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“EL CARÁCTER REACTIVO” Y OTRAS DIVAGACIONES

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Indigenismo, Proyectos y últimos trabajos with tags , , , , , , , , , , , on julio 4, 2018 by Pedro García Olivo

 

1.

EL CARÁCTER REACTIVO
(Carta al Hijo)

Hay bellezas ásperas, amargas, casi dolorosas. Las más bellas de las bellezas no son gratas, y conservan el poder de herirnos. El “carácter reactivo” es de esa índole: dañado, daña; dañando, se hace daño a sí mismo. Pero es hermoso.

Planta sus tiendas en las comarcas de la Negación, y, acto seguido, las quema. Vive desnudo en el territorio del No, como una alimaña a la intemperie.

Si le empujan, no se mueve. Si le aplauden por moverse, se detiene. No hay quien pueda convencerlo de nada (“Las ideologías no me interesan: son pensamientos de otro. Queden donde están”, así habla su soberbia) y se siente mal si, en determinada circunstancia, persuade a alguien de esto o de aquello.

El “carácter reactivo” nada sabe y nada quiere del Proyecto. No admitiendo cadenas externas, desiste por completo de forjarlas por su propia mano y para su propia vida. Vive entonces el instante, vive del instante; y es sabido que nada mata como el instante…

Rebelde sin causa, estima que donde hay Causa no se da una verdadera rebeldía. Rebelde sin futuro, considera que ya solo queda futuro para la obediencia. Rebelde para nada, hace de la Nada su patria.

Entre el “carácter reactivo” y el “mundo del trabajo” las relaciones son escasas y hostiles; entre este carácter y el orden de la Razón la incompatibilidad es manifiesta: las personas reactivas en ocasiones andan del brazo de la locura y en ocasiones bailan del brazo de la locura.

La existencia del “carácter reactivo” es difícil y peligrosa. Así como no se asemeja a la existencia mayoritaria, a la existencia promedio, carece de las salvaguardas que proporciona la normalidad. Es una vida que, desde el principio, merodea el abismo.

El “carácter reactivo” es un espejo en el que se refleja, sin disfraz, el horror de lo real. En él, es la realidad misma la que sufre y se desespera.

Pero no brota en todas parte… Ha correspondido a las sociedades democráticas occidentales elaborar “individuos extremadamente individualizados” y luego lanzarlos al infierno de una cotidianidad marcada por la fractura social, la explotación de unos seres por otros, la opresión burocrática, la competencia egoísta y la voluntad particular de poder.

Los más sensibles de los occidentales contemporáneos, que devienen como un fruto de aquella fisura devoradora, de aquella escisión irreparable, “reaccionan” bella y consuntivamente. Mientras naufragan, son nuestro espejo.

Donde subsistía la Comunidad, donde se desconocía el trabajo alienado, donde no llegaban los Estados…, la “subjetividad reactiva” no emergía y lo que se daba a la observación era una euforia de los “caracteres afirmativos”.

Dedico estas palabras a Pikmin de Lucía, mi hijo.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLqcjjmpBS6yz_eHCt8h1C4sBQqIMd-_8u

2.

LA ESCUELA ES LA CIFRA DEL IMPERIO
(“Quiso imponerle otra vida y la mató”)

Llevando siglo y medio bajo el rodillo compresor de la Escuela, nosotros, las subjetividades escolarizadas y escolarizantes, las personas estatalizadas y estatalizantes, los seres producidos y productivistas, consumidos y consumistas, marionetas patéticas de nosotros mismos, ¿conservamos todavía el poder de admirar aquello que nos cuestiona y nos deniega? ¿Alguna vez fuimos capaces de estimar a las otredades que nos impugnaban y que, en defensa de nuestros sucios intereses, arrasamos metódica y sistemáticamente?

Para el exterminio de la alteridad civilizatoria, se recurrió siempre a la Escuela. América Latina lo comprobó. Llegaron los occidentales, ciegos ante todo lo que no se les asemejara, y perpetraron un inmenso etnocidio, con guerreros, misioneros y educadores. Balas y escuelas…

Pero, ¿qué es un Profesor, aparte de un soldado mental asalariado, de un predicador con nómina? ¿Qué es, si no un educador mercenario?

Comparto un cuento de la etnia wichi (1), pueblo que resistió a los incas y a los españoles pero fue sofocada y aplastada por el Estado-Nación de la Argentina asimismo imperial.

“Un padre tenía dos hijos. Cierto día les regala un arbolito a cada uno. El mayor salta de contento y exclama: ¡Siempre quise tener un algarrobo! Feliz, le hace un cerco a su plantita para protegerlo de los burros, chivas y cuchis. La riega diariamente, con ojos entusiasmados… Llegado el momento de los primeros brotecitos, como no son de algarrobo, se los arranca; y, en su lugar, le pega con barro otros de algarrobo. Hace lo mismo en el tiempo de las flores y de lo frutos: arranca los que nacen espontáneamente de la planta y pega con barro flores y chauchas de algarrobo. Está constantemente sobre su arbolito y su atención no puede ser más intensa…, pero este se muere.

El hermano menor se pone igual de contento. También le hace el cerco, lo riega, le quita los bichos dañinos. Al tiempo de los primeros brotes, llama a su padre y le muestra con orgullo las formas y los distintos tonos verdes de los brotecitos. Lo mismo cuando las hojas… El perfume de los azahares lo fascina… “Padre, creo que es un naranjo”, dice con ilusión un día. Está también constantemente sobre su arbolito. Su atención no es menos intensa que la de su hermano mayor sobre el suyo, con la deferencia de que su planta vive.

El hermano menor respetó la vida de su planta. El mayor no tuvo respeto; quiso imponerle otra vida y la mató”.

Ese árbol muerto representa a los pueblos originarios que no se quisieron doblegar ante las expectativas de los europeos y de los estadounidenses, aunque fueron vencidos; a las etnias del continente americano masacradas y culturalmente anuladas por los Estados Independientes que ahí se prodigaron, con su celo exterminista; a todas las víctimas de la Escuela, a todos los reacios a la educación administrada, a todos los revueltos contra la pretensión institucional de dictar la vida que se debe vivir…

¡Que no hay Imperio sin Escuela y que solo se da la Escuela donde persiste la Opresión!

Sobre un etnocidio que no cesa, hoy por hoy armado de nocividades interculturalistas, escuelas reformadas, programas de integración, ideologías de la tolerancia y del respeto a la diferencia, subsidios y remuneraciones estratégicas, consignas de los más influyentes organismos internacionales (Banco Mundial, FMI, Unesco, …), implementación del Estado de Derecho, bienestarismos de izquierdas o de derechas, todavía balas y todavía desaparecidos…, conversaremos en adelante, al calor de un proyecto de experiencia-escritura que llevo entre manos.

—————–
(1) Argentina, como Estado, desplegó dos metodologías para el etnocidio. En el sur, sobre los mapuches y otros pueblos, anhelando las tierras exterminó a sus pobladores. En el norte, donde se necesitaba mano de obra esclava para los ingenios, los algodonales y los obrajes, despojó asimismo a los wichis, también entre otras etnias, pero no los diezmó tanto, pues le convenía explotar su fuerza de trabajo.

No obstante, lo que nos interesa ahora es identificar los modos bajo los que el etnocidio continúa, a pasos agigantados, desde las coordenadas del ciudadanismo universal, de la democracia representativa, del Estado de Derecho, de las Universidades prostibularias y de la Cientificidad servil, del progresismo bonachón y de la oposición “baja en oposición”, la del izquierdismo “light”.

Queremos teorizar el etnocidio como un rasgo esencial de toda forma de Estado…

3.

