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LA DOMA DE LA PROTESTA Y EL ANARQUISMO EXISTENCIAL

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Proyectos y últimos trabajos, Sala virtual de lecturas incomodantes. Biblioteca digital with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on noviembre 20, 2018 by Pedro García Olivo

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2.‭ ‬LA PROTESTA DOMESTICADA

2.1.‭ ‬Gestión política de la desobediencia

El Capitalismo demofascista no se sostiene desde la inmovilización de la ciudadanía,‭ ‬desde la simple represión del descontento:‭ ‬al contrario,‭ ‬prefiere una población involucrada en las cuestiones sociales,‭ ‬políticamente‭ «‬activa‭»‬.‭ ‬Desde hace décadas,‭ ‬los defensores teóricos de la democracia representativa han insistido en la necesidad de que los ciudadanos‭ «‬participen‭» ‬en todo tipo de asociaciones y movimientos‭ (‬vecinales,‭ ‬laborales,‭ ‬políticos,‭ ‬religiosos…‭)‬.‭ ‬Esa recomendación es el‭ «‬leit motiv‭» ‬de toda la literatura de la‭ «‬sociedad civil‭»‬,‭ ‬de E.‭ ‬Gellner a Ch.‭ ‬Taylor,‭ ‬pasando por J.‭ ‬Rawls y J.‭ ‬Habermas.‭ ‬Se asume la tradicional‭ «‬apatía‭» ‬de la población ante las cuestiones políticas,‭ ‬la‭ «‬insuficiencia‭» ‬del mero acto de votar y,‭ ‬estimándose‭ «‬utópica y técnicamente inviable‭» ‬la democracia directa,‭ ‬todo se espera de esa‭ «‬reactivación‭» ‬y‭ «‬movilización‭» ‬de los ciudadanos en las diversas tramas relacionales de la sociedad civil.‭ ‬De ese modo,‭ ‬la democracia se haría más verdadera y se fortalecería…‭ ‬M.‭ ‬Walzer:‭ «‬La política en el Estado democrático contemporáneo no ofrece a muchas personas una oportunidad para la autodeterminación rousseauniana.‭ ‬La ciudadanía,‭ ‬considerada en sí misma,‭ ‬tiene hoy en día sobre todo un papel pasivo:‭ ‬los ciudadanos son espectadores que votan.‭ ‬Entre unas elecciones y otras se les atiende,‭ ‬mejor o peor,‭ ‬mediante los servicios públicos‭ (‬…‭)‬.‭ ‬No obstante,‭ ‬en las tramas asociativas de la sociedad civil‭ ‬—en los sindicatos,‭ ‬partidos,‭ ‬movimientos,‭ ‬grupos de interés,‭ ‬etc.‭—‬ estas mismas personas toman muchas decisiones menos importantes y configuran de algún modo las más distantes determinaciones del Estado y de la Economía.‭ ‬Y en una sociedad civil más densamente organizada tienen la posibilidad de hacer ambas cosas con mayores efectos‭ (‬…‭)‬.‭ ‬Los Estados son puestos a prueba por su capacidad para mantener este tipo de participación en la sociedad civil‭ ‬—que es muy distinta a la intensidad heroica de dedicación implícita en la ciudadanía de Rousseau‭»‬.
Son conocidos,‭ ‬por otro lado,‭ ‬los conceptos que esgrimiera M.‭ ‬Foucault a propósito de la‭ ‬gestión política de la desobediencia:‭ «‬ilegalismo útil‭»‬,‭ «‬disidencia inducida‭»‬,‭ «‬transgresión tolerada‭»‬…‭ ‬A esa ciudadanía‭ «‬reactivada‭» ‬se la invita también a protestar de manera no absolutamente legal‭; ‬y se administran estratégicamente los juegos de las transgresiones y de los delitos.‭ ‬Diseñados los escenarios de la contestación,‭ ‬concediendo espacios para la violación regulada de las leyes,‭ ‬conforme a una lógica política tendente a la‭ «‬seguridad‭» ‬y ya no tanto a la‭ «‬disciplina‭»‬,‭ ‬el Sistema descarta los peligros de la novedad y del imprevisto.‭ ‬Al frente del ámbito de la Norma queda el de la Desobediencia Inducida,‭ ‬casi saturando todo el horizonte socio-político y conjurando en buena medida el riesgo de lo no-conocido y lo no-contemplado…

2.2.‭ ‬El doble plano de la domesticación de la protesta

La protesta ha sido domesticada en sus dos vertientes:‭ ‬la intra-institucional,‭ ‬que tiene que ver con el desenvolvimiento de los individuos en las‭ «‬instituciones de la sociedad civil‭» (‬A.‭ ‬Gramsci‭) ‬o en los‭ «‬aparatos del Estado‭» (‬L.‭ ‬Althusser‭)‬,‭ ‬desde la Escuela o la Fábrica hasta el Hospital o el Cuartel,‭ ‬y la extra-institucional,‭ ‬que recoge las formas clásicas de la reivindicación y de la denuncia popular‭ (‬manifestaciones,‭ ‬huelgas,‭ ‬marchas…‭)‬.

2.2.1.‭ ‬Subjetividad Única Demofascista

Para lo primero,‭ ‬ha sido decisiva la emergencia y consolidación de la Subjetividad Única demofascista,‭ ‬plegada sobre la figura del Policía de Sí Mismo.‭ ‬Las más diversas instituciones han conocido,‭ ‬desde hace décadas,‭ ‬un proceso de reforma y modernización orientado a su‭ «‬dulcificación‭» ‬calculada.‭ ‬Al mismo tiempo que se arrumbaban los procedimientos coactivos directos,‭ ‬del orden de la violencia física,‭ ‬y se manifestaba una preferencia muy neta por las estrategias de control de índole simbólica,‭ ‬psicológica,‭ ‬comunicativa,‭ ‬colocando al frente de tales instituciones‭ «‬profesionales‭» ‬con perfiles cada vez menos agresivos y más dialogantes,‭ ‬se implementó una técnica novedosa,‭ ‬que optimizó definitivamente el campo de la coerción:‭ ‬se transfirieron,‭ ‬a las víctimas y a los sujetos dominados,‭ ‬atribuciones y prerrogativas que tradicionalmente habían correspondido a los detentadores del poder y a los dominadores.‭ ‬Se hizo así factible la auto-vigilancia,‭ ‬la auto-represión e incluso el auto-castigo‭; ‬y,‭ ‬repletas de‭ «‬policías de sí mismos‭» (‬el estudiante como auto-profesor,‭ ‬el trabajador como‭ «‬patrón de sí‭»‬,‭ ‬el preso en tanto auto-carcelero,‭ ‬los enfermos auto-medicándose,‭ ‬la comunidad toda colaborando con las fuerzas de seguridad…‭)‬,‭ ‬las instituciones se pacificaron definitivamente.
En‭ ‬El enigma de la docilidad expresamos así esta idea:

‭“‬El demofascismo se caracteriza por la‭ ‬subrepción‭ ‬progresiva‭ (‬invisibilización,‭ ‬ocultamiento‭)‬ de todas las tecnologías de dominio,‭ ‬de todos los mecanismos coactivos,‭ ‬de todas las posiciones de poder y de autoridad.‭ ‬Tiende a reducir al máximo el aparato de represión física,‭ ‬y a confiar casi por completo en las estrategias psíquicas‭ (‬simbólicas‭) ‬de dominación.‭ ‬La dialéctica de la Fuerza debe ceder ante una dialéctica de la Simpatía…‭ ‬La represión posdemocrática resulta,‭ ‬francamente,‭ ‬muy buena como represión.‭ ‬Decía Arnheim que,‭ ‬en pintura como en música,‭ “‬la buena obra‭ ‬no se nota‭” ‬—apenas hiere nuestros sentidos.‭ ‬De este género es,‭ ‬me temo,‭ ‬la represión demo-fascista:‭ ‬buenísima,‭ ‬ya que no se nota,‭ ‬casi no se ve.‭ ‬Su ideal se define así:‭ “‬convertir a cada hombre en un policía de sí mismo‭”‬.‭ ‬Y,‭ ‬en la medida en que deban subsistir figuras explícitas de la autoridad,‭ ‬posiciones empíricas de poder,‭ ‬estas habrán de dulcificarse,‭ ‬suavizarse,‭ ‬diluirse o esconderse:‭ ‬policías‭ “‬amistosos‭”‬,‭ ‬carceleros‭ “‬humanitarios‭”‬,‭ ‬profesores‭ “‬casi ausentes‭”‬,…‭ ‬En los espacios en que deba perdurar una relación de subordinación,‭ ‬un reparto disimétrico de las cuotas de poder,‭ ‬se procurará que los‭ ‬dominados‭ (‬las víctimas,‭ ‬los subalternos‭) ‬tomen las riendas de su propio sojuzgamiento y ejerzan de‭ “‬doblegadores de sí mismos‭”‬:‭ ‬los estudiantes que actuarán como autoprofesores,‭ ‬damnificados de sí,‭ ‬interviniendo en todo lo escolar,‭ ‬opinando sobre todo,‭ ‬dinamizando las clases,‭ ‬participando en el gobierno del Centro y,‭ ‬llegado el caso,‭ ‬auto-suspendiéndose orgullosamente,‭ ‬valga el ejemplo.‭ ‬Por esta vía,‭ ‬el‭ “‬objeto‭” ‬de la práctica institucional asumirá parte de las competencias clásicas del‭ “‬sujeto‭”‬,‭ ‬una porción de las prerrogativas de este y también de sus obligaciones,‭ ‬convirtiéndose,‭ ‬casi,‭ ‬en sujeto-objeto de la práctica en cuestión.‭ ‬Los estudiantes‭ ‬haciendo‭ ‬de profesores‭; ‬los presos ejerciendo de carceleros,‭ ‬de vigilantes de los otros reclusos‭; ‬los obreros,‭ ‬como capataces,‭ ‬controlándose a sí mismos y a sus compañeros,…‭ ‬De aquí,‭ ‬de esta hibridación,‭ ‬de esta semi-inversión‭ (‬seudo-inversión‭) ‬de los papeles,‭ ‬se sigue una‭ ‬invisibilización de las relaciones de dominio,‭ ‬un ocultamiento de los dispositivos coactantes,‭ ‬una postergación estratégica del recurso a la fuerza…‭
No todos los estudiantes,‭ ‬los obreros,‭ ‬los presos,‭ ‬etc.,‭ ‬caen en la trampa,‭ ‬por supuesto:‭ ‬Harcamone,‭ ‬el‭ ‬criminal honrado de Genet,‭ ‬que verdaderamente‭ ‬se había ganado la Prisión‭ (‬asesinando niños‭)‬,‭ ‬y no como aquellos otros que recalaban en‭ “‬la mansión del dolor‭” (‬Wilde‭) ‬por razones‭ ‬patéticas‭ ‬—víctimas de errores judiciales,‭ ‬ladronzuelos arrepentidos,‭ ‬delincuentes ocasionales y hasta involuntarios…‭—‬,‭ ‬quiere un día regalarse el capricho de matar a un carcelero.‭ ‬Y no se equivoca de objeto:‭ ‬no elige a la sabandija de turno,‭ ‬al sádico prototípico,‭ ‬cruel e inhumano‭; ‬sino a aquel jovencito idealista,‭ ‬lleno de buenas intenciones,‭ ‬que habla mucho con ellos,‭ ‬dice‭ ‘‬comprenderlos‭’‬,‭ ‬les pasa cigarrillos,‭ ‬critica a los mandamases de la Prisión,‭ ‬y no se permite nunca la agresión gratuita.‭ ‬Harcamone se da el gusto de asesinar al carcelero a través del cual la institución penitenciaria enmascara su verdad,‭ ‬miente cínicamente y aspira incluso a‭ “‬hacerse soportable‭”‬…‭ ‬Tampoco los pobres de‭ ‬Viridiana se dejaron engañar del todo por la cuasi-monja que los necesitaba para sentirse piadosa,‭ ‬generosa,‭ ‬virtuosa,‭ ‬y que no escatimaba ante ellos los gestos‭ (‬indignos e indignantes‭) ‬de una‭ ‬conmiseración imperdonable.‭ ‬Estuvieron a un paso de asesinarla…‭ ‬La pobreza profunda es terrible‭ (“‬Mi privación‭ ‬mata‭”‬,‭ ‬parece querer decirnos,‭ ‬después de cada asesinato,‭ ‬el‭ ‬Maldoror de I.‭ ‬Ducase‭)‬:‭ ‬con ella nadie puede jugar,‭ ‬sin riesgo,‭ ‬a‭ ‬ganarse el Cielo…‭ ‬Por desgracia,‭ ‬ya no quedan prácticamente asesinos con la honestidad y la lucidez de Harcamone,‭ ‬ni pobres con la entereza imprescindible para odiar de corazón a los‭ “‬piadosos‭” ‬que se les acercan carroñeramente…‭ ‬La posdemocracia desdibuja y difumina las relaciones de sometimiento y de explotación,‭ ‬ahorrándose el sobre-uso de la violencia física represiva que caracterizó a los antiguos fascismos…
Y es que el demofascismo será,‭ ‬o es,‭ ‬un ordenamiento de hombres extremadamente‭ ‬civilizados.‭ ‬Es decir,‭ ‬parafraseando y sacando de sus casillas a N.‭ ‬Elias,‭ ‬hombres que han interiorizado,‭ ‬en grado sumo,‭ ‬el aparato de autocoerción y se han habilitado de ese modo para soportarlo todo sin apenas experimentar emociones de disgusto o de rechazo‭; ‬hombres sumamente manejables,‭ ‬incapaces ya de odiar lo que es digno de ser odiado y de amar de verdad lo que merece ser amado‭; ‬hombres‭ ‬amortiguados a los que desagrada el conflicto,‭ ‬ineptos para la rebelión,‭ ‬que han borrado de su vocabulario no menos el‭ “‬sí‭” ‬que el‭ “‬no‭” ‬y se extinguen en un escepticismo paralizador,‭ ‬resuelto como conformismo y docilidad‭; ‬hombres que no han sabido intuir‭ ‬los peligros de la sensatez y mueren sus vidas‭ “‬en un sistema de capitulaciones:‭ ‬la retención,‭ ‬la abstención,‭ ‬el retroceso,‭ ‬no solo con respecto a este mundo sino a todos los mundos,‭ ‬una serenidad mineral,‭ ‬un gusto por la petrificación‭ ‬—tanto por miedo al placer como al dolor‭” (‬Cioran‭)‬.‭ ‬Nuestra Civilización,‭ ‬nuestra Cultura,‭ ‬en su fase de decadencia‭ (‬y,‭ ‬por tanto,‭ ‬de escepticismo/conformismo‭)‬,‭ ‬ha proporcionado a la posdemocracia los hombres‭ ‬—moldeados durante siglos:‭ “‬aquello que no sabrás nunca es el transcurso de tiempo que ha necesitado el hombre para elaborar al hombre‭”‬,‭ ‬advertía A.‭ ‬Gide‭—‬ que esta requería para reducir el aparato represivo de Estado‭; ‬hombres avezados en la nauseabunda técnica de vigilarse,‭ ‬de censurarse,‭ ‬de castigarse,‭ ‬de corregirse,‭ ‬según las expectativas de la Norma Social.
En aquellos países de Europa donde la Civilización por fin ha dado sus más ansiados frutos de urbanidad,‭ ‬virtud laica,‭ ‬buena educación,…‭ (‬civilidad,‭ ‬en definitiva‭)‬,‭ ‬el Policía de Sí Mismo‭ ‬posdemocrático es ya una realidad‭ ‬—ha tomado cuerpo,‭ ‬se ha encarnado.‭ ‬Recuerdo con horror aquellos nórdicos que,‭ ‬en la fantasmagórica ciudad del Círculo Polar llamada‭ ‬Alta,‭ ‬no cruzaban las calles hasta que el semáforo,‭ ‬apiadándose de su absurda espera‭ (‬apenas pasaban coches en todo el día‭)‬,‭ ‬les daba avergonzado la orden.‭ ‬Y que pagaban por todo,‭ ‬religiosamente,‭ ‬maquínicamente‭ (‬por los periódicos,‭ ‬las bebidas,‭ ‬los artículos que,‭ ‬con su precio indicado,‭ ‬aparecían por aquí y por allá sin nadie a su cargo,‭ ‬sin mecanismos de bloqueo que los resguardaran del hurto‭)‬,‭ ‬aun cuando tan sencillo era,‭ ‬yo lo comprobé,‭ ‬llevarse las cosas por las buenas…‭ ‬Para un hombre que ha robado tanto como yo,‭ ‬y que siempre ha considerado la desobediencia como‭ ‬la única moral,‭ ‬aquellas imágenes,‭ ‬estampas de pesadilla,‭ ‬auguraban ya‭ ‬la extinción del corazón humano‭ ‬—será solo‭ ‬un hueco lo que simulará latir bajo el pecho de los hombres demofascistas…‭”‬.

