Archivo de occidente

AUTO-ANIQUILACIÓN DE LAS ARTES

Posted in Activismo desesperado, antipedagogía, Archivos de video y de audio de las charlas, Autor mendicante, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Desistematización, Proyectos y últimos trabajos, Sala virtual de lecturas incomodantes. Biblioteca digital with tags , , , , , , , , , , , on agosto 13, 2022 by Pedro García Olivo

LA MÚSICA CLÁSICA COMO EXPONENTE

1) Y Joseph Beuys aparece en la sala donde exponía sus creaciones con una liebre muerta en sus manos y todo embadurnado de grasa. Procuraba explicarle a la liebre cadáver el sentido de sus obras.

Era aviador al servicio de los nazis cuando fue derribado; y gentes de una etnia nómada lo recogieron, lo embadurnaron con grasas animales, lo llenaron de plumas y lograron salvarle la vida. Beuys se alejó del fascismo y colaboró con movimientos de signo opuesto. Nunca se olvidó de aquellas personas “primitivas” que lo extrajeron de la muerte, circunstancia que aparece en muchos de sus trabajos.

Quizás la liebre muerta sea el público, que nunca entenderá ya nada; el artista embadurnado es un superviviente por milagro, casi un difunto andante; y la obra es lo que menos importa e interesa, pues, no agradando a los espectadores, se erige también en un objeto de desprecio para su creador.

Beuys, como tantos otros “operadores estéticos”, se iba despidiendo del arte, en el que ya no creía.

Recalando en el gesto del piloto y creador ex-nazi, P. Sloterdijk ha sostenido que “el arte está en barbecho”:

“El arte se repliega en sí mismo. Esto equivale a una retirada a sus propios dominios, al refugio fuera del mundo. El arte, sin embargo, reduce su frente en el mundo, reduce su superficie de contacto con el resto del negocio artístico. Da un paso atrás desde el frente expositivo. Examina si estaba bien aconsejado al precipitarse a la primerísima línea de visibilidad. Reflexiona sobre su alianza con las maquinarias de publicación museísticas, galerísticas, publicitarias (…).

¿Qué puede significar llevar en este momento obras al frente expositivo, ahora que el tiempo pertenece al cuestionamiento de la producción por sí misma? ¿Cómo se podría simular la felicidad de ser capaz de crear, cuando hace tiempo que quedó claro cómo la libertad de obra fue rebasada por la imposición de reclutar la creación y valorizarla materialmente? El arte, ya se decía hace una década, abandona la galería, se va al campo, va a la gente. Se debería haber dicho: busca lo libre y desea otro espacio de juego para la felicidad de interrumpir la infelicidad (…). Reclama testigos, no propietarios (…) para que su voz pueda ser de nuevo un salto puro, una flecha de felicidad (…).

Con su declaración de abandono del arte, Beuys ha devanado el sueño vanguardista de la disolución del arte en la vida (…). Quizás haya que poder fracasar como artista para avanzar como ayudante de la felicidad. Quizás deban descansar incluso los mismos poderes creadores de obra como terrenos ya demasiado explotados durante largo tiempo (…).

Estar en barbecho y esperar es una aventura imprevista para objetos artísticos acostumbrados a la valorización. Replegarse en sí mismas, y no entrar en la historia de arte en la forma más elevada, es la treta para la que menos preparadas estaban las obras de arte hambrientas de reconocimiento. ¿O es que ya están más preparadas para ello de lo que se podía intuir en el momento de su factura? El arte está en barbecho. La gente simplemente pasará al lado, una tenue brisa de atenta desatención soplará entre las piezas”.

Redundado en este asunto, que se ha nombrado “ocaso de las obras”, “muerte del arte”, “huelga o silencio de los creadores”, J. C. Argan, en “El arte moderno”, presentaba una caracterización más precisa de la coyuntura estética:

“Es explícita y clamorosa, tanto en América como en Europa, la ruptura definitiva, la negación del artista a hacer de artista. El fenómeno que globalmente se conoce con el nombre de “arte povera” es un aspecto del más vasto fenómeno de protesta. Las actitudes son radicales. No se debe realizar la obra de arte porque es objeto; en una sociedad neocapitalista o de consumo, el objeto es mercancía, la mercancía riqueza y la riqueza poder. Incluso una obra de arte violentamente agresiva e ideológicamente intencionada sería inmediatamente absorbida y utilizada por el sistema (…). Ninguna técnica organizada se tiene que poner en práctica, pues todas son instrumento del poder, y tampoco ningún tipo de lenguaje, porque también el lenguaje es un género de consumo, una mercancía.

Hay que rechazar todo el arte del pasado, pues, por su sometimiento a técnicas organizadas, en vez de realizar la plenitud de la experiencia estética, la ha reprimido sistemáticamente. El hecho estético quiere ser solamente un “suceso” en un mundo en el que, al tener que ocurrir todo según los programas preestablecidos, se está perdiendo el sentido del suceso (…). Pero, incluso la intencionalidad estética del suceso-espectáculo o del espectáculo como happening, ha ido desapareciendo también de las más recientes manifestaciones. Declarar estético un suceso significa reconocer que realiza una intencionalidad, que presenta un valor, significa juzgarlo y vincularlo a la historia. Y precisamente eso se intenta evitar, dado que la historia es historia de la civilización y toda la civilización es represión de los instintos vitales”.

Tanto Sloterdijk como Argan se entregan a una suerte de optimismo rebajado y sueñan futuros para el arte. De ahí el título del artículo del alemán (donde hay barbecho hay esperanza de una nueva siembra, de ulteriores germinaciones) y el último párrafo del estudio del italiano:

“¿Hasta qué punto la huelga a la ultranza de los operadores estéticos priva a la sociedad “opulenta” de algo que quiere y necesita? ¿No se le niega, por el contrario, algo que no quiere y de lo que no sabría qué hacer?”.

Pero, más allá de estos discursos a fin de cuentas social-conformistas, nos quedan la liebre muerta de Beuys, la rueda de bicicleta y el urinario de Duchamp, los creadores que destrozaban sus obras nada más concluirlas, los escritores que quemaban sus libros… Y nos quedan mis queridos “inspiradores”: los autores anónimos de libros que se han perdido. No firmaban sus obras y tuvieron la suerte de que se perdieran…

2)

A lo largo del siglo XX y, particularmente, en la segunda mitad de la centuria, la forma tradicional de hacer música clásica entra en una crisis definitiva. En el plano técnico, se percibe un agotamiento, un cansancio de repetir siempre las mismas fórmulas, semejantes parámetros, un hastío de reiterar lenguajes caducos. En el plano estético, incluyendo aquí la reflexión histórico-social y filosófica, los músicos desatan una voluntad de crítica, una disposición denegadora, una suerte de rebeldía ante lo establecido y el curso de las cosas en la contemporaneidad occidental: guerras mundiales, holocaustos, etnocidios, opresiones sociales y políticas, hegemonía del mercado y del consumo, maquiavelismo de los Estados, surgimiento de una “industria cultural” que degrada el Arte y lo lleva al almacén de las mercancías y de las demagogias, etc.

Pareciera que la llamada “música culta” inicia un proceso de auto-aniquilación, cuestionando todas sus categorías fundacionales y desasiéndose de ellas. Este es el sentido de las vanguardias, de esa especie de “carrera hacia el silencio” que parte de la atonalidad y pasa por la dodecafonía, el serialismo, la música aleatoria…, hasta desembocar en las provocaciones y renuncias a la creatividad de J. Cage y su escuela.

Antes de esta deriva suicida consciente, los compositores revueltos contra la tonalidad y la armonía clásicas, contra la obra estructurada y las escalas cromáticas consagradas, buscaron vías de escape o de superación. El giro hacia lo popular, el énfasis expresionista, las transacciones deconstructivas con la tradición musical, etc., pueden entenderse hoy como una suerte de “conjuro” contra ese apetito de desaparición que haya precisamente en Cage, con su escrito “Silencio”, su mejor exponente.

Donde la opresión política maniataba a los creadores, como en la URSS, surgieron también, no obstante, obras disonantes, fruto de la tensión entre la exigencia de un sometimiento a la tradición y los anhelos de ruptura e innovación. Prokofiev y Shostakovich son exponentes mayores de esta obediencia díscola. En cine, encontramos a Mevdekin, con su filme “La felicidad”, autor injustamente considerado “estalinista”. En lo concerniente a la escritura, yo siempre recuerdo a I. Babel, con su “Diario de 1920”; pero este autor no fue tan hábil en el funambulismo de componer bajo el régimen soviético y fue fusilado. “El modo en que llevamos la libertad es horrible”, llegó a escribir en referencia a las campañas polacas del Ejército Rojo…

3)

Este auto-cuestionamiento radical no se dio solo en el campo de la música. Afectó a casi todas las esferas de la creatividad humana.

En las artes plásticas, irrumpieron las vanguardias, que desembocaron en aquella “huelga de los operadores estéticos” ya mencionada.

En la escritura, M. Blanchot, R. Barthes, J. Derrida y otros empezaron a demoler el concepto de Obra Literaria, apostando por textos discontinuos, irregulares, fragmentarios, interrumpidos… Avalaban la idea de una “ausencia del Libro” y en ocasiones apuntaban también al silencio: “Necesidad de la palabra para poder callar”, nos dijo E. M. Cioran.

 En filosofía se desestimó la “voluntad de sistema” y el pensamiento tendió a hacerse puntual, local, sectorial, casi minimalista. Se deconstruyeron asimismo los modos clásicos de exposición.

Etcétera.

4)

¿En qué parece haberse resuelto todo esto? A la bella insumisión de los artistas críticos y auto-críticos, a la desesperada, destructiva y autodestructiva insurgencia de las vanguardias, a los gestos negativos y auto-denegativos de los creadores ha sucedido una irrelevante inmersión en las aguas negras de la “industria cultural”, cloacas del arte frecuentadas por las ratas del eclecticismo, del neoclasicismo y otros “revivales” estéticos, incluidas las ya agotadas vanguardias; autores desaprensivos capturados por la racionalidad económica y burocrática, componiendo para el Mercado y las Administraciones y solicitando su apoyo como mendigos a las puertas de la Iglesia. Pero sin la dignidad del mendicante verdadero, por supuesto.

Y tenemos “intérpretes” musicales, pero ya no “creadores”; “profesores de filosofía” en lugar de “filósofos”; “críticos del arte” incapaces de componer un poema o pintar un cuadro; rebaños de “escribidores” facilones en vez de “escritores” conscientes de la dificultad de su labor…

Quiero presentar aquí algunas de estas músicas fugitivas, contestatarias, rupturistas, terriblemente honestas en su camino hacia el abismo. Para mí, hacen también parte de las “músicas aplastadas”, como el flamenco oral, las tradiciones musicales de los pueblos indígenas, la creatividad comunitaria de los nómadas y de los rural-marginales, los sonidos recónditos de África y de Oriente, etcétera.