MORIR O HACER OTRA COSA
(Huevos de gallinas muertas se me antojan, hoy por hoy, todos los sacerdotes, todos los policías, todos los políticos y todos los escritores)

Padecí a un montón de profesores (son como ladillas, como garrapatas, como cucarachas, saltando siempre de mugre en mugre), me sufrí profesor, caparra de mí mismo; pero también disfruté de unos pocos maestros. Entre ellos está Basilio, un pastor perfecta y afortunadamente analfabeto, filósofo profundo, uno de los hombres más libres que he conocido. Esta mañana, harto de leer textos académicos y otras insustancialidades universitarias, me acordé de él. Lo que me enseñó a duras penas cabe encerrar en las palabras, porque este pensador solitario, más que hablar, “hacía”…

Morir O Hacer Otra Cosa

Una tardecica de Febrero, por culpa de la gallina muerta (1), Basilio estuvo a punto de perecer. Ante este hecho, se multiplican de nuevo las interpretaciones: para unos, habiendo realizado un esfuerzo imprudente, se le agrandó en consecuencia la hernia, por lo que el desventurado, sin poder hacer frente a la infección, perdió el conocimiento de tanto dolor; para otros, dióse por casualidad un golpe terrible en el testículo inflamado, quedando momentáneamente sin sentido; por último, según la sospecha de Ernesto, teoría que muy pocos comparten, alguien avisado de las costumbres del pastor le propinó una paliza tremenda y le robó el fajo de los billetes…

Sea como fuere, lo cierto es que un camionero de Alobras divisó en medio de la nieve, cerca de la cuneta, el cuerpo yacente de Basilio, más rígido que la virtud, descomunal como la noche que se cernía y sangrando a borbotones lo mismo que una bestia herida. Cambiando de dirección, trasladó al accidentado a Teruel, donde fue socorrido por los Servicios de Urgencias e inmediatamente hospitalizado. Examinando con frialdad el asunto, estimo más convincente la versión del propio pastor: “No es que la gallina esté muerta del todo; a veces, se me remueve”.

Al camionero le impresionó sin medida el proceder de Basilio. Recuperando el conocimiento en el trayecto, saludó educadamente a su salvador y guardó silencio. “Le daba igual lo que hiciera con él…” -cuenta el chófer. “Le pregunté si lo llevaba a Urgencias, y respondió con toda tranquilidad: ‘Haga usted lo que tenga a bien’. Insistí en si prefería que lo acercara a la aldea, y me contestó casi como antes: ‘Lo que usted convenga’. Enfadado, paré el camión; y le dije que, o se decidía, o lo dejaba allí mismo. Y él hizo ademán de bajarse. Entonces arranqué y me dirigí a Teruel. Se aguantaba con las dos manos el bajo vientre, por donde sangraba sin cesar…”.

Comentando la peripecia con mi amigo, me confesó “no se más partidario de reparar el carro que de vender los machos”. “Vi que podía morir, y no me pareció mal; luego vi que aún podía salvarme, y tampoco me pareció mal. Así que esperé a que pasara esto o aquello, sin esforzarme en nada”. En el día de hoy como en el de ayer, igual que en el día de mañana, a Basilio le da lo mismo morir que hacer cualquier otra cosa. No solo no teme a la muerte: le es indiferente que llegue antes o después. “Uno empieza a morir ya en las entrañas de su madre. Como todos tenemos que ir a parar a la muerte, de poco sirve acortar el paso. Me hace compañía saber que no viviré siempre”.

Estamos ante una de las más desgarradoras implicaciones del carácter desesperado: desacralizada la vida, la muerte se percibe también en su justa proporción. Nada que ensalzar en la primera, nada que denigrar en la segunda. Vida y muerte aparecen como las dos caras de una misma moneda devaluada: lanzada al aire de la existencia cada día, puede caer por uno u otro de sus lados. Y, en todo caso, nada hay en ello de extraordinario. El hombre está vivo como lo están las ratas, las hormigas que sucumben bajo la suela de nuestros zapatos, la lechuga que degollamos en el huerto, esa mosca, el pavo que os vais a cenar el día de Navidad… Aquí no hay magia, ni milagro, ni maravilla. Es lo más trivial del mundo. Igual sucede con la muerte. Damos un paseo por el bosque, y nuestro disfrute cuesta la vida a millones de insectos. Se lanza una red de pescar al mar, y ya está preparada la masacre. Los niños torturan y finalmente matan, serios en su juego criminal, la reluctante mariposa que persiguieron entre risas…

Así como no hay otra vida que aguardar, tampoco cabe esperar nada de esta. Si la vida no es algo en sí mismo demasiado estimable, aún menos valioso resulta el suicidio. No vale la pena esforzarse en acabar con esta insignificancia de existencia… Además, la desesperación no supone en modo alguno aversión al existir: se le bajan los humos, simplemente. Vivir no es tan gran cosa. ¿Qué más da perecer antes o después, si no hay nada que conquistar, nada en el punto de mira de nuestro deseo? ¿Qué más da morir mañana mismo o dentro de cincuenta años, si el tiempo está vacío y ninguna Ilusión lo fecunda de mentiras? Evidentemente, poco importa.

Así lo ha sentido siempre Basilio, y de ahí que no luchara por subsistir el día en que se le removió la gallina moribunda. Así lo siento yo hoy. Si el “instinto de supervivencia” no constituye solo una versión laica del cristianísimo Ángel de la Guarda, si aparte de ocultar la fragilidad e indefensión humanas trabaja de alguna manera en beneficio del hombre, ese dudoso cómplice de la manía de perdurar se halla en nosotros sumamente debilitado. No buscamos la muerte, más bien se diría que la rehuimos, pero todo ello a modo de trámite, sin aspavientos, acaso por un simple recelar de la Nada desconocida o por tener alguna pequeña empresa entre manos que no quisiéramos dejar inconclusa…

—————
(1) Sobre la gallina muerta que tan tremendo bulto produce en el pantalón de Basilio, se cruzan varias teorías: para unos, Jacinta La del Bar entre ellos, se trata de una hernia, con un montón de tripas asomando. “Algún día, se le saldrá todo el mondongo…” Para otros, la gallina muerta es un testículo, terriblemente inflamado a causa de unas maltesas con complicaciones. “Se curaba las fiebres con buenos vasos de leche, seguro que de la misma cabra enferma”. Ernesto piensa que, en realidad, esconde ahí el fajo del dinero, a buen recaudo… En mi opinión, es la versión del propio Basilio, no obstante, la que debe hallarse más cerca de la verdad: “guardo aquí, de nacimiento, una gallina muerta”. Gallinas muertas en el cerebro las llevan, con toda probabilidad, la mayor parte de los profesores; y, en el corazón, casi la totalidad de los empresarios. Huevos de gallinas muertas se me antojan, hoy por hoy, todos los sacerdotes, todos los policías, todos los políticos y todos los escritores.

4.

ENCRUCIJADA
(¿A la búsqueda de la fecalidad?)

Absolutamente incuestionable que ya no hay sujeto para una derrocación revolucionaria y violenta del Capitalismo enquistado. Nadie va a arriesgar la vida en nombre de un Ideal cuyo sabor se parece mucho al de la mermelada en tarro. Pudre los dientes, que nos hacen falta para morder.

Absolutamente incuestionable que no se ha dado nunca una superación revolucionaria y pacífica del Capitalismo cancerígeno. Quienes proclamaron apostar por esa vía, desde la socialdemocracia alemana hasta los populismos latinoamericanos, eran mentirosos redomados, incapacitados para morder porque habían vendido sus dientes.

Y, entonces, un mínimo respeto a la verdad desvergonzada nos sitúa en un cruce de caminos y ante una encrucijada. El cruce de caminos: podemos seguir jugando a asustar sin dientes, ladrando no más, pidiendo armas, que son caras, para un Pueblo que no existe o no quiere empuñarlas. O recogiendo ovejas para que acudan a las urnas a votar falacias de izquierda.

Innegable que así no se cambia nada y que así se reproduce todo…

Aunque así todo se perpetúa y nada se transforma, son multitud los que se detienen en ese cruce de caminos, sopensando qué les renta más para su bienestar físico y psicológico: ¿Recomendamos ir a las brutas, con el puño cerrado, o pedimos el voto para el cinismo de las siglas socialistas?