2.2.2.‭ ‬Bienestarismo del Estado Social de Derecho

Para la segunda vertiente de la domesticación de la protesta,‭ ‬ha sido fundamental el ascenso y la consolidación de la ideología y de las prácticas bienestaristas,‭ ‬ligadas al Estado Social de Derecho.‭ ‬El Estado del Bienestar es el referente final de todas las luchas contemporáneas,‭ ‬que‭ ‬mueren en la simple demanda de servicios públicos‭ «‬de calidad y gratuitos‭»‬.‭ ‬Para atender tales solicitudes,‭ ‬toda una‭ «‬burocracia del bienestar social‭» ‬convirtió las‭ ‬necesidades originarias‭ (‬salud,‭ ‬saber,‭ ‬tranquilidad,‭ ‬seguridad,‭ ‬opinión,‭ ‬movilidad,‭ ‬vivienda,‭ ‬vestido,‭ ‬alimentación,‭ ‬labor‭ ‬…‭) ‬en‭ ‬necesidades postuladas,‭ ‬inductoras de un consumo indefinido.‭ ‬Paralelamente,‭ ‬las‭ ‬libertades fueron sacrificadas en nombre de respectivos‭ ‬derechos,‭ ‬prerrogativas que siempre ocultaban obligaciones:‭ ‬derecho a la salud,‭ ‬a la educación,‭ ‬a la seguridad,‭ ‬a la información,‭ ‬al transporte público,‭ ‬a la vivienda,‭ ‬al trabajo…
De la mano de las burocracias del bienestar social y de los nuevos‭ “‬profesionales sociales‭”‬,‭ ‬el objeto de la protesta ya ha sido definido de antemano.‭ ‬Asesorados por‭ “‬pedagogos‭”‬,‭ ‬han terminado estableciendo,‭ ‬de una vez y para siempre,‭ ‬todo el campo de la reclamación.

2.2.2.1.‭ ‬De la‭ “‬necesidad‭” ‬a las‭ “‬pseudo-necesidades‭”

Antes del advenimiento de la sociedad industrial,‭ ‬pudieron darse mundos en los que reinaban las‭ “‬necesidades originarias‭”‬.‭ ‬En ellos,‭ ‬la‭ “‬carencia‭” ‬y cierta precariedad existencial eran menos un problema que un estímulo.‭ ‬De una tal‭ “‬dulce pobreza‭”‬,‭ ‬de semejante‭ “‬humilde bienestar‭” (‬F.‭ ‬Hölderlin‭)‬,‭ ‬brotaban‭ “‬deseos‭”‬,‭ ‬que conducían a la‭ ‬libre satisfacción trans-individual o comunitaria de las necesidades naturales.‭ ‬En esos mundos,‭ ‬a veces agrícolas,‭ ‬a veces pastoriles,‭ ‬en ocasiones nómadas,‭ ‬masivamente indígenas,‭ ‬la‭ “‬ayuda mutua‭”‬,‭ ‬los‭ “‬contratos diádicos‭” (‬G.‭ ‬Foster‭)‬,‭ ‬el‭ “‬don recíproco‭” (‬M.‭ ‬Mauss‭)‬,‭ ‬señalando la vigencia de la comunidad y de los seres particulares autónomos‭ ‬—capaces estos y aquella de la auto-organización y hasta de la auto-gestión‭—‬; todos esos hábitos de apoyo y de solidaridad colectiva,‭ ‬decíamos,‭ ‬no dejaban lugar para el Estado,‭ ‬lo descartaban prácticamente.‭ ‬Así como la democracia liberal no había acabado aún con prácticas demoslógicas tradicionales,‭ ‬con una gestión directa,‭ ‬horizontal y asamblearia de los asuntos públicos,‭ ‬el Poder Judicial estaba excluido radicalmente debido a la vigencia de un‭ “‬derecho consuetudinario oral‭” ‬vivificado cada día a través de las mil maneras concretas de‭ “‬hacer las paces‭” ‬entre hermanos.‭ ‬En este universo,‭ ‬la propiedad privada se desconocía o desempeñaba una función muy secundaria‭; ‬y la fractura social no era más que un muy ilustre ausente…
Pero esos mundos ya no se reconocen en los nuestros.‭ ‬En las tan‭ “‬civilizadas‭” ‬sociedades industriales,‭ ‬tecnológico-capitalistas,‭ ‬son las‭ ‬necesidades postuladas las que reinan.‭ ‬Estas llamadas‭ “‬sociedades de la abundancia‭” ‬o‭ “‬de la opulencia‭”‬,‭ ‬con el‭ “‬sucio disfrute‭” ‬y el‭ “‬lamentable bienestar‭” (‬F.‭ ‬Nietzsche‭) ‬que las caracteriza,‭ ‬sustituyeron los‭ “‬deseos‭” ‬por‭ “‬reclamos‭”‬,‭ ‬satisfechos siempre por el Estado y por las‭ “‬profesiones tiránicas‭” ‬que lo respaldan.‭ ‬Lo que se‭ “‬exige‭”‬,‭ ‬lo que se‭ “‬demanda‭”‬,‭ ‬ya no es una‭ “‬necesidad originaria‭” ‬o‭ “‬natural‭”‬,‭ ‬sino una‭ “‬pseudo-necesidad‭”‬,‭ ‬ideológicamente gestada‭ (‬J.‭ ‬Baudrillard‭)‬,‭ ‬al servicio de una lógica productivista-consumista y bajo una forma de racionalidad estrictamente burocrática.‭ ‬Y tenemos,‭ ‬entonces,‭ ‬un consumo inducido y maximizado de‭ “‬elaborados institucionales‭”‬,‭ ‬de productos y servicios que polarizan socialmente,‭ ‬en sí mismos ecodestructores,‭ “‬inhabilitantes‭” ‬y‭ “‬paralizantes‭” ‬de la población‭ (‬consumo sin fin reanudado que genera,‭ ‬en términos de I.‭ ‬Illich,‭ ‬autor que estamos siguiendo,‭ ‬una casi irreversible‭ “‬toxicomanía‭” ‬o‭ “‬dependencia‭” ‬de la protección estatal‭)‬.‭ ‬Culminada la aniquilación de la comunidad,‭ ‬de los vínculos primarios,‭ ‬de la fraternidad genuina y del apoyo mutuo solidario,‭ ‬como denunciaron J.‭ ‬Ellul y L.‭ ‬Mundford,‭ ‬se entroniza definitivamente,‭ ‬en lo real-social,‭ ‬al‭ “‬individuo‭”‬,‭ ‬necesariamente heterónomo,‭ ‬psicológicamente impotente,‭ ‬incapaz de organizar su vida o de inventar un futuro al margen de los servicios,‭ ‬la tutela y el patronazgo del Estado.‭ ‬Este‭ “‬individuo‭”‬,‭ ‬excrecencia final del Occidente capitalista,‭ ‬preeminente a nivel sociológico,‭ ‬epistémico,‭ ‬ontológico y axiológico,‭ ‬afianzado en la propiedad privada y sujeto a los códigos de la Jurisprudencia,‭ ‬perfectamente alfabetizado y convenientemente escolarizado,‭ ‬se contentará con una‭ “‬democracia representativa‭” ‬resuelta como gobierno de los expertos,‭ ‬tecnócratas y profesionales que gestionan las‭ “‬necesidades postuladas‭”‬…
Continuando con I.‭ ‬Illich,‭ ‬cabe establecer estas manifestaciones del tránsito entre esos dos mundos,‭ ‬el de las‭ “‬necesidades originarias‭” ‬y el de las‭ “‬pseudo-necesidades‭” ‬ideológicas y reproductivas:‭ ‬donde se necesitaba‭ ‬salud,‭ ‬se acabó reclamando médicos y hospitales‭; ‬donde se deseaba‭ ‬saber,‭ ‬se terminó pidiendo profesores y escuelas‭; ‬donde‭ ‬cuidado de la comunidad,‭ ‬trabajadores sociales y oficinas‭; ‬donde‭ ‬tranquilidad,‭ ‬policías y cárceles‭; ‬donde‭ ‬seguridad,‭ ‬ejércitos y cuarteles‭; ‬donde‭ ‬opinión,‭ ‬periodistas y agencias‭; ‬donde‭ ‬movilidad,‭ ‬transporte público‭; ‬donde‭ ‬vivienda,‭ ‬constructores,‭ ‬inmobiliarias y unidades habitacionales‭; ‬donde‭ ‬vestido,‭ ‬agentes de la industria textil y de la moda,‭ ‬marcas y ropas diseñadas‭; ‬donde‭ ‬alimentación,‭ ‬industria alimentaria y tráfico de víveres‭; ‬donde‭ ‬labor,‭ ‬empleo…‭

2.2.2.2.‭ ‬De las‭ “‬libertades‭” ‬a los‭ “‬derechos‭”

Cada‭ “‬derecho‭” (‬estipulado,‭ ‬sancionado por la Administración‭) ‬recorta una‭ “‬libertad‭”; ‬y,‭ ‬así como las‭ “‬libertades‭” ‬llevaban a prescindir del Estado,‭ ‬los‭ “‬derechos‭” ‬lo refuerzan.‭
La libertad de gestionar el propio bienestar físico y psíquico,‭ ‬confiando para las crisis y dolencias mayores en los saberes curativos comunitarios,‭ ‬tradicionales,‭ ‬ha cedido ante un‭ “‬derecho a la salud‭” ‬resuelto como obligación de consentir la medicalización integral del cuerpo,‭ ‬con su dimensión bio-política y su apelación al consumo‭ (‬de fármacos,‭ ‬análisis,‭ ‬tratamientos,‭ ‬servicios hospitalarios…‭)‬.
La libertad de aprender sin encierro y sin profesores,‭ ‬tal y como se respira,‭ ‬murió en el‭ “‬derecho a la educación‭”‬,‭ ‬vale decir,‭ ‬en la obligación de propiciar el enclaustramiento intermitente de los menores y el monopolio educativo de los docentes.‭ ‬Obligación,‭ ‬también,‭ ‬de‭ “‬comprar‭” ‬libros,‭ ‬currículum,‭ ‬material escolar,‭ ‬clases…
La libertad de defenderse uno por sí mismo y de contribuir en la medida de lo posible a la tranquilidad de la comunidad fue cancelada por el‭ “‬derecho a la seguridad personal‭”‬,‭ ‬que se traduce en obligación de someterse a la vigilancia policial y militar.‭ ‬Y entonces nos‭ “‬venden‭” ‬gendarmes,‭ ‬uniformes,‭ ‬cámaras,‭ ‬porras,‭ ‬balas,‭ ‬pistolas,‭ ‬centros penitenciarios…
La libertad de forjarse la propia opinión,‭ ‬individualmente o en grupo,‭ ‬sucumbió ante el‭ “‬derecho a la información‭”‬,‭ ‬devenido obligación de abrazar la‭ “‬doxa‭” ‬escolar,‭ ‬universitaria,‭ ‬mediática.‭ ‬Para ello,‭ ‬adquirimos periódicos,‭ ‬revistas,‭ ‬espacios televisivos,‭ ‬horas de conexión a las redes…
La libertad de construir el propio habitáculo,‭ ‬con la ayuda de los compañeros,‭ ‬de forma‭ “‬orgánica‭”‬,‭ ‬sin pagar a nadie por ello,‭ ‬pereció ante el‭ “‬derecho a una vida digna‭”‬,‭ ‬que incluía el disfrute de una vivienda‭ “‬formal‭”‬,‭ ‬y que abocaba a la obligación de residir en una‭ “‬unidad habitacional‭” ‬estandarizada,‭ ‬acabada de una vez,‭ ‬edificada por técnicos separados y accesible solo a traves del mercado.‭ ‬Y pagamos por el proyecto,‭ ‬por los planos,‭ ‬por las autorizaciones y permisos,‭ ‬por la mano de obra,‭ ‬por los materiales…
La libertad de desplazarse por uno mismo,‭ ‬con la fuerza motriz del cuerpo‭ (‬a pie o en bicicleta‭)‬,‭ ‬fue sofocada por el‭ “‬derecho al transporte público‭”‬,‭ ‬esa obligación de dejarte mover,‭ ‬llevar,‭ ‬conducir.‭ ‬De algún modo,‭ ‬al adquirir el billete,‭ “‬compramos‭” ‬el abandono y anquilosamiento de nuestro ser físico…
La libertad de ocupar el propio tiempo en la producción de bienes de uso no mercantilizables,‭ ‬para uno y para la comunidad,‭ ‬de forma creativa,‭ ‬no-reglada,‭ ‬autónoma,‭ ‬da paso al‭ “‬derecho al trabajo‭” ‬como obligación de dejarse explotar para subsistir y consumir,‭ ‬creando bienes de cambio para el mercado,‭ ‬de manera alienada,‭ ‬disciplinada,‭ ‬heterónoma.‭

2.2.2.3.‭ ‬Función pública‭ “‬inhabilitante‭”
Para I.‭ ‬Illich,‭ ‬a partir de este doble proceso se hace evidente el carácter‭ “‬inhabilitante‭” ‬de la función pública:‭ ‬la provisión estatal de servicios y prestaciones,‭ ‬acentuada con el Estado Social de Derecho,‭ ‬o Estado del Bienestar,‭ ‬desposee al sujeto y a la comunidad de capacidades y facultades que antes ostentaban y los convierte en‭ “‬dependientes‭” ‬de esa garantía y de esa protección.‭ ‬Genera en el individuo‭ “‬impotencia física y psicológica‭”‬,‭ “‬desvalimiento existencial‭”‬,‭ ‬arrojándolo sin remedio a una forma laica de fundamentalismo:‭ ‬el fundamentalismo estatal.
Disuelta la comunidad e inhabilitado el individuo,‭ ‬no queda más referente que el Estado.‭ ‬En la medida en que,‭ ‬como señalan las tradiciones marxistas y libertarias,‭ ‬la organización estatal tiene por objeto reproducir la dominación de clase y salvaguardar los intereses de las oligarquías,‭ ‬de las burguesías hegemónicas,‭ ‬un Estado amplio,‭ ‬sólido y expandido,‭ ‬un Estado del Bienestar,‭ ‬se convierte precisamente en la Utopía del Capital,‭ ‬pues es la modalidad de administración que mejor lima los descontentos e integra a las oposiciones.‭
A las‭ “‬burocracias del bienestar social‭” (‬estatales o para-estatales,‭ ‬pero siempre reglamentadas institucionalmente‭)‬,‭ ‬a los médicos y enfermeros,‭ ‬profesores y maestros,‭ ‬jueces y abogados,‭ ‬periodistas,‭ ‬ingenieros,‭ ‬comisarios,‭ ‬políticos,‭ ‬científicos e investigadores sociales,…,‭ ‬a todos estos‭ “‬profesionales despóticos‭” ‬corresponde fijar nuestras‭ “‬necesidades‭” ‬y determinar los modos de su satisfacción,‭ ‬estableciendo de paso las vías de una obediencia y un consumo que nos arrojan,‭ ‬desnudos y desarmados,‭ ‬a las playas del Estado del Bienestar.‭ ‬Son estas las fuerzas que prefiguras nuestros‭ “‬derechos‭”‬,‭ ‬afectadas muy a menudo por el ya referido‭ “‬Síndrome de Viridiana‭”‬.‭ ‬Son estos los agentes concretos,‭ ‬encarnados,‭ ‬de la inhabilitación de la población…

Paz en las instituciones y delimitación asumida del horizonte de la reivindicación:‭ ‬he aquí las dos dimensiones de la domesticación de la protesta,‭ ‬que salda la disolución de la comunidad y el fin de la autonomía de los individuos.‭ ‬El‭ “‬policía de sí mismo‭” ‬es también un‭ “‬toxicómano de la protección estatal‭”‬:‭ ‬con una vida perfectamente sistematizada,‭ ‬demanda lo que la Administración ha determinado que debe demandar.