Dodecafonías y otras rupturas

A. Berg, Suite lírica

https://drive.google.com/file/d/1hTRdUDpwrr6qoc_gveJ4bvp1igoVf6NI/view?usp=sharing

Webern, Bagatelas

https://drive.google.com/file/d/11Tn0g43p0KzFcuUZeAsofgCK7lqgWpOU/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/164pOIfa5gr_z93m6r5IPCbLUSskeaWXn/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1RgsdPGYp-iKyMomxgO4WSimRxPdtOFs7/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/17g8nH12reAZIiDqKiz6GMNpSDY7kR5E5/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1VgdAbN_MxhiL4Cbea-_oI4M2WR7Fqs_o/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1P6U8y3dDcdnM3GdJIFceeJHXP2FUXkDK/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1-t6Zvk6aVuV8eaxAbzadizXDRRiKE88p/view?usp=sharing

Boulez, Figuras, Dobles, Prismas

https://drive.google.com/file/d/15oEHHdRts4sFaUCSLX6YmVaWxHsd6jmq/view?usp=sharing

Fuga hacia lo popular

Kurt Weill

“Bilbao”

https://drive.google.com/file/d/1dL5YzpallVqlPJc25WrPRQzYFHYeCWBa/view?usp=sharing

De “La ópera de tres centavos”

https://drive.google.com/file/d/1adY1er-ruwB1Q-SgjxpeKXcQQfFefv1w/view?usp=sharing

Otros temas de Kurt Weill

https://drive.google.com/file/d/1VBVkkhCK-qy7GBKjdUjDPbqpSJ0jr3w6/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1e8WDnalWoDmA78RfIjN2bCbZ7VnU5mN6/view?usp=sharing

Luciano Berio

Canciones folklóricas. Armenia

https://drive.google.com/file/d/1tTP0001LhP-bqZNsucIOyAboHcwDVLov/view?usp=sharing

Canciones folklóricas. Italia

https://drive.google.com/file/d/1E_dvM3ImkFP1D8SQ_LPSwSR7nANU9TMQ/view?usp=sharing

Canciones folklóricas. Sicilia

https://drive.google.com/file/d/1V8GFUnyrIQlhVpaAA-YpT-GAIJiTbIW1/view?usp=sharing

Béla Bartók, Canciones populares rumanas

https://drive.google.com/file/d/1MZMhySgb0Kjz5XslvtiabcW4banA9jGP/view?usp=sharing

Fauré, La pavana

https://drive.google.com/file/d/1PPxvginnpmjdIzUAIQk3HS1P47joDDau/view?usp=sharing

A. Segovia. Malagueñas

https://drive.google.com/file/d/1Ufkvbkv1eQ9MyC5-uDfSinHFghKk1Sz7/view?usp=sharing

Gershwin, Rapsodia en azul

https://drive.google.com/file/d/1mgCNT29SbUuElpFweSWt468oxD8FumiG/view?usp=sharing

Deriva expresionista

Penderecki. Réquiem por las víctimas de Hiroshima

https://drive.google.com/file/d/1Gpru8cm4_PZ7qt61LHNPNqWIhDJdQgiO/view?usp=sharing

Schoenberg. Pierrot lunar

https://drive.google.com/file/d/1MocMTkwLHgfQpHiZtzBHeJ-1O_pNi_My/view?usp=sharing

Desde lo serial a lo aleatorio y el silencio

Penderecki. Octandre for flaute, clarinet, oboe

https://drive.google.com/file/d/1N4FA8Fk7VIoUqi992z7B5nO7JjfLq1Gs/view?usp=sharing

Cage. Atlas eclipticalis

https://drive.google.com/file/d/1j9wJiuDXmtVJIBP8lt8sww_RVcueo98e/view?usp=sharing

Cage. She is aleep

https://drive.google.com/file/d/1n7OupqObC7dc6UEx–dofqqvqvFObGPF/view?usp=sharing

Stockhauser. Makrofonie I

https://drive.google.com/file/d/1Xg_-sONb1ASNF7RhS2eLG6rCxBIwfNOf/view?usp=sharing

Disrupciones soviéticas

Prokofiev. Obertura sobre temas hebreos para clarinete

https://drive.google.com/file/d/1m4u2L5YoJh03gwzvX7pOs-GGSrkb8VVS/view?usp=sharing

Prokofiev. Sonata núm. 8

https://drive.google.com/file/d/1zvdGECxXSVtYoV6DFFlDZLu94fAguava/view?usp=sharing

Shostakovich. Concierto para piano y violín 1

https://drive.google.com/file/d/1ISNslteeUNaqanlYVPOEN7aw-jDCWLom/view?usp=sharing

Shostakovich. Concierto para piano y violín 2

https://drive.google.com/file/d/1Bk9LSzd-xXCH0yc_ED-2NpsH5RmvXVTw/view?usp=sharing

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Alto Juliana

La docencia monstruosa

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GENTES CON MADERA DE MONSTRUOS
(Sobre la indignidad del profesorado y los seres de paja, de aire, de nube, de ensueño)

“Hacer el mal a sabiendas”: este es el lema secreto de los policías, los militares, los carceleros, los políticos, los jueces, los médicos, los asistentes sociales… También de los profesores, en quienes el cinismo se rebasa a sí mismo y los corona como indignidades insuperables.

Al lado del ascenso paulatino de la neo-escolarización (“proyectos escolares alternativos”, “escuelitas”, “centros educativos democráticos”, “docencias libertarias”, etc.), hallamos el avance de la racionalidad económica y burocrática, que robotiza progresivamente a la sociedad.

Las gentes con madera de monstruos son la norma en nuestra formación sociocultural. Luego hay seres de paja, de aire, de nube, de ensueño, endebles y resistentes como esas plantas que “se doblan, pero no se quiebran” a las que cantaba Camarón.

De esto trata el siguiente video, un conversatorio en el seno del “II Congreso de Docencias Anarquistas”. Se emitió en directo por YouTube, con fallos inevitables y dificultades técnicas que, al editarlo, en lo que concierne a mi intervención, he procurado subsanar.

Este es el enlace de la versión comprimida (en unos días añadiré la grabación en AVI, más nítida):

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Alto Juliana

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NADA TAN FALSARIO COMO LAS LLAMADAS «PEDAGOGÍAS LIBERTARIAS»

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¿»Docencias Anarquistas»?

Participación en el Congreso «Docencias Anarquistas» para denegar el concepto y la praxis de las denominadas Pedagogías Libertarias.

Para mí, lo libertario pasa por rechazar toda forma de Escuela y desatender el cinismo insuperable de los discursos pedagógicos.

Enlace para contemplar el conversatorio, que se transmitió en directo por YouTube:

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana

ASUNTOS DE «EL ESPÍRITU DE LA FUGA», NOVELA EVADIDA DE SÍ MISMA

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EL ESPÍRITU DE LA FUGA

Una Sensualidad Poética, ajena a todas las normas, a todas las teorías y a todos los modelos. Afectividad «creativa» por insubordinada y no-racional.

Una constante voluntad de Huida, de Escapada, de Evasión. Para evitar las consagradas posiciones de complicidad manifiesta con el Opresor -en el puesto de trabajo, ante el mostrador de la tienda o a la puerta de la escuela.

Concepción de la vida como «ocasión para un experimento», que decía Jaspers y sugería Wilde, motivo para una Obra existencial, que cabe diseñar desde un punto de vista artístico, inventando el futuro y enfrentándonos a nuestros días como el escultor a la roca, el pintor al lienzo o el escritor a la página en blanco.

Comprensión del Suicido Antiguo, despedida dichosa de la vida, desde la cumbre y no desde la decadencia, con alegría, como un acontecimiento ansiado, en una apoteosis de la libertad personal.

Denegación absoluta e incondicionada del empleo, del salario, de la servidumbre laboral. En una rehabilitación intempestiva del talante de Diógenes el Perro.

Suscripción de la locura, pero no de la «locura ordinaria», que caracteriza a los ciudadanos declarados «sanos» por la estulticia médica, como denunció Bukowski y llevó al cine Ferreri. Aprobación de la «locura excepcional», incomprendida por la Ciencia, forma de subjetividad atentatoria e irreductible, como la que asistió a Van Gogh y Artaud.

Postulación insostenible de la escritura como «motor de la existencia», si bien siempre al margen del Mercado y del Estado.

Comprensión de la «soledad secreta», que se da en medio de la gente y al rebuzo de la sociabilidad estipulada.

Revuelta contra las escuelas y, sobre todo, contra los profesores, esas «sanguijuelas mercenarias» (en esta expresión se dan la mano el Conde de Lautrémont y George Steiner).

Interrogación sobre el vínculo acaso inapresable entre tres ideas hermanadas y probablemente fratricidas: «Desesperación», «Lucha» y «Libertad».

Sobre estos y otros asuntos se derrama «El Espíritu de la Fuga», obra liberada en mi blog, para descarga instantánea y gratuita, y disponible también en las principales plataformas de distribución física.

No obstante, es una novela; una composición narrativa.

Para lectura o descarga:

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Alto Juliana

ESCUELA Y «HOMO DIGITALIS»

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De la alfabetización de la mentalidad a la psique cibernética

La Escuela ha tenido que ver con tres espacios mentales y vitales: el de la oralidad, el de la escritura y el cibernético. La oralidad fue su presa y su víctima, y procuró acabar con ella en todos los lugares. Ahí se evidenció su dimensión “mortífera”, que se encarnizaba con los hombres orales, a los que denigró como “analfabetos”, “ágrafos”, “ignorantes”, etcétera. Soldada a la escritura y a la lectura, la Escuela se erigió en el mayor poder altericida y etnocida que hemos conocido. Hacia el interior, se reveló asimismo como la más eficaz instancia de domesticación social e individual.

Enemiga de la oralidad, cónyuge de la escritura, la Escuela afronta ahora un cambio de episteme, de espacio mental: la metáfora dominante ya no es la Voz y tampoco el Libro, el concepto regulador de nuestras psicologías y de nuestras vidas es ahora la Computadora…

Ya somos “homo digitalis”, seres telemáticos, mentes cibernéticas. ¿En qué lugar queda entonces la Escuela, ya libre de la oralidad? Esta es la pregunta que suscitaré con mi charla.

Sabemos que se está dejando inundar por las nuevas tecnologías, que las incorpora al arsenal del Reformismo Pedagógico, que se entrega progresivamente a lo digital; y así, ciertamente, conecta mejor con los estudiantes, personas ya definitivamente cibernéticas.

Pero se observa también que, desde lo telemático, desde lo virtual, se están dando modalidades de resistencia a la Escuela, a veces vinculadas a la Educación en Casa, a la Desescolarización, a las instancias comunitarias de aprendizaje, a la informalidad cultural… Fuera del ámbito educativo, las nuevas tecnologías están siendo utilizadas intensamente por movimientos sociales contestatarios, indígenas, rurales, suburbiales, etcétera.

¿Cabe, entonces, en torno a la Educación, pero también por fuera de la misma, una “ciber-resistencia”?

Analizaré, a propósito, tres posturas, con predicamento en nuestros días: la perspectiva “nostálgica” de I. Illich, quien, reconociendo los crímenes de la Escuela y el modo en que aplastó las culturas orales, sigue apostando de alguna manera por el mundo de la escritura y de la lectura; la demonización del “homo digitalis” en Byung-Chul Han, para quien la hegemonía de la cibernética supone prácticamente “el fin de todo” (del secreto, del misterio, del pensamiento, de la política, de lo cualitativo, de la teoría, del eros, del amor, de la narración, de la persona, del libre albedrío, de la comunicación, del tiemplo pleno, de la resistencia…), posicionamiento “teológico” que rinde enormemente a nivel comercial; y el análisis de la revolución electrónico-computacional ofrecido por McLuhan, que sugiere ambivalencias y reversibilidades y, en efecto, no descarta la posibilidad de la “ciber-resistencia”.

Procuraré esbozar mi percepción de esta cuestión, llevándola a los terrenos que me son propios: la antipedagogía, la desistematización y la teoría de los márgenes.

[Camping y Granja Escuela “La Loma”, en Alicante, el día 16 de este mes, a las 16 horas, en el encuentro de la Asociación para la Libre Educación]

Pedro García Olivo

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Vídeos relacionados:

Alto Juliana, 11 de abril de 2022

EL ESPÍRITU DE LA FUGA

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PRESENTACIÓN DE EL ESPÍRITU DE LA FUGA

Presentamos una obra múltiple y multiplicadora. Escrita “a dos manos”, acaso con tres voces, El espíritu… danza entre la narrativa, la filosofía, la crítica sociopolítica y la poesía. Desata una desaprobación radical de los mundos que vivimos, de las sociedades que componemos, de las formas de subjetividad apoderadas de nuestros corazones y de nuestros cerebros.

Del brazo de dos personajes centrales, uno que ha “desaparecido” y otro que recibe el encargo de publicar el texto de su amigo ausente, pero astillándolo con todo tipo de críticas -literarias, teoréticas y existenciales-, las páginas de este ensayo novelado se ven asaltadas por temas que abarcan casi todos los aspectos del devenir humano coetáneo: la Vida como Obra, la Sensualidad Poética, la Fuga como arma, la Escritura como motor de la Existencia, la Locura Excepcional, el Suicidio Antiguo… Siguiendo una línea quebrada, con evasiones y regresos, pérdidas e insistencias, al estilo de las llamadas “escrituras discontinuas”, los fragmentos de El espíritu… van dejando un poso acumulativo de desafección hacia la Modernidad mercantil y administrativa.