Esa multitud ya no busca la felicidad, que solo puede brotar de un acto salvaje de sinceridad interior y de una opción desesperada por la pequeña e ingrata, desacomodadora y hasta inhóspita, libertad personal posible. Busca la fecalidad.

Hay una encrucijada, más allá del cruce de caminos trazado por el Sistema… Porque puedes correr hacia la fecalidad de la Revolución, violenta o pacífica, que, como ya no está a la orden del día, solo te va a pedir declaraciones entusiásticas, soflamas encendidas, gesticulaciones lírico-patéticas de canta-autores “socialmente comprometidos”. O puedes olvidarte de ese cruce engañoso de caminos y pararte un rato ante una dichosa encrucijada cruel, que cabe enunciar en estos términos: ¿Te basta con el consumo, el poder, el prestigio, las mierdas que te dan la propiedad privada y el trabajo alienado a fin de cuentas? ¿O prefieres la carencia, la impotencia y la desacreditación pública, en aras de una reinvención dolorosa para la felicidad concreta y para la libertad en germen?

5.

¿CÓMO SE LLEVA? ¡CÓMO SE LLEVA!
Alforjas cargadas de sangre ajena

¿Cómo se lleva decirse “español” y saber que, desde que una parte de la Península Ibérica se nombró “España”, empezaron los genocidios y los etnocidios encadenados: persecución de los judíos, de los musulmanes y de los gitanos en el nuevo Estado, eliminación de la población aborigen en las Islas Canarias, exterminio de gran parte de los pueblos originarios en América Latina…

¿Cómo se lleva decirse “español” cuando, del brazo del imperialismo yanqui y del “laborismo” inglés (¡qué triste destino, el de un partido de los trabajadores!), invadimos, ocupamos y llevamos al caos a un país, Irak, de cuyos recursos queríamos apoderarnos para seguir sufragando nuestro exclusivo “bienestar”?

¿Cómo llevan los alemanes el saber que, en tanto flor y cima de la cultura europea, asesinaron a millones de personas (judíos, gitanos, comunistas, homosexuales,…) solo porque no coincidían con su ideal antropológico?

¿Cómo llevan los chilenos, los uruguayos y los argentinos conocer que sus banderas nacionales están ensangrentadas desde el principio, pues se enarbolaron partiendo del etnocidio, naciendo de la masacre, desplegándose desde la aniquilación de los indígenas que vivían en ese territorio?

Karl Otto Apel, un autor que a mí no me gusta, escribió no obstante algo que me ha hecho pensar y pensar. Era, más o menos, esto: “Como alemán, como fruto de la tradición socio-cultural de este Pueblo, me siento co-responsable de todos los crímenes que mis antepasados pudieron cometer, incluidas las cámaras de gas bajo el nazismo”.

Como español, como fruto de una tradición cultural expansionista y altericida, me siento co-responsable de todas las brutalidades que el Estado en el que me inscribieron ha llevado a cabo desde el siglo XV.

Para nada hay aquí “cristianismo”, “idea de culpa”, “resignificación del Pecado”, “perversión masoquista”, etcétera, como podrían alegar esas personas que buscan sustento para un Ego indigente: hay, apenas, una voluntad de abrir los ojos y de interpretar quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, en términos de P. Gauguin, un anti-intelectual.

Pero el etnocidio sigue, con menos balas y más escuelas, sin cámaras de gas pero con programas interculturalistas de integración, atrayéndolo todo hacia la esfera de los partidos y del Estado, llevando cualquier diferencia aún insumisa al plano aplastante de la institucionalidad.

¿Cómo se lleva esta masacre de guante blanco, esta liquidación tan suave, este dulce exterminio?

¡Cómo se lleva!

¿¡Cómo nos llevamos!?

Se lleva, y nos llevamos muy bien, que somos consciencias satisfechas con una trastienda llena de sangre ajena… Cabe temer lo peor por lo que hicieron de nosotros, por lo que somos nosotros y por lo que hacemos con nosotros todos los días.

Cabe temer, para el mañana, los horrores de hoy y los de ayer, seguro que incrementados. Pero, aunque el tren está en marcha, y corre a gran velocidad, siempre se puede saltar y arriesgarse a las heridas. Sabido es que los viajeros, en su inmensa mayoría, buscan más bien un asiento y esperan ahí el final del trayecto… Les contaron que un pasajero saltó por una ventanilla y murió, y admito que sea verdad. Lo que no les dicen es que ese tren transporta mayormente moribundos que matan.

Van Gogh saltó…

6.

LA MIRADA CEGADORA
¿Y por qué no pudimos abortar este mundo?

Para nada se sentía amenazado el Sistema Capitalista cuando los abortos eran clandestinos. El Capital, el Mercado, los Negocios privados sacaban tajada de esa necesidad de abortar de tantas mujeres. Muchas murieron… Sobre todo, las pobres.

Para nada se siente amenazado el Sistema Capitalista cuando los abortos son legales. El Capital sigue obteniendo su parte y también empieza a sacar tajada el Estado, que entra, con la fuerza de la Ley, en el útero de las mujeres. Mueren menos… Y ya no solo las pobres.

Melancolía por un sendero que se perdió, y que no sabemos a dónde conducía: el camino de una autonomía de las mujeres, de una capacidad femenina de inventar modos de afrontar y de asumir este problema que no pasaran ya por la tutela, tan patriarcal, tan femicida, del Estado. Llamar a la puerta del Estado es lo más fácil y lo más nocivo del mundo.

Y hay una mirada ciega y cegadora que nos impele, siguiendo el dictado de una Teoría, de una Ideología, de una Filosofía, de una Ética determinada, a avanzar por la autopista de una desconsideración del dolor concreto de la persona, de un volver la vista ante su sufrimiento ostensible, de un dar la espalda a su angustia manifiesta.

Mirada cegadora de los pro-vida cristianos. Mirada cegadora de algunas expresiones del antifeminismo anticapitalista occidental.

Mirada ciega y cegadora de cuantos presentan a la Mujer como el Sujeto Revolucionario, sustituyendo al Proletariado o caminando de su mano, cuando es evidente que ni las mujeres reales ni los trabajadores reales quieren, en su inmensa mayoría, acabar con el Capìtalismo: procuran, más bien, acomodarse en su seno, instalarse lo mejor posible en lo dado.

Alguna vez compuse para alentar una “epistemología del dolor”, una manera de acercarse a las cosas de esta realidad que padecemos estando cerca de las personas que más la padecen. Y, a partir de ahí, reiniciar el pensar y refundar el conocimiento.

Por todo esto, me embriagué de ilusión y re-soñé comunidades perdidas en el Buenos Aires de ayer, cuando miles y miles de personas entusiasmadas cercaron el Congreso, reclamándole al Estado, como a mí no me gusta (con la Administración no hay que hablar, así lo creo), “aborto legal, seguro y gratuito”, lo que atenúa el dolor innegable de una infinidad de mujeres, lo que yo deseo y deseo.

Ojalá hubiéramos podido abortar este mundo, en el que la reducción del dolor va acompañada de una mayor sujeción de la gente, en el que para sufrir menos te amordazan más. ¿Y por qué no pudimos abortar este mundo?

www.youtube.com

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IMG-20180702-WA0005Pedro García Olivo, 2018

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Buenos Aires, 3 de julio de 2018

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FRAGMENTOS CONTRA LA ADAPTACIÓN SOCIAL Y LA TRANQUILIDAD DEL ESPÍRITU

Posted in Activismo desesperado, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Indigenismo with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on marzo 28, 2018 by Pedro García Olivo

PRIMERO FUERON LAS RUINAS, Y LUEGO EL PALACIO. PRIMERO LAS CENIZAS, Y LUEGO LA HOGUERA

En unas partes del globo, los enemigos de la alegría combaten a muerte las “permanencias” (idiosincrasias, raíces, vínculos primarios); en otros lugares, nos invitan a “permanecer”, a instalarnos de una vez, a echar el ancla. Los enemigos de la vida viva anhelan que el adversario no sea como ha sido casi desde siempre, porque de ahí emana su fuerza; y que los adeptos, sus secuaces, sigan siendo lo que son, que se parezcan a sí mismos todo el tiempo. Que el antagonista no permanezca y que el reproductor permanezca eternamente.

