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EN LOS TIEMPOS DE LA PROTESTA DOMESTICADA (Segunda parte de “La Peste pedagógica”)

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales, Descarga gratuita de los libros (PDF), Proyectos y últimos trabajos, Sala virtual de lecturas incomodantes. Biblioteca digital with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on marzo 12, 2019 by Pedro García Olivo

El anarquismo existencial como resistencia sin reglas, disidencia creativa y bio-poética de la lucha

“El animal arrebata el látigo al Señor y se azota a sí mismo
para considerarse su propio amo,‭
sin comprender que todo es una fantasía
engendrada por un nuevo nudo
en el látigo del Señor”
F. Kafka

PREÁMBULO

El panorama de la contestación social y política en las sociedades democráticas occidentales es, literalmente, desolador.

Se reivindica lo que el Sistema está dispuesto a conceder, lo que de hecho anhela establecer, si bien prefiere que se lo pidamos acaloradamente: aumentos de sueldo, privilegios corporativos, servicios públicos, reformas bienestaristas, regulación de la vida…

Se protesta a la manera que la Administración diseñó para gestionar desobediencias y permitir a las gentes desahogar su indignación con menos peligro que cuando pasean los domingos por el parque.

Se acude a todas las misas, a todas las homilías, a todos los rituales de la Consciencia Comprometida; y luego se regresa al puesto de adaptación social, para reproducir de modo optimizado, mediante la servidumbre voluntaria y el consumo masivo, aquello que se deniega cínicamente en las pancartas de las manifestaciones legales y en los pasquines de las huelgas autorizadas.

Se esgrimen discursos del siglo XIX o de la primera mitad del XX, contra una represión que ya ha contemplado escenarios para el siglo XXII…

Cansino, aburrido, hastiante, empobrecedor, auto-justificativo, fuera del tiempo y hasta de la realidad, ese horizonte de la protesta domesticada, alimentado por los patetismos de la militancia y del doctrinarismo, aparece hoy como un recurso más para la consolidación del Demofascismo, como una herramienta entre otras para el fortalecimiento del fascio de las democracias, que moviliza inquisitivamente a las poblaciones.

Ya es hora de dejar de seguir recetas teóricas, instrucciones para la desobediencia civil, manuales para la lucha “políticamente correcta”; basta ya de lavarnos las manos de la complicidad y de la culpabilidad políticas con el agua y jabón de los ceremoniales narciso-progresistas y de las convocatorias del marketing venal “alternativo”. Si no se reinstala la creatividad, la imaginación, la fantasía, el juego, el don recíproco, lo gratuito, la poesía y la locura extraordinaria en el seno de la resistencia contra lo establecido, podemos morir de repetición, fosilizándonos en las eucaristías del izquierdismo bondadoso, como quiere la lógica de la conflictividad conservadora.

Sobre ese telón de fondo, pretendemos resaltar el alcance y la belleza del anarquismo existencial, espiritual, no doctrinario. Encontramos ahí un surtidor de inspiraciones para desarreglar el espectáculo amañado de la oposición política bajo las democracias y avanzar por vías, individuales y colectivas, de desistematización y de auto-construcción ética y estética para la lucha. Porque, domesticada, la protesta de nuestros días se ha resuelto en una forma de religiosidad laica, de fundamentalismo esquizoide para la reproducción social.

“La vida es la ocasión para un experimento”, acuñó K. Jaspers. Estar vivo es la oportunidad para un experimento de rebeldía que empieza por la re-invención de nuestra propia cotidianidad, por la escultura artística de nuestros días y de nuestras noches. Para ello, hay mucho que recuperar, que re-crear, en los bio-textos de aquellas personas existencialmente anarquistas, espiritualmente libertarias, que supieron enfrentarse a la “vida predestinada”, a la existencia estándar que la Sociedad les proponía. Para nada “modelos” y nunca “ejemplares”, estos hombres y estas mujeres nos arrojaron perspectivas motivadoras, sugerentes, disparadoras de nuestra capacidad de análisis y de auto-crítica. Porque, desde que el marxismo se rebajó a aquel “matrimonio de conveniencia” con la axiomática del Capital y del Estado, convirtiéndose en el aliado de fondo de la opresión, correspondió a las tradiciones anarquistas no-dogmáticas mantener en alto el puño cerrado de la disidencia.

Estos son algunos de los temas que, de la mano de Bakunin, ese incansable filósofo activista; del príncipe Kropotkin y del perro Diógenes; de Villón el Golfo y de Artaud el Surreal; de Borrow y de Poe, niños extraños, inusitados, y escritores inquietantes más tarde; de Valle-Inclán, de Vigó, de Baroja, de Gide; del Conde de Lautréamont y de Genet, malditos con aroma de santidad; de Van Gogh el Inolvidable y de De Quincey, orgulloso comedor de opio; de los presos de Fontevrault y de Roscigna, el genial expropiador argentino; de Pierre Riviére, un asesino brillante que se burló de los jueces y de los psiquiatras; de Lou Salomé, discípula de Freud que nos previno enseguida contra el psicoanálisis; de Nietzsche, el viejo martillo martilleado por la vida; de Wilde el Paradójico; de la Borten y de la Rosas, luchadoras indoblegables; de Sade y Sacher-Masoch, padres respectivos del sadismo y del masoquismo, mucho más honestos de todas formas que nosotros, los occidentales, sadomasoquistas de incógnito; de los mayas mesoamericanos y de los Igbo, ocho millones de indígenas africanos viviendo hasta no hace mucho sin Estado; de los gitanos antiguos que tanto estimo y de los pastores tradicionales entre los que me conté; de Philipp Mainländer, el filósofo de la «voluntad de morir» que se suicidó muy joven, al día siguiente de publicar su primer y último libro, titulado significativamente «Filosofía de la Redención», etcétera; mi querida familia intelectual, a fin de cuentas, evocada en un perfecto desorden; estos son, decía, algunos de los asuntos que abordaré en este escrito, que nace de una charla-debate celebrada en el C.A.S.O. “La Sala”, en abril de 2018, en el marco de las “Jornadas Anárquicas” de Buenos Aires.

He aquí las cuatro cuestiones que vertebran el ensayo: 1) El descrédito de la razón política; 2) La protesta domesticada; 3) Bio-poética libertaria; 4) Sentido de la desistematización.

1. EL DESCRÉDITO DE LA RAZÓN POLÍTICA

Ante el naufragio definitivo del Relato de la Emancipación, que hizo agua por la deserción del Sujeto clásico (el Proletariado) y la inconsistencia de sus sustitutos funcionales (estudiantes, marginados, pueblos del Sur, indígenas, “multitudes”, pluri-sujetos transnacionales, etcétera), y contra el feroz “pedagogismo” de aquellas organizaciones e individuos que, para salvar los restos de la mítica revolucionaria, decidieron consagrarse a la “construcción” del Sujeto Colectivo, cabe rescatar hoy una bella divisa libertaria, extraordinariamente valiosa para denegar la lógica contemporánea de la opresión demofascista: la autoconstrucción ética y estética del sujeto para la lucha.

En efecto, pensamos lo socio-político desde unos conceptos que hace ya tiempo se “despegaron” de la realidad, se olvidaron de ella y empezaron a desenvolverse de modo independiente, como “fetiches” o “fantasmas terminológicos”. Esos conceptos nos hablan… Por tanto, y en rigor, ya no los utilizamos para pensar, sino que, más bien, son ellos los que se sirven de nosotros para que los pensemos indefinidamente y para que no pensemos nunca demasiado lejos de su aliento… Son los conceptos que constituyen la racionalidad política clásica, perfilados definitivamente en la Modernidad. A estas alturas de la historia del Capitalismo, tales categorías constituyen un baluarte de su legitimación, de su reproducción ideo-psico-simbólica. Podemos representarnos el universo lexicológico y hermenéutico que configuran como la “episteme política” del Capital, del Estado contemporáneo y del Occidente globalizado. Cristalizó en la Narrativa de la Revolución…

Ese Relato, por el cual tantos hombres han muerto y han matado, que durante décadas se presentó a sí mismo como la flor de la Humanidad, vinculándose a motivos que nos parecían hermosos (desde la Esperanza o la Utopía hasta el Reino de la Libertad), refleja perfectamente todas las miserias de la civilización occidental: totalizador, universalista, expansivo, insuperablemente abstracto, solo podía abonar la desconsideración y el desprecio de la otredad. Desde el principio, se manifestó como un Discurso colonizador, homicida y alterófobo. Quienes hoy lo siguen esgrimiendo, por ejemplo en América Latina, están del lado de una conformación del poder-saber rigurosamente etnocida…
————————