2.2.3.‭ ‬Ritualización y esclerosis de la lucha clásica

2.2.3.1.‭ ‬Metodologías asimiladas

Convertido el deseo social en‭ “‬reclamo‭” ‬al Estado,‭ ‬la lucha se domestica desde el punto de vista de sus objetivos.‭ ‬Pero también ha quedado‭ “‬domada‭” ‬atendiendo a sus vehículos,‭ ‬a sus herramientas,‭ ‬a sus procedimientos,‭ ‬que no han podido sobrellevar sin merma la‭ “‬erosión‭” ‬del devenir.‭ ‬Dependientes de una forma de racionalidad política ya anacrónica,‭ “‬fosilizada‭”‬,‭ ‬las instancias de la protesta política‭ (‬partidos,‭ ‬sindicatos,‭ ‬huelgas legales,‭ ‬manifestaciones autorizadas,‭ ‬marchas y concentraciones,…‭) ‬han perdido por completo sus filos críticos:‭ ‬en ellas ya no habita el menor‭ “‬peligro‭”‬,‭ ‬de cara a la reproducción del sistema capitalista.‭ ‬No han sido inmunes a aquella‭ “‬temporalidad de los conceptos críticos‭” ‬subrayada por Marx:‭ ‬todas las formas de lucha son‭ “‬contingentes‭”‬,‭ “‬tempestivas‭”‬,‭ ‬válidas solo para un período‭; ‬y,‭ ‬si se prorrogan,‭ ‬si se eternizan,‭ ‬se convierten en‭ “‬ideologías‭”‬,‭ ‬en mordazas para la praxis.‭ ‬En opinión de K.‭ ‬Korsch,‭ ‬eso era lo que le había sucedido al marxismo en su conjunto:‭ ‬devenir en ideología al haberse transformado el horizonte histórico que lo forjó y dentro del cual podía presentarse como un‭ “‬discurso de verdad‭”‬,‭ ‬un discurso crítico.
Ritualizada y esclerotizada,‭ ‬la protesta no alcanza otro‭ “‬éxito‭” ‬que la obtención de aquello que la Administración deseaba implantar‭ (‬incrementos salariales para que el alza de los precios no reduzca los niveles deseables de consumo,‭ “‬derechos‭” ‬que ahogan libertades,‭ ‬privilegios corporativos para atomizar la sociedad y reducir el tratamiento de la conflictividad a un balanceo estratégico entre los intereses particulares de los distintos‭ “‬grupos de presión‭”‬,‭ ‬incluidos los sindicatos,…‭) ‬y,‭ ‬por defecto,‭ ‬una especie de embriaguez de sí misma en virtud de su envergadura,‭ ‬de sus dimensiones,‭ ‬del seguimiento de la convocatoria.‭
Pero este narcisismo de la protesta ritualizada no tiene más efecto que legitimar a las organizaciones convocantes y narcotizar por un tiempo a los‭ “‬movilizados‭”‬.‭ ‬Partidos,‭ ‬sindicatos,‭ ‬asociaciones,‭ ‬colectivos…‭ “‬miden‭” ‬su fuerza,‭ ‬su‭ “‬cotización‭” ‬como grupos de presión,‭ ‬a traves de tales eventos.‭ ‬Y,‭ ‬por otro lado,‭ ‬la asistencia a las convocatorias,‭ ‬no muy distinta ya de la tradicional‭ “‬asistencia a misa‭”‬,‭ ‬sirve para lavar la consciencia de una población casi absolutamente integrada,‭ ‬adaptada,‭ ‬sistematizada:‭ “‬se me perdonará mi oficio mercenario y mi estilo burgués de vida porque proclamo‭ “‬creer‭” ‬en la Utopía‭ ‬y porque asisto a todas las convocatorias del progresismo político‭”‬…
Ritual y esclerotizada,‭ ‬la protesta contemporánea es,‭ ‬también,‭ ‬irrelevante.‭ ‬Tras las marchas,‭ ‬después de las concentraciones o los encierros,‭ ‬finalizadas las huelgas,‭ ‬todo sigue igual…‭ ‬Y sobran,‭ ‬al respecto,‭ ‬los ejemplos:‭ ‬el‭ ‬15-M en España,‭ ‬con aquella flores para la policía,‭ ‬el acuerdo con los negocios de la zona,‭ ‬las‭ “‬buenas conductas‭” ‬generales,‭ ‬las plazas llenas de gente,‭ ‬miles y miles de participantes en las asambleas,‭ ‬reportajes para los medios de todo el mundo…,‭ ‬y,‭ ‬a los pocos días,‭ ‬triunfo por mayoría absoluta del Partido Popular,‭ ‬conservador‭; ‬y lo que le rentó en votos al‭ “‬macrismo‭” ‬argentino asesinar a Santiago Maldonado,‭ ‬a pesar de las marchas y las concentraciones…

2.2.3.2.‭ ‬Deconstrucción

Frente a este horizonte de la lucha esterilizada,‭ ‬determinado por la crisis de la racionalidad política clásica,‭ ‬cabe proponer un cambio de perspectiva.‭ ‬Aplicando una metodología puramente‭ “‬deconstructiva‭”‬,‭ ‬se trataría de operar estratégicamente en el viejo tejido de la Razón política,‭ ‬ya que,‭ ‬enquistado el capitalismo,‭ ‬sin modificación sustantiva de la economía y de la sociedad,‭ ‬todavía no es históricamente practicable la invención repentina de un paradigma absolutamente distinto y el tránsito brutal de lo establecido a lo ideado.‭ ‬Este trabajo negativo,‭ ‬desplegado en el propio tejido de lo rechazado,‭ ‬de lo hegemónico,‭ ‬aspiraría a producir desgarros,‭ ‬a desbaratar costuras,‭ ‬a des-componer el conjunto mediante la alteración de las relaciones entre sus partes‭ (‬J.‭ ‬Derrida‭)‬.‭ ‬Tomaría los conceptos dados,‭ ‬caducos y vigentes al mismo tiempo,‭ ‬y los opondría entre sí,‭ ‬resignificándolos circunstancialmente.‭ ‬Pondría en circulación nuevas palabras,‭ ‬nuevos términos,‭ ‬insertándolos,‭ ‬como un apósito desestructurador,‭ ‬en aquel tejido de la racionalidad dominante.‭ ‬Crearía segmentos de teoría disidente para mezclarlos,‭ ‬como un veneno,‭ ‬en el cuerpo de los pensamientos canónicos.‭ ‬Hablaría,‭ ‬pues,‭ ‬el lenguaje de la política instituida,‭ ‬pero con un acento tan extraño y contaminando el relato con vocablos y metáforas tan disonantes,‭ ‬que casi pareciera salirse ya de esa arena y levantar sus tiendas en los parajes de la anti-política.
Fiel a esa consigna,‭ ‬y para el asunto de la lucha política,‭ ‬este escrito,‭ ‬denunciando la inoperancia de las formas dadas de reivindicación,‭ ‬quiere hablar de‭ “‬antipedagogía‭”‬,‭ ‬de‭ “‬desistematización‭”‬,‭ ‬de‭ “‬auto-construcción ética y estética‭”‬,‭ ‬de bio-poética del antagonismo y hasta de anti-política.‭ ‬También en la línea de la llamada‭ “‬estrategia general de la deconstrucción‭”‬,‭ ‬pretende revisar y remover la teoría que se ha hecho cargo en la modernidad del problema del Estado,‭ ‬ese obstaculizador de toda protesta social no meramente reformista,‭ ‬ese enemigo de la voluntad de transgresión y de resistencia.‭ ‬Hablara,‭ ‬así,‭ ‬de la‭ “‬función canibal‭” ‬de toda Administración,‭ ‬colocando el etnocidio en primer término e ilustrando las ideas con ejemplos provenientes de la historia de Argentina,‭ ‬país en el que nace esta obra.‭ ‬Pero eso será en el tercer capítulo…‭ ‬Ahora pretendemos hablar del anarquismo y de los anarquistas‭; ‬y del modo en que cabe ubicar la resistencia ácrata en este contexto de la protesta domesticada.
[…]

[Hemos seleccionado estos parágrafos para presentar “La doma de la protesta y el anarquismo existencial”, ensayo que, junto a “La Escuela y su otro”, “Administración y etnocidio” y “En defensa de la razón lúdica”, compone la obra en la que estamos trabajando. Se subtitulará “Escuela, Protesta y Estado”. Sin bien se halla aún en su fase de taller, decidimos compartir, uno a uno, los borradores de los cuatro ensayos que la componen. Ya ofrecimos los PDF de “Administración y etnocidio” y “La Escuela y su otro”. Ahora difundimos “La doma de la protesta y el anarquismo existencial”. Queda pendiente el cuarto y último ensayo]

Para acceder al PDF del texto completo:

La doma de la protesta y el anarquismo existencial

https://wp.me/a31gHO-ld

 

 

Pedor García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 20 de noviembre de 2018

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ADMINISTRACIÓN Y ETNOCIDIO

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Para contribuir a la actualización de la teoría crítica del Estado

En el contexto de la cancelación de lo social como esfera de la insubordinación empírica, y bajo la lógica contemporánea de la reconciliación de clases y de la admisión explícita del sistema capitalista por unas poblaciones que parecieran ya no sufrirlo, la dimensión etnocida de todo aparato de Estado debería considerarse en primer lugar. El “etnocidio”, en tanto exterminio de la diferencia, ya no es un rasgo “derivado” o “circunstancial”, un aspecto “secundario” o “accidental”, un mero “reflejo” de lo social o el fruto de una “mediación” entre las estructuras; al contrario, se instala en la sala de máquinas de toda Administración, en el “en sí” de cualquier Estado, desempeñando el rol más determinante.

Pretendemos “actualizar” (revisar, extender, ampliar) la teoría crítica del Estado, incorporando aspectos que a menudo pasan desapercibidos y que tienen que ver con la “sistematización administrativa de la existencia”, la bio-política como ámbito del poder que opera por debajo de cualquier régimen o modalidad de gobierno y el etnocidio en tanto factor constituyente de todo Estado, aunque se predique “pluri-nacional”, “multi-cultural” o “federal”.

Porque, al lado del canibalismo “social” que acompañó a la génesis del Estado y que tanto remarcó la tradición marxista, ha correspondido históricamente a las “burocracias del bienestar social” devorar a la comunidad y al individuo mismo como instancias de auto-organización real, de autonomía efectiva. Y este segundo canibalismo se ha adherido desde el principio a aquel despliegue del poder y de las resistencias, de las dominaciones y de los forcejeos, que denominamos “biopolítica” y que actúa lo mismo bajo un Estado Social amplio que bajo un Estado Mínimo Neoliberal. Por último, esta canibalística dispersa, biopolítica, no elaborada desde factorías gubernamentales concretas, si bien polarizada y “coordinada” por la Administración, y aquellos canibalismos institucionales y sociales, que aniquilan la autosuficiencia comunitaria y la autogestión personal, no deben hacernos olvidar que hay, en el origen y en el desenvolvimiento de toda forma de Estado, un principio genocida, etnocida, una propensión invariable a la eliminación “étnica”, en la doble acepción (física y cultural) del término.

Procuraremos, pues, pensar el Estado a la luz de la coetánea domesticación de la protesta y de los procesos irrefrenables de disolución de la Diferencia en Diversidad. Atenderemos, en consecuencia, reordenándolas, trastocando la jerarquía instituida entre ellas por la economía política y la reducción productivista, a las cuatro dimensiones que definen la práctica eco-socio-etno-devoradora, amplificadamente destructiva, de la organización estatal: Estado y dominación social, al hilo de las tradiciones marxistas y anarquistas clásicas; toxicidad de la protección estatal y de los bienestares administrados, de la mano de I. Illich y otros; biopolítica sub-estatal, recalando particularmente en el último Foucault; y, lo último pero no lo menos importante, como si diéramos nuevos alcances a la denuncia de R. Jaulin, etnocidio constituyente.

Trataremos, en fin, del Estado, desde el punto de vista de la sociología y la filosofía política; y repararemos en Argentina, su historia, sus modos de gobernabilidad, sus lógicas sociales, solo a manera de “ilustración”, como banco de datos o suministro de pruebas.

El aliento de este escrito, que compartimos ya en PDF si bien merecerá todavía una segunda redacción, por lo que cabe valorarlo como un borrador, es doble: nace de la antipedagogía y respira desistematización. Constituye el tercer y último capítulo del ensayo que llevamos entre manos desde hace un año, y que se subtitulará “Escuela, Protesta y Estado”.

[En cierto sentido, “Escuela, Protesta y Estado” retoma y concita las perspectivas que se reunieron en mi anterior obra, Me enseñó a ser árbol. Composiciones intempestivas…, dándoles nueva forma y desarrollándolas. Propicia así un salto o una extensión en mi línea de investigación y de crítica, que se vio relanzada o excitada por tres solicitudes a las que accedí desde que llegué a Buenos Aires: una colaboración sobre la Escuela a la luz de las modalidades educativas no-administradas y no-occidentales, una conferencia en torno al sentido del “anarquismo existencial” en los tiempos de la protesta domesticada y una charla, finalmente suspendida, a propósito de la dimensión etnocida de la Argentina contemporánea y, en general, de toda forma de Estado. En las próximas semanas concluiremos la publicación de ese estudio, que hoy iniciamos difundiendo su tercer apartado]

Administración y etnocidio

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PDF de Administración y etnocidio. Para contribuir a la actualización de la teoría crítica del Estado:

Administración y etnocidio

Pedro García Olivo
Buenos Aires, 1 de noviembre de 2018
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

TIENE UNA MANO QUE ES INVISIBLE Y QUE MATA. La Escuela Que Viene: Pedagogías Blancas Demofascista

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La Pedagogía es la disciplina que‭ ‬suministra‭ ‬al‭ ‬docente‭ ‬la‭ ‬dosis‭ ‬de‭ ‬autoengaño,‭ ‬o‭ “‬mentira vital‭”‬, imprescindible para atenuar su mala conciencia de agresor.‭ ‬Narcotizado por un saber justificativo,‭ ‬podrá violentar todos los días a los niños,‭ ‬arbitrario en su poder,‭ ‬sufriendo menos… Los oficios viles esconden la infamia de su origen y de su función con una‭ “‬ideología laboral‭” ‬que sirve de disfraz y de anestésico a los profesionales.‭ “‬Estos disfraces no son supuestos.‭ ‬Crecen en las gentes a medida que viven,‭ ‬así como crece la piel,‭ ‬y sobre la piel el vello.‭ ‬Hay máscaras para los comerciantes así como para los profesores‭”‬ (F. Nietzsche‭)‬.

Como‭ “‬artificio para domar‭” (F. ‬Ferrer Guardia‭)‬,‭ ‬la pedagogía se encarga también de‭ ‬readaptar el dispositivo escolar a las sucesivas necesidades de la máquina económica y política,‭ ‬en las distintas fases de la conformación histórica del Capitalismo.‭ ‬Podrá así perseverar en su objetivo explícito‭ (“‬una reforma planetaria de las‭ ‬mentalidades‭”‬,‭ ‬en palabras de E.‭ ‬Morin,‭ ‬suscritas y difundidas sin escatimar medios por la UNESCO‭)‬,‭ ‬modelando la subjetividad de la población según las exigencias temporales del aparato productivo y de la organización estatal.‭

A grandes rasgos,‭ ‬ha generado tres modalidades de intervención sobre la psicología de los jóvenes:‭ ‬la pedagogía‭ ‬negra,‭ ‬inmediatamente autoritaria,‭ ‬al gusto de los despotismos arcaicos,‭ ‬que instrumentaliza el castigo y se desenvuelve bajo el miedo de los escolares,‭ ‬hoy casi enterrada‭; ‬la pedagogía‭ ‬gris,‭ ‬preferida del progresismo liberal,‭ ‬en la que el profesorado demócrata,‭ ‬jugando la carta de la simpatía y del alumnismo,‭ ‬persuade al estudiante-amigo de la necesidad de aceptar una subalternidad pasajera,‭ ‬una subordinación transitoria,‭ ‬para el logro de sus propios objetivos sociolaborales‭; ‬y la pedagogía‭ ‬blanca,‭ ‬en la vanguardia del Reformismo Pedagógico contemporáneo,‭ ‬invisibilizadora de la coerción docente,‭ ‬que confiere el mayor protagonismo a los estudiantes,‭ ‬incluso cuotas engañosas de poder,‭ ‬simulando espacios educativos‭ “‬libres‭”‬.‭

La forma de Escuela que se globaliza en nuestros días, fragua del “policía de sí mismo” en tanto figura de la Subjetividad Única, responsable de la aniquilación de la otredad educativa, aparece como el punto de desenlace del reformismo pedagógico moderno. La hemos denominado demofascista, y ello nos lleva a plantear la relación entre Fascismo y Democracia…

1. Fascismo y democracia

La historia de las ideas ha conocido tres formas de definir el Fascismo desde la arena de la Democracia. Son estas:

1) La historiografía liberal (ejemplificada por W. J. Momsen) sostuvo que el Fascismo era lo contrario de la Democracia, una especie de aberración enterrada en el pasado y que respondió a causas muy concretas, casi «endémicas», conjugadas en Alemania e Italia de un modo meramente coyuntural. Se sobrevaloraba el papel de los líderes (Hitler, Mussolini) y se sugería que el monstruo habitaba fuera de la casa demoliberal, que bastaba con consolidar el Estado de Derecho para mantenerlo a raya.
2) Desde la sociología y la politología marxistas (N. Poulantzas, entre otros) se alegó que Fascismo y Democracia eran dos cartas que la oligarquía, la clase dominante, podía poner encima de la mesa, una u otra, según le conviniera. En tiempos de bonanza, se prefiere la carta democrática, a través de la cual se embauca mejor a la población; en tiempos de crisis (penuria, conflictividad social, luchas obreras,…), se recurre a la carta fascista. Se recordaba, contra la tesis liberal, que Hitler alcanzó el poder por vía democrática. Trabajos de sociología empírica, obras posteriores como la de D. Goldhagen (Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto) o Ch. Browning (Gentes de lo más normal), revelaron la participación de personas de todas las edades, todos los oficios, todas las clases sociales… en la persecución de los judíos, muy a menudo sin ser nazis, ni funcionarios, sin alegar “obediencia debida”… «Buenas personas», «gentes normales», que destruyeron, torturaron y mataron voluntariamente… No fueron alienadas o manipuladas por la administración fascista: quisieron el fascismo, lo amaron; respaldaron y aplaudieron a Hitler porque de algún modo expresaba sus sentimientos. En la misma línea se expresaron H. Arendt y P. Levi, en dos obras inquietantes (Eichmann en Jerusalen, Los salvados y los hundidos).