He aquí la mimbre del relato:

Víctor Araya, alter ego de Pedro García Olivo, un ser errático y anárquico, en las vísperas de su “desaparición” envía la obra a Ernesto Figueroa, su mejor amigo, comunista chileno exiliado en Budapest, ciudad en la que ambos residieron por los años del socialismo real. Le remite el manuscrito porque sabe que a Ernesto El Espíritu de la Fuga no le gusta en absoluto y le ruega que inserte en el texto definitivo todas sus objeciones, a modo de “notas” e “incisos”.

Tenemos, pues, una novela que incluye su propia crítica, rigurosa y sustancial, que habla constantemente mal de sí; y dos caracteres, enfrentados en su concepción del mundo y en su manera de transitar los días, que explicitan paso a paso sus divergencias -dos personajes indisolublemente unidos por la amistad, una amistad profunda hecha de discrepancia y de respetuosa incomprensión. Probablemente, Ernesto Figueroa aparezca asimismo como “otro” alter ego de Pedro García Olivo, quien, abordando todos los asuntos llameantes de la existencia en los tiempos sombríos de una Contemporaneidad naufragada, manifiesta su escisión fundamental, el alma dividida con la que construye, demuele y retoma su personal universo mítico.

Víctor Araya narra acontecimientos que se desencadenaron en la Budapest tardo-comunista de fines de los 80, trenzando una historia singular de amores, enemistades, violencias, sensualismos, locuras, voluntades de morir e infamias de que fue a ratos protagonista y en todo momento testigo. Y Ernesto Figueroa, aparte de atender la demanda de su compañero, cuestionando el texto desde su primera línea, buceará por las creaciones anteriores de Araya, por sus libros y por sus cartas -y aquí aparece la “tercera voz” a que nos referimos-, para argumentar una tesis grávida de esperanza: que Víctor Araya no se ha suicidado, que sigue vivo, que desapareció para volver a nacer, para reinventar su vida en otra parte y con otra gente, permitiéndose, a tal objeto, y fiel a ese “espíritu de la fuga” que lo constituye, una horrible crueldad para con sus allegados. 

Para leer o descargar la obra:

[Para quienes deseen ejemplares físicos, podrán obtenerlos mediante las librerías y los canales habituales de adquisición telemática. Ya está disponible en www.libros.cc ]

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Alto Juliana

REINVENCIONES PERVERSAS DE LA ESCUELA

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Reformismo Pedagógico progresista y robotización gradual de la sociedad

Bajo el capitalismo necrófilo contemporáneo (vírico, guerrero), basado en autodevastaciones controladas y en eugenesias económico-sociales, la figura del Policía de Sí Mismo queda “superada” (absorbida y rectificada, sin anularse) en la del Ciudadano-Robot. Estos son sus rasgos particulares:

. – La “instantaneidad” de su obediencia:

El Policía de Sí se caracterizaba por su docilidad de fondo, permanente, sustancial, psíquica; por organizar su existencia a partir del “modo de empleo de la vida” (G. Perec), de esas “instrucciones de uso” de sus días que le fueron suministrando desde el nacimiento y que eran “fijas”, constantes, invariables (“sé un buen hijo o una buena hija, una buena o un buen estudiante, un buen trabajador o una buena trabajadora, un buen esposo o una buena esposa, un buen padre o una buena madre, un buen propietario o una buena propietaria, un buen o una buena turista si puedes, una buena o un buen jubilado y un buen cadáver en tu segundo sepulcro -que tuviste en vida tu primer enterramiento-).

Sobre esa base, el Ciudadano-Robot añade una aquiescencia del momento, un asentimiento mecánico a directrices cambiantes, oscilatorias, a veces pendulares: ahora mascarilla sí y ahora no, ahora aquí sí y allá no; ahora quedas suelto hasta las diez, ahora hasta las doce, ahora hasta las dos de la madrugada, ahora todo el tiempo, ahora ya no quedas suelto; ahora puedes reunirte con tus “convivientes”, ahora con un número determinado y modificable de conocidos, ahora con quien quieras, ahora de nuevo con casi nadie… Esta “obediencia instantánea” es el rasgo más llamativo del Ciudadano-Robot, superación del Auto-Policía.

. – En la índole del Ciudadano-Robot se “recuperan” formas arcaicas de dominación, cuyo peso era subsidiario, decreciente, en el Policía de Sí:

En primer lugar, el “despotismo directo”, la sujeción “negra”, antigua, ejercida por el Gobierno, por el Poder Ejecutivo-Judicial -nuevas normas, reglas, leyes, imperativos que serán satisfechos-.

En segundo, la “coacción comunitaria”, “gris”, moderna, ejercida por el grupo, por conjuntos sociales, por la ciudadanía misma (“policía de los balcones”, p. ej.) y expresada en denuncias, acosos públicos, insultos, presiones para no disentir, no diferir, no negar.

Por último, un “auto-control”, una “auto-vigilancia” y una “auto-represión” con variable “mala consciencia”, con cierto “complejo de culpa”, con percepción íntima de la claudicación, de la bajeza, de la cobardía, como si estuviéramos dando una serie de pasos en la “dirección obligatoria” con un pañuelo en la nariz y ante el mal olor de nosotros mismos…

—   —   —

En mayo del año pasado, en el seno del Festival de las Artes Comunitarias de Cataluña, organizado por las gentes de Basket Beat, di una charla, titulada “Reinvenciones perversas de la Escuela. Reformismo pedagógico progresista y robotización gradual de la sociedad”. El texto que comparto hacía parte del guion de esa conferencia.

El conversatorio íntegro puede verse aquí:

Pedro García Olivo

Alto Juliana

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

LA HERRAMIENTA O EL MAPA

Posted in Activismo desesperado, antipedagogía, Archivos de video y de audio de las charlas, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Desistematización, Ensayos fílmicos. Películas documentales, Indigenismo, Proyectos y últimos trabajos, Sala virtual de lecturas incomodantes. Biblioteca digital with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on febrero 22, 2022 by Pedro García Olivo

La herramienta o el mapa

NÚCLEOS Y ADYACENCIAS DE LA ANTIPEDAGOGÍA Y DE LA DESISTEMATIZACIÓN

(Sugerencias, documentos y propuestas para ahondar en la crítica radical)

Presento una “caja de herramientas” para la deconstrucción o, cambiando de metáfora, una cartografía de territorios acaso inhóspitos, aunque también saludables, con localización de fuentes y de refugios. Facilito el acceso libre a las obras, de diversos géneros, sobre las que descansa la crítica de la pedagogía y, en general, de las sociedades capitalistas occidentales.

Esta recopilación de creaciones y de referencias ha sido motivada por el conjunto de charlas-coloquio que desarrollaré desde fines de marzo en el contexto del proyecto “Educación para la vida”. Serán ocho sesiones de dos horas, virtuales, centradas en los siguientes asuntos:

1) La Industria de la Educación Alternativa. Reformismo pedagógico, cosméticas de lo alternativo e intertexto antipedagógico

2) La educación demofascista. Sobre la alterno-represión institucional

3) La Escuela y su Otro. Modalidades educativas refractarias al dispositivo socializador occidental

4) Los límites de la innovación pedagógica. Retrato-robot de las Escuelas Alternativas

5) Iván Illich: tránsitos y paradojas de un desescolarizador intempestivo

6) Legitimaciones ideológicas de las tecnologías educativas “alternativas”: interculturalismo cínico, integracionismo alterófobo y ciudadanismo universalista etnocida

7) De la alfabetización de la mentalidad a la psique cibernética. Escuela y “homo digitalis”

8) Hacia un nuevo Orden Educativo Mundial (Conclusión)

A disposición de las personas inclinadas a participar en estos encuentros telemáticos, o simplemente interesadas por los asuntos que involucran, queda, a modo de mesa servida con manjares y con venenos, o de repertorio de mapas para no perderse o extraviarse sin remedio, la presente colección de ensayos, narrativas y producciones cinematográficas. Fiel a mi estilo, preparo la página y su contenido para descarga abierta, libre y gratuita.

Todas las obras pueden descargarse también desde esta página, que habilité en mi blog:

Adorno, Th. W., (2007) Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Akal

Agamben, G., (2000) Lo que queda de Auschwitz, Valencia, Pretextos

Agamben, G., (1996) Política del exilio, Barcelona, Revista Archipiélago, núm. 26-27

Alain-Fournier, (1913) novela El gran Meulnes

Angelopoulos, N., (1995) filme La mirada de Ulises

Arendt, H., (2012) Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, Barcelona, Lumen

Arguedas, J. M., (2006) novela Los escoleros

Artaud, A., (1978) El teatro y su doble, Barcelona, Edhasa

Artaud, A., (2007) Heliogábalo o el anarquista coronado, Buenos Aires, Argonauta

Bakunin, M., (2008) Dios y el Estado, La Plata (Argentina), Utopía Libertaria, Terramar

Bakunin, M., (2010) Federalismo, Socialismo y Antiteologismo, en SOV Madrid, CNT Textos

Bataille, G., (1987) “La noción de gasto”, en La parte maldita, Barcelona, Icaria

Baudrillard, J., (1978) Cultura y simulacro, Barcelona, Kairós

Bauman, Z., (2012) «Entrevista de Glenda Vieites a Zygmunt Bauman», en http://www.slideshare.net

Bauman, Z., (2008) “Los extranjeros”, en Pensando sociológicamente, Buenos Aires, Nueva Visión

Bauman, Z (2003) “Prólogo” de La Modernidad Líquida, Madrid, F.C.E.

Benedek Fliegauf, (2012) filme Solo el viento

Benjamin, W., (1975) “Tesis de Filosofía de la Historia”, en Discursos Interrumpidos I, Madrid, Taurus

Bernhard, Th., (2008) novela Maestros antiguos

Bourdieu, P., (2002) Espíritus de Estado, Lima (Perú), Instituto de Estudios Peruanos

Brontë, A., (1847) novela Agnes Grey

Buñuel, L., (1961) filme Viridiana

Buñuel, L., (1933) filme Tierra sin pan

Camus, A., (2012) El mito de Sísifo, Madrid, Alianza

Canguilhem, G., (1998) “¿Qué es la Psicología?”, Bogotá, Revista Colombiana de Psicología, núm. 7

Cantet, L., (2008) filme La clase

Carrión Castro, J. C., (2005) Pedagogía y regulación social. Vigencia de Auschwitz, Ibagué (Colombia), El Poira Editores

Caviglia, S. E., (2011) La educación en el Chubut 1810-1916, Chubut (Argentina), Ministerio de Educación de la Provincia de Chubut

Chaplin, Ch., (1916) filme El vagabundo

Cingolani, P., (2012) Nación Culebra. Una mística de la Amazonía, La Paz (Bolivia), FOBOMADE

Cioran, E. M., (1986) “Retrato del hombre civilizado”, en La caída en el tiempo, Barcelona, Planeta-De Agostini

Cioran, E. M., (1986) “Los peligros de la sensatez”, en La caída en el tiempo, Barcelona, Planeta-De Agostini

http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.com/2010/11/emil-m-cioran-los-peligros-de-la.html

Clastres, P., (1978) La sociedad contra el Estado, Caracas, Monte Ávila Editores

Clavell, J., (1967) filme Rebelión en las aulas

Clébert, J. P., (1965) Los gitanos, Barcelona, Aymá

Cordero, C., (2001) El derecho consuetudinario indígena en Oaxaca, Oaxaca, Instituto Electoral Estatal

Cuerda, J. M., (1999) filme La lengua de las mariposas

Derrida, J., (1997) «Una filosofía deconstructiva», en Zona Erógena, Buenos Aires, núm. 35

Doin, G., (2012) filme La educación prohibida

Dussel, E., (1992) 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Madrid, Nueva Utopía

Elias, N., (1987) El proceso de civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas, Fondo de Cultura Económica, México

Ellul, J., (2003) La Edad de la Técnica, Barcelona, Editorial Octaedro

Ende, M., (1973) novela Momo

Esteva, G., (2009) “Más allá del desarrollo: la buena vida”, México, Revista “América Latina en Movimiento”, núm. 445

Ferrer Guardia, F., (1976) La Escuela Moderna, Barcelona, Tusquets Editor

Ferrière, A., (1998) “Adolfo Ferrière y la Escuela activa”, artículo de Carmen Labrador, Bogotá, Revista “PyM”, núm. 242

Freinet, C., (2005) Técnicas Freinet de la Escuela Moderna, México, F.C.E.