En diferentes registros, vuelco siete fragmentos sobre el “permanecer”. Como yo los escribí, no estoy absolutamente de acuerdo con ninguno de ellos. Como, además, los escribí hace ya años, estoy en franco desacuerdo con buena parte de lo que sugieren.

1.

Ocaso de las cosas

No basta con aceptar el término de las cosas. De nada sirve reconocer la temporalidad de todo proyecto, de toda ilusión, de todo dolor y todo remedio, si luego se sufre por la desaparición de lo conocido. Solo la repetición debería aterrorizarnos. Lo que se repite pierde rápidamente el interés que lo suscitó, y pretende sobornarnos con la seguridad de la posesión. La normalización de una relación es ya otra relación y, por supuesto, ignora la emoción de lo desconocido. La continuidad no solo amenaza con sumirnos en el hastío. Prepara también una reducción del horizonte del deseo, una pacificación general de los instintos y una emergencia compensatoria de la pulsión de propiedad. Si debo creer en mis palabras, el ocaso de las cosas presagia el despunte de una nueva voluntad y de una nueva salud. Primero fueron las ruinas, y luego el palacio. Primero las cenizas, y luego la hoguera. El principio está siempre al final, pero no es su contrario. Tanto uno como otro se oponen a la repetición y la repetición es el vacío. No hay más muerte que la de lo que ya fue, está siendo y será por tiempo indefinido del mismo modo. No morimos al concluir, sino al permanecer. Y ya está bien de angustiarse por conservar la vida (suspender la continuidad). Debo endurecerme para aprender a terminar. No se trata de concluir, sino de saber concluir: percibir claramente todo lo que está en juego y, por tanto, desear el fin.

2.

Morir de inmovilidad

Murió de oscuridad”: eso dicen. Cuando advirtió el Apátrida la muerte de aquel Infiltrado que se soñaba eterno (según dicen, murió de oscuridad), redactó de un tirón la Elegía del Niño de Luto y empezó a desconfiar profundamente de quienes permanecen ENTRE QUEJAS, comenzó a sospechar cada día más de cuantos se deshacen en lamentos pero pese a todo permanecen, y llegan incluso a consumirse en la desesperación para permanecer también de esa forma. Intuyendo de nuevo un Engaño, persuadido de que el Infiltrado murió ciego, por una sacudida de Luz, paralítico (él lo sabe: murió de inmovilidad, bajo el Sol excesivo que te ata a las sombras menguantes murió de inmovilidad, aferrado a la sombra cobarde del bienestar, secado al Sol de la felicidad mecánica, ciego de tanta Claridad, paralítico por no moverse, por permanecer como una roca donde le habían enseñado), decidió bruscamente echar a correr, preparar la más radical de las evasiones, el último viaje, la única ruptura: transgredir de una vez el Orden del Salario, destruir en lo que a él concernía la Prisión del Funcionario, escapar del Trabajo.

3.

Juguemos a esto así

La lucha política contra la Escuela no reconoce un Sujeto Unitario, un Agente Privilegiado. Procede menos de la voluntad de resistencia de un colectivo particular, de una organización concreta, que de la sucesión, sin regla ni ritmo, de los asaltos dispares (el fraude de un alumno, la desidia de un padre, el error de un burócrata, la irresponsabilidad de un funcionario…). La Avería del Dispositivo Escolar no remite tanto a la colisión frontal con otra imaginada Máquina de la Contestación como almovimiento defectuoso de alguna de sus piezas, al dinamismo disfuncional de su propia estructura.

No, no existe un Sujeto de la Lucha contra la Institución. Por eso, el Apátrida desacredita, desde la Fuga, la ilusión de la Eficacia Sostenida, de la Efectividad Duradera llega un momento en que el gesto negativo, repetido indefinidamente, se recupera como una nueva forma de la afirmación…

Tirar. ¿Y después? Quitar.

Paz para nuestras… posaderas.

Y volver a poner. Llegamos.

Un poco de poesía…

Tú llamabas. Reclamabas el atardecer.

Viene. Desciende: helo aquí.

Instantes nulos, siempre nulos, pero que cuentan,

pues la cuenta está hecha y la historia terminó.

Si pudiera tener a su hijo con él…

Sería el momento esperado.

¿No quiere usted abandonarlo?

¿Quiere que crezca mientras usted disminuye?

¿Qué le dulcifique los cien mil últimos cuartos de hora?

¡Oh, le enfrenté con sus responsabilidades!

Bien, ya está, aquí estoy.

Ya basta. ¡Sí, es cierto! Bueno.

¡Padre! Bueno. Llegamos.

¿Y para terminar? Tirar

¡Tomad!

¡No!

Bueno. Ya que jugamos a esto así…,

juguemos a esto así…

y no hablemos más…,

no hablemos más” (Beckett)

Al reaccionar contra la culpabilidad de los que permanecen, al denunciar su complicidad por inmovilismo, el Apátrida pretende esquivar, por lo menos, el destino de aquel infeliz embriagado de buenas intenciones que murió paralítico por representarse a sí mismo como Proceso, Cáncer, Encarnación de la Guerrilla, Agente de la Lucha, Enemigo, Adversario Perpetuo, Sujeto, Máquina y Antagonista de la Máquina, Promesa de Destrucción y Garantía de Sustitución… Pensando en él, en su ceguera y en su parálisis, en su modo de citar a la muerte y acudir a la hora prevista -porque para él acudir es no moverse-, redactó una Elegía que es también una Advertencia y una Despedida: la Elegía del Niño de Luto.

4.

Tres lluvias después

Elegía del Niño de Luto

Desencajada sonrisa de otro niño de luto,

perdido en la inmensidad de la tristeza

como un perro

encharcado

en medio de la noche.

El niño balbucea palabras de dolor enfermizo

mientras contempla atormentado

la mentira de su cuerpo

y la hipocresía de su cuerpo.

Por dos veces agachó su corpacho

dolorido

para arrojar piedras sin camino

a un camino

tan próximo como distante.

Por dos veces brillo su costado desnudo,

exhalando hedor a trabajo

en porquería.

Miró a un lado y a otro

en demanda de un pedazo

maldito

de pan, de ayuda o de aire puro,

pero solo encontró el estiércol

de todas las horas,

en el mismo lugar de siempre,

con la amenaza de nunca.

Embarró sus pies

y embarró sus piernas

con la delicadeza de un cerdo sofocado,

y restregó por el muladar de su rostro

unas gotas brutales de agua

sucia.

Levantó la cara al sol de infierno

y cerró los ojos al peso del cansancio.

Quiso andar hacia alguna parte,

pero nada ni nadie le esperaba.

Lo comprendió al ver el salto

viejo

del gato

y se arrodilló descoyuntado para besar el suelo,

de donde lo recogieron

tres lluvias después

por enterrarlo.

5.

Tradicionalismos revolucionarios

Andrei Tarkovsy hizo decir al protagonista de su película “El sacrificio” unas frases muy bellas en su aparente paradoja, que subrayan el circunstancial valor transformador del inmovilismo, la eventualidad de que también la tradición pueda revestirse de un potencial revolucionario:

Sabes, algunas veces me digo a mí mismo que, si cada día, exactamente a la misma hora, realizara el mismo acto siempre, como un ritual, inmutable, sistemático, cada día a la misma hora, el mundo cambiaría. Sí, algo cambiaría, ¡a la fuerza!”.

6.

La tragedia del observador impotente

El adiós del fugitivo

Se abalanza, salta como un tigre.