Para acceder al texto completo, ensayo que constituye el capítulo segundo de “La Peste pedagógica. Cuatro ensayos contra la sistematización capitalista de la vida”, obra en fase final de elaboración:

EN LOS TIEMPOS DE LA PROTESTA DOMESTICADA

Índice del estudio:

PREÁMBULO

1. EL DESCRÉDITO DE LA RAZÓN POLÍTICA
1.1. Causa
1.2. Sujeto
1.2.1. A la búsqueda del sustituto funcional del Proletariado
1.2.2. En torno al activismo social-cínico
1.3. Revolución

2. LA PROTESTA DOMESTICADA
2.1. Gestión política de la desobediencia
2.2. El doble plano de la domesticación de la protesta
2.2.1. Subjetividad Única Demofascista
2.2.2. Bienestarismo del Estado Social de Derecho
2.2.2.1. De la “necesidad” a las “pseudo-necesidades”
2.2.2.2. De las “libertades” a los “derechos”
2.2.2.3. Función pública “inhabilitante”
2.2.3. Ritualización y esclerosis de la lucha clásica
2.2.3.1. Metodologías asimiladas
2.2.3.2. Deconstrucción

3. BIO-POÉTICA LIBERTARIA

4. SENTIDO DE LA DESISTEMATIZACIÓN

NOTAS

Pedro García Olivo
Buenos Aires, 12 de marzo de 2019
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
[“¿Eres la Noche?”]

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LA DOMA DE LA PROTESTA Y EL ANARQUISMO EXISTENCIAL

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https://wp.me/a31gHO-ld

[…]
2.‭ ‬LA PROTESTA DOMESTICADA

2.1.‭ ‬Gestión política de la desobediencia

El Capitalismo demofascista no se sostiene desde la inmovilización de la ciudadanía,‭ ‬desde la simple represión del descontento:‭ ‬al contrario,‭ ‬prefiere una población involucrada en las cuestiones sociales,‭ ‬políticamente‭ «‬activa‭»‬.‭ ‬Desde hace décadas,‭ ‬los defensores teóricos de la democracia representativa han insistido en la necesidad de que los ciudadanos‭ «‬participen‭» ‬en todo tipo de asociaciones y movimientos‭ (‬vecinales,‭ ‬laborales,‭ ‬políticos,‭ ‬religiosos…‭)‬.‭ ‬Esa recomendación es el‭ «‬leit motiv‭» ‬de toda la literatura de la‭ «‬sociedad civil‭»‬,‭ ‬de E.‭ ‬Gellner a Ch.‭ ‬Taylor,‭ ‬pasando por J.‭ ‬Rawls y J.‭ ‬Habermas.‭ ‬Se asume la tradicional‭ «‬apatía‭» ‬de la población ante las cuestiones políticas,‭ ‬la‭ «‬insuficiencia‭» ‬del mero acto de votar y,‭ ‬estimándose‭ «‬utópica y técnicamente inviable‭» ‬la democracia directa,‭ ‬todo se espera de esa‭ «‬reactivación‭» ‬y‭ «‬movilización‭» ‬de los ciudadanos en las diversas tramas relacionales de la sociedad civil.‭ ‬De ese modo,‭ ‬la democracia se haría más verdadera y se fortalecería…‭ ‬M.‭ ‬Walzer:‭ «‬La política en el Estado democrático contemporáneo no ofrece a muchas personas una oportunidad para la autodeterminación rousseauniana.‭ ‬La ciudadanía,‭ ‬considerada en sí misma,‭ ‬tiene hoy en día sobre todo un papel pasivo:‭ ‬los ciudadanos son espectadores que votan.‭ ‬Entre unas elecciones y otras se les atiende,‭ ‬mejor o peor,‭ ‬mediante los servicios públicos‭ (‬…‭)‬.‭ ‬No obstante,‭ ‬en las tramas asociativas de la sociedad civil‭ ‬—en los sindicatos,‭ ‬partidos,‭ ‬movimientos,‭ ‬grupos de interés,‭ ‬etc.‭—‬ estas mismas personas toman muchas decisiones menos importantes y configuran de algún modo las más distantes determinaciones del Estado y de la Economía.‭ ‬Y en una sociedad civil más densamente organizada tienen la posibilidad de hacer ambas cosas con mayores efectos‭ (‬…‭)‬.‭ ‬Los Estados son puestos a prueba por su capacidad para mantener este tipo de participación en la sociedad civil‭ ‬—que es muy distinta a la intensidad heroica de dedicación implícita en la ciudadanía de Rousseau‭»‬.
Son conocidos,‭ ‬por otro lado,‭ ‬los conceptos que esgrimiera M.‭ ‬Foucault a propósito de la‭ ‬gestión política de la desobediencia:‭ «‬ilegalismo útil‭»‬,‭ «‬disidencia inducida‭»‬,‭ «‬transgresión tolerada‭»‬…‭ ‬A esa ciudadanía‭ «‬reactivada‭» ‬se la invita también a protestar de manera no absolutamente legal‭; ‬y se administran estratégicamente los juegos de las transgresiones y de los delitos.‭ ‬Diseñados los escenarios de la contestación,‭ ‬concediendo espacios para la violación regulada de las leyes,‭ ‬conforme a una lógica política tendente a la‭ «‬seguridad‭» ‬y ya no tanto a la‭ «‬disciplina‭»‬,‭ ‬el Sistema descarta los peligros de la novedad y del imprevisto.‭ ‬Al frente del ámbito de la Norma queda el de la Desobediencia Inducida,‭ ‬casi saturando todo el horizonte socio-político y conjurando en buena medida el riesgo de lo no-conocido y lo no-contemplado…

2.2.‭ ‬El doble plano de la domesticación de la protesta

La protesta ha sido domesticada en sus dos vertientes:‭ ‬la intra-institucional,‭ ‬que tiene que ver con el desenvolvimiento de los individuos en las‭ «‬instituciones de la sociedad civil‭» (‬A.‭ ‬Gramsci‭) ‬o en los‭ «‬aparatos del Estado‭» (‬L.‭ ‬Althusser‭)‬,‭ ‬desde la Escuela o la Fábrica hasta el Hospital o el Cuartel,‭ ‬y la extra-institucional,‭ ‬que recoge las formas clásicas de la reivindicación y de la denuncia popular‭ (‬manifestaciones,‭ ‬huelgas,‭ ‬marchas…‭)‬.

2.2.1.‭ ‬Subjetividad Única Demofascista

Para lo primero,‭ ‬ha sido decisiva la emergencia y consolidación de la Subjetividad Única demofascista,‭ ‬plegada sobre la figura del Policía de Sí Mismo.‭ ‬Las más diversas instituciones han conocido,‭ ‬desde hace décadas,‭ ‬un proceso de reforma y modernización orientado a su‭ «‬dulcificación‭» ‬calculada.‭ ‬Al mismo tiempo que se arrumbaban los procedimientos coactivos directos,‭ ‬del orden de la violencia física,‭ ‬y se manifestaba una preferencia muy neta por las estrategias de control de índole simbólica,‭ ‬psicológica,‭ ‬comunicativa,‭ ‬colocando al frente de tales instituciones‭ «‬profesionales‭» ‬con perfiles cada vez menos agresivos y más dialogantes,‭ ‬se implementó una técnica novedosa,‭ ‬que optimizó definitivamente el campo de la coerción:‭ ‬se transfirieron,‭ ‬a las víctimas y a los sujetos dominados,‭ ‬atribuciones y prerrogativas que tradicionalmente habían correspondido a los detentadores del poder y a los dominadores.‭ ‬Se hizo así factible la auto-vigilancia,‭ ‬la auto-represión e incluso el auto-castigo‭; ‬y,‭ ‬repletas de‭ «‬policías de sí mismos‭» (‬el estudiante como auto-profesor,‭ ‬el trabajador como‭ «‬patrón de sí‭»‬,‭ ‬el preso en tanto auto-carcelero,‭ ‬los enfermos auto-medicándose,‭ ‬la comunidad toda colaborando con las fuerzas de seguridad…‭)‬,‭ ‬las instituciones se pacificaron definitivamente.
En‭ ‬El enigma de la docilidad expresamos así esta idea:

‭“‬El demofascismo se caracteriza por la‭ ‬subrepción‭ ‬progresiva‭ (‬invisibilización,‭ ‬ocultamiento‭)‬ de todas las tecnologías de dominio,‭ ‬de todos los mecanismos coactivos,‭ ‬de todas las posiciones de poder y de autoridad.‭ ‬Tiende a reducir al máximo el aparato de represión física,‭ ‬y a confiar casi por completo en las estrategias psíquicas‭ (‬simbólicas‭) ‬de dominación.‭ ‬La dialéctica de la Fuerza debe ceder ante una dialéctica de la Simpatía…‭ ‬La represión posdemocrática resulta,‭ ‬francamente,‭ ‬muy buena como represión.‭ ‬Decía Arnheim que,‭ ‬en pintura como en música,‭ “‬la buena obra‭ ‬no se nota‭” ‬—apenas hiere nuestros sentidos.‭ ‬De este género es,‭ ‬me temo,‭ ‬la represión demo-fascista:‭ ‬buenísima,‭ ‬ya que no se nota,‭ ‬casi no se ve.‭ ‬Su ideal se define así:‭ “‬convertir a cada hombre en un policía de sí mismo‭”‬.‭ ‬Y,‭ ‬en la medida en que deban subsistir figuras explícitas de la autoridad,‭ ‬posiciones empíricas de poder,‭ ‬estas habrán de dulcificarse,‭ ‬suavizarse,‭ ‬diluirse o esconderse:‭ ‬policías‭ “‬amistosos‭”‬,‭ ‬carceleros‭ “‬humanitarios‭”‬,‭ ‬profesores‭ “‬casi ausentes‭”‬,…‭ ‬En los espacios en que deba perdurar una relación de subordinación,‭ ‬un reparto disimétrico de las cuotas de poder,‭ ‬se procurará que los‭ ‬dominados‭ (‬las víctimas,‭ ‬los subalternos‭) ‬tomen las riendas de su propio sojuzgamiento y ejerzan de‭ “‬doblegadores de sí mismos‭”‬:‭ ‬los estudiantes que actuarán como autoprofesores,‭ ‬damnificados de sí,‭ ‬interviniendo en todo lo escolar,‭ ‬opinando sobre todo,‭ ‬dinamizando las clases,‭ ‬participando en el gobierno del Centro y,‭ ‬llegado el caso,‭ ‬auto-suspendiéndose orgullosamente,‭ ‬valga el ejemplo.‭ ‬Por esta vía,‭ ‬el‭ “‬objeto‭” ‬de la práctica institucional asumirá parte de las competencias clásicas del‭ “‬sujeto‭”‬,‭ ‬una porción de las prerrogativas de este y también de sus obligaciones,‭ ‬convirtiéndose,‭ ‬casi,‭ ‬en sujeto-objeto de la práctica en cuestión.‭ ‬Los estudiantes‭ ‬haciendo‭ ‬de profesores‭; ‬los presos ejerciendo de carceleros,‭ ‬de vigilantes de los otros reclusos‭; ‬los obreros,‭ ‬como capataces,‭ ‬controlándose a sí mismos y a sus compañeros,…‭ ‬De aquí,‭ ‬de esta hibridación,‭ ‬de esta semi-inversión‭ (‬seudo-inversión‭) ‬de los papeles,‭ ‬se sigue una‭ ‬invisibilización de las relaciones de dominio,‭ ‬un ocultamiento de los dispositivos coactantes,‭ ‬una postergación estratégica del recurso a la fuerza…‭
No todos los estudiantes,‭ ‬los obreros,‭ ‬los presos,‭ ‬etc.,‭ ‬caen en la trampa,‭ ‬por supuesto:‭ ‬Harcamone,‭ ‬el‭ ‬criminal honrado de Genet,‭ ‬que verdaderamente‭ ‬se había ganado la Prisión‭ (‬asesinando niños‭)‬,‭ ‬y no como aquellos otros que recalaban en‭ “‬la mansión del dolor‭” (‬Wilde‭) ‬por razones‭ ‬patéticas‭ ‬—víctimas de errores judiciales,‭ ‬ladronzuelos arrepentidos,‭ ‬delincuentes ocasionales y hasta involuntarios…‭—‬,‭ ‬quiere un día regalarse el capricho de matar a un carcelero.‭ ‬Y no se equivoca de objeto:‭ ‬no elige a la sabandija de turno,‭ ‬al sádico prototípico,‭ ‬cruel e inhumano‭; ‬sino a aquel jovencito idealista,‭ ‬lleno de buenas intenciones,‭ ‬que habla mucho con ellos,‭ ‬dice‭ ‘‬comprenderlos‭’‬,‭ ‬les pasa cigarrillos,‭ ‬critica a los mandamases de la Prisión,‭ ‬y no se permite nunca la agresión gratuita.‭ ‬Harcamone se da el gusto de asesinar al carcelero a través del cual la institución penitenciaria enmascara su verdad,‭ ‬miente cínicamente y aspira incluso a‭ “‬hacerse soportable‭”‬…‭ ‬Tampoco los pobres de‭ ‬Viridiana se dejaron engañar del todo por la cuasi-monja que los necesitaba para sentirse piadosa,‭ ‬generosa,‭ ‬virtuosa,‭ ‬y que no escatimaba ante ellos los gestos‭ (‬indignos e indignantes‭) ‬de una‭ ‬conmiseración imperdonable.‭ ‬Estuvieron a un paso de asesinarla…‭ ‬La pobreza profunda es terrible‭ (“‬Mi privación‭ ‬mata‭”‬,‭ ‬parece querer decirnos,‭ ‬después de cada asesinato,‭ ‬el‭ ‬Maldoror de I.‭ ‬Ducase‭)‬:‭ ‬con ella nadie puede jugar,‭ ‬sin riesgo,‭ ‬a‭ ‬ganarse el Cielo…‭ ‬Por desgracia,‭ ‬ya no quedan prácticamente asesinos con la honestidad y la lucidez de Harcamone,‭ ‬ni pobres con la entereza imprescindible para odiar de corazón a los‭ “‬piadosos‭” ‬que se les acercan carroñeramente…‭ ‬La posdemocracia desdibuja y difumina las relaciones de sometimiento y de explotación,‭ ‬ahorrándose el sobre-uso de la violencia física represiva que caracterizó a los antiguos fascismos…
Y es que el demofascismo será,‭ ‬o es,‭ ‬un ordenamiento de hombres extremadamente‭ ‬civilizados.‭ ‬Es decir,‭ ‬parafraseando y sacando de sus casillas a N.‭ ‬Elias,‭ ‬hombres que han interiorizado,‭ ‬en grado sumo,‭ ‬el aparato de autocoerción y se han habilitado de ese modo para soportarlo todo sin apenas experimentar emociones de disgusto o de rechazo‭; ‬hombres sumamente manejables,‭ ‬incapaces ya de odiar lo que es digno de ser odiado y de amar de verdad lo que merece ser amado‭; ‬hombres‭ ‬amortiguados a los que desagrada el conflicto,‭ ‬ineptos para la rebelión,‭ ‬que han borrado de su vocabulario no menos el‭ “‬sí‭” ‬que el‭ “‬no‭” ‬y se extinguen en un escepticismo paralizador,‭ ‬resuelto como conformismo y docilidad‭; ‬hombres que no han sabido intuir‭ ‬los peligros de la sensatez y mueren sus vidas‭ “‬en un sistema de capitulaciones:‭ ‬la retención,‭ ‬la abstención,‭ ‬el retroceso,‭ ‬no solo con respecto a este mundo sino a todos los mundos,‭ ‬una serenidad mineral,‭ ‬un gusto por la petrificación‭ ‬—tanto por miedo al placer como al dolor‭” (‬Cioran‭)‬.‭ ‬Nuestra Civilización,‭ ‬nuestra Cultura,‭ ‬en su fase de decadencia‭ (‬y,‭ ‬por tanto,‭ ‬de escepticismo/conformismo‭)‬,‭ ‬ha proporcionado a la posdemocracia los hombres‭ ‬—moldeados durante siglos:‭ “‬aquello que no sabrás nunca es el transcurso de tiempo que ha necesitado el hombre para elaborar al hombre‭”‬,‭ ‬advertía A.‭ ‬Gide‭—‬ que esta requería para reducir el aparato represivo de Estado‭; ‬hombres avezados en la nauseabunda técnica de vigilarse,‭ ‬de censurarse,‭ ‬de castigarse,‭ ‬de corregirse,‭ ‬según las expectativas de la Norma Social.
En aquellos países de Europa donde la Civilización por fin ha dado sus más ansiados frutos de urbanidad,‭ ‬virtud laica,‭ ‬buena educación,…‭ (‬civilidad,‭ ‬en definitiva‭)‬,‭ ‬el Policía de Sí Mismo‭ ‬posdemocrático es ya una realidad‭ ‬—ha tomado cuerpo,‭ ‬se ha encarnado.‭ ‬Recuerdo con horror aquellos nórdicos que,‭ ‬en la fantasmagórica ciudad del Círculo Polar llamada‭ ‬Alta,‭ ‬no cruzaban las calles hasta que el semáforo,‭ ‬apiadándose de su absurda espera‭ (‬apenas pasaban coches en todo el día‭)‬,‭ ‬les daba avergonzado la orden.‭ ‬Y que pagaban por todo,‭ ‬religiosamente,‭ ‬maquínicamente‭ (‬por los periódicos,‭ ‬las bebidas,‭ ‬los artículos que,‭ ‬con su precio indicado,‭ ‬aparecían por aquí y por allá sin nadie a su cargo,‭ ‬sin mecanismos de bloqueo que los resguardaran del hurto‭)‬,‭ ‬aun cuando tan sencillo era,‭ ‬yo lo comprobé,‭ ‬llevarse las cosas por las buenas…‭ ‬Para un hombre que ha robado tanto como yo,‭ ‬y que siempre ha considerado la desobediencia como‭ ‬la única moral,‭ ‬aquellas imágenes,‭ ‬estampas de pesadilla,‭ ‬auguraban ya‭ ‬la extinción del corazón humano‭ ‬—será solo‭ ‬un hueco lo que simulará latir bajo el pecho de los hombres demofascistas…‭”‬.