Freire, P., (1975) Pedagogía del oprimido, Madrid, S. XXI

Foucault, M., (1992) El orden del discurso, Buenos Aires, Tusquets Editores

Foucault, M., (1979) «Los intelectuales y el poder. Entrevista de Gilles Deleuze a Michel Foucault», en Microfísica del Poder, Madrid, La Piqueta

Foucault, M., (1980) «Nietzsche, la genealogía, la historia», en Microfísica del Poder, Madrid, La Piqueta

Foucault, M., (2013) «Nacimiento de la biopolítica», Traducción del francés de Fernando Álvarez-Uría, París, Anuario del Colegio de Francia

Foucault, M., (1980) «Por qué hay que estudiar el poder», en Materiales de Sociología Crítica, Madrid, La Piqueta.

Foucault, M., (1976) Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano… Un caso de parricidio del siglo XIX presentado por Michel Foucault, Barcelona, Tusquets

García Olivo, P., (2013) Cadáver a la intemperie. Para una crítica radical de las sociedades democráticas occidentales, Girona, Logofobia.

García Olivo, P., (2003) Desesperar, San Sebastián, Iralka Editorial

García Olivo, P., (2005) El enigma de la docilidad. Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia, Barcelona, Virus Editorial

García Olivo, P., (2009) La bala y la escuela. Holocausto indígena, Barcelona, Virus Editorial

García Olivo, P., (2000) El Irresponsable, Sevilla, Las Siete Entidades

García Olivo, P., (2007) filme Cuaderno chiapaneco 1. Solidaridad de crepúsculo, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial [Disponible en YouTube, en siete capítulos]

García Olivo, P., (2009) El educador mercenario, Madrid, Brulot

García Olivo, P., (2014) Dulce Leviatán. Críticos, víctimas y antagonistas del Estado del Bienestar, Barcelona, Bardo Ediciones

García Olivo, P., (2019) La Peste Pedagógica. Escuela, Protesta, Estado y Razón lúdica, Antofagasta (Chile), Mar y Tierra Ediciones

García Olivo, P., (2018) Me enseñó a ser árbol. Composiciones intempestivas desde la antipedagogía y la desistematización,Antofagasta (Chile), Mar y Tierra Ediciones

García Olivo, P., (2018) Mundo rural-marginal. Diferencia amenazada que nos cuestiona, Valencia, Ediciones Marginales

García Olivo, P., (2016) La gitaneidad borrada. Si alguien te pregunta por nuestra ausencia, Valencia, Ediciones Marginales

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Gary, R., (1975) novela La vida ante sí

Gatlif, T., (1989) filme El extranjero loco

Gatlif, T., (2010) filme Liberté

Godard, J. L., (1967) filme La Chinoise

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Salinger, J. D., (1951) novela El guardián entre el centeno

Sitios web:

– “Asociación por la Libre Educación” (http://aleenred.blogspot.com.es/)

– “Baval”, de Francia (http://balval.pagesperso-orange.fr/)

– “Bizitoki. Espacio para vivir” (http://www.bizitoki.org/)

– “Casa Taller Los Moya” (https://www.facebook.com/casatallerlasmoya/)

– “Caso Omiso” (http://caso.omiso.org/)

– “Collage. Espacio Social y Cultural” (https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Collage-455144097993552/)

– “Crecer en Libertad” (http://www.crecerenlibertad.org/)

– “En la Fila de Atrás” (http://enlafiladeatras.wordpress.com/)

– “Fundación Secretariado Gitano” (http://www.gitanos.org/)

– “Loco Matrifoco” (https://locomatrifoco.blogspot.com/)

– “Olea” (https://asociacionolea.blogspot.com/)

– “O Vurdón”, de Italia (http://www.provincia.torino.gov.it/xatlante/mediaecomunita/rom_sinti.htm)

– “Patrin”, en inglés (http://www.reocities.com/~patrin/), — “Unión Romaní” (http://www.unionromani.org/)

– “Red colombiana de Educación en Familia” (https://www.enfamilia.co/)

Sloterdijk, P., (2014) Reglas para el Parque Humano. Una respuesta a la “Carta sobre el Humanismo”, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Sloterdijk, P., (2000) “La utopía ha perdido su inocencia. Entrevista con Fabrice Zimmer” (traducción de Ramón Alcoberro), París, Magazine Littéraire

http://www.alcoberro.info/V1/sloterdijk.htm#slo1

Smith, J. N., (1995) filme Mentes peligrosas

Steinbeck, J., (1947) novela La perla

Steiner, G., (2011) Lecciones de los maestros, Madrid, Siruela

Sternberg, J. V., (1930) filme El Ángel azul

Stirner, M., (2003) El Único y su propiedad, edición cibernética a cargo de Chantal López y Omar Cortés

Stirner, M., (2022) “El falso principio de nuestra educación” (Prólogo de Christian Ferrer), Valencia, LDPE

Tavernier, B., (1999) filme Hoy empieza todo

Truffaut, F., (1959) filme Los cuatrocientos golpes

Valle-Inclán, R., (1924) obra de teatro Luces de Bohemia

Varda, A., (1985) filme Sin techo ni ley

Varda, A., (2000) filme Los espigadores y la espigadora

Vigo, J., (1933) filme Cero en conducta. Pequeños diablos en la escuela

Wajda, A., (1983) filme Danton

Weber, M., (2000) ¿Qué es la burocracia?, elaleph.com

Wilde, O., (2022) El crítico artista, Valencia, LDPE a partir de Librodot.com

Williams, J., (1965) novela Stoner

Zweig, S., (2022) La lucha contra el demonio. Hölderlin, Kleist y Nietzsche, Valencia, Los Discursos Peligrosos Editorial (LDPE)

Pedro García Olivo

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 22 de febrero de 2022

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

«LOS ESCOLEROS». JOSÉ MARÍA ARGUEDAS: CUATRO MIRADAS Y UN SUICIDIO

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Demasiado sensible como para cerrar los ojos y como para no matarse

Presento una novela y un autor que me ganaron el corazón hace años. En Los Escoleros se concitan cuatro miradas: la de un literato que construye un relato fustigante y desgarrador; la de un antropólogo que recoge cosmovisiones, hábitos sociales, costumbres, creencias, juegos infantiles y canciones tradicionales, en el contexto de una presentación casi “naturalista” del mundo indígena andino; la de un crítico socio-político que denigra la invasión “mestiza” de los entornos comunitarios indios, levantada sobre los cimientos de la colonización hispánica; y la de un suicida peculiar, tranquilo, reflexivo, nada patético, que va comunicando a sus lectores y sus allegados las circunstancias y el tiempo calculado de su muerte voluntaria -cumplió con su palabra y se pegó un tiro en la cabeza, el día más apropiado para no importunar demasiado a sus alumnos y colegas.

Me fascinó la personalidad de Arguedas, un hombre “absolutamente incapaz de la agresividad”, como comentó Sybila Arredondo, su segunda esposa, que lo acompañó en sus últimos y depresivos años. Un escritor que sí era capaz de afilar sus palabras para denunciar el lento etnocidio de los pueblos indios, impotentes ante la apisonadora del Capitalismo occidental, expresado también en los propios Estados de Latinoamérica; para discrepar de las líneas de pensamiento y de escritura de muchos de sus contemporáneos, Cortázar, Onetti, Carpentier, Fuentes y Vargas Llosa entre ellos. Una persona que se crio entre los indios, que hablaba quechua con naturalidad, que no pudo dejar de simpatizar con la figura y el gesto del Che, que en ocasiones casi compartía el pathos de las guerrillas regionales, que padeció en todo su ser la escisión del alma latinoamericana, indígena y europea al mismo tiempo, en una síntesis imposible, en una simbiosis solo soñada.

Creo que, con el suicidio de José María, muchas cosas perecieron, algunas de ellas incluso antes de nacer: la inmensa mentira del “interculturalismo” europeo; las cosméticas “integracionistas”, con las que se pretendía disimular el altericidio alentado por los mercados y las administraciones; los discursos del “desarrollismo”, encubridores de la aniquilación capitalista de las etnias originarias y de sus culturas; la burda legitimación de los Estados-Nación del hemisferio sur; el caramelo envenenado de “Nuestra América” …

Me emociona esta novela corta de Arguedas. Su título ya me sedujo: “Los escoleros”. Y el modo en que presenta el mundo opuesto, la sociedad de las gentes que no fueron a la escuela, la realidad de los “comuneros” (que tuve la dicha inmensa de haber conocido en Nicaragua, en Chiapas, en Oaxaca, en Guatemala, en Venezuela, en Colombia, en rincones olvidados de Europa, etcétera), señala a un hombre bueno, extremadamente sensible, no capacitado -por el exceso de su humanidad y de su inteligencia- para sobrevivir mucho tiempo bajo la sombría organización de nuestro mundo.

Para acceder al texto, liberado:

Pedro García Olivo

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 6 de febrero de 2022

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Fotografía de José Enrique Lingán Paredes, creador peruano

AZUL DE LUNA

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Destinos de la Fobia

1.

    Juega a estirarle cuidadoso los rizos del cabello, tan rubio, con sus enormes manos negras. Descubre el reflejo de su rostro en el verde cálido, y un poco asustado, de aquellos ojos. Acosador, se atreve aún a susurrarle unas palabras al oído. Ella responde con una sonrisa tímida pero inequívoca: “está dispuesta”. Besa su mano pequeña y clara, y contempla después cómo la mujer que tanto anhela se acerca para posar delicadamente la mejilla del rubor en la oscuridad de sus grandes labios.

     Las cosas se sumergen lentísimas en la noche, azul de luna. Palabras temblorosas que apenas sí se cruzan en la espesura del silencio más inquieto presagian la detención del tiempo y el despertar de los cuerpos. Entre la tierra extraña y el cielo crecen árboles, y solo árboles. Altísimos, unos. Otros, pequeños como deseos. Todos, nostálgicamente amigos.

    La intención de un beso sin final recuesta al cuerpo de mujer, como de aire, sobre el manto de hierbas. Se agita ahí, a ras del suelo, hasta sentirse recorrido por la fría humedad de la tierra -prohibida. Y ella abre sus brazos para acoger con prisa a su compañero de sueños, desnudo como en sueños…

    Una convulsión, un grito y un manantial de sangre sobre las finísimas sedas de su blusa pálida, sobre el rubio de sus cabellos y casi el verde sin fondo de sus ojos. Desde entonces, y como si se hubiera desplomado el cielo, todo transcurre entre tinieblas.

2.

     Mira ahora los cuatro ángulos rectos de su habitación. Casi los ha hecho obtusos, de tanto golpearlos… Junto a ella, siempre y se diría que desde siempre, una cama de cuerpo que cruje cuando por las noches se acuesta para no dormir, y una mesa redonda que solo utiliza cuando todos los días (salvo aquel sábado horrible de la lluvia), a las dos y media, le suben platos con comida. Los mismos platos, todavía con comida, que recogen a las tres. Y eso, todos los días -excepto el sábado de la lluvia.

     Puede asomarse por una ventana muy grande, con rejas, por donde entra un rato el sol al filo del mediodía y por donde salen sus gritos sin destino todas las noches azules de luna. Y hay también revistas de cosas de famosos por los suelos. Las habrá leído ya cien veces por lo menos, y en cada repaso descubre aún algo nuevo en ellas.

   Antes bajaba cada anochecer a pasear por el jardín, y se entretenía observando los altísimos árboles de los costados de las calles y los pequeños arbolitos (pequeños como tragedias) de los recuadros centrales. Pero desde el sábado de la lluvia se le viene prohibiendo salir sola, y ya únicamente se le permite pasear por los patios interiores.

     La acompaña ahora, en sus paseos castigados, un viejo medio tonto, envuelto en una bata sucia, maloliente, de un blanco mudado al amarillo, que muchas veces se la lleva a rincones sin luz y estrella sus manos, frías y arrugadas como la piel de un lagarto muerto, contra sus senos, contra sus piernas, contra su sexo… Ella al principio gritaba y se resistía hasta desfallecer, pero entonces le quitaban las revistas por tres días y el viejo le negaba la palabra. Por eso ahora ya no grita, ni le araña, ni le muerde, ni le escupe. Incluso, a menudo, ríe con picardía o se contornea incitantemente por su propia voluntad, sin necesidad de que se lo pida el tontucio de las manos frías…

    Una vez al mes llega un hombre joven sin bata que no quiere desnudarla. Con él habla y habla hasta que suena un timbre, y en ese momento debe retirarse para dejar paso a otra compañera. Ese hombre le cuenta cosas muy raras. También le asegura que pronto saldrá de allí. El sábado de la lluvia, sin embargo, se enfadó mucho con ella. Le dijo que le quitaría las revistas por una semana. Entonces ella empezó a desnudarse, y el hombre joven la abofeteó y la obligó a vestirse. Nunca comprenderá por qué la trató así esa mañana.