3) En medios filosóficos y literarios se ha fraguado una tercera interpretación, que suscribimos: el Fascismo, si bien de nuevo cuño, es el destino de la Democracia. Auschwitz es la verdad, el “telos”, de nuestros regímenes democráticos. La democracia liberal desemboca en una forma actualizada de despotismo: el demofascismo. Desde la Teoría Francesa (M. Foucault, G. Deleuze,…) y la Escuela de Frankfürt (T. W. Adorno, W. Benjamin) se han aportado argumentos para fundamentar este diagnóstico: liberalismo, fascismo y estalinismo parten de un mismo fondo filosófico, conceptual, epistemológico (concepto «cósico» de la Verdad, Minoría Esclarecida encargada de rescatarla, Labor de Misionerismo Social para llevar esa verdad a unas masas que se consumen en la ignorancia, fines sublimes que justifican cualquier medio, indiferencia ante el dolor empírico del individuo, Proyecto Eugenésico encaminado a la forja del Hombre Nuevo, “reificación” de la población, teleologismo explícito o implícito, etc.), y recurrieron de hecho a los mismo procedimientos (orden del discurso, escuelas, cárceles,…).

Hijos los tres de la Ilustración, liberalismo, fascismo y estalinismo remitían, en último término, al legado grecocristiano y podían reconocer en Platón una de sus fuentes mayores. En Por qué hay que estudiar el Poder, M. Foucault desbrozó las vías para esta desmitificación del liberalismo; y, en Contra la Razón destructiva, E. Subirats adelantaba el concepto de un “fascismo democrático”, que compartía rasgos decisivos con los fascismos históricos.

2. El demofascismo como avance desde lo antiguo: rasgos heredados e innovaciones.

El demofascismo comparte dos características con los fascismo históricos: expansionismo (¿no estamos ya en la III Guerra Mundial?) y docilidad de las poblaciones (ausencia de crítica interna, de oposición, de resistencia significativa).

Como en tiempos de Hitler o Mussolini, las potencias occidentales invaden países para apropiarse de sus fuentes de energía, materias primas y recursos estratégicos, o por motivos geo-estratégicos y político-ideológicos. Como ayer, la ciudadanía mira a otra parte, o mira de frente y aplaude las masacres…

Sin embargo, el fascismo democrático arroja rasgos propios, que lo distinguen del fascismo histórico, y que hallan un eco privilegiado en la escuela, en la forma de educación administrada que le corresponde:

1) Una clara preferencia por las formas simbólicas, lingüísticas, psicológicas… de dominación, en detrimento del recurso a la violencia física represiva. En algún sentido, el poder pretende invisibilizarse, y para ello se despliega un orden de la violencia simbólica, vinculado a lo que se ha llamado Aparatos Ideológicos del Estado (Medios de Comunicación, Partidos, Sindicatos, Escuelas,…) y ya no tanto a los Aparatos estrictamente Represivos (Fuerzas de Seguridad, Ejército).

2) Allí donde el poder no se puede ocultar, las figuras de autoridad se dulcifican (empresarios que facilitan la adquisición de una vivienda a sus empleados o les proporcionan viajes de vacaciones en condiciones ventajosas; funcionarios de prisiones con formación socio-psico-terapéutica, en sustitución del tradicional carcelero «sádico»; policías de proximidad, desviviéndose por ayudar en lo cotidiano a la población; profesores «alumnistas», reformistas, capaces de gestionan el aula desde la simpatía, ganándose el aprecio de sus víctimas,…).

3) Transferencia al oprimido de una parte de las prerrogativas del opresor, de modo que se haga factible la auto-coerción (trabajadores a los que se les regala acciones de la empresa, para que se sientan patronos de sí; “módulos de respeto” en las cárceles, de manera que los problemas de la convivencia se resuelvan a través de asambleas, tal en un ejercicio de auto-gestión, en ausencia del funcionario, actuando los presos como carceleros de sí mismos; “colaboración ciudadana” con la policía, erigiendo a la gente en vigilante y denunciante de sí misma; alumnos que ejercen de auto-profesores, incluyendo temas de su agrado en los currículos, dándose las clases, evaluándose a sí mismos, gestionando la experiencia democráticamente,…).

4) Disolución de la Diferencia (inquietante, peligrosa) en Diversidad inocua, de modo que lo Extraño, lo Ajeno, lo Otro se incorpora a lo Establecido mediante una supresión o corrección severa de sus caracteres idiosincrásicos, una preservación de sus índoles accesorias (superficiales o aparentes) y, como resultado, una homologación de fondo, estructural, tendente a un isomorfismo sustantivo.

3. La escuela del demofascismo

Una escuela que convierte al estudiante en auto-profesor, que le concede cuotas engañosas de poder (establecimiento del currículum, auto-calificación, asambleísmo, participación en la gestión de la institución,…), que cancela los procedimientos autoritarios clásicos, que invisibiliza la coerción de los docentes mediante dinámicas participativas, activas, democratizadoras, etc., es la que hallamos hoy en trance de globalización; escuela demofascista involucrada, por la vía del interculturalismo, en la aniquilación de la alteridad educativa y socio-cultural, mundializadora de aquel “policía de sí mismo” fraguado en Occidente hasta erigirlo en Subjetividad Única, forma planetaria de conciencia. “Catástrofe de advertencia que funciona como advertencia de la Catástrofe”, se ha dicho.

Para acercar este ensayo al ámbito de lo empírico, podemos ofrecer un retrato-robot del reformismo pedagógico contemporáneo, atendiendo a los cinco puntos que vertebran toda práctica educativa efectiva: asistencia, currículum, dinámica, evaluación y gestión.

1) Asistencia
Contemplamos una postulación no maximalista de la obligación de acudir a las clases, aunque, de un modo o de otro, deberá satisfacerse el requerimiento adminitrativo de un control de la asistencia.

En el límite, cabría acordar con los padres y las madres calendarios «recortados» y ausencias «excepcionales» (por razones etno-culturales, socio-económicas, residenciales…), trasladándoles en esas circunstancias la responsabilidad educativa y aprovechando los recursos didácticos de la telemática avanzada ‭—‬internet, videoconferencias, blogs escolares, etcétera.

Ante el profesor o ante «sus progenitores y la máquina», el niño ve su libertad secuestrada; y ha sido metódicamente separado de las restantes instancias educativas no-escolares: «calle», red no institucional, aprendizaje auto-motivado,…

2) Currículum
Se produce una reforma o sustitución de los temarios oficiales tradicionales, decididamente etnocéntricos, ideológicamente «retardatarios», para poder albergar, desde el punto de vista de una ciudadanía democrática universal, la pluralidad sociocultural de los intereses e inquietudes de los estudiantes.

Estos «nuevos» temarios podrán ser elaborados por los profesores (culturalmente diversos, en lo posible), o entre los profesores y los alumnos, o incorporando también las perspectivas de las familias y de diferentes actores locales o comunitarios. Destacarán por su mayor «sensibilidad social» y por su «compromiso intercultural», incrementando la carga de crítica y de denuncia. Enlazarán con las temáticas clásicas del pacifismo, del ecologismo y del feminismo; e incorporarán aspectos locales, regionales, étnicos… Presumirán de haberse dotado de un aparato conceptual «más científico», «actualizado», «más complejo», acaso «inter» o «trans» disciplinario…

Pero el nuevo temario no podrá ser ajeno al anhelo proselitista, a la vocación de adoctrinamiento difuso, que se afirma desde el área del «programa latente» («currículum oculto» o «pedagogía implícita»), como denunciara Illich. Por debajo, o más allá, de las revisiones y novedades en el ámbito del «programa patente» («currículum manifiesto» o «pedagogía explícita»), campo de los contenidos informativos, de los objetos de estudio y de los mensajes ostensibles, se registrarán siempre las mismas sugerencias de heteronomía moral, semejante trabajo de corrección del carácter, una idéntica asignación de roles, una análoga racionalización de los principios de autoridad, disciplina y jerarquía…

Por encima de toda prescriptiva curricular, además, se ha establecido un «Orden del Discurso» (M. Foucault) que trasciende de toda «policía inmediata de los enunciados», de todo «trabajo concreto de represión lingüística» (F. Guattari). Este Orden, en cierto sentido «metalingüístico», incluye la eficacia de todo un conjunto de procedimientos, ceremonias, lógicas sociales e institucionales, dispositivos, reglas tácitas de ubicación y movilización de los cuerpos, mecanismos para la administración de los gestos, etcétera, que garantizan la doma y el control no solo del discurso en sí, sino de los intercambios todos, de los organismos en pleno…

3. Dinámica
Se enfatiza el diseño de métodos y didácticas alternativos, tendentes a incrementar la participación de los alumnos, en el respeto de sus singularidades («clases abiertas» adaptadas a la heterogeneidad de los pefiles psicológicos y socio-culturales), aprovechando las nuevas tecnologías audiovisuales, digitales y telemáticas en general, e intensificando la interacción con el entorno eco-social (localidad, barrio, etnia, familia).

La nueva «ingeniería de los métodos alternativos» apuntará hacia el constructivismo pedagógico, la forja de «ambientes» en sí mismos educativos ‭—‬con sesiones «activas», «participativas»‭—‬ que realcen el protagonismo de los estudiantes, en el aprovechamiento intensivo de las tecnologías-punta de la información y de la comunicación, y ensayando una cierta «externalización» del proceso formativo (actividades extraescolares diversificadas, idea de «comunidad educativa», etc.).

Pero tales cambios en la dinámica devienen siempre como un «dictado de la Autoridad» (imposición «bienintencionada» del educador o del experto, al socaire del político o del legislador), en línea despótico-ilustrada. Bajo la figura de un especialista filantrópico, casi «paternal», siempre «alumnista», procurará encubrirse el autoritarismo subyacente a todo ejercicio escolar. Y siempre se perseguirá, con las nuevas didácticas, una aceptación del sistema escolar por parte de los alumnos: dinamizadas, amenizadas, ahuyentando el aburrimiento y la pasividad tradicionales, las clases pierden su aspecto inmediatamente coactivo, la desnudez de su arbitrariedad, con lo que la clausura se soporta mejor.

Sin embargo, todas las dinámicas «participativas» que cabe desplegar en la Escuela, todos los artefactos pedagógicos que el educador puede diseñar antes de esconderse tras las bambalinas de los métodos y «dar cuerda» a sus alumnos, parten de la asimetría de poder, de la jerarquía no-natural y de la exigencia de la obediencia. Se trata de un «activismo forzado», de una participación «bajo coacción», de una movilización «pesquisada».

4. Evaluación
Asistimos a una desvalorización del examen y de la nota, que, de todos modos, no exime de la obligación de «evaluar» o «medir los progresos en la formación». La determinación del sistema de calificación y de las calificaciones mismas no será ya incumbencia exclusiva del profesor, sino que implicará a los propios alumnos (tentándose, en ocasiones, la auto-calificación) y, en algunos proyectos, a otros agentes de la comunidad, como los progenitores, los servicios psicológicos o sociales, las autoridades locales, etc.

Impugnándose los modelos clásicos de examen (trascendentales, memorístico-repetitivos), que serán sustituidos por procedimientos menos «dramáticos», se alegará medir la adquisición y desarrollo de «habilidades», «destrezas», «facultades». «Pruebas», «ejercicios», «prácticas», «tests», «juegos», «evaluación continua», «observación diaria del trabajo», etcétera, simularán, pues, suplantar al «examen».

En segundo lugar, se promoverá la participación de los alumnos en la elección del tipo de prueba o procedimiento evaluador y en la fijación misma de las calificaciones (nota consensuada con el profesor, evaluación por el grupo, auto-calificación), al lado de otros actores -familiares, locales, étnicos…

Sin embargo, «desdramatizado» y hasta «democratizado», el fundamento material de la evaluación, reciba el nombre que reciba, no se ve nunca suprimido. La evaluación y la calificación siguen funcionando como el eje de la pedagogía, contribuyendo decididamente a la interiorización de la ideología dominannte: ideología del fiscalizador competente, del operador «científico» capacitado para juzgar «objetivamente» los resultados del aprendizaje y los progresos en la formación; ideología de la desigualdad y de la jerarquía «naturales» entre unos estudiantes y otros, entre estos y el profesor; ideología de los dones personales o de los talentos; ideología de la competencia, de la lucha por el «éxito» individual; ideología de la sumisión conveniente, de la violencia inevitable, de la normalidad del dolor; ideología de la simetría de oportunidades y de la ausencia de privilegios, etcétera.

A nivel psíquico, el examen (o la «prueba») actúa como corrector del carácter, como moldeador de la personalidad: habitúa, por ejemplo, a la aceptación de lo establecido/insufrible, a la perseveración torturante en la Norma. Por último, con su función selectiva y segregadora, tiende a fijar a cada uno en su posición social de partida, reproduciendo de ese modo la dominación de clase (Baudelot y Establet). Elemento de la perpetuación de la desigualdad social (Bourdieu y Passeron), destila además una suerte de «ideología profesional» (Althusser) que coadyuva a la legitimación de la Escuela y a la mitificación de la figura del Profesor.

5. Gestión
Se procura la subrepción del autoritarismo profesoral, en el sentido de una proclamada democratización de la enseñanza, involucrando a tal fin al alumnado en la gestión del aula y del Centro, y fomentando las dinámicas de reflexión y discusión «colectivas» de los asuntos escolares. En esta línea, se favorecerá tanto la auto-organización estudiantil como el empoderamiento de los distintos actores implicados, directa o indirectamente, en el proceso educativo (agentes locales, instancias comunitarias, familias, trabajadores no docentes…). A su vez, la institución educativa se reubicará como elemento de la dinamización político-democrática de la sociedad civil, en pos de la co-gestión comunitaria…

El favorecimiento de la participación de los alumnos en la gestión de los Centros (a través de «representantes» en los Claustros, Juntas, Consejos Escolares, etc.) y el fomento del asambleísmo y de la auto-organización estudiantil propenden un único fin: la «integración» del estudiante, a quien se concederá ‭—‬como urdiéndole una trampa‭—‬ una ficticia cuota de poder.

En el límite de este reformismo hallamos las llamadas «Escuelas Libres», las prácticas de pedagogía anti-autoritaria («institucional», «no directiva» o de fundamentación psicoanalítica) y los denominados «centros de educación democrática», tal Summerhill. En una renuncia expresa al poder profesoral, declaran experienciar la «autogestión educativa», el asambleísmo y la horizontalidad en la toma de decisiones, la democracia directa…

Pero, al igual que ocurría con la pirotecnia de los Métodos Alternativos, es el profesor, el adulto (o el conjunto de los adultos), el que impone la nueva dinámica, el que obliga al asambleísmo -gesto de nuevo autoritario, paternal, despótico-ilustrado, que contiene la idea de un Salvador, de un Liberador, de un Redentor, de un Cerebro Privilegiado o una Mente Esclarecida que implanta lo que conviene a los estudiantes como reflejo de lo que convendría a la Humanidad. La sugerencia de que la libertad no puede ser «donada», sino solo «conquistada» (Benjamin) queda abolida…

Por añadidura, al alumnado no se le otorga el poder mismo, sino solo su usufructo; ya que la «cesión» tienes sus condiciones y hay, por encima de la esfera autogestionaria, una Autoridad que ha definido los «límites» y que vigila su desenvolvimiento ‭—‬simulacro del «abdicación» del poder por parte del Educador y libertad contrita, maniatada, la de los estudiantes, ajustada a unos moldes no creados por ellos. Esta concepción «estática» de la libertad ‭—‬una vez instalados en el seno de la misma, los alumnos ya no pueden «recrearla», «reinventarla»‭—‬ y de la libertad «circunscrita», «limitada», vigilada por un Ser al que asiste la certreza absoluta de haber dado con la Ideología Justa, con la organización «ideal», es la concepción de la libertad del estalinismo, la negación de la libertad. Incluso en sus formulaciones más extremosas, la Escuela de la Democracia acaba definiéndose como un Escuela «sin» Democracia ‭—‬«demofascista», la hemos nombrado.