2.2.2.‭ ‬Bienestarismo del Estado Social de Derecho

Para la segunda vertiente de la domesticación de la protesta,‭ ‬ha sido fundamental el ascenso y la consolidación de la ideología y de las prácticas bienestaristas,‭ ‬ligadas al Estado Social de Derecho.‭ ‬El Estado del Bienestar es el referente final de todas las luchas contemporáneas,‭ ‬que‭ ‬mueren en la simple demanda de servicios públicos‭ «‬de calidad y gratuitos‭»‬.‭ ‬Para atender tales solicitudes,‭ ‬toda una‭ «‬burocracia del bienestar social‭» ‬convirtió las‭ ‬necesidades originarias‭ (‬salud,‭ ‬saber,‭ ‬tranquilidad,‭ ‬seguridad,‭ ‬opinión,‭ ‬movilidad,‭ ‬vivienda,‭ ‬vestido,‭ ‬alimentación,‭ ‬labor‭ ‬…‭) ‬en‭ ‬necesidades postuladas,‭ ‬inductoras de un consumo indefinido.‭ ‬Paralelamente,‭ ‬las‭ ‬libertades fueron sacrificadas en nombre de respectivos‭ ‬derechos,‭ ‬prerrogativas que siempre ocultaban obligaciones:‭ ‬derecho a la salud,‭ ‬a la educación,‭ ‬a la seguridad,‭ ‬a la información,‭ ‬al transporte público,‭ ‬a la vivienda,‭ ‬al trabajo…
De la mano de las burocracias del bienestar social y de los nuevos‭ “‬profesionales sociales‭”‬,‭ ‬el objeto de la protesta ya ha sido definido de antemano.‭ ‬Asesorados por‭ “‬pedagogos‭”‬,‭ ‬han terminado estableciendo,‭ ‬de una vez y para siempre,‭ ‬todo el campo de la reclamación.

2.2.2.1.‭ ‬De la‭ “‬necesidad‭” ‬a las‭ “‬pseudo-necesidades‭”

Antes del advenimiento de la sociedad industrial,‭ ‬pudieron darse mundos en los que reinaban las‭ “‬necesidades originarias‭”‬.‭ ‬En ellos,‭ ‬la‭ “‬carencia‭” ‬y cierta precariedad existencial eran menos un problema que un estímulo.‭ ‬De una tal‭ “‬dulce pobreza‭”‬,‭ ‬de semejante‭ “‬humilde bienestar‭” (‬F.‭ ‬Hölderlin‭)‬,‭ ‬brotaban‭ “‬deseos‭”‬,‭ ‬que conducían a la‭ ‬libre satisfacción trans-individual o comunitaria de las necesidades naturales.‭ ‬En esos mundos,‭ ‬a veces agrícolas,‭ ‬a veces pastoriles,‭ ‬en ocasiones nómadas,‭ ‬masivamente indígenas,‭ ‬la‭ “‬ayuda mutua‭”‬,‭ ‬los‭ “‬contratos diádicos‭” (‬G.‭ ‬Foster‭)‬,‭ ‬el‭ “‬don recíproco‭” (‬M.‭ ‬Mauss‭)‬,‭ ‬señalando la vigencia de la comunidad y de los seres particulares autónomos‭ ‬—capaces estos y aquella de la auto-organización y hasta de la auto-gestión‭—‬; todos esos hábitos de apoyo y de solidaridad colectiva,‭ ‬decíamos,‭ ‬no dejaban lugar para el Estado,‭ ‬lo descartaban prácticamente.‭ ‬Así como la democracia liberal no había acabado aún con prácticas demoslógicas tradicionales,‭ ‬con una gestión directa,‭ ‬horizontal y asamblearia de los asuntos públicos,‭ ‬el Poder Judicial estaba excluido radicalmente debido a la vigencia de un‭ “‬derecho consuetudinario oral‭” ‬vivificado cada día a través de las mil maneras concretas de‭ “‬hacer las paces‭” ‬entre hermanos.‭ ‬En este universo,‭ ‬la propiedad privada se desconocía o desempeñaba una función muy secundaria‭; ‬y la fractura social no era más que un muy ilustre ausente…
Pero esos mundos ya no se reconocen en los nuestros.‭ ‬En las tan‭ “‬civilizadas‭” ‬sociedades industriales,‭ ‬tecnológico-capitalistas,‭ ‬son las‭ ‬necesidades postuladas las que reinan.‭ ‬Estas llamadas‭ “‬sociedades de la abundancia‭” ‬o‭ “‬de la opulencia‭”‬,‭ ‬con el‭ “‬sucio disfrute‭” ‬y el‭ “‬lamentable bienestar‭” (‬F.‭ ‬Nietzsche‭) ‬que las caracteriza,‭ ‬sustituyeron los‭ “‬deseos‭” ‬por‭ “‬reclamos‭”‬,‭ ‬satisfechos siempre por el Estado y por las‭ “‬profesiones tiránicas‭” ‬que lo respaldan.‭ ‬Lo que se‭ “‬exige‭”‬,‭ ‬lo que se‭ “‬demanda‭”‬,‭ ‬ya no es una‭ “‬necesidad originaria‭” ‬o‭ “‬natural‭”‬,‭ ‬sino una‭ “‬pseudo-necesidad‭”‬,‭ ‬ideológicamente gestada‭ (‬J.‭ ‬Baudrillard‭)‬,‭ ‬al servicio de una lógica productivista-consumista y bajo una forma de racionalidad estrictamente burocrática.‭ ‬Y tenemos,‭ ‬entonces,‭ ‬un consumo inducido y maximizado de‭ “‬elaborados institucionales‭”‬,‭ ‬de productos y servicios que polarizan socialmente,‭ ‬en sí mismos ecodestructores,‭ “‬inhabilitantes‭” ‬y‭ “‬paralizantes‭” ‬de la población‭ (‬consumo sin fin reanudado que genera,‭ ‬en términos de I.‭ ‬Illich,‭ ‬autor que estamos siguiendo,‭ ‬una casi irreversible‭ “‬toxicomanía‭” ‬o‭ “‬dependencia‭” ‬de la protección estatal‭)‬.‭ ‬Culminada la aniquilación de la comunidad,‭ ‬de los vínculos primarios,‭ ‬de la fraternidad genuina y del apoyo mutuo solidario,‭ ‬como denunciaron J.‭ ‬Ellul y L.‭ ‬Mundford,‭ ‬se entroniza definitivamente,‭ ‬en lo real-social,‭ ‬al‭ “‬individuo‭”‬,‭ ‬necesariamente heterónomo,‭ ‬psicológicamente impotente,‭ ‬incapaz de organizar su vida o de inventar un futuro al margen de los servicios,‭ ‬la tutela y el patronazgo del Estado.‭ ‬Este‭ “‬individuo‭”‬,‭ ‬excrecencia final del Occidente capitalista,‭ ‬preeminente a nivel sociológico,‭ ‬epistémico,‭ ‬ontológico y axiológico,‭ ‬afianzado en la propiedad privada y sujeto a los códigos de la Jurisprudencia,‭ ‬perfectamente alfabetizado y convenientemente escolarizado,‭ ‬se contentará con una‭ “‬democracia representativa‭” ‬resuelta como gobierno de los expertos,‭ ‬tecnócratas y profesionales que gestionan las‭ “‬necesidades postuladas‭”‬…
Continuando con I.‭ ‬Illich,‭ ‬cabe establecer estas manifestaciones del tránsito entre esos dos mundos,‭ ‬el de las‭ “‬necesidades originarias‭” ‬y el de las‭ “‬pseudo-necesidades‭” ‬ideológicas y reproductivas:‭ ‬donde se necesitaba‭ ‬salud,‭ ‬se acabó reclamando médicos y hospitales‭; ‬donde se deseaba‭ ‬saber,‭ ‬se terminó pidiendo profesores y escuelas‭; ‬donde‭ ‬cuidado de la comunidad,‭ ‬trabajadores sociales y oficinas‭; ‬donde‭ ‬tranquilidad,‭ ‬policías y cárceles‭; ‬donde‭ ‬seguridad,‭ ‬ejércitos y cuarteles‭; ‬donde‭ ‬opinión,‭ ‬periodistas y agencias‭; ‬donde‭ ‬movilidad,‭ ‬transporte público‭; ‬donde‭ ‬vivienda,‭ ‬constructores,‭ ‬inmobiliarias y unidades habitacionales‭; ‬donde‭ ‬vestido,‭ ‬agentes de la industria textil y de la moda,‭ ‬marcas y ropas diseñadas‭; ‬donde‭ ‬alimentación,‭ ‬industria alimentaria y tráfico de víveres‭; ‬donde‭ ‬labor,‭ ‬empleo…‭