    Cuando por las tardes baja para conversar un poco con sus compañeras, escucha también cosas muy extrañas. Una mujer mayor que se pasa todo el día llorando y riendo casi a la vez le preguntó en una ocasión por qué había matado a su negro. Ella no halló el modo de responder. Lo ignoraba todo, a propósito. Ni siquiera sabía quién era su negro, si es que tenía o había tenido -en algún sentido- a un hombre de color. Cuando se lo comentó al hombre joven sin bata, este empezó a reír de una manera que le pareció exagerada. Le aconsejó, al oído, que no hiciera caso de aquella anciana. Le explicó asimismo que la pobre vieja estaba loca. Desde entonces, nunca se pone al lado suyo para conversar.

    Cada tres domingos viene gente a verla.  Primero llega su padre, ocultando seguramente el revólver, y le trae pasteles o cigarrillos. Luego sus hermanas, sus sobrinos, … Su madre hace tiempo que no acude. Antes se reunía con ella casi todos los fines de semana, o un fin de semana sí y otro no. Pero desde el sábado de la lluvia ha dejado de visitarla. Desde esa jornada, sus familiares se presentan vestidos de oscuro.

     Por las noches la colocan delante de un televisor para que vea dibujos animados. Ella odia los dibujos animados. Nunca se ríe con ellos. La verdad es que ya solo se ríe cuando el viejo lagarto la desnuda y la manosea.

     A medianoche se asoma por la ventana. A veces la noche está negra como un pozo. Otras veces se le antoja azul de luna. Esas noches son las peores. Cuando la noche está azul de luna, y no se oye nada, más que sus palabras muy flojas, siente como si jugaran con su cabello y le acariciaran la piel; nota como si los labios de la oscuridad besaran delicadamente sus mejillas y las negras manos de la ternura recorrieran con prisa su cuerpo recostado. Entonces ella abre los brazos, ebria de felicidad…, y grita frenéticamente hasta perder el sentido. No sabe por qué le pasa eso. El hombre joven que no quiere desnudarla dice que se le quitará con el tiempo, si se porta bien.

***

(Composición incluida en el proyecto “La queja azur”)

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Alto Juliana, Aldea Sesga

[Reproducción de un cuadro de Alfonso Santa-Olalla Lozano y fotografías de Roy Lingán Paredes]

Elogio a la Diferencia. «Comuneros 1»

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Los Otros y el Espejo

Siempre me interesó el modo de vivir y de morir de las personas.
José María Arguedas, uno de los mejores conocedores del universo indígena, que se suicidó de un modo programado, acordado con sus alumnos.
García Lorca, que fue asesinado, y se sirvió del hecho gitano lo mismo que se hubiera aprovechado «de una aguja de coser o una presa hidráulica», como cuenta en sus cartas a los amigos.
Buñuel, responsable de la mayor impostura sobre el mundo rural-marginal que he llegado a conocer, esa mentira inmensa titulada «Tierra sin pan». Creo que murió de mayor.
Presento aquí el primer capitulo de «Comuneros», que muestra a los otros y señala un espejo íntimo.

Para los próximos capítulos, Eduard Pardo Martí , Ana Martí, Carla Canto , Friedrich y Daniela Ojo En Blanco me han regalado músicas, que formarán parte de esta película documental, realizada asimismo para regalar.

https://m.youtube.com/watch?v=mKgocAzONoY&feature=youtu.be

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https://anchor.fm/pedro-garcia-olivo/episodes/Los-Otros-y-el-Espejo-e1d2hk8

LAS CARTAS VIVIDAS DE FLAUBERT

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PDF de «Las cartas vividas. Tocando a la puerta trasera del refugio Flaubert: https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2022/01/flaubert-cartas.pdf

GUSTAVE FLAUBERT Y EL ARTE DE LA EPÍSTOLA

Por razones muy diversas, es profundo el sentimiento de hermandad que me une a Gustave Flaubert.

Madame Bovary no me interesó; y eso también me acerca al autor, que sentía repugnancia por todos los personajes de su novela y la tenía en muy baja estima: en las cartas a sus amistades se refiere a ella como un “ejercicio de paciencia”, de mero oficio, una obra “chata”, compuesta más para el mundo que para él mismo, alejada de su ser, de su verdadera pasión creativa, de todo lo que amaba.

Pero he disfrutado su correspondencia, esas misivas para los amigos y familiares que componía con tanta concentración y voluntad de estilo, en las antípodas de las cartas vulgares y laceriosas, desgarbadas y sin aliño, de Fiódor Dostoievski, valga el ejemplo.

Comparto aquí una selección de las epístolas de Flaubert, una suerte de mirillas para sorprender el alma del escritor, sus anhelos, sus tormentos, sus felicidades y sus angustias, su concepción del arte, su odio inmenso a la sociedad burguesa y a buena parte de la cultura oficial de su tiempo, sus principales vicisitudes existenciales, los lazos de amistad y de amor que forjó y cuidó incluso en medio de una duradera y aplastante depresión.

No todas las personas son capaces de sobrellevar sin rotura la vida que corresponde a su época y a su país. Para soportar un mundo que detestaba, Flaubert, tal y como refirió en una de sus cartas, se aferró a la tinta lo mismo que otros a la botella de aguardiente. Ello le llevó a una estética particular, orientada al “arte puro”, a la búsqueda incansable de la expresión óptima, de la palabra justa, de la frase armoniosa, de una perfección formal laboriosísima y acaso insensata, motivadora de que, pese a su inusitada capacidad de trabajo, a su “encierro” diario en la escritura (tal un monje de la creación literaria o un monomaniático de las palabras), nos legara muy pocas obras. En una de sus epístolas llegó a declararse partidario de una literatura “sin tema”, sin asunto, sin intención, que se mantuviera solo por la fuerza interna del estilo, por la belleza de las frases, por el encanto compositivo. Me recuerda, por ello, a Van Gogh, obsesionado por su arte, por sus colores y por cada una de sus pinceladas, incluso cuando se proponía pintar unos simples girasoles…

Demasiado inteligente para mentirse, Flaubert habla de sí mismo con una sinceridad anonadadora, señalando sin pudor lo que considera sus miserias, sus deméritos, sus fracasos, su ineptitud para la vida corriente y la felicidad común. Lo mismo que el pobre alienado de Saint-Rémy, es consciente de los “alimentos imprescindibles” de que privó a su cuerpo y a su corazón para consagrarse, de un modo que cabe estimar “religioso”, a la escritura. Relata de qué modo su persecución del “arte puro” lo alejó de la plena vida humana y lo abocó a la desdicha, la soledad, el sentimiento de definitivo naufragio existencial.

Ya mayor, cercana la muerte, le escribe a su sobrina Carolina una carta muy tierna, que contiene a su vez unas líneas durísimas, definitorias de su carácter esquivo y de las certezas íntimas a las que sujetó la mayor parte de su vida:

Los honores deshonran,

Los títulos degradan,

La función embrutece.

Comentario: el orgullo no puede llevarse más adelante.

Os dejo con estas “Cartas escogidas de Gustave Flaubert” y me despido de él con un abrazo fraternal.

PDF de «Las cartas vividas. Tocando a la puerta trasera del refugio Flaubert

Video de la charla «Escuela Mortífera»

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ESCUELA MORTÍFERA
(Participación en el Encuentro Mundial «Educación para la vida»)

No me salió muy bien, desde el punto de vista técnico y expositivo, pues estaba nervioso ante la pequeña pantalla de este móvil anticuado, casi a oscuras (la placa solar no me da luz suficiente en la noche) y aterido de frío. Y me quedé a la mitad de los contenidos que quería compartir…
Pero esto fue lo que alcancé a expresar.

https://fb.watch/93gDZ9YMPP/

SABIDURÍA ANÁRQUICA ORIENTAL

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Para descargar «Un sabio chino», de Óscar Wilde: https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/10/wp-1633775360642.pdf

SABIDURÍA ANÁRQUICA ORIENTAL
En torno a Chuang Tzu y de la mano de Oscar Wilde

A Chuang Tzu, también nombrado Thuangzi, lo conocemos como uno de los mayores filósofos taoístas. Ha merecido infinidad de estudios en los últimos tiempos; en algunos de estos se muestran sus coincidencias con la disposición crítica del quinismo antiguo, Diógenes al frente, y también se le relaciona con el anarquismo clásico.

La vida de este pensador se dio muy lejos de la nuestra, con una separación de más de dos mil años; pero las ideas que esgrimió hubieran podido muy bien ser defendidas esta mañana:

“No hay nada peor que gobernar a la Humanidad. Todas las formas de gobierno son erróneas, son destructoras”.

“La acumulación de riquezas es el origen de todos los males. Hace al fuerte violento y deshonesto al débil. Crea ladronzuelos que instala en jaulas de bambú. Engendra grandes ladrones que sienta en tronos de jade blanco. Es el padre de la competencia, y esta significa desgaste y destrucción de energías. El malestar y la guerra son los resultados de una sociedad artificial basada en el capital”.

“La verdadera sabiduría ni se enseña ni se aprende. Es un estado espiritual que solo consigue el que vive en completa armonía con la Naturaleza. Tratar de hacer buenos a los demás es una ocupación tan ridícula como la de golpear un tambor en un bosque para encontrar a un fugitivo. Es malgastar energías. Eso es todo. ¿Qué importancia filosófica puede tener la educación cuando se preocupa simplemente de colocar a cada persona en un puesto diferente al de su semejante? Al final nos encontramos en un caos de opiniones, dudando de todo y cayendo en la vulgar costumbre de razonar. Solo razona quien se halla intelectualmente perdido”.

“La gente se desquiciaba cuando empezaba a moralizar, dejaba enseguida de ser espontánea y de actuar por intuición. Se volvía presumida y artificiosa, y tan ciega como para tener un propósito definido en la vida. Y entonces aparecían los gobernantes y los filántropos, las dos pestes de todas las épocas”.

“Cuando todo estaba sumido en un perfecto desorden, los reformadores sociales subieron a las tribunas y predicaron desde allí el remedio de los males que ellos y sus sistemas habían causado. ¡Los pobres reformadores sociales! No conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse”.

Ocar Wilde, adscrito a menudo al ámbito del anarquismo filosófico, se destacó muy pronto como un divulgador del pensamiento de Chuang Tzu. Adjunto, al final de esta nota, un enlace para descargar el artículo que le dedicó en febrero de 1890, aparecido en el períódico Speaker.

Desde que caló en mí una interrogación malévola de Sade (“¿Cómo puede ser la relación de la excepción con la excepción?”), he dedicado mucho tiempo a estudiar las obras en que un autor hablaba de otro, en que un creador se enfrentaba a la realización de otro y componía un texto por ella motivado. Eran siempre autores que estimaba y que se ocupaban de artistas que también me agradaban. Leí la correspondencia de F. Dostoievski, recogida y comentada por A. Gide; la composición de Charles Baudelaire sobre la vida y la obra de Edgard Allan Poe; el texto monumental que dedicó A. Artaud a Van Gogh, su “suicidado por la sociedad”; el emocionante artículo de Albert Camus sobre, precisamente, Oscar Wilde, titulado “El artista preso”; etcétera. Por estas fechas, he regresado al artículo en el que el escritor dublinés, antes de los días de su desgracia, manifestaba su admiración (y casi devoción) por Thuangzi, el sabio chino. En todos los casos la excepción parecía enamorada de la excepción…

Oscar Wilde reaccionó enseguida a la primera aparición de la obra de Chuang Tzu en Inglaterra. Con el tiempo, como decía, se fueron sucediendo los estudios sobre el sabio anárquico oriental. Completo esta nota con unas páginas, a propósito, de Emmánuel Lizcano, incluidas en su ensayo “El Caos en el Pensamiento Mítico”:

“Para Zhuangzi, distinguir, analizar, dividir, es empantanar el flujo caótico y vital, cercenar en las cosas su virtud, su virtualidad, “su natural poder ser”, y condenarlas -condenarnos- a ser lo que son, mera im-potencia, identidad, orden, muerte. Las cosas no son lo que son, sino su potencia: “No hay cosa sin su poder ser”.