Conclusión

Utilizamos, para recapitular esta denuncia, una pasaje de El enigma de la docilidad:

“Por el juego de todos estos deslizamientos puntuales,‭ ‬algo sustancial se está alterando en la Escuela bajo la Democracia:‭ ‬aquel dualismo nítido profesor-alumno tiende a difuminarse,‭ ‬adquiriendo progresivamente el aspecto de una asociación o de un enmarañamiento.‭

Se produce,‭ ‬fundamentalmente,‭ ‬una‭ ‬«delegación‭»‬ en el alumno de determinadas incumbencias tradicionales del profesor‭; ‬un trasvase de funciones que convierte al estudiante en sujeto/objeto de la práctica pedagógica…‭ ‬Habiendo intervenido,‭ ‬de un modo u otro,‭ ‬en la rectificación del temario,‭ ‬ahora habrá de‭ ‬padecerlo.‭ ‬Erigiéndose en el protagonista de las clases re-activadas,‭ ‬en adelante se co-responsabilizará del fracaso inevitable de las mismas y del aburrimiento que volverá por sus fueros conforme el factor‭ ‬rutina erosione la capa de novedad de las dinámicas participativas.‭ ‬Involucrándose en los procesos evaluadores,‭ ‬no sabrá ya contra quién revolverse cuando sufra las consecuencias de la calificación discriminatoria y jerarquizadora.‭ ‬Aparentemente al mando de la nave escolar,‭ ¿‬a quién echará las culpas de su naufragio‭? ‬Y,‭ ‬si no naufraga,‭ ¿‬de quién esperará un motín cuando descubra que lleva a un mal puerto‭?

En pocas palabras:‭ ‬por la vía del Reformismo Pedagógico,‭ ‬la Democracia confiará al estudiante las‭ ‬tareas cardinales de su propia coerción.‭ ‬De aquí se sigue una invisibilización del educador como agente de la agresión escolar y un ocultamiento de los procedimientos de dominio que definen la lógica interna de la Institución.

Cada día un poco más,‭ ‬la Escuela de la Democracia es,‭ ‬como diría Cortázar,‭ ‬una‭ ‬«Escuela de noche‭»‬.‭ ‬La parte‭ ‬visible de su funcionamiento coactivo aminora y aminora.‭ ‬Sostenía Arnheim que,‭ ‬en pintura como en música,‭ ‬«la‭ ‬buena obra no se nota‭»‬ ‭—‬apenas hiere nuestros sentidos.‭ ‬Me temo que este es también el caso de la‭ ‬buena represión:‭ ‬no se ve,‭ ‬no se nota.‭ ‬Hay algo que está muriendo de paz en nuestras escuelas‭; ‬algo que sabía de la resistencia,‭ ‬de la crítica.‭ ‬El‭ ‬estudiante ejemplar de nuestro tiempo es una figura del horror:‭ ‬se le ha implantado el corazón de un profesor y se da a sí mismo escuela todos los días.‭ ‬Horror dentro del horror,‭ ‬el de un autoritarismo intensificado que a duras penas sabremos percibir.‭ ‬Horror de un cotidiano trabajo de poda sobre la conciencia.‭ ‬«¡Dios mío,‭ ‬qué están haciendo con las cabezas de nuestros hijos‭!‬»,‭ ‬pudo todavía exclamar una madre alemana en las vísperas de Auschwitz.‭ ‬Yo llevo todas las mañanas a mi crío al colegio para que su cerebro sea maltratado y confundido por un‭ ‬atajo de educadores,‭ ‬y ya casi no exclamo nada.‭ ¿‬Qué puede el discurso contra la Escuela‭? ¿‬Qué pueden estas páginas contra la Democracia‭? ¿‬Y para qué escribir tanto,‭ ‬si todo lo que he querido decir a propósito de la Escuela de la Democracia cabe en un verso,‭ ‬en un solo verso,‭ ‬de Rimbaud: ‭«‬Tiene una mano que es invisible,‭ ‬y que mata‭»”.

‭[En la siguiente tira fotográfica queremos sugerir el tránsito desde una Escuela clásica que de ninguna manera podía disimular su maldad intrínseca a una Escuela Renovada experta en edulcorar sus horrores]

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Pedro García Olivo
‭Buenos Aires, 26 de octubre de 2018
‭www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

RELACIONES DE DIFERENCIACIÓN CON UNO MISMO

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Requerimiento, refinadamente ético, de resistencia individual y de compromiso contra la opresión

Cabe hablar de una triple “canibalística” (social general, devoradora del individuo y de la comunidad, etnocida) protagonizada esencialmente por el Estado. Admitiéndola, los críticos del biopoder relativizan el rol del aparato administrativo en ese despliegue de la voluntad de destruir y de integrar. Desde este punto de vista, el canibalismo (“relaciones de poder”, “estados de dominación”) se daría, en cierto sentido, “por debajo” de la estructura estatal, de manera más bien “dispersa”‭—‬aunque susceptible de coordinación‭—‬ y con independencia de la forma concreta que revista el gobierno (Estado social o Estado neoliberal).

Para el caso de Argentina, el enfrentamiento actual entre el “macrismo” y el “kirchnerismo” aparecería solo como una cortina de humo, sin cambiar determinantemente los datos del problema…

A) Estado coordinador
Partiendo de los trabajos del último Foucault, cabe plantear de forma distinta las relaciones que, desde las postrimerías del siglo XVIII, se establecen entre la Sociedad y el Gobierno, a fin de ensayar una crítica “política” que afecte tanto al Estado mínimo neoliberal como al vasto Estado Social de Derecho:

“Entiendo por biopolítica el modo en que, desde fines del siglo XVIII, la práctica gubernamental ha intentado racionalizar aquellos fenómenos planteados por un conjunto de seres vivos constituidos en población: problemas relativos a la salud, la higiene, la natalidad, la longevidad, las razas y otros (…). Me parecía que los problemas de la biopolítica no podían ser disociados del marco de racionalidad dentro del cual surgieron (…): el liberalismo”. (“Nacimiento de la biopolítica”, en “¿Eres la Noche?”, Sala Virtual de Lecturas Incomodantes, 2013, p. 1).

El protagonismo sustancial de la Administración como instancia constrictora de la libertad se verá radicalmente cuestionado: al margen de los aparatos del Estado, la sociedad toda se hallaría atravesada (y constituida) por una multiplicidad de relaciones de poder, de situaciones de dominación, de prácticas colectivas e individuales sobre las que descansaría la “opresión de hecho”. Ante una tal “microfísica del poder”, ante este haz de luchas estratégicas, “pulsos”, pretensiones de dominación y signos de la resistencia, el Estado asumiría una función meramente “coordinadora”, procurando orientar y dar finalidad al conjunto de las fuerzas y de los litigios.

Desde el último Foucault, el interés recae en la crítica de una biopolítica que se considera “subyacente”, operativa por debajo de toda forma de Estado. Una nueva “gobernabilidad”, que incluye la acción del Estado pero la rebasa por todas partes, se instituye bajo el liberalismo, permitiéndose los lujos de la “reducción” de los órganos y prácticas ejecutivas precisamente en la misma proporción en que se “amplían” los dispositivos de control de la población.

B) Relaciones de poder
Entre estas nuevas tecnologías cabe hacer una distinción, muy importante en la reflexión del mencionado autor: “Creo que es necesario distinguir entre “relaciones de poder” como juegos estratégicos entre libertades ‭—‬que hacen que unos traten de determinar las conductas de los otros (…)‭—‬ y los “estados de dominación”, que son eso que de ordinario se llama “el poder” (citado por M. Lazzarato, en “Del Biopoder a la Biopolítica”, Revista “Multitudes”, núm. 1, 2000, p. 5).

Tendríamos, de un lado, las “relaciones de poder”, en sentido estricto, con minúsculas, que cabe denominar también “relaciones estratégicas” o incluso “forcejeos”, y que caracterizan a los más diversos ámbitos de la asociación humana (relaciones paterno-filiales, de pareja, amistosas, magistro-discipulares,…). En ellas, a la “víctima” le cabe aún revertir el vínculo; conserva siempre una relativa capacidad de respuesta, de resistencia efectiva, de defensa e incluso de huida: “Los cuerpos no están capturados de forma absoluta por los dispositivos de poder. No hay una relación unilateral, una dominación totalitaria sobre los individuos…, sino una relación estratégica” (2000, p. 4). De otro lado, encontraríamos los “estados de dominación”, escenarios de unas Relaciones de Poder, con mayúsculas, donde ya no es posible aquella reversibilidad, una “resistencia” verdaderamente digna de su nombre; y ello porque la relación se cosifica, cristaliza en institución, en organización, en aparato. De los estados de dominación saben demasiado las escuelas, las cárceles, los cuarteles, los manicomios, los hospitales…

Como “coordinador” y “dotador de finalidad”, el Estado opera en el seno de tales relaciones, unas más agresivas que otras, estas menos abiertas que aquellas, pero no las funda, no las instituye. Y la suerte de eugenesia individual y de ingeniería social que propenden pueden servirse tanto de un Estado planificador e interventor como de un micro-estado que lo confía todo a la interrelación reglada de sus súbditos.

C) Política de seguridad
No es la “disciplina”, sino la “seguridad”, el objeto de la biopolítica. Más que prohibir, negar, perseguir y encerrar, procura más bien incitar, sugerir, impulsar, movilizar. La disciplina bloquea o aniquila al sujeto peligroso, mientras que la seguridad suprime, mediante una intervención en la subjetividad misma y un diseño flexible de los escenarios de la actuación, la ocasión del peligro. La primera muestra una cartografía explícita de lo permitido y de lo prohibido, de las recompensas y de los castigos, mientras que la segunda suprime los riesgos al lograr que el sujeto se mueva voluntariamente, sin coacción visible, en un ámbito perfectamente inocuo, regulado a consciencia. “Mientras que la disciplina configura un espacio y plantea como problema esencial la distribución jerárquica y funcional de los elementos, la seguridad constituirá un entorno en función de los acontecimientos o de la serie de eventos posibles, series que habrá de regular en un marco polivalente y transformable” (M. Foucault, citado por M. Lazzararo, en “Biopolítica/Bioeconomía”, Revista “Multitudes”, núm. 22, 2006, p. 4).

Tal y como lo he caracterizado, en “El enigma de la docilidad” y en otras obras, el demofascismo contemporáneo apunta a esta “política de seguridad”. De ahí su preferencia por las estrategias represivas de orden simbólico, psíquico, procedimental, y ya no inmediatamente “físicas”. De ahí también la dulcificación progresiva de todas las figuras de poder, de todas las posiciones de autoridad. Por último, de ahí el “carácter” que promueve a escala planetaria, que he nombrado “policía de sí mismo”.

D) Crítica del biopoder y auto-construcción del sujeto
La crítica del biopoder baliza el territorio de una trascendental “lucha ético-política”. Entronca así con el énfasis de los anarquistas individualistas en la auto-construcción del sujeto…

Para M. Foucault, aquella reversibilidad que caracteriza a las “relaciones de poder” (“estratégicas”), su índole no-cerrada, funda la posibilidad de una “lucha política” consciente por su atenuación, su inversión o su desaparición: en todos los ámbitos en los que el poder se ejerce, cabe plantear una resistencia, una impugnación, negación de lo dado en sí misma afirmadora de una alteridad. El maestro debe esforzarse por no aplastar al discípulo, y al discípulo le atañe precaverse contra el maestro; en la pareja, la mujer puede enfrentar la voluntad de dominio del hombre y está en la mano del hombre mantener esa pretensión a raya; hay progenitores que saben explorar relaciones menos directivas con sus hijos, y pertenece a la iniciativa de los hijos confrontar los signos del autoritarismo en la familia; cabe establecer procedimientos para que las asambleas mitiguen su desenvolvimiento manipulador y falseador de la verdadera democracia, etc.

Aunque la Biopolítica apunta a un gobierno casi absoluto de nuestras vidas, al inmiscuirse en ámbitos que suponíamos privativos (natalidad, higiene, alimentación, ocio,…) y regirlos de hecho; aunque tiende a forjarse en la modernidad una entidad antropológica sustancialmente dócil, sumisa, hasta el punto de suscitar el decrecimiento de los aparatos y de la acción del Estado; aunque, contra los estados de dominación, poco esté pudiendo en verdad la resistencia…, a pesar de todo ello, Foucault, en sus últimos textos y en sus últimas clases, sostiene que el individuo aún puede aspirar a escapar del control, a sustraerse de la opresión. Y ello mediante una lucha ético-política como la que distinguía al «anarquista individualista» de Armand, siempre enfrentado al orden coactivo de la sociedad; como la que resultaría inherente a la condición humana, según el optimismo de Bakunin; como la que sugieren los mil ejemplos históricos de la heterotopía de Kropotkin… La «fe» postrera de Foucault en la capacidad creativa y auto-creativa del ser humano, en la posibilidad de la construcción de una nueva subjetividad y, por su medio, de una nueva sociabilidad, puede concebirse, en rigor, como una «actualización» de la ética libertaria, y bulle en ella el supuesto básico de la ontología ácrata: la capacidad auto-generativa del hombre y de la sociedad.

«No se trata únicamente de defenderse y de resistir, sino de crear nuevas formas de vida, crear otra cultura (…). Afirmarnos no solo en tanto identidad, sino en tanto fuerza creadora. Las relaciones que hemos de mantener con nosotros mismos (…) deben ser más bien relaciones de diferenciación, de innovación, de creación» (M. Foucault, citado por M. Lazzarato, 2000, p. 6).

Con Agamben, la Biopolítica casi se resuelve en ingeniería socio-genética, en constitución de un «espécimen», poco menos que una «raza». En Lazzarato, el rechazo del biopoder lanza cabos a las formas, más o menos convencionales, de asociacionismo combativo. Foucault incide particularmente sobre el ámbito de la subjetividad, del pensamiento y la moralidad. Pero, en todos los casos, la crítica contemporánea de la Biopolítica desemboca en una llamada a la acción; en un requerimiento, refinadamente ético, de resistencia individual y de compromiso contra la opresión —requerimiento en el que reverbera, insolente, la vieja concepción anarquista del Sujeto como auto-forjador, escultor de sí, y como potencia transformadora de la sociedad.

En aquellos países, como Argentina, donde la lucha política se sigue leyendo en gran medida bajo los términos anacrónicos de la ya desvencijada «racionalidad política clásica» (Causa, Sujeto, Revolución; Partido, Sindicato, Urna; Huelgas Legales y Manifestaciones Autorizadas; Crítica de la Ideología, Denuncia de la Alienación y Conscienciación de las Masas; etcétera), esta perspectiva libertaria suena intempestiva, casi extramundana: ¿Quién quiere, en realidad, transformar su vida, des-hacerse y re-hacerse? ¿Quién quiere renunciar a la posibilidad del acomodo, de la instalación, de la vida muelle? ¿Quien va a dar la espalda, de verdad, en los hechos y no solo en las palabras, a los servicios envenenadores que regala el Estado, a los «bienestares» brindados por las instituciones y a las seducciones del consumo?

Pedro García Olivo
Buenos Aires, 26 de agosto de 2018

https://pedrogarciaolivo.wordpress.com/itinerario-del-extravio-sala-virtual-de-lecturas-incomodantes/

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¿CAMINOS CORTADOS, DIRECCIÓN OBLIGATORIA?

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on agosto 14, 2018 by Pedro García Olivo

Cuando una legalización deviene necesidad no transgresora

1)
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se fueron cortando los caminos. Era hermoso, por diverso, el panorama del mundo hasta esas fechas. En su belleza había, por supuesto, una enorme mancha de horror, determinada por el Capitalismo. Pero en América Latina, en África, en Asia, en Oceanía, en rincones de Europa, distintas formaciones sociales conservaban aún la posibilidad de avanzar históricamente por vías propias, por sendas desconocidas o, al menos, diferentes.