No quiere llaves;

porque, cuando se le permite acercarse a una puerta,

se apodera de ella al asalto e incendia la casa,”

Thomas De Quincey

Había llegado la mañana de un día solemne de un día de crisis y de esperanza final en la naturaleza humana, que padecía entonces de algún misterioso eclipse y era martirizada por una terrible angustia. En algún lugar, no sabía cómo, por no importa quién, no los conocía, se libraba una batalla, una lucha se sufría una agonía, desarrollada como un gran drama o pasaje musical. Y la simpatía que sentía por todo aquello se convertía en un suplicio debido a mi incertidumbre del lugar, de la causa, de la naturaleza y del posible resultado de la contienda. Parecía estar en juego un grandísimo interés, la causa más importante que nunca defendiera espada o proclamara trompeta. Al poco brotaban repentinas alarmas; por doquier, pasos precipitados; terrores de fugitivos innumerables, fugitivos en plena dispersión…” (De Quincey)

De la batalla no se seguía ninguna victoria. No estaba siendo derrotada la causa del Mal pensé que quizás el Mal fuera la guerra misma, o el triunfo de cualquier formación. Se multiplicaban a mi alrededor los fugitivos. “Yo no sabía si procedían de la buena causa o de la mala –tinieblas y resplandores, tormentas y rostros humanos…”. Abrumado por tanta confusión, quise seguirles como si intuyera que el espectáculo se desplazaba con ellos, tras ellos, y todo hubiera de depender en adelante de las vicisitudes de su fuga. Pero solo pude alcanzar hasta el momento de la despedida.

Aparecían formas de mujeres, semblantes que habría querido reconocer a cualquier precio y que no podía vislumbrar más que un instante. Y después manos crispadas, separaciones que desgarraban el corazón; y después, ¡adiós para siempre! Y, con un suspiro como exhalado por las cavernas del infierno, ¡adiós para siempre!, ¡adiós para siempre!, y más, y más, de eco en eco, reduplicado: Adiós para siempre…” (De Quincey).

Intenté afilar la mirada, sortear con los ojos el desorden de las filas, reconocerme en algún fugitivo… Pero fue inútil: el adiós de los desertores no dejaba tras sí más rastro que el desgarramiento de nuestras vidas. Partían hacia lo desconocido, y nos arrojaban a la ciénaga de la incertidumbre. Con su adiós para siempre, el Fugitivo se despedía también de nuestra tragedia de observadores impotentes.

7.

La hora del suicidio antiguo

Despiden los campos la tarde

con el ademán misterioso de todos los días

pero con un soplo de nostalgia nuevo.

Se recrea todavía el sol

vistiendo de sombras los árboles tan poco verdes

de las desgastadas lomas.

De lejos,

un resplandor rojizo

confunde nubes y cielos en los límites

de una imagen desfalleciente.

Tres pájaros aún descansan sobre el viejo tendido de la luz.

Bocanadas de aire cálido mueven graciosamente

las ropas casi secas de los cables.

Una mujer se dirige presurosa a retirarlas.

Dos perros esqueléticos cruzan cansinamente los bancales

siempre en guardia.

Un zagal

les lanza piedras desde una esquina mal encalada.

Los perros huyen entonces, sin excesiva alarma,

esbozando los gestos de la rutina.

Ya sólo queda un pájaro sobre el tendido,

un pantalón oscuro sobre el cable,

una banda de sol sobre las lejanías melancólicas de las tierras.

La mujer regresa también con presteza,

buscando el abrazo de la casa.

El zagal abandona lentamente las piedras;

mueve la cabeza con desdén.

La noche empuja al día hacia otra parte.

Es la hora del suicidio antiguo,

sin rastro de náusea en los labios,

sin rastro de ira en el fondo de los ojos.

Hueco

Pedro García Olivo

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Buenos Aires, 28 de marzo de 2018

LOCURA EXCEPCIONAL Y ORDINARIA LOCURA

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF) with tags , , , , , , , , , , , , , on marzo 25, 2018 by Pedro García Olivo

¿Una “locura excepcional” que clava sus dientes en la “locura ordinaria” de las gentes que se proclaman cuerdas? Porque, desde cierto punto de vista, no hay mayor demencia que la de una Civilización que ha puesto en jaque mate a la biosfera, a los pueblos que se atrevían a afirmarse como diferencia, a los individuos revueltos contra la muy administrada “sistematización” de sus días…

Mi amigo Juan Contreras Figueroa escribiendo, desde el izquierdismo racional, contra Víctor Araya, mi “alter ego”, persona de la sin-razón desistematizadora… Fragmento de El espíritu de la fuga, novela en elaboración desde hace un cuarto de siglo.

 

LOCURA EXCEPCIONAL Y ORDINARIA LOCURA

‭ ¿Está loco Víctor Araya‭? ‬Son muchas las personas que así lo consideran‭; ‬y,‭ ‬ciertamente,‭ ‬él ha dado motivos para suscitar la duda sobre su salud mental…‭ ‬Significativamente,‭ ‬mi amigo casi nunca se ha defendido de esa imputación.‭ ‬Solo en una ocasión,‭ ‬registrada en‭ ‬Un trozo…,‭ ‬se revolvió iracundo contra quienes lo estimaban‭ “‬demente‭”‬:

‭”Por fin se ha dado curso al Informe autojustificativo que escribí un día‭ ‬“Para uso de Inspectores y otros policías de la Enseñanza‭”‬.‭ ‬Saltaron los padres,‭ ‬y encontraron el apoyo de buena parte del profesorado conservador.‭ ‬Desconcertada la Inspección,‭ ‬me convoca a una reunión ante las figuras represivas del Director y del Jefe de Estudios.‭ ‬Percibo ahí la señal de mi peligrosidad.‭ ‬Y no voy a desaprovechar la ocasión…‭ ‬Se me acusa de atentar contra los principios religiosos,‭ ‬de desatender mis obligaciones docentes y tutoriales,‭ ‬de no seguir el temario y desvirtuar el sentido de las calificaciones,…‭ ‬Sobre todo,‭ ‬se duda de mi salud mental.‭ ‬“No soy yo el loco,‭ ‬vosotros sois los necios‭”‬:‭ ‬así responderé,‭ ‬a la menor insinuación”.

‭ ‬Dejando a un lado esa excepción,‭ ‬Víctor ha admitido,‭ ‬en casi todas sus obras,‭ ‬las estrechas y ambiguas relaciones que mantiene con la locura.‭ ‬En‭ ‬La Carta Extraviada abordó esta cuestión de un modo franco y certero:

‭”Entre la razón y la locura hay un tabique muy fino.‭ ‬Nunca me importó estar de un lado o de otro.‭ ‬A menudo,‭ ‬me he sentido exiliado de ambos mundos.‭ ‬Pertenezco al reino de los que,‭ ‬sin estar locos,‭ ‬no pudieron ser cuerdos”.

‭ A Araya no le importaba que lo consideraran‭ “‬loco‭”‬,‭ ‬porque lo que él despreciaba,‭ ‬lo que él combatía,‭ ‬aquello de lo que huía conscientemente,‭ ‬era lo que comúnmente se conoce como‭ “‬normalidad‭”‬,‭ ‬como‭ “‬equilibrio mental‭”‬,‭ ‬como‭ “‬cordura‭” ‬—aquello que,‭ ‬invirtiendo los términos,‭ ‬él designaba‭ “‬ordinaria locura‭”‬:‭ ‬la‭ ‬ordinaria locura de las gentes que se consumen en las mazmorras del trabajo,‭ ‬que no saben disfrutar si no es‭ “‬consumiendo‭”‬,‭ ‬que fundan familias como por inercia,‭ ‬se encadenan a sus propiedades y a sus signos de poder,‭ ‬y pasan por la vida sin dejar otro rastro que el de las pisadas de una oveja en medio de las pisadas de todo el rebaño.‭ ‬Esta‭ “‬ordinaria locura‭” ‬de los‭ ‬trabajadores-esposos-padres-propietarios,‭ ‬de los buenos ciudadanos demócratas‭ ‬también,‭ ‬fue señalada por Víctor en todos y cada uno de sus textos‭ (‬recuerdo,‭ ‬por cierto,‭ ‬el título,‭ ‬muy elocuente,‭ ‬de una de sus composiciones:‭ ‬“La Razón de un lado,‭ ‬de otro la Dicha‭”‬); y de ella procuró defenderse,‭ ‬inmunizarse,‭ ‬permanecer siempre a salvo.‭ ‬Ordinaria locura de los empleados,‭ ‬de los funcionarios,‭ ‬de los profesores…‭