“No seas un instrumento poseído por tu nombre,
No te conviertas en un archivo de proyectos,
No te pre-ocupes de negocios,
No te en-cargues de sabiduría”.

La figura que aquí se propone es la antítesis del héroe occidental por excelencia: Prometeo. Más bien parece que está hablando de su denostado hermano, Epimeteo, el des-preocupado, el que actuaba sin la menor premeditación, el que con sus comportamiento caótico es fuente de todas las desgracias (para la mitología griega y su heredera, la mitología científico-técnica).

A diferencia de los confucianos, el sabio taoísta no pretende ilustrar a nadie. Y, de la clase dirigente, solo le interesan sus hijos díscolos o descarriados. Lo mejor que puede hacer el poderoso con el pueblo es dejarlo a su suerte, pues en el pueblo, como en el caos, está su propia energía autoconstituyente. “Cuando el gobierno es inactivo, el pueblo es diligente; cuando el gobierno es activo, el pueblo se hace indolente”. Por eso tampoco el pueblo tiene la menor necesidad de ser iluminado, ni de directrices ni dirigentes: “Eliminad los sabios, desterrad los ingenios y aprovechará cien veces más el pueblo”. Cuanto le venga de fuera, y altere así su virtud autoorganizativa, no puede sino corromperle. Son las leyes las que crean al delincuente. “Cuantas más prohibiciones, más pobre será el pueblo; cuantas más armas, más desorden habrá; cuantos más ingenios y artilugios, más monstruosidades surgen; cuantos más decretos y leyes se promulgan, más bandidos aparecen”. El desorden no es consecuencia de la anarquía sino, por el contrario, del afán de gobierno, del empeño por ordenar el tumultuoso y complejo discurrir de la naturaleza, de la vida y de las gentes (…).

El caos que así se elogia resulta ser sorpendentemente afín, en lo político, a ciertas tesis del anarquismo clásico y, en lo físico, a las de la recientemente llamada “caología”, que las ciencias de estos últimos años saludan como un “nuevo paradigma” del conocimiento (…). El caos del taoísmo es autoconstitución, autopoiesis. Es en el propio interior de su bullicioso acontecer donde se encierran todos los órdenes posibles. Cualquier intento ingenioso/ingenieril por ordenarlo desde fuera es letal. Imponer el orden es destrozarlo; la acción premeditada, planificada, aunque se anime de la mejor voluntad, condena a muerte toda potencia auto-organizativa (E. Lizcano, “El caos…”, recogido en Urdimbre, Suport Mutu, Castellón, 2003, pp. 11-13).

Cierro este escrito rememorando el final de una escena compuesta por Chuang Tzu y que fascinó tanto a Oscar Wilde como, un siglo después, a Emmánuel Lizcano. Confucio se enfrenta discursivamente con Chieh Yü, el loco, el ladrón, el bandido de Ch’u; y recibe, como despedida del intercambio, estos gritos sublimes:

¡Basta! ¡Basta! ¡Ya está bien de usar el Poder
para someter a los hombre!
¡Cuídate mucho de ir trazando a los demás
el camino que deben seguir!
¡Apaga esas claridades!
¡No estorbes mis paso!
Mi andar es errático y tortuoso.
¡No me entorpezcas! (…).
Todos saben de la utilidad de lo útil,
pero nadie conoce la utilidad de no ser útil para nada.
(E. Lizcano, op. cit., p. 16)

Para descargar el artículo de Óscar Wilde, titulado «Un sabio chino»:

Haz clic para acceder a wp-1633775360642.pdf

Pedro García Olivo

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CONTRA LOS INVENTORES DE LA FELICIDAD

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¿MUDAR EL ALMA?

En medio de la noche (yo siempre pienso, escribo y soy en la madrugada), me pregunté si mi empeño era absurdo, inútil, destartalado: “Pedro, ya sé que, en tu opinión, estás avanzando hacia una deserción completa y que te quieres borrar del mundo en tanto funcionario y profesor, pero ¿estás seguro de que se puede mudar tan fácilmente el alma?”.


“Mudar la piel es sencillo: lo hacen todas las serpientes y todas las personas que tienen alma de serpiente. Pero, ¿tú te crees de verdad que cabe “cambiar de alma”, dejar de ser lo que se fue siempre y se es todavía; te parece, a día de hoy, que está en tus manos “hacerte otro”, reinventar en lo profundo tu vida?


Estas preguntas me las está haciendo mi “demonio de la medianoche”, que me altera el sueño y, a veces, me destroza toda la jornada. Aún así lo escucho y hasta lo estimo…


No tengo respuestas aún. Dejo aquí un escrito en el que se explicita todo lo que detesto del funcionariado y, por tanto, también de mí mismo. Y un audio en el que me abro a la posibilidad de que la deserción sea un ensueño.


Pero no sé… No sé, que ya es mucho.



CONTRA LOS INVENTORES DE LA FELICIDAD
El Funcionario ha sido inventado para extraviar aún más el sentido de la tierra,
para evitar que el Libertino consiga por fin “hacerse un cuerpo” –
nada menos que un cuerpo: ajusticiamiento del Más Allá,
descodificación de los flujos del deseo



“¡No vuestro pecado –vuestra moderación es lo que clama al cielo,
vuestra mezquindad hasta en vuestro pecado es lo que clama al cielo!
¿Dónde está el rayo que os despierte con su furia?
¿Dónde la demencia que habría que inocularos?”.
F. Nietzsche



“Me han enseñado a odiar al Gran Burgués y, sin embargo, no le temo –apenas me preocupa. No veo en él más que a un esclavo: explotar al obrero, Esa es su forma de servir a la maquinaria capitalista, esa su manera de perseguir el bienestar y no encontrar más que la desdicha. Como también me educaron en el amor al Proletario, dediqué cierto tiempo a describir su dolor, relatar sus luchas, celebrar sus triunfos y lamentar sus derrotas; intuía que de aquella escritura, supuestamente explosiva, dependía incluso el Valor de mi vida. Pese a ello, nada que tenga que ver con sus miserias, con su opresión evidente, ha logrado hasta el momento desencadenar toda la irritación de que me creo capaz. Odio, temo, al Funcionario”. He aquí la confesión del Libertino, el secreto de su extraña disidencia.
Para el Libertino, el Funcionario no es tanto el sujeto de una profesión, de una actividad laboral concreta, como la encarnación de cierto perfil psicológico moderno –síntesis burguesa de la moralidad cristiana. Define al Funcionario por su percepción de la tierra, por su relación con el propio cuerpo. Sorprende en él una forma peculiar de codificar los flujos del deseo y apaciguarlos sobre imágenes siempre fijas, idénticas e inmutables: imágenes de la seguridad, de la obligación incondicional y, por tanto, tecnologías del sojuzgamiento del cuerpo, de su mutilación por una figura de la policía social anónima que se hace cargo de las riendas de la subjetividad y organiza los ámbitos complementarios de lo permitido y lo prohibido.
Y, en este sentido, como estructura psicológica y determinación moral, el Funcionario tiende a neutralizar tanto la voluntad de resistencia de los colectivos oprimidos como la capacidad de placer de las fracciones de clase hegemónicas. Perpetuará así la desigualdad social al homogeneizar la circulación del deseo (moralización despótica de las costumbres); y, con el objeto de convertir no menos a los dominantes que a los dominados en siervos profundos de la axiomática capitalista, procurará siempre -y en todos los casos- un mismo olvido de la tierra.
“¡Permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores y calumniadores de la vida, lo sepan o no. Son moribundos y están ellos también envenenados. La tierra se halla harta de ellos”: esta es la recomendación nietzscheana violada en toda regla por el Funcionario. A nadie escapa ya la iniquidad de sus fines: desplazar la Moral –preservar la Moral mediante su simple desplazamiento. Con esta movilización de la moral, y como el último hombre de Zaratustra, el Funcionario ha abandonado las comarcas donde era duro vivir, ha cultivado la discusión superficial como premisa de la reconciliación de fondo y ha organizado su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche. En pocas palabras: ha inventado la felicidad. Sí, el Funcionario ha inventado la felicidad y, con ello, ha prestado al Orden del Capital el mayor de los servicios –por fin reparada la atadura interior, de nuevo codificado el deseo, una vez más la mutilación del cuerpo.
De espaldas a la Virtud, con la Razón en la cuneta, los defensores de la tierra vienen denunciando ásperamente la felicidad del Funcionario como lamentable bienestar, sucio disfrute, atrincheramiento en posiciones políticas de complicidad. Vienen preparando, casi desde la emergencia antitética del Libertino, la hora del gran desprecio: “La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea, y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud”. Mientras el Funcionario anhela un poco de veneno de vez en cuando -eso produce sueños reconfortantes- y mucho veneno al final, asegurando un morir agradable, el Libertino arriesga la salud y prescinde del narcótico para entregarse, como un niño, al peligro de la existencia sin ídolos. Vivir sin ídolos: “Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso correr, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse.” Vivir sin ídolos: simplemente, atreverse a Vivir, recuperar el Cuerpo.
Aquí Artaud: “Para VIVIR hay que tener un cuerpo”. Y ya lo hemos perdido por dos veces. Lo sacrificamos ante el Alma cuando aún vivía Dios; y lo sustituimos por un Organismo, un Código, un Engranaje…, tras su muerte, cuando la Razón y la Virtud modernas volvieron a enturbiar la percepción de la tierra. El Funcionario nos hurtó el cuerpo antes de que aprendiésemos a usarlo (“el hombre común ignora hasta qué punto puede llegar el vicio de tener un cuerpo y servirse de ese cuerpo”), y demostró a la maquinaria capitalista que todavía era preferible una moralidad sin Dios –una moralidad atea, la más funesta de las moralidades, el último escondrijo de la Metafísica y la mejor garantía de la dominación burguesa.
Al enterrar el Cuerpo Sacrificado (cuerpo de la moral antigua: “En aquel tiempo, el alma miraba al cuerpo con desprecio; y ese desprecio era entonces lo más alto –el alma quería un cuerpo flaco, feo, famélico”), el Funcionario suspendía la exigencia, inaceptable para la sensibilidad ilustrada, de un Dios cruel, punitivo, torturante, y desplegaba en su lugar el nuevo Orden del Simulacro. Como impostura del cuerpo, el Organismo liberará así los flujos del deseo y los protegerá de la vigilancia residual del alma –impotente. Pero solo para someterlos a la tiranía de la nueva axiomática capitalista (“jamás el cuerpo es un organismo, los organismos son los enemigos del cuerpo”). Sancionaba con ello la transición del deseo detenido al deseo dirigido: “Al cuerpo humano se le ha obligado a comer, se le ha obligado a beber, para evitar que baile; se le ha obligado a fornicar con lo oculto, para dispensarle de exprimir y ajusticiar la vida oculta”. Contra la reconducción del deseo surgió entonces la rebeldía de los inmoralistas, la búsqueda difícil de la auténtica vida sensual –D. H. Lawrence: “Existe una enorme diferencia entre el ser sensual, auténtico, y la desvergüenza escandalosa de la mente liberada que tanto nos seduce”.
En el tiempo del Cuerpo Sustituido, apenas puede vislumbrarse el destino político del deseo descodificado. Pero hemos aprendido ya a intuir su peligrosidad inherente:

“¿Quién soy?
¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud y si lo digo
como sé decirlo
inmediatamente veréis mi cuerpo actual
saltar en pedazos
y constituirse bajo diez mil aspectos
un cuerpo nuevo
por el que no podréis
olvidarme jamás”.