2.2.2.2.‭ ‬De las‭ “‬libertades‭” ‬a los‭ “‬derechos‭”

Cada‭ “‬derecho‭” (‬estipulado,‭ ‬sancionado por la Administración‭) ‬recorta una‭ “‬libertad‭”; ‬y,‭ ‬así como las‭ “‬libertades‭” ‬llevaban a prescindir del Estado,‭ ‬los‭ “‬derechos‭” ‬lo refuerzan.‭
La libertad de gestionar el propio bienestar físico y psíquico,‭ ‬confiando para las crisis y dolencias mayores en los saberes curativos comunitarios,‭ ‬tradicionales,‭ ‬ha cedido ante un‭ “‬derecho a la salud‭” ‬resuelto como obligación de consentir la medicalización integral del cuerpo,‭ ‬con su dimensión bio-política y su apelación al consumo‭ (‬de fármacos,‭ ‬análisis,‭ ‬tratamientos,‭ ‬servicios hospitalarios…‭)‬.
La libertad de aprender sin encierro y sin profesores,‭ ‬tal y como se respira,‭ ‬murió en el‭ “‬derecho a la educación‭”‬,‭ ‬vale decir,‭ ‬en la obligación de propiciar el enclaustramiento intermitente de los menores y el monopolio educativo de los docentes.‭ ‬Obligación,‭ ‬también,‭ ‬de‭ “‬comprar‭” ‬libros,‭ ‬currículum,‭ ‬material escolar,‭ ‬clases…
La libertad de defenderse uno por sí mismo y de contribuir en la medida de lo posible a la tranquilidad de la comunidad fue cancelada por el‭ “‬derecho a la seguridad personal‭”‬,‭ ‬que se traduce en obligación de someterse a la vigilancia policial y militar.‭ ‬Y entonces nos‭ “‬venden‭” ‬gendarmes,‭ ‬uniformes,‭ ‬cámaras,‭ ‬porras,‭ ‬balas,‭ ‬pistolas,‭ ‬centros penitenciarios…
La libertad de forjarse la propia opinión,‭ ‬individualmente o en grupo,‭ ‬sucumbió ante el‭ “‬derecho a la información‭”‬,‭ ‬devenido obligación de abrazar la‭ “‬doxa‭” ‬escolar,‭ ‬universitaria,‭ ‬mediática.‭ ‬Para ello,‭ ‬adquirimos periódicos,‭ ‬revistas,‭ ‬espacios televisivos,‭ ‬horas de conexión a las redes…
La libertad de construir el propio habitáculo,‭ ‬con la ayuda de los compañeros,‭ ‬de forma‭ “‬orgánica‭”‬,‭ ‬sin pagar a nadie por ello,‭ ‬pereció ante el‭ “‬derecho a una vida digna‭”‬,‭ ‬que incluía el disfrute de una vivienda‭ “‬formal‭”‬,‭ ‬y que abocaba a la obligación de residir en una‭ “‬unidad habitacional‭” ‬estandarizada,‭ ‬acabada de una vez,‭ ‬edificada por técnicos separados y accesible solo a traves del mercado.‭ ‬Y pagamos por el proyecto,‭ ‬por los planos,‭ ‬por las autorizaciones y permisos,‭ ‬por la mano de obra,‭ ‬por los materiales…
La libertad de desplazarse por uno mismo,‭ ‬con la fuerza motriz del cuerpo‭ (‬a pie o en bicicleta‭)‬,‭ ‬fue sofocada por el‭ “‬derecho al transporte público‭”‬,‭ ‬esa obligación de dejarte mover,‭ ‬llevar,‭ ‬conducir.‭ ‬De algún modo,‭ ‬al adquirir el billete,‭ “‬compramos‭” ‬el abandono y anquilosamiento de nuestro ser físico…
La libertad de ocupar el propio tiempo en la producción de bienes de uso no mercantilizables,‭ ‬para uno y para la comunidad,‭ ‬de forma creativa,‭ ‬no-reglada,‭ ‬autónoma,‭ ‬da paso al‭ “‬derecho al trabajo‭” ‬como obligación de dejarse explotar para subsistir y consumir,‭ ‬creando bienes de cambio para el mercado,‭ ‬de manera alienada,‭ ‬disciplinada,‭ ‬heterónoma.‭

2.2.2.3.‭ ‬Función pública‭ “‬inhabilitante‭”
Para I.‭ ‬Illich,‭ ‬a partir de este doble proceso se hace evidente el carácter‭ “‬inhabilitante‭” ‬de la función pública:‭ ‬la provisión estatal de servicios y prestaciones,‭ ‬acentuada con el Estado Social de Derecho,‭ ‬o Estado del Bienestar,‭ ‬desposee al sujeto y a la comunidad de capacidades y facultades que antes ostentaban y los convierte en‭ “‬dependientes‭” ‬de esa garantía y de esa protección.‭ ‬Genera en el individuo‭ “‬impotencia física y psicológica‭”‬,‭ “‬desvalimiento existencial‭”‬,‭ ‬arrojándolo sin remedio a una forma laica de fundamentalismo:‭ ‬el fundamentalismo estatal.
Disuelta la comunidad e inhabilitado el individuo,‭ ‬no queda más referente que el Estado.‭ ‬En la medida en que,‭ ‬como señalan las tradiciones marxistas y libertarias,‭ ‬la organización estatal tiene por objeto reproducir la dominación de clase y salvaguardar los intereses de las oligarquías,‭ ‬de las burguesías hegemónicas,‭ ‬un Estado amplio,‭ ‬sólido y expandido,‭ ‬un Estado del Bienestar,‭ ‬se convierte precisamente en la Utopía del Capital,‭ ‬pues es la modalidad de administración que mejor lima los descontentos e integra a las oposiciones.‭
A las‭ “‬burocracias del bienestar social‭” (‬estatales o para-estatales,‭ ‬pero siempre reglamentadas institucionalmente‭)‬,‭ ‬a los médicos y enfermeros,‭ ‬profesores y maestros,‭ ‬jueces y abogados,‭ ‬periodistas,‭ ‬ingenieros,‭ ‬comisarios,‭ ‬políticos,‭ ‬científicos e investigadores sociales,…,‭ ‬a todos estos‭ “‬profesionales despóticos‭” ‬corresponde fijar nuestras‭ “‬necesidades‭” ‬y determinar los modos de su satisfacción,‭ ‬estableciendo de paso las vías de una obediencia y un consumo que nos arrojan,‭ ‬desnudos y desarmados,‭ ‬a las playas del Estado del Bienestar.‭ ‬Son estas las fuerzas que prefiguras nuestros‭ “‬derechos‭”‬,‭ ‬afectadas muy a menudo por el ya referido‭ “‬Síndrome de Viridiana‭”‬.‭ ‬Son estos los agentes concretos,‭ ‬encarnados,‭ ‬de la inhabilitación de la población…

Paz en las instituciones y delimitación asumida del horizonte de la reivindicación:‭ ‬he aquí las dos dimensiones de la domesticación de la protesta,‭ ‬que salda la disolución de la comunidad y el fin de la autonomía de los individuos.‭ ‬El‭ “‬policía de sí mismo‭” ‬es también un‭ “‬toxicómano de la protección estatal‭”‬:‭ ‬con una vida perfectamente sistematizada,‭ ‬demanda lo que la Administración ha determinado que debe demandar.