Contra esa posibilidad se maquinó, ya en el siglo XX, la añagaza del “desarrollo”… Lo señaló I. Illich y lo recuerda hoy G. Esteva: no había países “subdesarrollados”, sino regiones que seguían otras lógicas y otros procesos de desenvolvimiento en lo temporal. Las potencias del Norte, y particularmente EEUU, no escatimaron medios para convencerlos, no obstante, de que su “discrepancia” era “insuficiencia”, su “diversidad” era “defecto”, y de que todo su “problema” radicaba en que, por la Dirección Única de la Historia, corrían por detrás y más despacio que los llamados “Estados desarrollados”, ese terrible y temible Primer Mundo. Sería casi un deber de consciencia, una obligación ética, para los países ricos del planeta, “ayudar” a los más pobres a “desarrollarse” y, de ese modo, lograr que se asemejaran paulatinamente, en su iniquidad, a los Estados dominantes…

Y en el siglo XX se terminaron de cortar los caminos… El “sistema de aldeas” del África Negra (esas llamadas “anarquías organizadas” o “pueblos sin gobernantes”), del que no tuvieron más remedio que dar cuenta antropólogos de muy distinto signo ideológico, desde M. Fortes y E.E. Evans Pritchard hasta H. Barclay, J. Middleton y D. Tait, fue abatido sin más por el imperialismo europeo: la magia de la igualdad y de la libertad que se respiraba entre los Igbo, Birom, Angas, Idoma, Ekoy, Ndembe, Tiv, Shona, Lodogea, Lowihi, Bobo, Dogón, Konkomba, Birifor, Bate, Kissi, Dan, Logoli, Gagu, Kru, Mano, Bassa, Grebo, Kwanko, Tallensi, Mamprusi, Kusaasi, Nuer, etc., casi 200 millones de personas, en evaluación de S. Mbah y E. Igariwey, sucumbió ante la lógica de unos Estados capitalistas en expansión que ansiaban fuentes de energía, materias primas, ocasiones para el “intercambio desigual” (manufacturas a cambio de recursos estratégicos), campos para la inversión de capitales, mercados para sus productos y masas laborales que explotar. “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, de V. Lenin, es un texto temprano que pone el dedo en la llaga, aún con su sometimiento a la teleología productivista.

Diseminadas por América Central y del Sur, las “comunidades en usos y costumbres”, que tuve ocasión de visitar en los primeros años de este siglo, tan semejantes en sus caracteres estructurales a los poblados afriacanos pre-capitalistas, arrostraban también una belleza indígena con el aroma de ese “Reino de la Libertad” soñado por los idealistas europeos -muchos de los cuales terminaron involucrándose, de algún modo, en la aniquilación de todo aquello que no se dejaba traducir a su propio vocabulario sectario. Dediqué casi tres lustros a corroborar cómo, a lo largo y ancho de América Latina, se repiten cautivadores rasgos de fondo entre los pueblos originarios que mejor han resistido a la apisonadora liberal-capitalista-occidental: comunalismo, “democracia indígena”, derecho oral consuetudinario, ausencia de fractura social, amplitud y diversidad en las manifestaciones de la ayuda mutua, localismo trascendente, educaciones comunitarias no-escolares, aspiración a la “vida buena”… Sobran los estudios, al respecto. Baste con recordar los trabajos de C. Cordero para Oaxaca, de G. Lapierre para Chiapas, de R. Jaulin para Venezuela y de P. Cingolani para Bolivia.

También en los medios rural-marginales de los propios países del Norte subsistieron, como oasis o islotes, reductos de igualdad y de libertad que se reservaban el derecho a inventar su propia forma de caminar en el tiempo. Analizados recientemente (por S. Santos e I. Madina para la montaña vasca, valga el ejemplo), están siendo eliminados por el avance de la agricultura capitalista, el agro-eco-turismo y los “proyectos para el desarrollo” concebidos desde las distintas agencias de la Unión Europea…

En todos los continentes, al mismo tiempo, la persistencia del nomadismo, de los grupos étnicos sin arraigo territorial, mantenía como un espolvoreo de estrellas danzarinas de las que tantos occidentales acomodados se enamoraron (J. Baudelaire, R. M. Rilke y A. Pushkin, entre tantos otros, seducidos por la idiosincrasia gitana, cantaron a la vida errante). La historia trágica de estos nómadas ha encontrado asimismo emocionados “cronistas”. Yo siento gran estima por B. Leblon y F. Grande.

2)
Y alcanzamos el siglo XXI con la sensación de que se ha impuesto definitivamente la “dirección única”. No era de extrañar que patronos y gobernantes volvieran la espalda a aquella diversidad de caminos atacada metódicamente por sus ejércitos, sus empresas y sus escuelas. Pero cabe lamentar que los sujetos de la protesta, los movimientos que se presumían “disidentes”, los colectivos antagonistas, las gentes entregadas al criticismo activo, etcétera, cerraran también los ojos ante lo que eran y lo que hacían esos millones de hombres y mujeres que “no se nos parecían”, que nos temían y que nos sufrían… Ya contamos con toda una tradición teórica y analítica que ha denunciado con firmeza la responsabilidad del marxismo en esa tenaz “invidencia de los privilegiados” (H. Lefebvre, J. Baudrillard, M. Maffesoli,…). Si ha sido una “venda” lo que tapó los ojos de los rebeldes y de los revolucionarios, su nombre es de sobra conocido: “materialismo histórico”.

No faltaron, por supuesto, investigadores, escritores e intelectuales en general que, presintiendo la verdad de esa “dirección obligatoria”, quisieron volver la vista a los pueblos originarios, buscando inspiración teorética, herramientas simbólicas, sugerencias de cara a la crítica y motivos para el diseño de alternativas entre sus deslumbrantes realizaciones materiales e inmateriales, en el conjunto inabarcable de su cosmovisión. Desde el “socialismo raizal” de O. Fals Borda hasta el “pluriversalismo transmoderno decolonial” de R. Grosfoguel, pasando por las diversas concreciones de la llamada Filosofía Latinoamericana, toda una hueste de pensadores y activistas pareciera empeñada en avanzar por la “dirección contraria” o, para expresarme con más rigor, en rescatar la posibilidad de un desbroce de otras sendas, de una apertura de nuevas vías, en la reinvención indefinida de los caminos… Yo he sostenido que ha sido, esa, una tentativa frustrada, dada la “incapacidad específica” del occidental y del occidentalizado (la expresión es de C. Lenkersdorf) para acercarse sin prejuicios ni imposiciones al Otro y “comprender” la diferencia civilizatoria.

Hablé, a propósito, de “impostura intelectual”, de la “indignidad de declamar por otro”, de aproximación parasitaria a las resistencias indígenas, de la pretensión de alterar y reconducir la praxis de los demás. Me distancié de los “mestizos disfrazados de indígenas” que, en nombre de la des-colonización, colonizaban de hecho a las gentes de las reservas y de los resguardos. Me pareció que la tradición decolonial era, asimismo, absoluta y profundamente “occidental” en sus categorías rectoras, en su definición epistémica, aunque fuera capaz de generar un sinfín de nuevos términos para ocultar dicha afinidad. Distanciándome de esa perspectiva, y de la teoría clásica del conocimiento en la que sigue amparándose, propuse una “lectura productiva” de la alteridad cultural, un acercamiento “poético” a la diferencia, a la otredad no doblegada, sin más propósito que la auto-crítica, que la denegación permanente de las sociedades democráticas occidentales.

3)
Y, desde estas percepciones, me pareció entristecedor que una lucha tan respaldada y tan aplaudida como la que llenó las calles de Buenos Aires el pasado 8 de agosto, exigiendo la sanción administrativa de un “derecho al aborto” (posibilitación de una intervención médica segura, gratuita, controlada por el Estado y efectuada en los escenarios sanitarios del Estado), algo más que la mera “legalización” de la interrupción voluntaria del embarazo, no dejara de progresar, a pesar de la contundencia de sus denuncias, por la mencionada “dirección única”, un sentido del avance marcado por las potencias hegemónicas.

Porque el proyecto de ley lamentablemente rechazado por el Senado es, no hay razón para ocultarlo, de neta factura europea; y aparece como un signo más de la occidentalización progresiva de todas las formas de lucha, de todos los modos de la protesta, de todo el horizonte de la vindicación. Una demanda tan clamorosa hoy en Argentina, con cuyo principio me solidarizo, “muere” en las ya conocidas playas del Estado Social de Derecho, esa perversidad concebida por el capitalismo occidental… Que una lucha tan popular, tan “sentida” por la gente, particularmente por las mujeres y la juventud; que una causa así de invencible, “condenada” a la victoria, pues es seguro que alcanzará, antes o después, su meta; que una exigencia tan irreprochable en su origen termine hablando, mayoritariamente, el lenguaje del ciudadanismo, del bienestarismo, del estatalismo (es decir, del demofascismo occidental), se me antoja aturdidor…

Y corro entonces a refugiarme en la contemplación de las vías que no se han seguido, de los caminos que se han cortado, de las posibilidades desechadas -la de inventar una nueva ruta, en primer lugar. Y veo que saben a “autonomía”, a “satisfacción comunitaria de las necesidades reales”, a “autogestión”, a un orgulloso “prescindir del Estado”, a “derechos” que las gentes se toman por su mano, sin necesidad de validación administrativa alguna. Percibo que saben a mayor libertad… Y recuerdo lo que he leído últimamente a propósito de los wichis antiguos, indígenas del Chaco, de Salta y de Formosa, en los libros de Patricio Doyle, quien tanto tiempo viviera entre ellos: que las mujeres tenían solo los hijos que querían tener; que, siendo frondosa y rica la vida sexual de este pueblo, la natalidad no era un fenómeno meramente descontrolado; que eran múltiples y eficaces los procedimientos que seguían para evitar concepciones no deseadas y para interrumpir voluntariamente el embarazo; que eran las propias mujeres las que conocían y compartían esos saberes, anticonceptivos o abortivos; que, para regular el tamaño de la comunidad o de la familia, nada tenían que «reclamar» a un poder exterior, a una administración o a un gobierno; que, gracias al vigor de la vida comunitaria, mujeres y hombres retenían sus cuerpos a salvo de los tentáculos del Estado -es decir, conservaban cuerpos no medicalizados, no estatalizados, no bio-políticamente gestionados… Entristecedor que hayan sido muy pocos los feminismos interesados por estas formas no-occidentales de vivir la sexualidad y contemplar la reproducción.

Porque, como cabría decir sacando quizás a G. Esteva de sus casillas, Argentina no es un país «subdesarrollado» en cuestiones de género y de derechos de las mujeres: es un país que está siguiendo la «dirección única» marcada por las potencias centrales y coloniales, un país que ha perdido también, al afrontar esta cuestión, la oportunidad de mirar a otra parte y seguir otros caminos… El feminismo hegemónico no ha querido hacer una «lectura productiva» de las maneras no-occidentales de vivir la sexualidad y valorar los nacimientos. Antes al contrario, una sección de él, soberbia, arrogante e imperialista, proyectó sin más sus clichés sobre la cosmovisión de los otros y quiso reconocer en todas partes aquello que caracterizaba más bien a las gentes de su entorno: los estigmas del patriarcado… I. Illich, como un pionero, oteó algo de este proceso cuando estaba elaborando su libro «La lengua vernácula». La mera sospecha de que, más allá y por fuera del área occidental, hubieran podido darse “relaciones de complementariedad entre los sexos”, argumentada por este autor en el marco de una crítica de la episteme establecida, fue motivo sobrado para que, desde el feminismo alterófobo yanqui, se le tachara de «machista». El libro quedó empantanado, su difusión se vió obstruida y a veces considero que todavía no se ha calibrado adecuadamente su aporte desmitificador.

Hoy, cuando tantos investigadores redescubren por aquí y por allá, siempre en ámbitos no occidentales o apenas occidentalizados, signos de «matrística» histórica, de matriarcados tradicionales, de efectivas «relaciones de complementariedad entre los géneros», y se dibuja, desde la Civilización de la Vieja Europa exhumada por M. Gimbutas hasta el actual experimento socio-político de Rojava, pasando por las culturas antiguas de la India, por el microcosmos de los grupos nómadas y de determinados pueblos originarios, etcétera, un cuadro abigarrado de sociedades capaces de auto-gestionar sus procesos de natalidad, de resolver comunitariamente los problemas de las familias y de las sexualidades, sin recurrir a un Gobierno o a una Administración y por fuera de la tela de araña del Patriarcado; hoy, decía, parece desgarrador que una causa merecedora de tanta solidaridad y de tanta simpatía avance, en su definición mayoritaria y por ofuscarse en mendigarle un “derecho” al Estado (todos los “derechos” recortan “libertades”, como ya es sabido), por la «dirección obligatoria» de la protesta domesticada, línea de reivindicación que cierra también los ojos a las realizaciones y los logros de los otros.

Pero no todas las sensibilidades feministas han sido capturadas por el Dulce Leviatán demofascista; y nos consta, por fortuna, que hay gentes fomentando y fortaleciendo redes de mujeres, tramas autónomas, independientes de las instituciones del Estado, autogestionadas, que sortean de modo comunitario los cepos dispuestos por la sociedad patriarcal-capitalista. Desde la sororidad y la ayuda mutua, estos complejos relacionales, estas formas de auto-organización, en las que la comunidad sueña rehacerse, pueden resistir el proyecto bio-político de una medicalización-estatalización integral del cuerpo de la mujer… Porque, así como «para ser libres no es necesario pedir permiso», para interrumpir voluntariamente el embarazo, prerrogativa de la mujer que no requiere la bendición de los juristas, tampoco es precisa siempre, en el orden ideal y en la medida en que tales redes se extiendan y operen eficazmente, la comparecencia interesada y amordazante del Estado.

Por el horror indiscutible del aborto penalizado clandestino, por la forma en que esta peligrosa práctica veja de hecho a las mujeres y por la lógica de discriminación social que instaura entre ellas, el «aborto legal, seguro y gratuito» aparece como una necesidad. Pero, en la medida en que esta necesidad se resuelve tal mero «reclamo» al Estado, cae de lleno en el campo de lo que Illich denunció como «necesidades postuladas». Le ocurre entonces lo mismo que a la «necesidad» de escuelas, de hospitales, de policías y de cárceles, de envenenadora industria de la alimentación, de alienantes viviendas estandarizadas, de empleos embrutecedores o de «transporte público» para los paralíticos de incógnito en que nos estamos convirtiendo: respondiendo a una muy concreta «génesis ideológica» (J. Baudrillard), sirve desde el principio a la reproducción de las nefastas «burocracias del bienestar social», a la perpetuación de la coerción estatal y, en definitiva, del sistema capitalista en su conjunto. La legalización del aborto, causa por la que marché el pasado miércoles por las calles de Buenos Aires, deviene entonces «necesidad» no transgresora.

Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 14 de agosto de 2018

 

LA SUBJETIVIDAD ÚNICA Y SU MUNDO

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF) with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on junio 4, 2018 by Pedro García Olivo

1.

La disolución de la Diferencia en Diversidad, proceso occidental en vías de mundialización, prepara el advenimiento de la Subjetividad Única, una forma «global» de Conciencia, un modelo planetario de alma, un mismo tipo de carácter especificado sin descanso a lo largo de los cinco continentes. Cuanto más se habla de «multiculturalismo», cuanto más «diversas» son las formas que asaltan nuestros sentidos, cuanto más parece preocupar —a nuestros gobernantes y educadores— el «respeto a la diferencia», la «salvaguarda del pluralismo», etc., peor es el destino en la Tierra de la «alteridad» y de «lo heterogéneo», más se nos homologa y uniformiza.

Se avanza, con prisa, hacia la hegemonía en la Tierra de una sola voz y un solo espíritu, voz y espíritu de hombres dóciles e indistintos, intercambiables y sustituibles, funcionalmente equivalentes. La participación de la Escuela en este adocenamiento planetario del carácter es decisiva: a nada teme más que a la voluntad de resistencia de la Diferencia.