No imaginemos la liberación del deseo como instalación en la Era de la Fidelidad a la Tierra. Que nada en nuestro discurso recuerde el teleologismo del Gran Desenlace. Pensemos más bien la recuperación del cuerpo como proceso interminable de descodificación política del deseo, negación indefinida de los modelos coactivos de la moral burguesa y articulación fragmentaria de un nuevo tipo de subjetividad histórica. Valoremos asimismo la trasgresión de la Moral por el Libertino, su desaprobación radical de la felicidad del Funcionario, como declaración de guerra al pensamiento de la Repetición y a la sicología de la Repetición. Para los Defensores de la Tierra, “hacerse un cuerpo” (“el cuerpo se lo hace cada uno, o de lo contrario ni sirve ni se aguanta”) significará, pues, ensayar la diferencia existencial, anticipar la novedad subjetiva, promover la transformación social.
Ensayar la Diferencia, anticipar la Novedad, promover la Transformación… Quizás por eso, el Libertino busca la compañía de aquellos que, desde la periferia de la Razón y en medio de la noche de la Virtud, abandonan los caminos de los demás para enfrentarse a lo imposible de la Creación –un tránsito y un ocaso. De alguna forma, el Libertino contiene al Creador, encierra la condición de la Obra –la voluntad de hacerse un cuerpo. Nadie como Nietzsche ha sabido precisar la naturaleza de su “práctica social”, evitando cualquier confusión con las desahuciadas figuras del Predicador, el Profeta, el Caudillo o el Dirigente:

“¡Ved los buenos y los justos!
¿A quién es al que más odian?
Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador,
al infractor –pero ése es el creador.
¡Ved los creyentes de todas las creencias!
¿A quién es al que más odian?
Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador,
al infractor –pero ése es el creador.
Compañeros para su camino busca el creador,
y no cadáveres, ni tampoco rebaños de creyentes.
Compañeros en la creación busca el creador,
que escriban nuevos valores en tablas nuevas.
Compañeros busca el creador, que sepan afilar sus hoces.
Aniquiladores se les llamará,
y despreciadores del bien y del mal.
Pero son los cosechadores y los que celebran fiestas.
Compañeros en la creación busca Zaratustra,
compañeros en la recolección y en las fiestas busca Zaratustra:
¡qué tiene él que ver con rebaños y pastores y cadáveres!”.

El Funcionario se reproduce a lo largo de toda la cadena de Instituciones Sociales configuradas por el Capitalismo. Encuentra, sin embargo, en la Escuela un lugar privilegiado de emergencia y consolidación. La Escuela: producción del Funcionario a cargo del Funcionario por excelencia. O también: constitución del Funcionario por medio del funcionario mejor centrado sobre la impostura del Organismo.
“Una sola boca que habla y muchísimos oídos, con un número menor de manos que escriben: tal es el aparato académico exterior, tal es la máquina cultural puesta en funcionamiento. Por lo demás, aquel a quien pertenece esa boca está separado y es independiente de aquellos a quienes pertenecen los numerosos oídos; y esa doble autonomía se elogia entusiásticamente como libertad académica. Por otro lado, el profesor -para aumentar todavía más esa libertad- puede decir prácticamente lo que quiera, y el estudiante puede escuchar prácticamente lo que quiera: solo que, a respetuosa distancia, y con cierta actitud avisada de espectador, está el Estado, para recordar de vez en cuando que él es el objetivo, el fin y la suma de ese extraño procedimiento consistente en hablar y en escuchar”. El Estado como objetivo: la aceptación generalizada de la coacción estatal como propósito y la interiorización progresiva del principio de autoridad en que se funda como premisa… He aquí la finalidad más notoria del aparato educativo.
Y, al otro lado, el Estudiante, “un bárbaro que se cree libre”, algo menos que una víctima: “de hecho, tal como es, es inocente, tal como lo conocemos es una acusación callada pero terrible contra los culpables. Deberíamos entender el lenguaje secreto con que ese inocente vuelto culpable habla a sí mismo. Ninguno de los jóvenes mejor dotados de nuestro tiempo ha permanecido ajeno a esa necesidad incesante, debilitante, turbadora y enervante, de cultura. En la época en que es aparentemente la única persona libre en un mundo de empleados y servidores, paga esa grandiosa ilusión de la libertad con tormentos y dudas que se renuevan continuamente. Siente que no puede guiarse a sí mismo, que no puede ayudarse a sí mismo: se asoma entonces sin esperanzas al mundo cotidiano y al trabajo cotidiano. Lo rodea el ajetreo más trivial, y sus miembros se aflojan desmayadamente”. El Estudiante, una acusación callada pero terrible contra los culpables, atravesado por el deseo de saber, por la enervante necesidad de cultura, y arrojado por la máquina escolar -finalmente- al ajetreo más trivial, al mundo cotidiano (la familia) y al trabajo cotidiano (la producción)… Así resumía Nietzsche, en 1872, la operación policial sobre el deseo desplegada por la Escuela con el objeto de “formar lo antes posible empleados útiles y asegurarse de su docilidad incondicional.” Operación que cabría definir también en estos términos: transformar el deseo de saber, de aprender, en necesidad de trabajar, en necesidad de desear trabajar; convertir el deseo de huir de la familia en necesidad de fundar una familia, y el deseo de independencia, de autonomía, de libertad, en necesidad de aceptar una autoridad, una regla, una disciplina.
Autoridad, Familia, Trabajo…: una vez más, la felicidad del Funcionario, el lamentable bienestar del autómata al que se garantiza un empleo bien retribuido para que perpetúe el infierno del hogar y reproduzca, de la mejor manera, el principio de obediencia y auto-constricción. Todo ello, por supuesto, en nombre de la Razón…
Y no pensemos que la influencia de la Escuela se agota en esa codificación extrema del deseo del estudiante. Al contrario, arranca de ahí para alcanzar, por la mediación de los saberes disciplinarios, el dominio de la familia, modelándolo según las expectativas de la nueva moralidad.

“Ustedes vienen para saber si los mediocres resultados de su hijo
son debidos a una tara hereditaria o si lo hace a propósito.
Pues bien, no es ni lo uno ni lo otro;
y si se confirma que los tests muestran un desnivel
entre sus capacidades y su rendimiento escolar,
precisamente por eso será necesario que me cuenten
cómo se comporta en la escuela y en casa,
cómo se lleva con sus hermanos y hermanas, con ustedes,
si tienen problemas familiares, cuáles son sus actitudes educativas…
Háblenme de su matrimonio, de sus discusiones, de sus infancias,
de sus relaciones con sus padres…
Díganme si les satisface su empleo, si saben qué hacer con su tiempo libre,
si disfrutan de una equilibrada vida social,
si son capaces de mantener la armonía en la familia…”.

De igual modo que el joven se ve dirigido hacia la figura represiva del Buen Estudiante, la familia padecerá la intromisión de los nuevos especialistas (pedagogos, sicólogos,…) en demanda de un clima ideal de convivencia: a saber, unos padres trabajadores, la proscripción de todos los vicios (“vicios son, nadie lo ignora, lo que se quiere”), una cotidianidad amable en la que la norma social apenas se discuta, la remisión permanente a la sexualidad domada y a la virtud laica del “hombre maduro”…
Para contrarrestar la efectividad coercitiva de esa reconducción del deseo (formación de la libido del buen alumno, formación de la libido trabajadora y familiarista), el Libertino huye de todos los púlpitos y evita la claudicación estúpida de todos los discípulos. Busca compañeros de viaje y emprende la Fuga –desguace de la Máquina. Para ello, persevera en el inmoralismo y cultiva la irresponsabilidad beligerante del saboteador sin escrúpulos. Desmontar la Máquina -familiar, escolar, laboral…- para descodificar el deseo y restablecer el sentido de la tierra; paralizar el Engranaje para que, de la ruina del Organismo, surja la posibilidad de una oscura recuperación del cuerpo: ese es el viaje al que nos invitan los Inmoralistas de nuestro tiempo, ese es el viaje que más teme el Funcionario –porque adivina en él la demencia que habría que inocularle. “Inocencia y olvido, un nuevo comienzo, una rueda que se mueve por sí misma, un primer paso, un inquietante decir Sí”.

[Texto extraído, con pequeños retoques, de “El irresponsable”, La linterna sorda, Madrid, 2016]

El audio mencionado, en torno al ensueño de la deserción:
https://anchor.fm/pedro-garcia-olivo/episodes/El-ensueo-de-la-Desercin–Necesidad-de-la-palabra-para-poder-callar-e17ni8u

Pedro García Olivo
Alto Juliana, Aldea Sesga, Ademuz, Valencia, 22 de setiembre de 2021

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MALDITISMOS

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UN LIBRO EN EL BOLSILLO DEL HOMBRE QUE MATÓ A J. LENNON

Llevaba «El guardián entre el centeno», de J. D. Salinger.

Dijo que las razones por las que cometió el magnicidio estaban contenidas ahí.

Es una novela prodigiosa, redactada en la voz de un adolescente, rebelde, antisocial, sincero en lo profundo, confundido aun así a pesar de tener claras muchas cosas, espantado por el mundo que los adultos han diseñado para la infancia.

Quisiera ser el guardián que, en medio de un campo de centeno donde juegan los niños, evita que algunos de ellos caigan por el precipicio que circunda los cultivos.

El asesino de Lennon llevaba dos cosas en los bolsillos: un revólver y un hermoso libro. Cuando asesinó a Lennon quizá estaba pensando en los niños, en los campos de centeno en que jugaban; y, en su locura, para salvarlos, quiso acabar de una vez con el precipicio-Lennon.

Lennon no me interesa. Holden, el adolescente enfrentado al mundo por amor a la infancia, sí.

Siempre llevo un libro en el bolsillo; y, en mis «horas malas», como diría García Márquez, llevo también un puñal. Para defenderme del mundo adulto y de su pretensión de erradicar, mediante precipicios, la belleza de la infancia y de la primera juventud.

TE IMAGINAS, HERMANA?

Te imaginas, hermana,
que nos hayan reducido
a la última soledad,
la soledad extrema,
en la que ya ni te conozco
ni me conoces?

Te imaginas, mi hermana,
que hayan hecho del futuro
un desierto?

Te imaginas, mi vida,
que donde antes había corazón
ahora haya electrodos?

Te imaginas, cielo, un mundo y unas gentes
enmascaradas,
para que cueste un poco más
advertir su podredumbre?

Te imaginas, estrella, esta realidad
de noche sin luna
y puede que, por fin y por primera vez,
sin amanecer?

Te imaginas, amor,
que ya es tarde para todo,
salvo para darte un abrazo?

Sé que ya te lo imaginabas todo.
Sé que sabes que no existes.

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Alto Juliana

ALGO PARECIDO A LA LIBERTAD

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La cuestión del sujeto en Huxley

Para Aldous Huxley, la democracia es una prisión sin muros, de la cual los reclusos en absoluto desean ya escapar. Desplaza, con ello, el interés de la crítica desde el ámbito institucional, “exterior”, objetivo (controles, dispositivos, reglamentaciones y policías,…), hasta la esfera del sujeto mismo, de lo que acontece en su corazón y en su cerebro: por ejemplo que, al fin, dejó de desear la libertad…

Varios ensayos y artículos de su libro «Al margen» alumbran ese asunto, mediante una técnica impresionista de acumulación de pinceladas sueltas, acentuando drásticamente los efectos de perspectiva y cambiando sin cesar el ángulo de visión. En el escrito sobre «Cándido o el optimismo», constata, atormentado, cómo el horizonte histórico-social descrito por Voltaire, aquel cuadro de catástrofes y de desastres, puede reconocerse, punto por punto, en el convulso panorama del primer cuarto del siglo XX, del que se presenta como cronista, con una guerra mal enterrada y otra naciente, con los fascismos en desperezo, el imperialismo adiestrándose en la masacre y en el etnocidio, la industria avasallando a los hombres y destruyendo el ambiente, etcétera.

Vivimos, desde entonces, en “el corazón de las tinieblas” (J. Conrad), en “las entrañas del horror”; pero, para Huxley, los cataclismos, las nocividades, los sucesos infaustos, ya no se “vivencian” del mismo modo: ha cambiado el sujeto, somos ya “otros”; y hemos dejado peligrosamente atrás el “asombro” de Cándido ante la infamia, ese “asombro” sublevado que, en su opinión, aún recorría toda la obra de Zola…

El sujeto se ha habituado a la vileza, se ha acostumbrado a lo monstruoso, se ha instalado, sonriente, en la catástasis de la tragedia. El mal dejó de asombrarnos; y, por ello, Aldous Huxley ya no puede simpatizar con la recomendación cantarina que cabe extraer del Cándido: “Cultivar, con amor, esmerados, pacientemente, nuestro propio jardín”. “¿Qué ocurre —nos pregunta— si ese jardín es lastimoso, deplorable y no vale la pena cultivarlo? En sus palabras:

“La mayor dificultad es que algunos de nuestros jardines no merecen la pena de ser cultivados. El jardín de un escribiente de banco, de un obrero fabril, de una dependienta de comercio, de un empleado del Estado, de un político, ¿es posible cultivarlos con verdadero entusiasmo? E igual ocurre con mi jardín: el jardín del periodista literario (…). ¿Para qué cultivarlos? ¿En beneficio de quién? (…).
«Il faut cultiver notre jardin». Sí, sí; pero supongamos que alguien empieza a preguntar por qué”.