2.2.3.‭ ‬Ritualización y esclerosis de la lucha clásica

2.2.3.1.‭ ‬Metodologías asimiladas

Convertido el deseo social en‭ “‬reclamo‭” ‬al Estado,‭ ‬la lucha se domestica desde el punto de vista de sus objetivos.‭ ‬Pero también ha quedado‭ “‬domada‭” ‬atendiendo a sus vehículos,‭ ‬a sus herramientas,‭ ‬a sus procedimientos,‭ ‬que no han podido sobrellevar sin merma la‭ “‬erosión‭” ‬del devenir.‭ ‬Dependientes de una forma de racionalidad política ya anacrónica,‭ “‬fosilizada‭”‬,‭ ‬las instancias de la protesta política‭ (‬partidos,‭ ‬sindicatos,‭ ‬huelgas legales,‭ ‬manifestaciones autorizadas,‭ ‬marchas y concentraciones,…‭) ‬han perdido por completo sus filos críticos:‭ ‬en ellas ya no habita el menor‭ “‬peligro‭”‬,‭ ‬de cara a la reproducción del sistema capitalista.‭ ‬No han sido inmunes a aquella‭ “‬temporalidad de los conceptos críticos‭” ‬subrayada por Marx:‭ ‬todas las formas de lucha son‭ “‬contingentes‭”‬,‭ “‬tempestivas‭”‬,‭ ‬válidas solo para un período‭; ‬y,‭ ‬si se prorrogan,‭ ‬si se eternizan,‭ ‬se convierten en‭ “‬ideologías‭”‬,‭ ‬en mordazas para la praxis.‭ ‬En opinión de K.‭ ‬Korsch,‭ ‬eso era lo que le había sucedido al marxismo en su conjunto:‭ ‬devenir en ideología al haberse transformado el horizonte histórico que lo forjó y dentro del cual podía presentarse como un‭ “‬discurso de verdad‭”‬,‭ ‬un discurso crítico.
Ritualizada y esclerotizada,‭ ‬la protesta no alcanza otro‭ “‬éxito‭” ‬que la obtención de aquello que la Administración deseaba implantar‭ (‬incrementos salariales para que el alza de los precios no reduzca los niveles deseables de consumo,‭ “‬derechos‭” ‬que ahogan libertades,‭ ‬privilegios corporativos para atomizar la sociedad y reducir el tratamiento de la conflictividad a un balanceo estratégico entre los intereses particulares de los distintos‭ “‬grupos de presión‭”‬,‭ ‬incluidos los sindicatos,…‭) ‬y,‭ ‬por defecto,‭ ‬una especie de embriaguez de sí misma en virtud de su envergadura,‭ ‬de sus dimensiones,‭ ‬del seguimiento de la convocatoria.‭
Pero este narcisismo de la protesta ritualizada no tiene más efecto que legitimar a las organizaciones convocantes y narcotizar por un tiempo a los‭ “‬movilizados‭”‬.‭ ‬Partidos,‭ ‬sindicatos,‭ ‬asociaciones,‭ ‬colectivos…‭ “‬miden‭” ‬su fuerza,‭ ‬su‭ “‬cotización‭” ‬como grupos de presión,‭ ‬a traves de tales eventos.‭ ‬Y,‭ ‬por otro lado,‭ ‬la asistencia a las convocatorias,‭ ‬no muy distinta ya de la tradicional‭ “‬asistencia a misa‭”‬,‭ ‬sirve para lavar la consciencia de una población casi absolutamente integrada,‭ ‬adaptada,‭ ‬sistematizada:‭ “‬se me perdonará mi oficio mercenario y mi estilo burgués de vida porque proclamo‭ “‬creer‭” ‬en la Utopía‭ ‬y porque asisto a todas las convocatorias del progresismo político‭”‬…
Ritual y esclerotizada,‭ ‬la protesta contemporánea es,‭ ‬también,‭ ‬irrelevante.‭ ‬Tras las marchas,‭ ‬después de las concentraciones o los encierros,‭ ‬finalizadas las huelgas,‭ ‬todo sigue igual…‭ ‬Y sobran,‭ ‬al respecto,‭ ‬los ejemplos:‭ ‬el‭ ‬15-M en España,‭ ‬con aquella flores para la policía,‭ ‬el acuerdo con los negocios de la zona,‭ ‬las‭ “‬buenas conductas‭” ‬generales,‭ ‬las plazas llenas de gente,‭ ‬miles y miles de participantes en las asambleas,‭ ‬reportajes para los medios de todo el mundo…,‭ ‬y,‭ ‬a los pocos días,‭ ‬triunfo por mayoría absoluta del Partido Popular,‭ ‬conservador‭; ‬y lo que le rentó en votos al‭ “‬macrismo‭” ‬argentino asesinar a Santiago Maldonado,‭ ‬a pesar de las marchas y las concentraciones…

2.2.3.2.‭ ‬Deconstrucción

Frente a este horizonte de la lucha esterilizada,‭ ‬determinado por la crisis de la racionalidad política clásica,‭ ‬cabe proponer un cambio de perspectiva.‭ ‬Aplicando una metodología puramente‭ “‬deconstructiva‭”‬,‭ ‬se trataría de operar estratégicamente en el viejo tejido de la Razón política,‭ ‬ya que,‭ ‬enquistado el capitalismo,‭ ‬sin modificación sustantiva de la economía y de la sociedad,‭ ‬todavía no es históricamente practicable la invención repentina de un paradigma absolutamente distinto y el tránsito brutal de lo establecido a lo ideado.‭ ‬Este trabajo negativo,‭ ‬desplegado en el propio tejido de lo rechazado,‭ ‬de lo hegemónico,‭ ‬aspiraría a producir desgarros,‭ ‬a desbaratar costuras,‭ ‬a des-componer el conjunto mediante la alteración de las relaciones entre sus partes‭ (‬J.‭ ‬Derrida‭)‬.‭ ‬Tomaría los conceptos dados,‭ ‬caducos y vigentes al mismo tiempo,‭ ‬y los opondría entre sí,‭ ‬resignificándolos circunstancialmente.‭ ‬Pondría en circulación nuevas palabras,‭ ‬nuevos términos,‭ ‬insertándolos,‭ ‬como un apósito desestructurador,‭ ‬en aquel tejido de la racionalidad dominante.‭ ‬Crearía segmentos de teoría disidente para mezclarlos,‭ ‬como un veneno,‭ ‬en el cuerpo de los pensamientos canónicos.‭ ‬Hablaría,‭ ‬pues,‭ ‬el lenguaje de la política instituida,‭ ‬pero con un acento tan extraño y contaminando el relato con vocablos y metáforas tan disonantes,‭ ‬que casi pareciera salirse ya de esa arena y levantar sus tiendas en los parajes de la anti-política.
Fiel a esa consigna,‭ ‬y para el asunto de la lucha política,‭ ‬este escrito,‭ ‬denunciando la inoperancia de las formas dadas de reivindicación,‭ ‬quiere hablar de‭ “‬antipedagogía‭”‬,‭ ‬de‭ “‬desistematización‭”‬,‭ ‬de‭ “‬auto-construcción ética y estética‭”‬,‭ ‬de bio-poética del antagonismo y hasta de anti-política.‭ ‬También en la línea de la llamada‭ “‬estrategia general de la deconstrucción‭”‬,‭ ‬pretende revisar y remover la teoría que se ha hecho cargo en la modernidad del problema del Estado,‭ ‬ese obstaculizador de toda protesta social no meramente reformista,‭ ‬ese enemigo de la voluntad de transgresión y de resistencia.‭ ‬Hablara,‭ ‬así,‭ ‬de la‭ “‬función canibal‭” ‬de toda Administración,‭ ‬colocando el etnocidio en primer término e ilustrando las ideas con ejemplos provenientes de la historia de Argentina,‭ ‬país en el que nace esta obra.‭ ‬Pero eso será en el tercer capítulo…‭ ‬Ahora pretendemos hablar del anarquismo y de los anarquistas‭; ‬y del modo en que cabe ubicar la resistencia ácrata en este contexto de la protesta domesticada.
[…]

[Hemos seleccionado estos parágrafos para presentar “La doma de la protesta y el anarquismo existencial”, ensayo que, junto a “La Escuela y su otro”, “Administración y etnocidio” y “En defensa de la razón lúdica”, compone la obra en la que estamos trabajando. Se subtitulará “Escuela, Protesta y Estado”. Sin bien se halla aún en su fase de taller, decidimos compartir, uno a uno, los borradores de los cuatro ensayos que la componen. Ya ofrecimos los PDF de “Administración y etnocidio” y “La Escuela y su otro”. Ahora difundimos “La doma de la protesta y el anarquismo existencial”. Queda pendiente el cuarto y último ensayo]

Para acceder al PDF del texto completo:

La doma de la protesta y el anarquismo existencial

https://wp.me/a31gHO-ld

 

 

Pedor García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 20 de noviembre de 2018

¿CAMINOS CORTADOS, DIRECCIÓN OBLIGATORIA?