2.
En Tristes trópicos, Claude Lévi-Strauss sostiene que las sociedades «primitivas» despliegan una estrategia para conjurar el peligro de los seres extraños («diferentes») muy distinta a la que empleamos nosotros, los «civilizados». Su estrategia sería antropófaga: se comen, devoran y digieren (asimilan «biológicamente») a los extraños, que se suponen dotados de fuerzas enormes y misteriosas. Diríase que esperan así aprovecharse de esas fuerzas, absorberlas y hacerlas propias. Nosotros, por el contrario, seguiríamos una estrategia antropoémica (del griego «eméô»: «vomitar»): expelemos a los portadores del peligro, eliminándolos del espacio donde transcurre la vida ordenada —procuramos que permanezcan fuera de los límites de la comunidad, en el exilio, en enclaves marginales, en la periferia social…

Pero, como ha señalado Zygmunt Bauman, Lévi-Strauss está en un error, pues ambas estrategias se complementan y son propias de todo tipo de sociedad, incluida la nuestra: por un lado, se recurre a una estrategia «fágica», inclusiva, que busca la asimilación del adversario, su integración desmovilizadora, su absorción en el cuerpo social después de una cierta corrección de sus caracteres «diferentes»; por otro, se vehiculan estrategias «émicas», exclusivas, que expulsan al disidente irreductible y no aprovechable del ámbito de la «sociedad ordenada» y lo condenan a la marginalidad, a la pre-extinción, a la existencia amordazada y residual.

La disolución de la Diferencia en Diversidad se fundamenta en el empleo de ambas estrategias: lo «diferente» convertido en «diverso» es inmediatamente asimilable, recuperable, integrable; aquellos «restos» de la diferencia que no han podido diluirse en diversidad, aquellos «grumos» de alteridad que se resisten tercamente a la absorción, son expulsados del tejido social, llevados a los flecos del Sistema, lugar de la autodestrucción, excluidos, cercenados, segregados. De esta forma se constituye y gestiona el espacio social, instrumentalizando lo que Bauman llama proteofobia —temor general, «popular», a los extraños, a lo diferente y a los diferentes. El exterminio contemporáneo de la diferencia se basa en el despliegue de las estrategias «fágicas» y «émicas» habituales, a partir de una movilización y focalización inquisitiva de la «proteofobia».

¿De qué fuente se nutre el mencionado proceso de atenuación «global» de la Diferencia? ¿De dónde parte? Aunque con esta observación se contraríen los dogmas del insulso democratismo que se presenta hoy como prolongación —y casi estertor— de la Filosofía de las Luces, no son pocos los autores que han localizado en la Ilustración misma, en las categorías sustentadoras del Proyecto Moderno, la secuencia epistemológico- ideológica que aboca a la aniquilación de la Alteridad, al exterminio de la Diferencia (1) .

3.
La mayor parte de los «indicios» de que se está cancelando a nivel planetario la Diferencia y de que, en su lugar, solo nos va a quedar una tediosa y deprimente declinación de Lo Mismo, proceden del campo de la Cultura y de lo que está sucediendo, a escala global, con el choque contemporáneo de Civilizaciones. De una forma deliberadamente desordenada, y casi a modo de ejemplos, voy a mencionar algunas señales, algunas pruebas, de cómo se aniquila en nuestros días la alteridad…

Los inmigrantes

En la medida en que, entreabierta la puerta de la inmigración, nuestras ciudades se pueblan de gentes de otros países, no pocas evadidas del entorno indígena, con hábitos y mentalidades «diferentes», observamos cómo, con el paso del tiempo, estos hombres y mujeres empiezan a calcar nuestras pautas de conducta, nuestros modos de pensamiento, nuestras formas de interacción, hasta que llega un punto (a menudo coincidente con la adolescencia y juventud de sus hijos, inmigrantes de «segunda generación») en que la cultura de origen ya no «dicta» los comportamientos, ya no es sentida como referencia insoslayable, como código de interpretación de la realidad y patrón de actuación en los escenarios sociales.

La «diferencia» cultural que estos inmigrantes arrostraban ha sido abolida en lo esencial, y, como irrelevante rescoldo, solo nos ha dejado un variopinto crisol de aspectos (atuendos, símbolos, cortes de pelo,…), una «diversidad» fenoménica que coincide con la asimilación de estos hombres, con su integración en el orden cultural de la sociedad capitalista. Han sido absorbidos, «digeridos», por Occidente (consecuencia de las estrategias fágicas); y los «restos», los residuos de ese proceso, arrojados a los márgenes de la «sociedad bien», donde se mixtificarán, se fundirán con las restantes figuras de la exclusión (efecto de las estrategias émicas) y probablemente se autodestruirán (2).

La vivienda rural

La vivienda rural tradicional de media o alta montaña, fruto del saber arquitectónico popular, con sus materiales humildes tomados del terreno (madera, piedra, barro, paja,…), su disposición «defensiva» contra los vientos dominantes, sus puertas y sus vanos orientados preferentemente al mediodía, su forma de adosarse (en algunas regiones) como si cada una buscara el apoyo y el sostén de todas las demás, su composición «orgánica», rigurosamente interminable, una estructura interna estudiada para asegurar la subsistencia con medios económicos escasos (que no se pierda calor, que baste con la estufa de leña, que de por sí el habitáculo sea fresco en verano y abrigado en invierno, que alguna estancia haga de «nevera» para conservar los alimentos,…), y, en general, un resultado de los conocimientos informales de sus constructores no especializados —saber «del lugar», conservado por la tradición y ejercitado por las familias— y de la atención inteligente a las condiciones de la naturaleza (proximidad a las fuentes, a los arroyos, a los ríos; ubicación en parajes de acceso relativamente cómodo y particularmente protegidos contra las inclemencias climáticas habituales, etc.); esta «vivienda rural antigua», portadora indiscutible de la Diferencia, cede en casi todas partes ante la impostura de las «nuevas viviendas rurales» (consecuencia del poder económico y del capricho de algunos privilegiados, del ahorro de los jubilados o de los planes de promoción del medio rural tendentes a aprovechar la explosión del «agroturismo» y del «ecoturismo»), que obedecen siempre a la filosofía del Piso de Ciudad (rechazo de la sabiduría arquitectónica popular; materiales estándar como el ladrillo o los bloques de cemento; arrogancia del habitáculo, que se levanta donde «más le gusta» al propietario, al margen de toda consideración geográfico-climática; preferencia por el aislamiento y la independencia de las casas, que más bien huyen unas de otras; concepción unitaria, regular, finita; estructura interna más interesada en exhibir el poderío material del morador que en economizar los gastos de la existencia —habitaciones enormes, sistemas de calefacción caros, proliferación de electrodomésticos,…; etcétera) y, normalmente, devienen como el resultado de los conocimientos «técnico-científicos» de los ingenieros, arquitectos, constructores y albañiles (lamentables «expertos»), profesionales y asalariados que trabajan en el olvido de lo autóctono y de lo primario…

Estas «nuevas viviendas rurales», subvencionadas en ocasiones por la Administración, sancionan la extinción de la «vivienda rural tradicional», disimulando ese aniquilamiento de Lo Diferente mediante la conservación «retórica» de elementos identificativos falseados:verbi gratia, el recubrimiento, con losas de piedra, de los muros de bloques o de ladrillos; un cierta imitación del color de las paredes antiguas —que era el color del barro y de los materiales comunes originarios—, conseguido a través de sofisticadas «pinturas de exteriores» o «monocapas» cementosas; una característica redundancia de maderas, si bien demasiado nobles y exógenas y siempre subordinadas a las estructuras metálicas, o de hormigón, que configuran el espacio habitable… Y poco más.

La «antigua vivienda rural» ha sido excluida (hoy subsiste vinculada a propietarios pobres o particularmente «descuidados», especialmente en el mundo rural-marginal); y la «nueva» solo retiene de su antecesora elementos folclóricos, testimoniales, podría decirse «museísticos». La aldea se convierte así, herida de señuelo y de impostura, en algo parecido a un «parque temático»… En relación con la vivienda urbana, con el piso de ciudad o la casa de urbanización, estas «nuevas viviendas rurales» aportan, no cabe duda, un componente de «diversidad» (aunque solo sea visual: la piedra, el color, las maderas, los tejados,…); pero responden en lo profundo a una cancelación del habitáculo campesino «diferente» y a un trabajo de colonización del medio rural por los conceptos y las expectativas urbanas.

La música

La música «etno» que se difunde por Occidente, los experimentos de «fusión»o de «sincretismo» transcultural que promueven las grandes casas discográficas para explotar la moda del «multiculturalismo», etc., dan siempre la impresión de atenerse al código de la música euro-americana, que «incorpora» elementos accesorios de las otras culturas (africanas, orientales, sudamericanas, de los indios de las reservas estadounidenses, etc.) para asegurarse una nota de elegante exotismo, de aparente novedad, pero siempre en el respeto de lo que el oído occidental considera «aceptable», «armonioso», «no-estridente», «música y no ruido».

La diversificación resultante de las ofertas (mixturas, síntesis, cócteles,…), compatible con una universalización del concepto occidental de música y del código musical occidental, oculta así el exterminio de la Diferencia —esas músicas de los otros que «no» pueden gustarnos porque contravienen los principios tácitos de nuestra educación musical y de nuestros hábitos de escucha, y que, por tanto, al no «rentar», no se difundirán: las músicas de la Amazonía, por ejemplo, o las de los indígenas de Centroamérica, increíblemente repetitivas, si no «hipnóticas», con cadencias «sostenidas», casi interminables, y un uso preferente de instrumentos «propios», desconocidos en otros medios, como el caparazón de la tortuga y tipos particulares de flautas y de tambores.

Los artistas

La concepción misma del «artista» occidental (escritor, pintor, escultor, músico, actor,…), contra la que con tanta insolencia se batiera Marcel Duchamp, que comporta invariablemente una renuncia al anonimato (soberbia de los nombres propios) y casi también a lo colectivo, que parte de una sacralización del autor como hombre «tocado» por el privilegio del talento, de la inteligencia, de la imaginación o de la creatividad —hombre siempre excepcional, en ininterrumpido celo de prestigio, de reconocimiento, de aplauso…— y que produce una curiosa fauna de hombrecillos estrambóticos, distintos por fuera e iguales por dentro, todos narcisistas, todos patéticamente enamorados de sí mismos, todos endiosados, muchos idiotizados; esta manida concepción del Arte y del artista se globaliza en la actualidad, acabando con formas «diferentes», y no-occidentales, de entender y de vivir el hecho estético: concepciones que giran aún en torno al anonimato del artista, o a la suma de incontables esfuerzos individuales en la génesis de una obra que termina siendo «de todos y de nadie»; que remiten más a la figura humilde del «artesano» que a la figura chillona del «artista»; que frecuentemente se imbrican con funcionalidades de orden extra-estético, ya sea religiosas, económicas, educativas,…; que no se compatibilizan bien con la lógica capitalista de exhibición, mercantilización y «entierro» en museos; etc., etc., etc.

De África, de Asia, de América del Sur, de las reservas indias, de los guetos, etc., nos llegan hoy artistas «a lo occidental», con sus obras rentabilizables (vendibles, consumibles) debajo del brazo. A su lado, los creadores anónimos, las factorías populares, las formas tradicionales de producción de objetos estéticos, etc., tienden a extinguirse, aunque hayan dejado un «rastro» importante en el mundo rural-marginal. Se diversifica así el resultado (obras y artistas con otros «formatos», otras referencias, otras connotaciones…), pero en el sometimiento a Lo Mismo estético, sometimiento a las categoría y a los usos occidentales. ¿Y si la misma idea de «estética», de «obra de arte» y de «artista», no fuera más que una acuñación occidental, un capricho o una manía de solo un puñado de hombres sobre la Tierra?

El mundo rural-marginal

La diferencia rural-marginal está también amenazada… El pastor antiguo, perfecta y exquisitamente «ágrafo», constituye ya una rareza, una curiosidad; y es percibido casi como un «residuo», cuando no como un «fósil». Las aldeas relativamente «sustraídas» del poder del Estado tienden a decrecer; y su marginalidad, de un tiempo a esta parte, ha sufrido un grave deterioro. La crisis de los pequeños agricultores, el abandono de los pueblos y la venta de los rebaños modestos, por la ausencia de «relevo generacional», quisieran convertir en «desierto» lo que, hasta ayer, esplendía como «insumisión». Muchas localidades recónditas, a duras penas accesibles, de media o alta montaña, han terminado «tercerizándose», tras la extinción de la actividad agrícola y ganadera, convirtiéndose en micro-urbanizaciones de veraneo, ámbito de la «segunda residencia» de unos cuantos privilegiados: asentamientos «diversos» para señoritos, hospedaje para los períodos de vacaciones, pero ya no poblados «diferentes». Y no son pocos los núcleos absolutamente deshabitados, literalmente «muertos».

Los indígenas

Las estrategias «fágicas» desplegadas por el sistema tardo-capitalista han abierto el abanico del indigenismo, concediendo cada día menos varillas a su facies sublevada, en «resistencia», diferente. Se sabe de tribus «no contactadas» en Bolivia, en diferentes regiones de la Amazonía; de comunidades muy beligerantes, aferradas a sus «usos y costumbres», a su «ley del pueblo», a su autonomía política y su comunalismo económico, en Chiapas, en Oaxaca, en otros rincones de América Latina. Pero, en muchos países, la norma es un indigenismo claudicante, que sucumbió a la propiedad privada y al mercado, a la escisión en clases y a la asalarización de una fracción de la comunidad. En buena parte de Colombia, por ejemplo, la «diferencia» indígena ha dado paso a una «diversidad» político-ideológica irrelevante; y encontramos indígenas en las listas electorales de los partidos de izquierda, candidaturas indígenas para el Senado, incluso «partidos políticos indígenas». Hace unos años, las calles y plazas de Popayán se llenaron de indígenas en demanda de «un sistema educativo propio», entendiendo por tal escuelas de planta occidental con profesores indígenas y un control indígena del presupuesto… Guatemala ofrece un panorama todavía más desolador; y cabe hablar de la emergencia, en muchas regiones, de un «indigenismo mendicante», absolutamente adulterado y asimilado, que solo aspira ya a merecer el «proyecto» de esta o aquella ONG, alguna subvención estatal, la «caridad» de los países ricos,… Mera «diversidad» en la súplica, y una disolución acelerada de la Diferencia sociocultural… Por no decir nada de los programas anti-indígenas de Chávez, de las tácticas «integradoras» de Evo Morales, de los proyectos avasalladores de la administración brasileña…

Las minorías sexuales

Probablemente, también las llamadas “minorías sexuales” están siendo neutralizadas como ‘diferencia’ y asimiladas en tanto inofensiva ‘diversidad’. Creo que, en relación con los homosexuales, el Sistema ha cambiado de táctica y va dejando atrás las estrategias exclusivas (marginación, discriminación, penalización tácita o efectiva) para abundar en las estrategias inclusivas, asimiladoras. El pasaje no se ha completado y las dos estrategias pueden estar aún conviviendo (una exclusión que se relaja pero no desaparece y una inclusión que va ganando terreno), aunque los indicios hablan de un decantamiento hacia la integración, hacia la absorción. Así, la conceptuación de la pareja homosexual como “pareja de hecho” y su progresiva equiparación legal con las parejas heterosexuales, junto a la posibilidad, abierta en algunos países, de que las familias homosexuales puedan adoptar niños, hacerse —de un modo o de otro— con ‘hijos’, revela el propósito (política e ideológicamente inducido) de encerrar la homosexualidad en los esquemas dados, establecidos, de Familia y Vínculo de Pareja. Una pareja homosexual con hijos es ya, únicamente, una variante ‘diversa’ de la pareja clásica, “familiarizada”.

El Sistema intenta ‘atraer’ a los homosexuales y regular su sexualidad —de ese modo acabaría con la diferencia que hasta hoy connotaban. La ideología de la igualdad (de derechos, de oportunidades, de respetabilidad) le sirve de instrumento en esa tarea: prometer un “trato igual” a la pareja y a la familia homosexual para que, precisamente como ‘pareja’ y como ‘familia’, habiendo abdicado de su diferencia, contribuya a la reproducción del orden social general. El peligro, de cara al Sistema, que implicaba la figura del homosexual, no radicaba en su preferencia de género; sino en el modo en que atentaba contra la institución familiar, uno de los soportes incuestionables del entramado social. “Familiarizado”, el homosexual deja de constituir una amenaza. Habrá familias ‘diversas’, y ya no una decantación erótico-afectiva ‘diferente’…

Los gitanos

Contra la idiosincrasia gitana, los poderes de la normalización y de la homogeneización han desplegado tradicionalmente todo su arsenal de estrategias inclusivas y exclusivas, asimiladoras y marginadoras. Se ha pretendido sedentarizar al colectivo gitano; y se ha puesto un delatador empeño en escolarizar a los niños, laborizar a los mayores, domiciliar a las familias… El éxito no ha sido completo; pero es verdad que, aún a regañadientes, una porción muy considerable de la etnia gitana ha tenido que renunciar a sus señas de identidad, des-gitanizarse, para simplemente sobrevivir en un mundo que en muchos aspectos aparece como la antítesis absoluta, la antípoda exacta, de aquel otro en que hubiera podido ser fiel a sí misma. Otros sectores del colectivo gitano, por su resistencia a la normalización, han padecido el azote de las estrategias excluyentes y marginadoras, cayendo en ese espacio terrible de la delincuencia, la drogadicción, el lenocinio y la autodestrucción.