¿Qué cabe esperar del jardín íntimo del sujeto real, del sujeto empírico, de carne y hueso, que no aspira ya a la libertad, orgulloso de malbaratar sus días en esta cárcel al aire libre (Horkheimer) de las sociedades democráticas occidentales? ¿Qué celebrar en el cultivo de nuestros lamentosos jardines interiores, tan sucios como los de nuestros vecinos y que solo dan frutos aborrecibles? Así como el subconsciente accesible del individuo actual es patético —lo comprueban a cada rato los psicoanalistas, como recordaba Sloterdijk— y no contiene nada en sí mismo emancipador, saludable, bonanzoso, así también, nuestros jardines nos castigan con cosechas deprimentes.

En «Acidia», Huxley ilustra cómo el muy legítimo “desencanto” de los románticos, aquella tristeza ante lo real-social, aquella desesperación incluso, aquella desilusión “negativa” —que se transfunde a lo mejor de la literatura y de la filosofía posteriores, y que tiene que ver con el esplín, con la melancolía, con la constricción ante lo insufrible-histórico—, el llamado «mal du siècle», alberga todavía un nódulo de dignidad y casi de esperanza: deviene como la respuesta de la consciencia humana a un horizonte histórico-social estrictamente abominable, con la caída de todos los ídolos y la suma de todas las decepciones (la libertad por la que suspiraba la Revolución Francesa y el sufragio universal en el que se cifró su garantía habían engendrado el más temible sistema de opresión; el progreso prometido por el industrialismo solo había generado miseria para la mayoría y “riquezas obtenidas torcidamente” para unos pocos, devastando de paso la Naturaleza; la expansión del asociacionismo y el fortalecimiento del común que tantos idealistas vinculaban a la urbanización y a la racionalización de la existencia en las ciudades devenían broma cruel ante la vida abúlica y el individualismo empequeñecedor de los residentes en las nuevas atestadas localidades; etcétera). La acidia de principios del siglo XX estaba, pues, más que justificada históricamente y casi honraba a cuantos la padecían.

Lo que primeramente, en la Edad Media, se vio como un pecado, una asechanza del “demonio del mediodía” (demon meridianus), que afligía y paralizaba a los hombres, llevándolos a la condenación eterna; y que, más tarde, desde mediados del siglo XVIII, se atendió como un proceso morboso (una enfermedad, un trastorno de la psique); acabó convirtiéndose, andando el tiempo, en un “necesario”, “motivadísimo”, estado de ánimo colectivo, en la disposición prevalente de la emotividad social, en el espíritu de la época. No obstante —y nos acercamos a lo más acerado del análisis de Huxley, que nunca fue, por cierto, un afable estrechamanos—, ya se registraban, por aquí y por allá, las primeras, si bien todavía esporádicas, manifestaciones de la “decadencia del asombro”. Ya se estaban reuniendo los mimbres para el trenzado de una nueva forma de subjetividad, ganada cada vez más para la aquiescencia. Se había empezado a modelar, con cautela, sin prisas, un nuevo tipo de hombre, en el que hoy nos reconocemos plenamente, y que acabaría a la postre con la acidia…

***
El sujeto del siglo XXI es otro, sin asombro y sin acidia. No ha cambiado, en lo sustantivo, el mundo; pero sí los hombres. Emerge el cinismo, esa “mala consciencia ilustrada” que desemboca en la resignación y en la aceptación terapéutica de la mancha en lo real (García Gual). Conscientes de todo, sabedores de todo, sin sorpresa y casi sin dolor, admitimos lo dado y seguimos adelante… Ante los cataclismos, las conflagraciones, los infortunios, las iniquidades sucesivas…, que ya conocemos, que hemos documentado e inmortalizado en miles de novelas, películas, obras de teatro, ensayos de filosofía, tratados de historia o de sociología, etc., optamos con premeditación por “mirar a otra parte” (“desatención selectiva”, decían los psicólogos de la guerra), por auto-anestesiarnos metódicamente. Hacemos entonces del horror nuestro hogar; y vivimos en el seno de la atrocidad sin el menor espanto, sin melancolía, sin desesperación… Puesto que el cínico es inteligente, y presume de su capacidad para la autocrítica y para el realismo descarnado, ni siquiera intenta engañarse: sabe que se le escapó para siempre el afecto profundo, la alegría verdadera y la soberanía sobre sí mismo; y se contenta entonces, de nuevo medicinalmente, con “algo parecido a…”, como lamentaba Gertrud, en el film homónimo de Th. Dreyer: “algo parecido al amor”, “algo parecido a la dicha”, “algo parecido a la libertad”.

“Algo parecido a la libertad”: consumir sin descanso, compulsivamente, como si vivir fuera comprar, y conformarnos con el aliviador margen de elección que se nos otorga en tanto “hombres económicos” (Ellul lo desgranaba en adquirir, vender, intercambiar, poner precio a las mercancías,…), mientras nos dejamos emponzoñar —anota implacable Huxley, en «Placeres»— por la “industria de la diversión”, con sus miseriosas y vacías holganzas administradas. Un ocio alienado, mecánico, pasivo, que a su modo exige obediencia, se añade a un trabajo alienante, no menos maquínico, basado en la servidumbre, y se obtiene así el día perfecto, donde aún cabe degustar “algo parecido a la libertad”.

El pesimismo del primer Huxley es diáfano: nuestra civilización moderna no está en peligro por imaginarios (o fabricados) “enemigos externos”, sino por “los diversos venenos que, mediante un proceso de autointoxicación, destila dentro de sus propias entrañas”. “Los peligros más alarmantes son aquellos que amenazan nuestra civilización desde dentro y que acechan a la mente más que al cuerpo: el estado del hombre contemporáneo”. Las sociedades democráticas occidentales están condenadas: en esto Aldous Huxley daría la razón a Anselm Jappe, para quien el sistema capitalista será devorado a medio plazo por sus propias contradicciones internas. Pero, como sugieren ambos, la sociedad del futuro, pos-democrática y pos-capitalista, la nueva formación sustitutoria, no tiene por qué revelarse necesariamente mejor que la actual. Nada habrá que celebrar en ella si el sujeto no se ha modificado entretanto.

No hay, pues, motivo para la esperanza mientras seamos como somos; se evapora todo optimismo ante la mera contemplación de los ejemplares humanos que continuamos criando en nuestras casas y en nuestras escuelas, mediante nuestras instituciones y bajo el poder de nuestros medios. Como, desde hace décadas, ni siquiera sufrimos ya la prisión; como no padecemos en esta penitenciaría sin rejas y sin vigilantes, y el deseo de escapar apenas alcanza a ser la más anacrónica rareza de los pocos raros contemporáneos; como nada nos asombra y muy poco nos aflige, moriremos nuestras vidas entre sucedáneos, entre esas cosas “parecidas a…” que tanto nos consuelan. ¿A no ser que nos embarquemos en la aventura indefinible, polimorfa y heteróclita, de la deconstrucción y la reconstrucción personal: deshacerse en pro de deshacer, rehacerse a fin de hacer? ¿A menos que nos erijamos en procesos de autoconstrucción (ética y estética) para la lucha?

Así me he querido leer esta mañana en Huxley…

Pedro.

(Retomando una nota de principios de 2016)

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La Era del Agradecimiento

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La gratitud de las víctimas

Gracias, Administración, por salvarnos de la Peste contemporánea, la de ese virus.
Da igual que unos pocos locos digan que la Peste es usted y que le abrió las puertas a la enfermedad para robustecerse.
Gracias!

Gracias, Administración, por enseñarnos a ser más cívicos, empáticos, resilientes, pro-activos, patrióticos, humanitarios.
Da igual que unos pocos locos digan que el Monstruo es usted y que, mediante sus hipócritas palabras, anhela robotizar por completo a la población.
Gracias!

Gracias, Administración, por reparar en los pobres, los vulnerables, los precarizados; y asistirlos con subsidios, rentas básicas, oficinas de protección, subidas mínimas del salario mínimo.
Da igual que unos pocos locos digan que usted es el brazo izquierdo de la explotación y labora para un perfeccionamiento en dulce de la opresión capitalista.
Gracias!

Gracias, Administración, y sobre todo, por los tratamientos, la farmacopea y los sanitarios (expresión que designa, al mismo tiempo, a los retretes y a los médicos: la más sincera de las palabras).
Da igual que unos pocos locos señalen a la Medicina Científica como la enemiga mayúscula de la Salud y, al lado de usted y de sus correccionales (perdón, quería decir «escuelas»), también como la adversaria de fondo de la vida humana.
Gracias!

Vivimos en la Era del Agradecimiento. Y ya hemos sido vacunados contra la rebeldía. Es el siglo del Ciudadano Robot.

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/03/la-forja-del-ciudadano-robot.pdf

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Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz

W. BLAKE O LA SENSIBILIDAD DEL TRANSGRESOR DE FONDO

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W. BLAKE. Poemas escogidos


https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2021/09/wp-1631196031277.pdf


Capaz de demoler la moral establecida, navegando las aguas bravas del malditismo literario; apto para sugerir una suerte rara de “teología negativa”; habilitado para cuestionarnos de arriba a abajo, de afuera a adentro, con sus palabras y con sus grabados; este artista, “uno de los hombres más extraños de la literatura”, según Borges, sin duda el menos contemporáneo de los escritores, se nos revela al mismo tiempo como una persona extremadamente sensible, sufriendo en sus textos por la suerte de la infancia (infancia escolarizada, infancia empobrecida, infancia no amada), sufriendo por el destino de esas clases populares amarradas a la miseria, sufriendo por la situación de las mujeres de su época…

El poeta que elogió la libertad en el amar, que repudió la esclavitud y el trabajo infantil, que detestó la tiranía religiosa y el despotismo político, revolviéndose contra la Iglesia y contra el Estado; el visionario que lanzó dardos envenenados contra el casi invencible racionalismo occidental, y todo esto a fines del siglo XVIII, merece nuestra estima y vive, desde hace décadas, en mi corazón.

Con estos “Poemas escogidos” saldo una deuda emocional, sentida más como un abrazo que como un atadura, con el artista que grabó para siempre en mi consciencia, entre otras, estas palabras:

“La versión del demonio es que el Mesías fue quien cayó y formó un Cielo con lo que había hurtado al Abismo”.

“La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría”.

“Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción”.

“El gusano partido en dos perdona al arado”.

“El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti”.

Wiliam Blake se halla entre los más sensibles transgresores de fondo que en nuestra cultura se han dado…

Pedro García Olivo

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ADIÓS A LAS AULAS!

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De vuelta a la confederación de mis almas

Se acabó mi baño de infamia, que duró dos años. Y regreso a mi baño de monte, de bosque, que durará lo mismo que mi vida.

Comuniqué al director de mi Instituto y al inspector que nunca más pisaré un aula.

Seré feliz: voy a ser expulsado del oficio, de la condición de profesor y de funcionario, por esta determinación mía de no atravesar nunca más el umbral de un Centro Educativo.

Regreso a mi ser de siempre, después de esta odisea por la vida gris contemporánea.

Para saltar, para huir, me sirvieron lecturas y relecturas: obras de Galdós, de Baroja, de Pardo Bazán, de Ende, de Kafka…

Bajo el apoyo de lecturas,
pero también de paisajes,
de silencios,
de esos llamados «tiempos muertos»
tan gravidos de vida,
de queridos animales,
perros, gatos, lagartijas…,
solo tengo que decir
que ya no doy clases.

Volví a ellas por una relación
de amor con Adara
que murió;
y ya me fugo de la Escuela:
seré expulsado del oficio
por absentismo calculado,
programado,
consciente,
deliberado,
liberador.

Adiós a las aulas!

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Alto Juliana, donde la libertad

¿Eres la noche?

Para perdidos y reinventados

¿Eres la noche?

Para perdidos y reinventados