Posted in Activismo desesperado, Autor mendicante, Breve nota bio-bibliográfica, Crítica de las sociedades democráticas occidentales with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on agosto 14, 2018 by Pedro García Olivo

Cuando una legalización deviene necesidad no transgresora

1)
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se fueron cortando los caminos. Era hermoso, por diverso, el panorama del mundo hasta esas fechas. En su belleza había, por supuesto, una enorme mancha de horror, determinada por el Capitalismo. Pero en América Latina, en África, en Asia, en Oceanía, en rincones de Europa, distintas formaciones sociales conservaban aún la posibilidad de avanzar históricamente por vías propias, por sendas desconocidas o, al menos, diferentes.

Contra esa posibilidad se maquinó, ya en el siglo XX, la añagaza del “desarrollo”… Lo señaló I. Illich y lo recuerda hoy G. Esteva: no había países “subdesarrollados”, sino regiones que seguían otras lógicas y otros procesos de desenvolvimiento en lo temporal. Las potencias del Norte, y particularmente EEUU, no escatimaron medios para convencerlos, no obstante, de que su “discrepancia” era “insuficiencia”, su “diversidad” era “defecto”, y de que todo su “problema” radicaba en que, por la Dirección Única de la Historia, corrían por detrás y más despacio que los llamados “Estados desarrollados”, ese terrible y temible Primer Mundo. Sería casi un deber de consciencia, una obligación ética, para los países ricos del planeta, “ayudar” a los más pobres a “desarrollarse” y, de ese modo, lograr que se asemejaran paulatinamente, en su iniquidad, a los Estados dominantes…

Y en el siglo XX se terminaron de cortar los caminos… El “sistema de aldeas” del África Negra (esas llamadas “anarquías organizadas” o “pueblos sin gobernantes”), del que no tuvieron más remedio que dar cuenta antropólogos de muy distinto signo ideológico, desde M. Fortes y E.E. Evans Pritchard hasta H. Barclay, J. Middleton y D. Tait, fue abatido sin más por el imperialismo europeo: la magia de la igualdad y de la libertad que se respiraba entre los Igbo, Birom, Angas, Idoma, Ekoy, Ndembe, Tiv, Shona, Lodogea, Lowihi, Bobo, Dogón, Konkomba, Birifor, Bate, Kissi, Dan, Logoli, Gagu, Kru, Mano, Bassa, Grebo, Kwanko, Tallensi, Mamprusi, Kusaasi, Nuer, etc., casi 200 millones de personas, en evaluación de S. Mbah y E. Igariwey, sucumbió ante la lógica de unos Estados capitalistas en expansión que ansiaban fuentes de energía, materias primas, ocasiones para el “intercambio desigual” (manufacturas a cambio de recursos estratégicos), campos para la inversión de capitales, mercados para sus productos y masas laborales que explotar. “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, de V. Lenin, es un texto temprano que pone el dedo en la llaga, aún con su sometimiento a la teleología productivista.

Diseminadas por América Central y del Sur, las “comunidades en usos y costumbres”, que tuve ocasión de visitar en los primeros años de este siglo, tan semejantes en sus caracteres estructurales a los poblados afriacanos pre-capitalistas, arrostraban también una belleza indígena con el aroma de ese “Reino de la Libertad” soñado por los idealistas europeos -muchos de los cuales terminaron involucrándose, de algún modo, en la aniquilación de todo aquello que no se dejaba traducir a su propio vocabulario sectario. Dediqué casi tres lustros a corroborar cómo, a lo largo y ancho de América Latina, se repiten cautivadores rasgos de fondo entre los pueblos originarios que mejor han resistido a la apisonadora liberal-capitalista-occidental: comunalismo, “democracia indígena”, derecho oral consuetudinario, ausencia de fractura social, amplitud y diversidad en las manifestaciones de la ayuda mutua, localismo trascendente, educaciones comunitarias no-escolares, aspiración a la “vida buena”… Sobran los estudios, al respecto. Baste con recordar los trabajos de C. Cordero para Oaxaca, de G. Lapierre para Chiapas, de R. Jaulin para Venezuela y de P. Cingolani para Bolivia.

También en los medios rural-marginales de los propios países del Norte subsistieron, como oasis o islotes, reductos de igualdad y de libertad que se reservaban el derecho a inventar su propia forma de caminar en el tiempo. Analizados recientemente (por S. Santos e I. Madina para la montaña vasca, valga el ejemplo), están siendo eliminados por el avance de la agricultura capitalista, el agro-eco-turismo y los “proyectos para el desarrollo” concebidos desde las distintas agencias de la Unión Europea…

En todos los continentes, al mismo tiempo, la persistencia del nomadismo, de los grupos étnicos sin arraigo territorial, mantenía como un espolvoreo de estrellas danzarinas de las que tantos occidentales acomodados se enamoraron (J. Baudelaire, R. M. Rilke y A. Pushkin, entre tantos otros, seducidos por la idiosincrasia gitana, cantaron a la vida errante). La historia trágica de estos nómadas ha encontrado asimismo emocionados “cronistas”. Yo siento gran estima por B. Leblon y F. Grande.

2)
Y alcanzamos el siglo XXI con la sensación de que se ha impuesto definitivamente la “dirección única”. No era de extrañar que patronos y gobernantes volvieran la espalda a aquella diversidad de caminos atacada metódicamente por sus ejércitos, sus empresas y sus escuelas. Pero cabe lamentar que los sujetos de la protesta, los movimientos que se presumían “disidentes”, los colectivos antagonistas, las gentes entregadas al criticismo activo, etcétera, cerraran también los ojos ante lo que eran y lo que hacían esos millones de hombres y mujeres que “no se nos parecían”, que nos temían y que nos sufrían… Ya contamos con toda una tradición teórica y analítica que ha denunciado con firmeza la responsabilidad del marxismo en esa tenaz “invidencia de los privilegiados” (H. Lefebvre, J. Baudrillard, M. Maffesoli,…). Si ha sido una “venda” lo que tapó los ojos de los rebeldes y de los revolucionarios, su nombre es de sobra conocido: “materialismo histórico”.

No faltaron, por supuesto, investigadores, escritores e intelectuales en general que, presintiendo la verdad de esa “dirección obligatoria”, quisieron volver la vista a los pueblos originarios, buscando inspiración teorética, herramientas simbólicas, sugerencias de cara a la crítica y motivos para el diseño de alternativas entre sus deslumbrantes realizaciones materiales e inmateriales, en el conjunto inabarcable de su cosmovisión. Desde el “socialismo raizal” de O. Fals Borda hasta el “pluriversalismo transmoderno decolonial” de R. Grosfoguel, pasando por las diversas concreciones de la llamada Filosofía Latinoamericana, toda una hueste de pensadores y activistas pareciera empeñada en avanzar por la “dirección contraria” o, para expresarme con más rigor, en rescatar la posibilidad de un desbroce de otras sendas, de una apertura de nuevas vías, en la reinvención indefinida de los caminos… Yo he sostenido que ha sido, esa, una tentativa frustrada, dada la “incapacidad específica” del occidental y del occidentalizado (la expresión es de C. Lenkersdorf) para acercarse sin prejuicios ni imposiciones al Otro y “comprender” la diferencia civilizatoria.