Contra esta‭ “‬locura de todo el mundo‭”‬,‭ ‬Víctor Araya no encontró mejor antídoto que la protección y el mimo de sus extravagancias,‭ ‬de sus rarezas,‭ ‬de su carácter‭ “‬descentrado‭” (‬la expresión es suya‭)‬,‭ ‬de sus innumerables manías,‭ ‬de su‭ ‬singularidad,‭ ‬en suma.‭ ‬Ya en‭ ‬Un trozo…,‭ ‬hablando de sí como de un extraño,‭ ‬sugiere que esa‭ ‬defensa del‭ “‬desajuste‭” ‬de su personalidad ha de convertirse en la bandera de toda su existencia:

‭”‬Aún así,‭ ‬aquella habitación le permitió mantener la extravagancia natural de los solitarios hasta casi la frontera de la madurez impuesta o,‭ ‬por lo menos,‭ ‬ahuyentó de su carácter las secuelas de esa juventud policial tan devastadoramente implicada en el exterminio de la voluntad de diferencia.‭ ‬Y hoy,‭ ‬a sus veintiséis años,‭ ‬puede todavía demorarse ante la encrucijada que el destino levanta para los extraviados de la senda de la madurez.‭ ‬O bien insistir en el intercambio y en la promiscuidad social,‭ ‬aprovechando la temible eficacia subyugadora de su descentrada subjetividad‭ ‬–con lo que se labraría toda una historia de almas rendidas y cuerpos abiertos.‭ ‬O bien evitar de nuevo la compañía del rebaño,‭ ‬y la asistencia del rebaño,‭ ‬para preservar el desajuste actual de su personalidad y arrojarse una vez más al desgarramiento indefinido de la escritura‭ ‬–el mejor modo de hacerse amar por su viejo inspirador:‭ ‬Yo amo‭ ‬a quien quiere crear por encima de sí mismo,‭ ‬y por ello perece‭”.

Un poco más arriba,‭ ‬en ese escrito‭ (‬que tituló‭ “‬La habitación‭”)‬,‭ ‬explica,‭ ‬además,‭ ‬cómo se forjó ese carácter‭ ‬descentrado,‭ ‬esa personalidad‭ ‬desajustada,‭ ‬aquel ingreso en el‭ “‬reino de los que,‭ ‬sin estar locos,‭ ‬no pudieron ser cuerdos‭”‬:

‭”‬Como no había conocido las ruinas de la juventud,‭ ‬pudo conservar el espíritu de la niñez hasta casi el mediodía mismo de su vida‭ ‬–la pendiente hacia los treinta años.‭ ‬Como nunca se había abierto a los demás,‭ ‬pudo sorprender más tarde a los extraños con la riqueza insospechada de un mundo interior forjado al fuego de la más salvaje de las soledades.‭ ‬Y se movió entonces entre sus conocidos con la cautivadora libertad de un ser desprovisto de intenciones,‭ ‬a salvo de cualquier proyecto y en plena deserción de todo lo que os amarra.‭ ‬Evadido de su propio futuro,‭ ‬sin horizonte ni esperanza,‭ ‬al margen de toda ilusión y ante la quiebra de sus últimos soportes,‭ ‬recuerda hoy su desconcertante adolescencia,‭ ‬jugando a encontrar la clave de un presente inusitado que no retrocedería a la hora de estrellarlo contra la pared de una escritura amenazante y,‭ ‬por lo mismo,‭ ‬tal vez impracticable.

‭ ‬Recuerda aquellos años de reclusión elegida en una vieja habitación,‭ ‬huyendo de la familia que lo perseguía al interior de la casa y de los amigos que no tenía pero que lo andaban buscando desde fuera.‭ ‬Largas tardes de verano inclinado sobre una mesa,‭ ‬escribiendo,‭ ‬como todavía hoy,‭ ‬acerca de la angustia‭ (“‬fértil,‭ ‬más vital que el hastío‭”) ‬y contra los cuerpos que lo rodeaban.‭ ‬Huir de los grupos,‭ ‬de las pandillas,‭ ‬de los bares,‭ ‬de las discotecas,‭ ‬de los cines,‭ ‬de las playas,…‭ ‬por no saber qué hacer con esa gente ni cómo comportarse a lo largo de todos esos ambientes.‭ ‬Solo hallaba seguridad en su oscuro cuarto.‭ ‬Nada sabía de las mujeres.‭ ‬En realidad,‭ ‬nunca había salido de las páginas de un libro,‭ ‬de las páginas de miles de libros.‭ ‬Y,‭ ‬por extraño que os parezca,‭ ‬la lectura,‭ ‬en lugar de aniquilar la inocencia de su niñez,‭ ‬le resguardó del peligro de la juventud culpable.‭ ‬Leía como un niño:‭ ‬es decir,‭ ‬leía en serio.‭ ‬Y así escribía,‭ ‬con la seriedad de los niños al jugar…‭ ‬Porque escribía,‭ ‬pudo mantener los ojos desesperadamente abiertos ante el horror.

Por más de una razón,‭ ‬debe estar agradecido a la segunda década de su vida.‭ ‬Podía permanecer encerrado frente a aquella mesa porque la realidad se encargaba de buscarlo,‭ ‬e incluso de asediarlo,‭ ‬día tras día.‭ ‬Mientras quemaba su primera adolescencia,‭ ‬contempló el enloquecimiento de su madre y de uno de sus hermanos,‭ ‬la epilepsia galopante del menor y la depresión permanente de su padre.‭ ‬El mundo entraba en aquella casa ávido de dolor,‭ ‬y se cobraba la salud de los cuerpos que pululaban por los pasillos.‭ ‬Detrás de cada frase delirante de su madre latía toda la iniquidad,‭ ‬toda la verdad inadmisible,‭ ‬del Orden ante el que había sucumbido.‭ ‬Detrás del menor gesto alucinado de su hermano se dejaba ver la crueldad toda de una Sociedad represiva hasta la muerte.‭ ‬Detrás de la mirada apagada de su padre se escondía la antigua inmundicia de la Familia de siempre,‭ ‬como detrás de su andar fatigoso asomaba el disparate asesino del Trabajo alienado…‭ ‬No necesitaba nada más para saber que debía protegerse,‭ ‬ponerse a cubierto de un mundo que nunca sería el suyo.

‬Por otro lado,‭ ‬tampoco vivía absolutamente a salvo de las inclemencias del exterior:‭ ‬los cinco primeros días de cada semana,‭ ‬durante siete de los doce meses de cada año,‭ ‬consumía cerca de ocho horas por jornada en beneficio de la máquina escolar.‭ ‬De tanto deambular del brazo de la locura,‭ ‬su ánimo había adquirido esa peculiar disposición escéptica de los caminantes sin motivo y hasta sin camino.‭ ‬De ahí que desconfiara no menos de los‭ “‬luchadores‭” ‬empeñados en la reforma del aparato educativo que de los conservadores atrincherados en las posiciones de anteayer.‭ ‬Admiró,‭ ‬sin embargo,‭ ‬y cree hoy que tal vez llegó a envidiar,‭ ‬la combatividad gratuita de los guerrilleros ácratas de la contracultura.‭ ‬

Pero eran otros los puñales hambrientos de su carne,‭ ‬otra la cuchilla pendiente de su cuello y,‭ ‬por tanto,‭ ‬otros los remedios que debía buscar a tientas en la oscuridad del temor infranqueable.‭ ‬De todas formas,‭ ‬la exigencia de sus salidas diarias le sirvió también para comprobar la futilidad‭ ‬–y el peligro‭–‬ de la media docena de papeles dictados que regían las relaciones de los jóvenes de su edad.‭ ‬Continuaba resultándole tan absurdamente nociva la sucesión de poses y representaciones en que se fundaba aquel teatro,‭ ‬que anhelaba cada tarde el momento del encierro en la soledad de su cuarto como si de ello dependiera la conservación de su dudosa singularidad.‭ ‬Solo la sensación de autenticidad que le proporcionaba el hecho de no tener nunca nada que hacer allí para los ojos de los demás,‭ ‬lograba detener la escalada de su angustia.‭ ‬Y,‭ ‬pese a todo,‭ ‬sospecha hoy que ya por aquel entonces se miraba de arriba a abajo,‭ ‬de adentro a afuera,‭ ‬con los ojos de los demás y solo con los ojos de los demás:‭ ¿‬han existido alguna vez más ojos que los de los demás‭?”.

