos consuelan. ¿A no ser que nos embarquemos en la aventura indefinible, polimorfa y heteróclita, de la deconstrucción y la reconstrucción personal: deshacerse en pro de deshacer, rehacerse a fin de hacer? ¿A menos que nos erijamos en procesos de autoconstrucción (ética y estética) para la lucha?

Así me he querido leer esta mañana en Huxley…

Pedro.

(Retomando una nota de principios de 2016)

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

La Era del Agradecimiento

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La gratitud de las víctimas

Gracias, Administración, por salvarnos de la Peste contemporánea, la de ese virus.
Da igual que unos pocos locos digan que la Peste es usted y que le abrió las puertas a la enfermedad para robustecerse.
Gracias!

Gracias, Administración, por enseñarnos a ser más cívicos, empáticos, resilientes, pro-activos, patrióticos, humanitarios.
Da igual que unos pocos locos digan que el Monstruo es usted y que, mediante sus hipócritas palabras, anhela robotizar por completo a la población.
Gracias!

Gracias, Administración, por reparar en los pobres, los vulnerables, los precarizados; y asistirlos con subsidios, rentas básicas, oficinas de protección, subidas mínimas del salario mínimo.
Da igual que unos pocos locos digan que usted es el brazo izquierdo de la explotación y labora para un perfeccionamiento en dulce de la opresión capitalista.
Gracias!

Gracias, Administración, y sobre todo, por los tratamientos, la farmacopea y los sanitarios (expresión que designa, al mismo tiempo, a los retretes y a los médicos: la más sincera de las palabras).
Da igual que unos pocos locos señalen a la Medicina Científica como la enemiga mayúscula de la Salud y, al lado de usted y de sus correccionales (perdón, quería decir «escuelas»), también como la adversaria de fondo de la vida humana.
Gracias!

Vivimos en la Era del Agradecimiento. Y ya hemos sido vacunados contra la rebeldía. Es el siglo del Ciudadano Robot.

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/03/la-forja-del-ciudadano-robot.pdf

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz

¿Eres la noche?

Para perdidos y reinventados

¿Eres la noche?

Para perdidos y reinventados