Hablé, a propósito, de “impostura intelectual”, de la “indignidad de declamar por otro”, de aproximación parasitaria a las resistencias indígenas, de la pretensión de alterar y reconducir la praxis de los demás. Me distancié de los “mestizos disfrazados de indígenas” que, en nombre de la des-colonización, colonizaban de hecho a las gentes de las reservas y de los resguardos. Me pareció que la tradición decolonial era, asimismo, absoluta y profundamente “occidental” en sus categorías rectoras, en su definición epistémica, aunque fuera capaz de generar un sinfín de nuevos términos para ocultar dicha afinidad. Distanciándome de esa perspectiva, y de la teoría clásica del conocimiento en la que sigue amparándose, propuse una “lectura productiva” de la alteridad cultural, un acercamiento “poético” a la diferencia, a la otredad no doblegada, sin más propósito que la auto-crítica, que la denegación permanente de las sociedades democráticas occidentales.

3)
Y, desde estas percepciones, me pareció entristecedor que una lucha tan respaldada y tan aplaudida como la que llenó las calles de Buenos Aires el pasado 8 de agosto, exigiendo la sanción administrativa de un “derecho al aborto” (posibilitación de una intervención médica segura, gratuita, controlada por el Estado y efectuada en los escenarios sanitarios del Estado), algo más que la mera “legalización” de la interrupción voluntaria del embarazo, no dejara de progresar, a pesar de la contundencia de sus denuncias, por la mencionada “dirección única”, un sentido del avance marcado por las potencias hegemónicas.

Porque el proyecto de ley lamentablemente rechazado por el Senado es, no hay razón para ocultarlo, de neta factura europea; y aparece como un signo más de la occidentalización progresiva de todas las formas de lucha, de todos los modos de la protesta, de todo el horizonte de la vindicación. Una demanda tan clamorosa hoy en Argentina, con cuyo principio me solidarizo, “muere” en las ya conocidas playas del Estado Social de Derecho, esa perversidad concebida por el capitalismo occidental… Que una lucha tan popular, tan “sentida” por la gente, particularmente por las mujeres y la juventud; que una causa así de invencible, “condenada” a la victoria, pues es seguro que alcanzará, antes o después, su meta; que una exigencia tan irreprochable en su origen termine hablando, mayoritariamente, el lenguaje del ciudadanismo, del bienestarismo, del estatalismo (es decir, del demofascismo occidental), se me antoja aturdidor…

Y corro entonces a refugiarme en la contemplación de las vías que no se han seguido, de los caminos que se han cortado, de las posibilidades desechadas -la de inventar una nueva ruta, en primer lugar. Y veo que saben a “autonomía”, a “satisfacción comunitaria de las necesidades reales”, a “autogestión”, a un orgulloso “prescindir del Estado”, a “derechos” que las gentes se toman por su mano, sin necesidad de validación administrativa alguna. Percibo que saben a mayor libertad… Y recuerdo lo que he leído últimamente a propósito de los wichis antiguos, indígenas del Chaco, de Salta y de Formosa, en los libros de Patricio Doyle, quien tanto tiempo viviera entre ellos: que las mujeres tenían solo los hijos que querían tener; que, siendo frondosa y rica la vida sexual de este pueblo, la natalidad no era un fenómeno meramente descontrolado; que eran múltiples y eficaces los procedimientos que seguían para evitar concepciones no deseadas y para interrumpir voluntariamente el embarazo; que eran las propias mujeres las que conocían y compartían esos saberes, anticonceptivos o abortivos; que, para regular el tamaño de la comunidad o de la familia, nada tenían que «reclamar» a un poder exterior, a una administración o a un gobierno; que, gracias al vigor de la vida comunitaria, mujeres y hombres retenían sus cuerpos a salvo de los tentáculos del Estado -es decir, conservaban cuerpos no medicalizados, no estatalizados, no bio-políticamente gestionados… Entristecedor que hayan sido muy pocos los feminismos interesados por estas formas no-occidentales de vivir la sexualidad y contemplar la reproducción.

Porque, como cabría decir sacando quizás a G. Esteva de sus casillas, Argentina no es un país «subdesarrollado» en cuestiones de género y de derechos de las mujeres: es un país que está siguiendo la «dirección única» marcada por las potencias centrales y coloniales, un país que ha perdido también, al afrontar esta cuestión, la oportunidad de mirar a otra parte y seguir otros caminos… El feminismo hegemónico no ha querido hacer una «lectura productiva» de las maneras no-occidentales de vivir la sexualidad y valorar los nacimientos. Antes al contrario, una sección de él, soberbia, arrogante e imperialista, proyectó sin más sus clichés sobre la cosmovisión de los otros y quiso reconocer en todas partes aquello que caracterizaba más bien a las gentes de su entorno: los estigmas del patriarcado… I. Illich, como un pionero, oteó algo de este proceso cuando estaba elaborando su libro «La lengua vernácula». La mera sospecha de que, más allá y por fuera del área occidental, hubieran podido darse “relaciones de complementariedad entre los sexos”, argumentada por este autor en el marco de una crítica de la episteme establecida, fue motivo sobrado para que, desde el feminismo alterófobo yanqui, se le tachara de «machista». El libro quedó empantanado, su difusión se vió obstruida y a veces considero que todavía no se ha calibrado adecuadamente su aporte desmitificador.

Hoy, cuando tantos investigadores redescubren por aquí y por allá, siempre en ámbitos no occidentales o apenas occidentalizados, signos de «matrística» histórica, de matriarcados tradicionales, de efectivas «relaciones de complementariedad entre los géneros», y se dibuja, desde la Civilización de la Vieja Europa exhumada por M. Gimbutas hasta el actual experimento socio-político de Rojava, pasando por las culturas antiguas de la India, por el microcosmos de los grupos nómadas y de determinados pueblos originarios, etcétera, un cuadro abigarrado de sociedades capaces de auto-gestionar sus procesos de natalidad, de resolver comunitariamente los problemas de las familias y de las sexualidades, sin recurrir a un Gobierno o a una Administración y por fuera de la tela de araña del Patriarcado; hoy, decía, parece desgarrador que una causa merecedora de tanta solidaridad y de tanta simpatía avance, en su definición mayoritaria y por ofuscarse en mendigarle un “derecho” al Estado (todos los “derechos” recortan “libertades”, como ya es sabido), por la «dirección obligatoria» de la protesta domesticada, línea de reivindicación que cierra también los ojos a las realizaciones y los logros de los otros.

Pero no todas las sensibilidades feministas han sido capturadas por el Dulce Leviatán demofascista; y nos consta, por fortuna, que hay gentes fomentando y fortaleciendo redes de mujeres, tramas autónomas, independientes de las instituciones del Estado, autogestionadas, que sortean de modo comunitario los cepos dispuestos por la sociedad patriarcal-capitalista. Desde la sororidad y la ayuda mutua, estos complejos relacionales, estas formas de auto-organización, en las que la comunidad sueña rehacerse, pueden resistir el proyecto bio-político de una medicalización-estatalización integral del cuerpo de la mujer… Porque, así como «para ser libres no es necesario pedir permiso», para interrumpir voluntariamente el embarazo, prerrogativa de la mujer que no requiere la bendición de los juristas, tampoco es precisa siempre, en el orden ideal y en la medida en que tales redes se extiendan y operen eficazmente, la comparecencia interesada y amordazante del Estado.

Por el horror indiscutible del aborto penalizado clandestino, por la forma en que esta peligrosa práctica veja de hecho a las mujeres y por la lógica de discriminación social que instaura entre ellas, el «aborto legal, seguro y gratuito» aparece como una necesidad. Pero, en la medida en que esta necesidad se resuelve tal mero «reclamo» al Estado, cae de lleno en el campo de lo que Illich denunció como «necesidades postuladas». Le ocurre entonces lo mismo que a la «necesidad» de escuelas, de hospitales, de policías y de cárceles, de envenenadora industria de la alimentación, de alienantes viviendas estandarizadas, de empleos embrutecedores o de «transporte público» para los paralíticos de incógnito en que nos estamos convirtiendo: respondiendo a una muy concreta «génesis ideológica» (J. Baudrillard), sirve desde el principio a la reproducción de las nefastas «burocracias del bienestar social», a la perpetuación de la coerción estatal y, en definitiva, del sistema capitalista en su conjunto. La legalización del aborto, causa por la que marché el pasado miércoles por las calles de Buenos Aires, deviene entonces «necesidad» no transgresora.

Pedro García Olivo
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Buenos Aires, 14 de agosto de 2018