Víctor tenía,‭ ‬pues,‭ ‬una consciencia muy exacerbada de su no-normalidad,‭ ‬de su in-ejemplaridad,‭ ‬de su‭ “‬locura‭” ‬—en la acepción‭ ‬simpática de la palabra‭—‬; e intuía que para no hundirse en la neurosis,‭ ‬para no arraigar en la depresión,‭ ‬para no volverse‭ “‬loco‭” ‬de verdad‭ ‬—ahora en la acepción‭ ‬dramática del término‭—‬,‭ ‬habría de defender con todas sus fuerzas aquel‭ “‬descentramiento‭”‬,‭ ‬aquel‭ “‬desajuste‭” ‬de su carácter,‭ ‬huyendo siempre de los lugares en los que la‭ ‬normalidad se fragua,‭ ‬se forja:‭ ‬los trabajos,‭ ‬las familias,‭ ‬los mercados,…

Araya,‭ ‬que había visto enloquecer a su madre y a su hermano,‭ ‬que en ocasiones se supo cautivo de la esquizofrenia,‭ ‬temía la locura‭; ‬y,‭ ‬de algún modo,‭ ‬se reconocía‭ “‬buscado‭” ‬por ella‭ (‬“la locura me persigue con pies de paloma‭”‬,‭ ‬le confesaba,‭ ‬por carta,‭ ‬a su amiga Isa…‭)‬.‭ ‬Y,‭ ‬vagamente,‭ ‬tendía a decirse a sí mismo que‭ “‬evitar el sufrimiento‭” ‬era la única prevención,‭ ‬la única vacuna,‭ ‬contra el virus de la enajenación mental.‭ ‬Daba así por supuesto que su sensibilidad era extrema,‭ ‬y que no debía exponerse a‭ ‬situaciones de dolor.‭ ‬De ahí la fuga,‭ ‬la ruptura,‭ ‬la huida…‭ “‬Huir,‭ ‬el arma‭”‬,‭ ‬apuntó en‭ ‬El irresponsable.

Subyace asimismo,‭ ‬a todo esto,‭ ‬un temor a‭ ‬contemplar la locura,‭ ‬a reconocerla en los demás,‭ ‬a ver cómo se apodera de los seres que estima.‭ ‬De Ana amó también,‭ ‬se podría decir,‭ ‬su irreductibilidad a la locura‭ (“‬Una mujer así,‭ ‬salta a la vista,‭ ‬jamás se volverá loca:‭ ‬eso me gustó de ella,‭ ‬desde el principio‭”‬,‭ ‬le confesaba a Fernando Hilador en‭ ‬La Carta…‭)‬.

¿Está loco Araya‭? ‬Padece,‭ ‬sin duda,‭ ‬una peculiar‭ “‬manía persecutoria‭”‬:‭ ‬se siente perseguido por la locura‭; ‬vive obsesionado con la idea de que puede enloquecer en cualquier momento,‭ ‬de que el mundo‭ ‬normal,‭ ‬la sociedad‭ ‬establecida,‭ ‬han sido elaborados para que él pierda,‭ ‬en su seno,‭ ‬la razón…‭ ‬Pero,‭ ¿‬es eso locura‭?

También es verdad que vive enclaustrado en un universo mágico,‭ ‬mítico,‭ ‬fantástico,‭ ‬diseñado a conciencia para no anhelar salir nunca de él:‭ ‬el universo de la Vida como Obra,‭ ‬del Suicidio Antiguo,‭ ‬de la Escritura como motor de la existencia,…‭ ‬Mas,‭ ¿‬es eso enfermedad‭?
¿Ha estado loco Araya‭? ‬Parece que sí,‭ ‬como casi reconoce en sus últimos escritos.‭ ‬Se diría que la esquizofrenia lo atenazó en su andadura docente,‭ ‬por los años de Orihuela.‭ ‬A ello se refiere,‭ ‬con interrogantes,‭ ‬en la‭ ‬Carta a Fernando…

‭ “‬¿Psicosis del combatiente‭? ¿‬Paranoia de la lucha que nunca acaba‭? ‬Esquizofrenia,‭ ¿‬pero de quién‭? ¿‬Del supuesto perseguido que persigue de verdad o del perseguidor desganado al que persiguen sin cuartel‭?”. ‬

Y en‭ ‬El irresponsable,‭ ‬ya lo vimos,‭ ‬la esquizofrenia es concebida como una consecuencia indefectible de la lucha‭ ‬contra la Escuela y‭ ‬en la Escuela:‭ “‬La lucha política contra la Institución no puede concebirse al margen de un peligroso proceso esquizofrénico.‭ ‬El Irresponsable se reconoce como Esquizo‭ (…)‬.‭ ‬Sabe que la neurosis espera al reformista desilusionado y pese a todo inquieto,‭ ‬como la esquizofrenia aguarda al irresponsable que no quiere dejar de serlo‭”‬.

Un poco más arriba,‭ ‬en esta obra deshilvanada que me ha correspondido comentar,‭ ‬admitía ya sin reservas sus periódicas transacciones con la demencia:

“Es probable que,‭ ‬a lo largo de mi vida,‭ ‬haya entrado y salido varias veces por las puertas de la locura.‭ ‬No se vive mal en ella,‭ ‬pero solo a condición de desterrar toda compañía‭ ‬–licor exigente,‭ ‬el Desatino se saborea‭ “‬a solas‭” ‬o daña en profundidad.‭ ‬Uno se debe reconocer‭ “‬loco‭” ‬cuando experimenta las dudas del enloquecimiento o el filo de un dolor‭ ‬que sabe esconder su origen.‭ ‬La raíz de toda locura reside en la fragilidad‭ ‬–no poder soportar la vida que los otros viven,‭ ‬la vida que todo el mundo soporta.‭ ‬Pero ante una afección tan torturante no hay más cura que el escape,‭ ‬la fuga,‭ ‬el cambio de vida…‭ “‬Adaptarse‭” ‬es ya enloquecer‭ ‬–hundirse en la neurosis.‭ ‬Y‭ “‬huir‭”‬,‭ ‬instalarse al borde de la esquizofrenia:‭ ‬danzar sobre los derrocaderos de uno mismo,‭ ‬y no precipitarse”.