La tribu gitana, nómada, enemiga de las casas y amante de la intemperie, con niños que no acuden a la escuela y hombres y mujeres que no van a la fábrica, indiferente a las leyes de los países que atraviesa,…, era un ejemplo de libertad que Occidente no podía tolerar; un modelo de existencia apenas ‘explotable’, apenas ‘rentabilizable’ (económica y políticamente); un escarnio tácito, una burla implícita, casi un atentado contra los principios de fijación (adscripción) residencial, laboral, territorial, social y cultural que nuestra formación socio-política aplica para controlar las poblaciones, para someterlas al aparato productivo y gestionar las experiencias vitales de sus individuos en la docilidad y en el mimetismo.

La hipocresía del reformismo, particularmente la del “reformismo multiculturalista” (que extermina la Diferencia alegando que su intención es la de salvaguardarla), se ha mostrado casi con obscenidad en esta empresa de la domesticación del pueblo gitano. Recuerdo esas urbanizaciones proyectadas para los gitanos pensando —se decía— en su ‘especificidad’ (“en contacto con la naturaleza”, vale decir en los suburbios, en el extrarradio, donde el suelo es más barato y los miserables se notan menos; con patios y zonas destejadas para que pudieran ser felices contemplando sus luceros, sus lunas, sus estrellas, “de toda la vida”; con corrales y establos para sus “queridos” animales, caballos o burros, perros, algunas cabras, etc.; habitaciones amplias donde cupiera todo el clan; etc., etc., etc.) y a las que, en rigor, solo tengo una cosa que objetar: están muy bien, pero les faltan ruedas —pues esta gente ama el camino. ¡Ponedle ruedas y serán perfectas! Recuerdo los programas “compensatorios”, o “de ayuda”, con los que en las Escuelas se pretendía doblegar la altiva e insolente personalidad de los gitanos descreídos e insumisos. ¡Qué horror!

El asociacionismo obrero

A la par que se persigue la asalarización de la mayor parte de la población del Planeta, también se pretende mundializar el modelo de asociacionismo obrero, de supuesta ‘auto-organización de los trabajadores’, que mejor sirve al control y explotación de esa mano de obra universal: el sindicalismo de Estado, con su parafernalia de sindicalistas-liberados, subvenciones institucionales, apoyo material de la empresa, circo de las elecciones sindicales, falseamiento de la democracia de base, conformación de estructuras jerárquicas y burocráticas, etc.

Esta fórmula, adornada con cierta ‘diversidad’ en las siglas (en España: UGT, CCOO, CGT, etc.), con cierta singularización en la letra pequeña de los manifiestos y en el eco apagado de las filiaciones ideológicas, se va a imponer en todo el globo sobre la aniquilación de aquellas otras formas de “autodefensa” obrera que no se miran en el espejo estatal/occidental: modelos de auto-organización de los trabajadores que desconfían del tutelaje empresarial-gubernamental, que ven en cada subvención institucional un caramelo envenenado, que retienen savia obrera en sus cauces y han esquivado el peligro de la burocratización; entidades autónomas, en ocasiones temporales, que nacen de la exigencia de reunir y coordinar esfuerzos ante los abusos de la Empresa y el desinterés de las administraciones, y que no buscan forzosamente su normalización-regularización legal, etc.

La vida cotidiana

También en la esfera cotidiana, y en lo que atañe a la privacidad de cada individuo, se deja notar esta tendencia a suprimir (debilitar, ahogar) la Diferencia. Es como si existiese una “policía social anónima”, una vigilancia de cada uno por todos los demás, que pesquisa nuestras decisiones, que registra nuestros actos y presiona para que nuestros comportamientos se ajusten siempre a la Norma, obedezcan a los dictados del “sentido común” y sigan la línea marcada por las costumbres. Una policía social anónima que se esfuerza, sin escatimar recursos, en que no nos atrevamos a diferir, no nos permitamos la deserción, no nos arriesguemos a la ‘mala fama’, no sintamos la seducción de esa terrible y maravillosa soledad de los luchadores desesperados —soledad de las personas que resisten persuadidas incluso de la inutilidad de su batalla, que combaten sin aferrarse ya a ninguna Ilusión, a ninguna Quimera, que luchan sencillamente porque perciben que está en juego lo más valioso, si no lo único, que conservan: su dignidad…

No se puede dudar de la verdad de esta “represión anónima”, a la que se han referido Horkheimer (“conciencia anónima”), Marcuse, Fromm y tantos otros en el pasado y, hoy mismo y en nuestro país, López-Petit, valga el ejemplo; y que casi todos hemos padecido en alguna ocasión o padeceremos toda la vida. Hay en los manicomios muchos hombres que le plantaron cara por decisión o fatalidad… Esta “policía de los ojos de todos los demás” trabaja también para que la Diferencia se disuelva en Diversidad y los irreductibles se consuman en el encierro o en la marginación. Podrían contarse tantas historias…

***

Mejor no continuar. Los «indicios» de la disolución de la Diferencia en Diversidad son innumerables; saturan todas las dimensiones de la existencia humana contemporánea…

Antes de dejar este asunto, quisiera sin embargo introducir una matización: no me gusta pensar que es la Diferencia misma la que se gestiona, la que se gobierna. He leído páginas de Calvo Ortega en las que habla de un «gobierno por la diferenciación», y no deseo suscribirlas. No es la Diferencia en sí la que se administra, sino la Diversidad en tanto forma degradada, vacía, de la Diferencia. Con este matiz escapo al «idealismo negativo» que sugiere que todo está controlado y todo está perdido. No soy apocalíptico: creo aún en el peligro de la Diferencia resistente y en la posibilidad de una lucha desesperanzada por su defensa y preservación.

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NOTAS

1) El Proyecto Moderno es un proyecto de orden homogéneo, con aspiración universalista, que parte de una cadena de «incondicionalidades», de abstracciones, de trascendentalismos y principios metafísico-idealistas; y que se ha revelado incapaz de tomar en consideración el dolor de los sujetos empíricos (Subirats). Intransigente frente a las diferencias, propenso a las cruzadas culturales y a resolverse en una u otra forma de despotismo político (fascismo histórico, estalinismo, democracia real), como subrayaron Foucault, por un lado, y Horkheimer y Adorno, por otro, el programa de la Ilustración fue inseparable desde el principio de las campañas de matanzas sistemáticas (recordemos el jacobinismo francés) y no ha sido ajeno en absoluto a la génesis intelectual del Holocausto (G. Bergfleth). En nombre de la Razón (y de todos sus conceptos filiales: Progreso, Justicia, Libertad,…), bajo su tutela, se han perpetrado genocidios y crímenes contra la Humanidad; y es por la pretendida excelencia de esa misma Razón (Moderna, Ilustrada) por lo que Occidente se autoproclama juez y destino del Planeta, fin de la Historia, aplastador de toda diferencia cultural, ideológica, caracteriológica, etc. La homologación «global», la homogeneización casi absoluta de las conductas y de los pensamientos, la uniformidad ideológica y cultural, el isomorfismo mental y psicológico de las gentes de la Tierra, están de algún modo ya inscritos en los conceptos y en las categorías de la Ilustración. Es la Modernidad misma, nuestra Razón Ilustrada, la que prepara y promueve, a escala mundial, el acoso y derribo de la Diferencia…

(2) En París, por ejemplo, hallamos a los africanos de los barrios del Centro, con su ropa y su psicología sustancialmente «occidentalizadas», viviendo y pensando a la europea, hombres que han sido asimilados, recuperados; y, por otra parte, a los africanos de los distritos de la periferia, de las zonas suburbiales, desesperadamente aferrados a sus vestimentas, a sus costumbres, viviendo como en un gueto, procurando conservar sus tradiciones, condenados a una existencia sumamente difícil, en precario —forman parte del subproletariado, de la llamada «nueva pobreza»— agonizando como «diferencia» que no ha querido o no ha podido disolverse en mera «diversidad»…

azul
Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 4 de junio de 2018

BIO-POÉTICA DE LA LUCHA

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF) with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on junio 2, 2018 by Pedro García Olivo

De delantales, caníbales y “trabajadores de la educación”

1.
LE DIJERON DEMASIADAS COSAS, PERO NO LE HABLARON DEL DELANTAL

Le dijeron que el sentido de la vida era el trabajo, pero él no le encontró sentido a su vida hasta que dejó de trabajar.

Le dijeron que en la Escuela se enseñaba y se aprendía, pero las cosas realmente importantes él las aprendió fuera de la Escuela y lo que enseñó en ella fue solo sumisión y adaptación al infierno de lo social.

Le dijeron que la política podía cambiar el mundo, pero él, para cambiar de verdad “su” mundo, tuvo que dar la espalda a la política.
Le dijeron que el amor apasionado, romántico, era terrible y podía llevar al asesinato del ser amado, pero él, que amaba con pasión, no sentía el menor deseo de dañar a quien estimaba y le daba igual que lo tacharan, a propósito, de romántico.

Le dijeron que las tareas domésticas eran feas, esclavas, indeseables, pero él empezó a disfrutar el día en que aceptó limpiar la casa para sus gentes queridas, procurarles alimentos, cocinar para ellas, cuidarlas, sobre todo cuidarlas.

Lo que no le dijeron es que, cuando fríes en la cazuela, el aceite salta y te puede manchar la ropa, en particular las mangas. Y aprendió entonces, fuera del trabajo y de la escuela, por amor y para seguir cuidando de los suyos sin echar a perder por eso toda su escasa vestimenta, a colocarse un delantal sobre el pecho, aunque terminara pareciendo no sé qué cosa.

Nunca le dijeron que la libertad podía llevar delantales…

2.
EL FACTOR CANÍBAL
(Pinceladas sueltas desde un otoño en Argentina)

Me dice la señora que, para evitar el asalto de su tienda, tiene que pagar una cantidad mensual a la Policía. También me explicó que los ladrones son niños que acabaron en las comisarías y fueron obligados, por la Policía misma, a robar en las tiendas. Los polis recaudan por “proteger” a los comerciantes de los menores apresados que convirtieron en atracadores. Luciano Arruga se negó y fue asesinado por los Defensores del Orden… Canibalística de las gentes armadas al servicio del Estado…

Subes a un bus y el conductor decide si debes pagar o no por el trayecto. Sus amigos no pagan, las personas por las que siente simpatía o interés tampoco. Los demás sí, todos y siempre. A las gentes, en su mayoría, no les parece mal que esto sea así: están acostumbradas. Procuran, más bien, caerles en gracia a los chóferes, para viajar también gratis. Canibalística de las gentes desarmadas que reclaman servicios al Estado…

Varios niños secuestrados en los últimos días en la circunscripción de Haedo. Se dice que para el tráfico de órganos, la explotación laboral o la prostitución. Son conocidos los vehículos de los raptores: Ada y yo vimos uno de ellos circulando por nuestra calle. Un auto destartalado, con plástico negro en el lugar de una de las ventanas, conducido por un tipo de aspecto casi tan devastado como devastador. Me asusté, la verdad, aunque mis órganos no sirvan ya a ese mercado, poco pueda dar mi cuerpo para la explotación del trabajo y nadie pagaría ni un céntimo por un prostituto tan risible. Canibalística de las gentes armadas o desarmadas que obtienen ingresos, o se labran un trono, aparentemente por fuera del Estado.

Mujeres con miedo, más que justificado, a caminar solas por las noches. Las cifras de las violaciones, de los femicidios, son escandalosas. Y es que son demasiados los varones que se prodigan a cada minuto en todas las gestualidades de la “hombría”, de la “virilidad”, de la perpetuación del “machismo”. Muchos andan de un modo que a mí se me antoja grotesco, como si les pesaran las extremidades inferiores y tuvieran que señalar con el bajo vientre la dirección de sus pasos. Canibalística de género.

Hay personas, por la ciudad, que llevan “uniforme”. Quienes se dedican a la enseñanza primaria, a menudo. También los ejecutivos y los funcionarios de alto rango, con sus trajes de chaqueta. Los albañiles, los mecánicos, los carniceros… no caminan por las vías públicas centrales, si pueden evitarlo, con la ropa de trabajo. Es como si a estos les avergonzara manifestar lo que hacen y a aquellos les gustara exhibirlo. Descuartizar una vaca está peor visto que descuartizar a un alumno. Pero todos quieren disfrutar de un asado… Canibalística jerarquizante.

Se vota al fascismo neoliberal, y se vota en masa, agradeciéndole su apuesta descarada por el mundo de la Empresa, por las inmundicias del Capital.

Argentina caníbal allí donde Europa también lo es, si bien por vías disimuladas, no tan obscenas, me hallo persuadido de que aún más temibles.

3.
MENTIRAS AMBULANTES, ESOS PRETENDIDOS “TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN”

Está bueno esto de trabajar en la Universidad. Lo tuve entre ceja y ceja durante muchos años y al final lo conseguí. Está bueno porque cobro bastante y no trabajo tanto. Además, laboro a cubierto, a salvo del clima y de los rigores de la intemperie. Y está bueno porque las gentes me miran de un modo especial, casi con respeto, como si yo fuera, en algún sentido, mejor que ellas. Y a mí eso me gusta…

Está bueno, pero podría estar mejor. Para que esté mejor haremos huelgas docentes pidiendo el aumento de nuestras remuneraciones y otras ventajas corporativas. Y diremos que, al mirar de esta forma egotista nuestros bolsillos y defender airadamente nuestros intereses particulares, estamos dando un “ejemplo” de lucha a la sociedad; les diremos que “enseñamos” incluso cuando faltamos al aula. Pareceremos semi-dioses…

Estará cada vez mejor, pero nos está faltando una cosa: a los que venimos de la izquierda no nos gusta que nos sugieran que, trabajando para el Estado, servimos a la Opresión. Nos hace falta un discurso racionalizador de nuestra práctica, justificativo de nuestra situación de privilegio; y se lo pedimos a gentes que comparten nuestro estilo de vida y nuestras ambiciones.

Estas gentes DIRÁN que somos “trabajadores”, “trabajadores de la educación”; y que, por tanto, estamos del lado de la fracción social explotada a la que incumbiría, cuando tome consciencia de su situación material y de su rol histórico, cambiar el mundo en beneficio de todos. Somos casi “proletarios de la enseñanza”, con nuestros sindicatos y nuestras reclamaciones laborales, como todos los obreros. Dirán que ya no somos “apóstoles”, “predicadores”, “domesticadores”, etc., sino valedores de la Crítica y sustentadores de la esperanza revolucionaria.

Estas gentes NO DIRÁN que, según Marx, “el Estado de una sociedad dividida en clases es el Estado de la clase dominante”, por lo que todos aquellos que “trabajan” para el Estado lo hacen en realidad para la clase dominante. No dirán que somos “funcionarios”, el factor carnal de esos “aparatos ideológicos del Estado” imprescindibles, como recordaba otro marxista, apellidado Althusser, para reproducir el Capitalismo. No nos remitirán a aquellas hermosas palabras redactadas por un marxista encarcelado (los días en que el marxismo era un peligro y podía llevarte al presidio ya pasaron: ahora, en América Latina, el marxismo te lleva a la Universidad y a veces incluso al Gobierno), el italiano Antonio Gramsci, para quienes los docentes ejercían, lo admitan o no, de “funcionarios del consenso”.

NO DIRÁN que, más allá de ese “reduccionismo economicista” desde el que se amparan (hablándonos de “produccion social”, “excedente”, circulación de la “plusvalía”, etcétera), el perfil psico-político y la forma de cotidianidad que caracteriza a los profesores es, exactamente, la del “funcionario”, la de ese “envenenador de la existencia” en términos nietzscheanos. Aburguesados a más no poder, sus vidas son una muerte confortable.

NO DIRÁN, con J. Keane, que el colectivo socio-laboral que más ha matado, torturado, violentado, etcétera, a lo largo de los últimos siglos es precisamente el de los “empleados del Estado”, los “trabajadores públicos”, los “funcionarios”, entre los que se ubican los profesores.

Pero, digan lo que digan, callen lo que callen, prediquen lo que prediquen en las aulas, y aunque exijan a sus alumnos que, de alguna manera, hablen bien de ellos en sus ejercicios y exámenes, quienes por fortuna no somos profesores, o ya no somos profesores, sabemos, sin lugar a dudas, de qué lado están y de qué lado viven: son el Poder y viven del Poder, son Estado y son Capitalismo, son y viven como Mentiras Ambulantes.

Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
1 de junio de 2018