‭ ‬¿Ha sido la locura lo que ha impulsado a Araya a‭ “‬desesperar‭”? ¿‬Ha perdido la cabeza y lo ha arrojado todo por la borda‭? ¿‬Está loco ahora mismo‭? ‬Yo creo que no,‭ ‬y a este punto pretendía llevaros…

‬Sostengo que,‭ ‬una vez más,‭ ‬ha sido el miedo a enloquecer,‭ ‬el pánico a la‭ “‬depresión‭”‬,‭ ‬lo que ha empujado a Víctor lejos de nosotros.‭ ‬Terror a la‭ “‬ordinaria locura‭” ‬de su vida‭ ‬normalizada‭ (‬trabajador,‭ ‬padre,‭ ‬esposo,‭ ‬propietario,…‭)‬,‭ ‬y también a la locura verdadera que el veía insinuarse bajo la capa del dolor,‭ ‬del sufrimiento nervioso de los últimos años‭ ‬—problemas en la relación con su compañera,‭ ‬precariedad económica,‭ ‬sugerencias de que debía‭ “‬reingresarse‭”‬,‭ ‬etc.‭ ‬Víctor ha querido salvaguardar,‭ ‬como antaño,‭ ‬el‭ ‬desajuste de su personalidad,‭ ‬el‭ ‬descentramiento de su carácter,‭ ‬protegerse de la‭ “‬homologación‭”; ‬y estará ahora mismo viviendo una vida incomprensible,‭ ‬inaudita,‭ ‬donde menos lo esperemos,‭ ‬en el lugar más absurdo.‭ ‬Y habrá deseado también conjurar el peligro de la depresión,‭ ‬de la locura,‭ ‬huyendo de las fuentes de su dolor,‭ ‬de las causas de su sufrimiento‭ ‬—la pareja,‭ ‬la familia,‭ ‬el enclaustramiento laboral,…

‬¿Será‭ “‬El‭ ‬espíritu de la fuga‭” ‬el aliento de un hombre que teme perder la razón,‭ ‬que considera‭ “‬ordinariamente loco‭” ‬a todo el mundo‭; ‬y que no halla otro modo de salvaguardar su salud,‭ ‬la‭ ‬cordura de su‭ “‬extraordinaria locura‭”‬,‭ ‬que redundar en la conmoción de la huida,‭ ‬en la ruptura traumática,‭ ‬en los desgarramientos del fugitivo‭? ‬

Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 25 de marzo de 2018

CREER

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , , , , , on marzo 16, 2018 by Pedro García Olivo

Dejé de creer en las banderas
porque teñían de sangre el cielo
y las que más proclamaban libertades
más asesinaban.
No ondeo ninguna.

Dejé de creer en los libros
porque siempre mataban bellezas:
devastaban la capacidad hermosa de observar
sin conceptos ni velos de la teoría en la retina,
de pensar por uno mismo
y de aprender sin patrones.
Y porque muy a menudo mataban personas.
Cada día leo menos.

Dejé de creer en las patrias,
de tierra, de sangre o de papel;
mortíferas las de papel,
como la Biblia o El Capital;
oscuras las de la sangre
para lo bueno y para lo malo;
corrompidas ya las de la tierra.
No reconozco ningún ligamen.

Dejé de creer en mí,
dañado por el exceso de banderas que ondeé,
rojas, negras, rojas y negras;
por los libros que leí
y que me querían empujar;
por las patrias que elegí y que amé,
a veces tan solo por la necesidad de amar.
No me justifico, no me celebro,
no me aplaudo.

Cuando te conocí,
te soñé bandera hecha de viento y de noche,
bandera de nadie y de ninguna parte;
te soñé libro que no se lee,
con páginas en blanco
y otras que nadie entiende;
te soñé patria nómada, aerea, inconstante,
como los miedos o el deseo.

Después de conocerte,
volví a creer;
pero a creer ya solo en ti.

Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Buenos Aires, 16 de marzo de 20018

Edición portuguesa de “El irresponsable”

Posted in Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , on mayo 31, 2016 by Pedro García Olivo

De la mano de Pedro Morais y Textos Ígneos, “El irresponsable” (“O irresponsável”) comenzará en breve su andadura en portugués. Alza así el vuelo de nuevo este ensayo libre, recién editado en España por La Linterna Sorda y publicado con anterioridad por Las Siete Entidades (2000) y Brulot Editorial (2008). Obra absolutamente “liberada”, se ha ido reeditando periódicamente en América Latina, particularmente en Chile (Ediciones Acéfalo, Editorial Germinal y Crimental Ediciones, Acaso Ediciones).

Feliz de acercar esta obra, en su lengua, a mis compañeros de Portugal y de Brasil (el propio Pedro, Vera, Paulo, Gloria y tantos otros). Los libros son “voluminosas cartas a los amigos”, se ha dicho… Pero esta extensa carta quedará “suelta” en la red, para todos y para nadie.

Transcribimos su primer capítulo:

ECHA A ANDAR LA AGUJA

Hubo un tiempo en que la Salvación se imaginaba a la vuelta de la esquina. Occidente se pobló entonces de Emancipadores, Iluminados, Redentores, Ingenieros de la Revolución, Pastores, Liberadores, Mesías, Profesionales de la Subversión, Caudillos, Profetas, Agitadores,… Invadieron la política organizada lo mismo que la enseñanza, el arte como la filosofía, no menos el círculo adormecido del ocio que las arenas movedizas del trabajo. Pasaron los años y la vigorosa nueva Esperanza apenas podía ya distinguirse de la vieja Religión. Pronto organizó su liturgia específica, su Inquisición particular, su Paraíso y su Infierno, su Decálogo y su Iglesia de los Explotados. Comenzó así a adquirir el aspecto de un narcótico entre otros, de un refugio como los demás, de una trampa incomparable. Cuando contaba ya con la aprobación de la Moral de siempre y empezaba a ser hablada por el Lenguaje, tropezó con la emergencia de una oscura generación de Herejes. Peligraba la salud en la tierra y los nuevos heterodoxos volvieron la vista a la medicina –no a la Ciencia de los Remedios, todavía demasiado religiosa, sino a la medicina popular. Un desconcertante combate enfrentó (enfrenta hoy) a los Sacerdotes de la Emancipación con los Guerrilleros de la Salud… Entre los últimos se halla el Irresponsable, el Esquizo, el Desertor, el Libertino, el Comediante, el Criminal, el Apartida. Ante la policía de la Razón, y tras declararse “huérfano, ateo y anarquista”, uno de ellos recordó a Nietzsche:

“Somos enemigos de todo Ideal que asegure un Asilo, un Hogar,
en este momento de transición frágil y desmoronada;
y respecto a la realidad de un ideal semejante,
no podemos creer en su duración.
Soplan los vientos del deshielo; nosotros mismos, los sin patria,
rompemos el hielo y otras ilusiones demasiado endebles.
Nosotros no conservamos nada, no queremos volver a nada de lo pasado,
no somos tampoco liberales, no trabajamos por el progreso.
Otro ideal corre delante de nosotros, un ideal singular, tentador,
lleno de peligros,
un ideal que no recomendamos a nadie;
es el ideal de un espíritu que se burla ingenuamente, sin malicia,
porque su plenitud y su potencia se desbordan,
de todo lo que hasta ahora se consideró sagrado,
bueno, intangible, divino.
Con ese ideal comienza lo verdaderamente serio,
se plantea el auténtico problema, se tuerce el destino del alma,
echa a andar la aguja,
empieza la tragedia…”

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SI LA ORALIDAD NOS REÚNE, LA ESCRITURA NOS REPLIEGA

Posted in Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , , , , on noviembre 22, 2015 by Pedro García Olivo

“Si l’oralitat ens reuneix, l’escriptura ens replega”

Audio en castellano y extracto impreso en catalán de la conversación mantenida por Miquel Àngel Ballester y Pedro García Olivo, en el seno de la III Feria del libro anarquista de Mallorca, abordando asuntos que transitan desde la presentación de la anti-pedagogía hasta la crítica de la democracia representativa, la denuncia de la impostura socialdemócrata y la denegación del Estado del Bienestar en tanto “dulce Leviatán”.

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Audio:

http://www.ivoox.com/entrevista-a-pedro-garcia-olivo-13-11-15-audios-mp3_rf_9408262_1.html

Texto:

balears_1446332400.pdf

balears_1446332400.pdf

Adapatación de “La Escuela es el fin” por Ekintza Zuzena

Posted in Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , on abril 30, 2015 by Pedro García Olivo

En su número 42, la revista vasca Ekintza Zuzena incluye una adaptación de la entrevista que nos propusiera “Columna Negra”, de Chile. En esta elaboración se subraya la relación de la anti-pedagogía (soldada a la teoría del Demofascismo) con la crítica del activismo socialdemócrata y de la ideología ciudadanista-bienestarista en general.

Italia Febrero Marzo 2015 027